
Esta oración la estuve rezando durante muchos años, cuando al acabar la misa de la tarde, el párroco de la capilla a la que en verano acudíamos a la misa vespertina, la rezaba.
Hoy me ha dado alegría encontrarla, porque me recuerda a mis años de infancia y juventud junto a mis padres y hermanos.
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡Buenas noches! Padre Dios.
Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡Buenas noches! Padre Dios.
Ciao.
2 comentarios:
Guuau. Que ilusión me ha hecho. yo la he rezado durante mucho mucho tiempo. Me has dado la idea de transmitirla a mis hijos. Es preciosa, sencilla y fácil de aprender. Muchas gracias. Un beso
Parece mentira la de cosas en común que tenemos. Estamos en la misma onda, Angelito.
Me alegra saber que tu también la rezaste. Es preciosa y no veas la ilusión que me hizo encontrarla en Internet.
Un abrazo grande.
¡Ah! Me gusta lo de Angelo.
Publicar un comentario