Alguna vez se te oculta, encubierto por la duda la tristeza o la indolencia.
Se va apagando la fe y el mundo se ve sombrío.
No hay colores que reflejen la belleza.
No hay paisajes que descubran al hermano.
No hay señales que aparezcan en la ruta para abrirnos el camino hacia lo eterno.
Los hay parciales, preguntas que muerden, laberintos interiores, tiempos de sequía en plegarias y respuestas.
La negrura no es total.
Algo brilla en la distancia, manteniendo los rescoldos encendidos.
Se vislumbra, aun escondida, su presencia.
Cuando el eclipse es total el abismo parece infinito.
Ni destello, ni rescoldo, ni vislumbre.
Se niega la fe, se olvida el amor, se apaga la espera y la vida es solo un puente entre vacíos.
Aunque no lo vemos, sigue ahí.
Y las lunas interpuestas son ficciones.
Algún día seguirán su trayectoria.
Nuevamente, lo veremos.
Entonces, se encenderá la alegría.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao.




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