viernes, 7 de agosto de 2026

Transfigúrame...


 Es necesario dejarnos transfigurar.

Transfigúrame, Señor...

Transforma, Señor, mis miedos en fe, mi orgullo en humildad.

Transfigura, Señor, mis divisiones en unidad, mis sombras en luz.

Cambia, Señor, mis malos modos en ternura, mis perezas en prontitud.

Convierte, Señor, mi egoísmo en generosidad, mis decepciones en esperanza.

Transfigura, Señor, mis guerras en paz, mi desánimo en fortaleza.

Transfigúrame, Señor...

Fermín Negre 

Ciao.


jueves, 6 de agosto de 2026

Esperanza

La noche de la humanidad se va cerrando impenetrable.

Pero ella está ahí firme, fuerte, fiel; iluminada y luminosa.

La esperanza…Que sostiene y que hace crecer.

La esperanza…Que tiene forma de cruz, pero también de piedra corrida.

Que tiene el sabor amargo de la hiel, pero también el aroma del mejor vino.

Que nos sumerge en lo rutinario, pero con la novedad de lo creativo.

Que sangra, pero desde la rugosidad de la herida cicatrizada.

Que es agua para el sediento, pan para el hambriento, descanso para el extenuado.

Que es justicia para los olvidados, prole para los estériles, y corazón abierto para los hermanos, porque late en el silencio, el germen de una nueva humanidad.

Hermana Viviana Romero

Ciao.

 

miércoles, 5 de agosto de 2026

Miradas

Miradas...

Por encima del hombro la mirada impasible, la distancia insalvable, el muro de silencio, el desprecio inclemente.

Por encima del hombro la soberbia crecida, la condena sin juicio, el gesto de reproche, la visión sin historia.

Hay que darse la vuelta, y mirar frente a frente, rostro a rostro, para descubrir en las lágrimas ajenas las propias tormentas.

Hay que desarmarse de razones y leyes, para cargarse de humanidad y evangelio.

Y entonces, entre errores y nuevos proyectos, levantarse unos a otros hasta volar de nuevo.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.


 

martes, 4 de agosto de 2026

Dudo, Señor


 Dudo, Señor. Dudo.

Y busco tu resurrección en gestos espectaculares, coincidencias imposibles o cambios radicales.

Pero ni siquiera a Tomás, tu amigo, le diste esas señales.

Sino que enseñaste tus heridas y tu carne dolorida, un costado abierto y unas manos atravesadas.

Hoy, ante mis dudas, vuelves a apuntar a tus heridas.

Hoy no ya por clavos y lanzas.

Sino en tu cuerpo, que es la Iglesia, que es el mundo.

En tus heridas abiertas hoy me llamas a descubrirte vivo y resucitado.

En las heridas sangrantes por la injusticia del mundo.

Y en las heridas de mi vida que no soy capaz de curar.

Pero, aunque yo me resista y te pida nuevas pruebas, es ahí donde señalas.

Y me dices otra vez que crea en ti porque estás vivo y resucitado.

Óscar Cala, SJ 

Ciao.

lunes, 3 de agosto de 2026

La paz del verano


 A medida que pasan los años, y uno ya va cumpliendo, me reafirmo en la idea que la verdadera riqueza de la vida se encuentra en las cosas sencillas: Una sonrisa compartida, el silencio que permite escuchar la propia interioridad, el murmullo del agua, la suave brisa entre los árboles, un cielo infinito, o el canto de los pájaros al atardecer. Son momentos que nos conectan con la belleza de la creación y nos recuerdan que la vida es, en esencia, un regalo.

Sin embargo, esta experiencia de armonía contrasta con las imágenes que cada día llegan a nuestros hogares: guerras, violencia, injusticias, personas desplazadas, niños que sufren y comunidades enteras marcadas por el dolor. Ante esta realidad surge una pregunta inevitable: Si el mundo es tan hermoso, ¿Por qué el ser humano causa tanto sufrimiento a sus semejantes?

Quizá la paz definitiva en el mundo parezca una meta lejana. Pero cada vez que elegimos el amor frente al odio, el diálogo frente al enfrentamiento y la esperanza frente al desaliento, estamos sembrando el Reino de Dios entre nosotros. Y toda semilla de paz, por pequeña que sea, tiene la fuerza de transformar el mundo…… 

El verano, sereno y luminoso, nos invita a detenernos y a disfrutar con los demás de las pequeñas cosas que hacen grande y hermoso este mundo. Aquí y en cualquier lugar de la tierra, hombres y mujeres contemplan el mismo cielo, las mismas estrellas, bajo una misma noche de verano. Tal vez, en ese silencio compartido, Dios nos recuerde que hemos sido creados para la fraternidad y no para la discordia; para cuidar la vida y no para destruirla. Y que la paz, como las estrellas, sigue brillando sobre nosotros, esperando ser descubierta, compartida y acogida en cada corazón.

José Luis Prado

Ciao.

domingo, 2 de agosto de 2026

Palabra de Vida Agosto 2026


 «Engrandece mi alma al Señor».

En el primer capítulo de su Evangelio, Lucas nos ofrece la única página del Nuevo Testamento en que las protagonistas son dos mujeres, María e Isabel.

Isabel vivía en una ciudad cerca de Jerusalén, a unos 150 km de distancia de Nazaret. María emprende este largo viaje nada más recibir el anuncio del ángel de que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1, 26-38). No conocemos los detalles de la travesía, solo sabemos que se dirigió con prontitud a la región montañosa. Pero ¿Por qué se dirige allá?

María va para comunicar esta alegría a quien, como ella, había recibido de Dios la gracia de esperar un hijo, y para estar a su lado y ayudarla durante los últimos meses de embarazo. Es la historia de dos mujeres, de dos maternidades imposibles. ¿Quién mejor que ella podía entenderla y compartir esta experiencia? De este encuentro brota el canto del Magníficat.

«Engrandece mi alma al Señor».

«Estas palabras brotan de un ardor inflamado y de un gozo desbordante […]. Por eso no dice “yo ensalzo a Dios”, sino “mi alma”…, como si quisiera expresar: “mi vida, todos mis sentidos, se ciernen en el amor, alabanza y gozo divinos […]”»,escribe Martín Lutero en su comentario al Magníficat.

El verbo engrandecer, hacer grande, revela la alegría que suscita descubrir que Dios es más grande de lo que nos esperábamos. Esta alegría provoca una profunda humildad y un hondo sentido de gratitud y reconocimiento.

Como subraya Ermes Ronchi, «el Magníficat es el evangelio de María, su buena noticia, que alcanza a todas las generaciones». Por diez veces, la joven de Nazaret repite lo que ha hecho Dios, como una especie de nuevo decálogo, de diez nuevos mandamientos que trastocan la lógica del mundo.

Resulta espontáneo preguntarse si hemos conservado el sentido de estupor y de asombro en nuestra vida diaria y de oración ante todo lo que Dios ha obrado y sigue obrando. Sin abrirnos a la novedad y a sus sorpresas, sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga y se convierte en una costumbre social.

«Engrandece mi alma al Señor».

El canto de María no es simplemente una oración de alabanza intimista, sino una alabanza profética, caracterizada por recurrir constantemente a los pasajes de la Escritura, lo que indica la dirección de la historia según el corazón de Dios. Alabarlo significa alinearse con los pequeños, creer que el mundo puede y debe cambiar.

Le parole di questo inno ci invitano a comprendere l’intervento salvifico di Dio nella nostra storia personale e comunitaria, dal proprio vissuto personale a quello universale, dall’attimo presente fino ai cieli nuovi e alla terra nuova che la rivoluzione sociale del Vangelo inaugura.

(Las palabras de este himno nos invitan a comprender la intervención salvadora de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, desde nuestra propia experiencia personal hasta la universal, desde el momento presente hasta los nuevos cielos y la nueva tierra que inaugura la revolución social del Evangelio.)

«Engrandece mi alma al Señor».

Estas palabras nos invitan también a nosotros a hacer de nuestra vida una alabanza viviente, a reconocer cada día las maravillas, a unir nuestra voz a la de María para proclamar que Dios es fiel, que su misericordia se extiende de generación en generación y que su reino de justicia y amor ya se está realizando entre nosotros.

Chiara Lubich había captado esta dimensión revolucionaria del canto de María cuando escribió a los jóvenes: «Lee el Magníficat y encontrarás la primera y más potente página de la doctrina social cristiana. ¿Quién y cuándo la realizará completamente?».

La pregunta sigue estando abierta y nos interpela. La intervención de Dios no debería quedarse reducida a la intimidad del corazón; hace falta que se manifieste en las relaciones, en la vida común, en la trama de las generaciones futuras.

Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de Vida

Ciao.


sábado, 1 de agosto de 2026

Cantar Tu nombre

Cantar tu nombre, Señor, con palabras, pero sobre todo con vida.

Contar tu historia, Señor, con relatos, pero sobre todo con vida.

Repetir tu enseñanza, Señor, con historias, pero sobre todo con vida.

Traer tu esperanza, Señor, con promesas, pero sobre todo con vida.

Construir tu Reino, Señor, con proyectos, pero ante todo con vida.

Porque una vida que te canta y que te cuenta, que te anuncia y te acerca, es una vida plena.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.