Hay una diferencia enorme entre amar a Dios y confundir a Dios con aquello que habla de Él.
La Biblia da testimonio de Dios, pero no es Dios.
El templo puede reunirnos, pero no es Dios.
Un pastor puede acompañarnos, pero no es Dios.
La teología puede ayudarnos a pensar, pero no es Dios.
Los dogmas, los rituales, las tradiciones, las instituciones e incluso nuestra manera de interpretar las Escrituras… Tampoco son Dios.
Cuando convertimos cualquiera de estas cosas en un absoluto, corremos el riesgo de defender estructuras mientras dejamos de escuchar la voz de Aquel a quien esas estructuras deberían señalar.
Jesús no vino para que adoráramos sistemas. Vino para revelarnos al Padre.
Que nada ocupe el lugar que solo le pertenece a Dios.
"Querer entender a Dios es como poner un océano en un vaso". San Agustín.
Hno Martin Eguiluz OSB
Ciao.






.jpg)