lunes, 14 de junio de 2021

¿Seré yo?

¿Seré yo, Maestro, quien afirme o quien niegue?

¿Seré quien te venda por treinta monedas o seguiré a tu lado con las manos vacías?

¿Pasaré alegremente del «hossannah»  al «crucifícalo», o mi voz cantará tu evangelio?

¿Seré de los que tiran la piedra o de los que tocan la herida?

¿Seré levita, indiferente al herido del camino, o samaritano conmovido por su dolor?

¿Seré espectador o testigo? 

¿Me lavaré las manos  para no implicarme, o me las ensuciaré en el contacto con el mundo?

¿Seré quien se rasga las vestiduras y señala culpables, o un buscador humilde de la verdad?

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

 

domingo, 13 de junio de 2021

Recordar daños pasados

El recuerdo de un daño que nos han causado en el pasado puede ser un obstáculo para reconocer a Dios. Es muy difícil perdonar de corazón, pero si no lo hacemos, nos negamos a dejar que Dios sea Dios en nosotros.

Prueba imaginarte a solas en una habitación: 

Oyes cómo llaman a la puerta, y al abrir reconoces a Cristo. Enséñale la casa que es tu vida. Llévale a las habitaciones, a los acontecimientos qué más te han marcado. 

Detente en aquellos que has experimentado gran dolor, y preséntale a las personas que lo han provocado. Diles, y dile también a Cristo, el dolor que aún sientes, y fíjate después en Él y mira cómo reacciona ante esas personas que le has presentado.

No te fuerces. Ni a realizar gestos que no sean sinceros ni a pronunciar palabras de perdón. 

Déjale que saque al exterior tus sentimientos y tus palabras. Aunque sólo sean: «Quiero querer ser capaz de perdonar».

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

 

sábado, 12 de junio de 2021

Hoy Señor intercambio...


 HOY SEÑOR INTERCAMBIO: 

Mis preocupaciones por tu fortaleza. 

Mis debilidades por tus soluciones. 

Mis cargas por tu libertad. 

Mis frustraciones por tu paz. 

Mi confusión por tu calma. 

Mis esperanzas por tus promesas. 

Mis aflicciones por tu bálsamo de consuelo. 

Mis preguntas por tus respuestas. 

Mi duda por tu afirmación. 

Lo temporal por lo eterno. 

Lo imposible por lo posible. 

A ti mi DIOS te entrego mi voluntad. 

¡Te Amo DIOS!

Ciao.

viernes, 11 de junio de 2021

Reunirte contigo mismo

¡Claro que nos vamos cansando de zoom! De reuniones que no son encuentros, de ver rostros solo a través de una pantalla. Gracias a Alvaro Zapata SJ por sus reflexiones, siempre generosas.

Hasta hace un año la videoconferencia era para gente «importante». Rara era la ocasión en la que habíamos tenido la oportunidad de tener reuniones largas y decisivas ante el ordenador. Estábamos más acostumbrados a Skype, las videollamadas y todavía las hacíamos con el asombro de estar conectando con los lejanos. Ese amigo de Erasmus, el familiar que estaba trabajando fuera… Un año después somos expertos. Zoom, del que pocos habían oído hablar es casi el pan nuestro de cada día. Y las distintas plataformas universitarias nos resultan más familiares que el pasillo, la cafetería y las aulas.

Hemos aprendido mucho en este año sobre el cuidar lo que puede verse por detrás nuestro. Pero parece que nos hemos preocupado un poco menos de lo que teníamos delante. Y nos está cansando. Sentirnos observados y observarnos a nosotros mismos constantemente nos cansa más que tener que hacer un viaje largo para asistir a la reunión que toque. En el artículo que enlazo nos ponen una imagen que me parece muy adecuada: «Es parecido a que un asistente nos siga durante ocho horas de jornada laboral cargando un espejo en el que vemos nuestra cara mientras trabajamos».

Esto nos enseña lo cansado que es estar mirándose constantemente. Tener el interés y las fuerzas puestas en mostrar una imagen socialmente adecuada, también en nuestra casa, donde se supone que podemos aflojar el botón de la camisa, quitarnos los zapatos y andar con la comodidad que solo nos regala la intimidad de nuestro hogar. Ahora también en nuestra casa nos sentimos observados. Y nosotros mismos pasamos mucho tiempo observándonos en ese recuadrito pequeño, atentos a los pequeños gestos que se nos escapan, a sonreír y poner cara seria cuando toca.

Esto nos cansa porque no estamos hechos para mirarnos. Porque enseguida nos agotamos de tener una mirada centrada en nosotros mismos. Y si usar Zoom nos ayuda a verlo con claridad, bendito sea. Ayer probé a desactivar mi propia imagen en un par de reuniones (sí, se puede hacer) y quizás parezca una tontería, pero noté la diferencia al acabar. Estaba menos agotado, me sentía más relajado. Quizás porque no había estado en la tensión constante de dar buena imagen... Que es lo que realmente nos agota. En Zoom, en redes, y en la vida cotidiana.

Puede ser uno de los buenos aprendizajes de este tiempo pandémico. Levantar la mirada de nosotros mismos, estar más pendiente del otro, no con la intención de dar buena imagen, sino de prestarle atención en lo que necesita. Cuidar más al otro que a nuestro reflejo, en definitiva.

Álvaro Zapata, SJ

Ciao.

 

jueves, 10 de junio de 2021

Honrar la Vida


Podemos pasar por la vida de turismo, o intentar dejar huella. Son muchas las experiencias que nos pueden marcar a lo largo de los años: Unas más agradables que otras, sin duda, pero algo que he aprendido hace años es que todas ellas son válidas, y por eso hay que dar gracias.
Vivir apurando cada segundo no quiere decir no ser consciente de los momentos que habitamos, ni pasar de puntillas porque la vida son dos días, que hay muchas formas de disfrutar. Se puede beber cada segundo de nuestra vida gastándonos en historias que merecen la pena, vividas con otros, para otros, de forma que al final, cuando hagamos nuestra última maleta, la llevemos llena de nombres más que de selfies …Porque no es lo mismo que vivir honrar la vida…

Sole Giménez (con Rozalén),  Honrar la vida (texto de Eladia Blázquez)

No,
permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir
ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber, adormecida.
Merecer la vida no es callar ni consentir
tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad,
y es la actitud de identidad más definida.
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.
No,
permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad enceguecida…
Merecer la vida es erguirse en vertical
más allá del mar de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida.
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.
Emilia (Pastoral SJ)
Ciao.

miércoles, 9 de junio de 2021

Encontrar tu sitio


Todos necesitamos encontrar nuestra vocación. Todos. Así lo plantea Alberto Estévez SJ.

Una de las tareas más dificultosas de la propia existencia es aprender a situarse ante la propia vida. Al fin y al cabo, esta no es una cuestión muy novedosa: Se la llevan formulando un ingente número de personas a lo largo de la Historia.
Muchas veces nos sorprendemos a nosotros mismos preguntándonos si el sitio que ocupamos en nuestra vida es aquel que, años atrás, habíamos soñado o deseado.
Nuestro espíritu está inquieto y no descansa, y una sutil lluvia de interrogantes parece envolverlo todo. Esto puede hacernos caer en un cruel desánimo, que nos hace perder el sentido de casi todas las cosas, y nos vamos conformando con frases hechas que terminamos por creernos. Sin embargo, lo más peligroso de esta situación es que olvidemos que llevamos un tesoro en las vasijas de barro que somos; y que la cuestión no es tanto saber dónde estamos sino cómo estamos. Es imposible saber qué tierra pisamos si antes no tenemos claro quiénes somos.
Situarse ante la vida no es nada fácil, pero el modo en que nos situemos ante Dios en nuestra vida dirá mucho de cómo afrontamos las realidades que nos confrontan.
En un mundo en que una imagen vale más que mil palabras debemos acostumbrarnos a que no siempre nos fotografiarán por el perfil bueno, sabiendo que para Dios no existen los perfiles malos, sino las personas y el corazón que late en cada una de ellas desde antes de nacer.
Aun así, podemos empeñarnos una y otra vez en situarnos como a nosotros nos parezca, aunque ya se encargue la vida de devolvernos a nuestro justo lugar de criaturas, perdiendo un protagonismo que ni nos hace bien ni nos pertenece.
Dejar atrás estos protagonismos nos libera, porque nos hace capaces de reconocer que estamos cansados, o que tenemos sed, sin importarnos ya las miradas displicentes de los demás. Es exactamente en el momento en que nos sentimos débiles cuando vamos ocupando el lugar preparado para nosotros; cuando nos damos cuenta de que prácticamente nada depende de nosotros. Ahí está nuestra casa, nuestro espacio, nuestro sitio.
Encontrar nuestro sitio, a fin de cuentas, no tiene mucho que ver con aquello que queremos, sino adónde somos llevados.
Existe una pasividad misteriosa que a veces nos conduce adonde no queremos (Jn 21, 18), pero que extrañamente ejerce en nosotros una atracción sutil y pacífica en la que confiamos.
Los caminos vocacionales no se eligen, ni tampoco se sueñan, sino que se van iluminando mientras que nosotros los vamos descubriendo.
Y una vez llegados a esta tierra sagrada que podemos decir 'nuestra' solo cabe arrodillarse y contemplar.

Alberto Estévez, SJ

Ciao.


martes, 8 de junio de 2021

Creo


 Creo en ese Dios, no del dedo acusador, sino del que guarda silencio escribiendo en la tierra.

Creo en ese Dios, que me invita a mirar dentro de mí mismo, antes de juzgar a los demás.

Creo en ese Dios, que no airea pecados ajenos ni busca chivos expiatorios, para forjar vínculos comunitarios.

Creo en ese Dios, que protege a la mujer, del «excitado» poder varonil y machismo religioso.

Creo en ese Dios, que nunca cierra puertas y que siempre, siempre, despide poniéndonos en camino…

Seve Lázaro, SJ

Ciao.