viernes, 5 de junio de 2026

La Técnica de la Tortuga


Me lo acaban de mandar y me ha gustado mucho. Lo veo muy interesante para aprender de sus consejos ay os lo comparto, deseando te funcione y os sirva.

La Técnica de la Tortuga: Una herramienta poderosa para regular las emociones.

¿Sabíais que una tortuga puede enseñarnos a manejar mejor lo que sentimos? Esta técnica, usada en psicología y educación emocional, nos recuerda que antes de reaccionar… Podemos elegir hacer una pausa.

Así funciona:

1. Reconocer lo que sentimos:

Todo empieza por ahí. Antes de actuar, debemos identificar la emoción que está apareciendo. ¿Es enojo? ¿Miedo? ¿Frustración? Ponerle nombre a lo que sentimos ya es un gran paso.

2. Meterse en el caparazón:

Como la tortuga, haz una pausa. Encogernos, abracémonos, bajemos la cabeza. Este gesto físico ayuda al cuerpo a frenar el impulso y evitar reacciones de las que después nos podemos arrepentir.

3. Respirar y calmar el cuerpo:

Respiremos profundo. Contemos lento. Demos tiempo a nuestro sistema nervioso para que se regule. El cuerpo necesita unos segundos para salir del modo "alarma".

4. Salir y pensar una solución:

Cuando ya estamos más calmados, es el momento de pensar con claridad. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo queremos responder? Desde la calma, las decisiones son mucho mejores.

Regularse también se aprende. Y cada vez que elijamos la pausa en lugar de la reacción, estamos entrenando una de las habilidades más importantes de la vida.

Ciao.

 

jueves, 4 de junio de 2026

El perdón imposible

«¿Cuántas veces hay que perdonar?» –pregunto–.

Me dices «70 veces 7».

Y yo respondo…

«Eso es siempre, Señor».

¿Cómo hacerlo, si cada acto de perdón pesa más que el anterior?

Si cada vez que lo otorgo me siento derrotado.

Si el corazón se desangra por las deudas no cobradas.

Si el dolor manda en mí.

Si la mente vuelve, una y otra vez a la hora maldita de las heridas y las decepciones.

¿Cómo salir del laberinto de los agravios?

¿Cómo pasar páginas grabadas en la entraña?

Me cuentas que toda deuda tiene dos caras.

Que toda herida cuenta dos historias.

Que hay un perdón que aligera la carga.

Empieza –dices– por cambiar la mirada. Ve, más allá del sufrimiento que te atrapa, la vida que sigue.

Comprende la flaqueza de quien te hirió, y no dejes que su sombra te aleje de la Luz mayor, del Amor primero, de la Misericordia que Dios sembró en tu entraña hoy herida. 70 veces 7. Sea.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

 

miércoles, 3 de junio de 2026

Al final

Al final del camino, descubrimos que la vida no se mide por lo que nuestras manos retuvieron, sino por lo que nuestra alma fue capaz de soltar. 

Al final, lo que verdaderamente importa carece de peso y de volumen; no tiene color, aroma, ni sabor, pues pertenece a la sustancia de lo invisible, aunque se disfrace de mil formas para salir a nuestro encuentro.

Al final, lo que importa es la tranquilidad de vivir en paz con uno mismo, en ese sosiego que se siente igual en el silencio del Ser  que en la inmensidad de una montaña.

Al final, lo que importa es el hilo invisible del amor, ese que se hace carne en el calor de un abrazo, o en el aroma de un café compartido, donde la palabra se vuelve medicina. 

Al final, lo que verdaderamente importa, es esa mirada que nace en la raíz del corazón y se derrama, bendiciendo los amores del corazón.

Al final, lo que cuenta es la mirada cómplice del ser amado, las palabras dulces, las caricias que sincronizan los corazones  que se han sanado ante el altar del perdón. 

Al final, hacemos de la gratitud una oración, por las enseñanzas recibidas, por los aprendizajes incorporados, y por todos aquellos que se hicieron presentes en nuestro camino, o eligieron recorrerlo juntos para apoyarnos, y acompañarnos. 

Al final, la vida reside en la alegría espontanea, en la risa que nos devuelve a la infancia, en la llamada inesperada que acorta distancias, recordándonos que hay vínculos  que el tiempo ni la distancia pueden romper.

Al final, lo que importa es el gesto bondadoso que nos hace parte de un todo, hilos de un mismo tejido donde nada nos es ajeno, al reconocer que el amor es la fuerza gravitacional  que todo lo une y todo lo habita.

Al final, aceptamos que lo esencial es intangible; pero sin el roce de la piel, sin el aroma de la tierra o el sabor de la vida, no sabríamos reconocer el mapa hacia la paz. No descubriríamos el gozo de existir.

Al final, comprendemos que sin el perdón que nos libera del pasado, no habríamos disfrutado de la paz. Ni podríamos elevarnos al umbral del paraíso perdido.

Al final, habita el mundo y sus formas, pero no permitas que el mundo y sus formas te posean. 

Al final, el tiempo reclamará sus pertenencias y te marcharás ligero. Solo cruzarás el umbral con la bondad que cultivaste en tu mente y los sentimientos de luz que te atreviste a habitar.

Al final del viaje, la existencia se simplifica en una única y sagrada decisión: Haber elegido el amor o haberle dado la espalda. Y si has elegido el amor, despertarás sabiendo que tu paso por la tierra no fue un accidente, sabrás que realmente has vivido, y que la travesía, con todas sus luces y sombras,  valió la pena.

Y como el poeta podrás decir: “Confieso que he vivido”

Oscar Gómez

Ciao.

 

martes, 2 de junio de 2026

Descubrir el propio lugar


 Descubrir el propio lugar como medida de la madurez y valorarlo adecuadamente es una conquista de la sabiduría de la vida. Ese lugar nada tiene que ver con el éxito social, o el reconocimiento de los demás. 

Es un sitio interior, una actitud de ligereza en la asunción de todas las capas de lo que uno es, aquellas para las que ni siquiera tenemos palabras. Un lugar en el que no importa ni lo que los demás opinan de nosotros, ni siquiera la idea que nos hacemos de nosotros mismos. Un espacio íntimo, lugar de serenidad y de intimidad, desde el que descifrar los secretos de la vida.

Este lugar sólo se puede señalar como “lo escondido”. Donde aprendemos a descifrar la vida; donde buscamos que nos entregue su tesoro más preciado, aquel que no se le puede arrebatar a fuerza de puños, el que no se compra con todo el oro del mundo, pero también aquél que podemos perder de un modo tan sumamente fácil...

Chema Montserrat

Ciao.

lunes, 1 de junio de 2026

Palabra de Vida, Junio 2026

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9).

El Evangelio de Mateo inicia el relato de la predicación de Jesús con el sorprendente anuncio de las bienaventuranzas. En ellas, Jesús proclama «bienaventurados», es decir, plenamente felices y realizados, a todos los que a los ojos del mundo son considerados perdedores o desventurados: los humildes, los afligidos, los mansos, los que tienen hambre y sed de la justicia, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz. A ellos Dios les hace grandes promesas: serán saciados y consolados por Él mismo, serán herederos de la tierra y de su Reino. Es, pues, una revolución cultural en toda regla, que trastoca nuestra visión, a menudo cerrada y miope, para la cual estas categorías son una parte marginal e insignificante de la lucha por el poder y el éxito. 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». 

Según la visión bíblica, la paz es fruto de la salvación que Dios realiza; o sea, es ante todo un don de Dios. Es una característica de Dios mismo, que ama a la humanidad y a toda la creación con corazón de Padre y tiene sobre todos un proyecto de concordia y armonía. Por eso, quien se prodiga por la paz demuestra cierta «semejanza» con Él, como un hijo. Escribe Chiara Lubich: «Puede ser portador de paz quien la posee en sí mismo. Es necesario ser portador de paz ante todo en nuestro comportamiento de cada instante, viviendo de acuerdo con Dios y su voluntad. […] “…serán llamados hijos de Dios”: Recibir un nombre significa convertirse en lo que ese nombre expresa. Pablo llamaba a Dios “el Dios de la paz” y saludaba a los cristianos diciéndoles: “El Dios de la paz esté con todos vosotros”. Los que trabajan por la paz manifiestan su parentesco con Dios, actúan como hijos de Dios, dan testimonio de Dios, quien […] ha imprimido en la sociedad humana el orden, que da como fruto la paz» . Vivir en paz no es simplemente la ausencia de conflicto; tampoco es una vida sosegada, contemporizando con los valores para buscar la aceptación de los demás siempre y como sea; más bien es un estilo de vida exquisitamente evangélico que requiere la valentía de hacer opciones a contracorriente. «Trabajar por la paz» es sobre todo crear ocasiones de reconciliación en la vida de uno mismo y de los demás, en todos los niveles: Ante todo con Dios, y luego con quienes tenemos cerca, en la familia, en el trabajo, en clase, en la parroquia y en las asociaciones, en las relaciones sociales e internacionales. O sea, es un modo decisivo de amar al prójimo, una gran obra de misericordia que sanea todas las relaciones. Eso es precisamente lo que Jorge, un adolescente de Venezuela, decidió hacer en el colegio: «Un día, al final de las clases, vi que mis compañeros se estaban organizando para una manifestación de protesta durante la cual tenían la intención de usar la violencia, incendiando coches y tirando piedras. Inmediatamente pensé que ese comportamiento no cuadraba con mi estilo de vida. Así que les propuse escribir una carta a la dirección del colegio: Así podríamos pedir de otro modo lo mismo que ellos pensaban conseguir con la violencia. Entre unos cuantos la redactamos y se la entregamos al director». 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». 

En este tiempo se revela especialmente urgente promover el diálogo y el encuentro entre personas y grupos diversos por historia, tradiciones culturales o puntos de vista, y así mostrar aprecio y acoger la variedad y riqueza que supone. Como dijo recientemente el papa Francisco: «La paz se construye en el coro de las diferencias […] Y a partir de esas diferencias uno aprende del otro, como hermanos… Uno es nuestro Padre, nosotros somos hermanos. Querámonos como hermanos. Y si discutimos entre nosotros, que sea como hermanos que enseguida se reconcilian, que siempre vuelven a ser hermanos» . También podremos esforzarnos por conocer los brotes de paz y fraternidad que ya hacen nuestras ciudades más abiertas y humanas. Preocupémonos de ellos y hagamos que crezcan; así contribuiremos a curar las fracturas y los conflictos que las invaden. 

Letizia Magri

Ciao.

 

domingo, 31 de mayo de 2026

¿Una escalera hacia?...


 ¿Una escalera hacia?...

Por eso, porque tenemos el libre albedrío, somos muy pero que muy tozudos, a todos nos gusta descubrir las cosas por nosotros mismos.

Lo que ocurre es que todos tenemos un criterio distinto y solo nos ponemos de acuerdo cuando nos afecta el bolsillo.

La gente está muy  perdida, no pensamos, no reflexionamos. Los que leen poco y no piensan pues es lógico lo que ocurre, pero es que en el caso de los que leen mucho sus reflexiones sobre la vida o escritos carecen de autenticidad, de magia propia, de espíritu rompedor, sin criterio propio.

Yo como creador intento no influenciarme por los demás pues veo que esos están mucho más perdidos que yo.

Si pierdes la magia, pierdes el sentido de la vida y solo puedes entenderla escuchándote a ti mismo.

Pero para eso hay que rebatirlo todo, filtrarlo todo por nuestra mente, pero antes autoanalizarse uno primero, ser consecuente, llegar hasta el fondo, ¿Quién lo hace?, muy pocos, somos borregos de todo, por eso, ante tanta mediocridad la gente se aísla en su cueva.

Fuera todo es hipocresía, por eso hay que buscar el mensaje de nuestro corazón que tiene las mismas neuronas que nuestro cerebro, pero es pragmático y confuso y solo sirve para nuestra supervivencia, por eso hay que escuchar a nuestro corazón que nos ayudará mejor a reflexionar y entender la vida, pues tiene conexiones fuera de lo entendible por los humanos.

Por eso porque no lo escuchamos pasan, nos pasan cosas que no comprendemos.

Desconozco en autor.

Ciao.

sábado, 30 de mayo de 2026

Verdades sin filtros

1.- El enojo es un máscara para los débiles.

2.- La locuacidad revela el vacío interior.

3.- La envidia te carcome por dentro.

4.- La hipocresía es el arma de los cobardes.

5.- La bondad requiere mucha energía.

6.- El silencio en un signo de inteligencia.

7.- La sencillez es la forma más elevada de riqueza.

8.- La humildad es la compañera de la felicidad.

9.- La calma es la coima de la sabiduría.

10.- La grandeza no grita sobre sí misma.

11.- La lealtad se pone a prueba con el tiempo.

Ciao.