domingo, 26 de mayo de 2019

Creer


Aunque muchas veces así lo parezca, crecer no es una carrera de obstáculos. De hecho, no es una carrera. Es más bien un camino que cada uno ha de hacer a su propio ritmo, siguiendo su propia música.
Un camino plagado de momentos en los que vale la pena detenerse porque es allí en donde la vida nos espera y nos encuentra con su plenitud.
Momentos de encuentro.
Momentos de vida compartida.
Momentos que algunas veces son un lugar, y muchas otras, una persona.
Momentos de hondo aprendizaje.
Momentos en los que podemos contemplar la inmensidad del paisaje.
Momentos en donde nos paramos para volver a pasar por el corazón todos los pasos ya dados y soñar con los que vendrán.
Por todo esto, es muy importante saber dar un alto en el camino cuando estos momentos se presentan, y sumergirnos en ellos de lleno, exprimiendo todo su jugo, llenándonos el alma con todo lo que tienen para entregarnos.
Recordemos, en esta época nuestra en la que todo parece agitado y fugaz, que Dios no nos pide que corramos.
Más bien, nos pide que caminemos, gustando cada paso del camino. Viviéndolos con intensidad.

Ciao.

sábado, 25 de mayo de 2019

El valor de las palabras


Parece mentira, todo lo que pueden llegar a hacer. Cómo acunan o cómo golpean. Cómo hieren o cómo acarician y sanan. Sinceras o falsas, pensadas o espontáneas… Son uno de nuestros mayores tesoros.
Las decimos, las escribimos, las leemos y compartimos. Aprendemos con las palabras prestadas de otros, y quizás también nosotros llegamos a decir algo que merezca la pena… Para alguien.
Hablamos, y en el hablar y en la escucha, a veces, nos encontramos… Jesús es Palabra de Dios.
Palabra auténtica, de amor y pasión por nosotros.
¿Y yo? ¿Qué palabra soy?


Ciao.

viernes, 24 de mayo de 2019

La Pausa Ignaciana


Siempre en búsqueda de quienes somos.
En diferentes etapas de nuestra vida tenemos sed de saber quienes somos, conocer nuestra personalidad, la razón del por qué actuamos y decidimos siempre según determinado modo. Nuestra búsqueda se extiende a consultar sabias personas, libros de psicología, corrientes filosóficas… Ignacio de Loyola nos propone una herramienta que podemos utilizar para descubrir quiénes somos, dónde está la fuente de nuestro actuar, qué nos mueve, qué emociones predominan y, sobre todo, las mociones de Dios para nuestras vidas.
La Pausa Ignaciana es el momento del día para pasar por el corazón las experiencias que nos van marcando, que revelan lo mejor de nosotros y aquellas actitudes que nos gustaría mejorar. Seguimos creciendo como personas hasta llegar a cumplir el sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros.
Y tú, ¿Ya hiciste tu pausa?

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

jueves, 23 de mayo de 2019

Vamos hacia adelante


Si hay algo que es seguro, es que la vida es un continuo avance. Que el tiempo se mueve en una sola dirección: Hacia adelante, y en su avance nos transforma.
Por eso, podemos decir que vivir en el tiempo equivale a cambiar. Y es este constante cambio es lo que nos hace crecer.
Sin embargo esto de crecer no siempre es un proceso lineal. Crecer es (con un poco de suerte) el resultado de asumir e integrar lo que nos pasa en la vida.
No implica solamente caminar hacia adelante, sino también dar pasos en falso, estancarnos, o retroceder uno o dos pasos de vez en cuando.
Es propio del caminar y del crecer el sentirnos perdidos de tanto en tanto. Pero perdernos no es tan terrible. Nos permite recalibrar la brújula, repensar el camino.
Estas instancias son una buena oportunidad para poner la propia vida en diálogo con Dios, y con Él aclarar incertidumbres, para buscar nuevos rumbos.
Lo importante quizás es seguir caminando, aun sabiendo que cada uno tiene sus propios tiempos. No hay un reloj universal o una fórmula mágica para sortear los embates del tiempo. Y así como cada persona es única, también lo es su camino, su reloj y sus pasos.
Hoy te invito a confiar en la sabiduría de tu propio reloj. Y a confiárselo a Dios en toda circunstancia.

Ciao.


miércoles, 22 de mayo de 2019

Violencia juvenil. Y ahora ¿Qué?


Una publicación antigua de este gran escritor, pero tan actual como la vida misma.
¿Qué pasa con la violencia juvenil? Una reflexión desde la impotencia

Cuando nos encontramos ante casos como los que estamos viviendo en Bilbao estos meses, en los que adolescentes acaban matando a personas indefensas por robarles algo de dinero, un móvil o un reloj, la primera reacción no es tanto la ira como el estremecimiento. Nos da auténtico miedo pensar que un chaval de apenas 14 años, e incluso menor de esa edad, pueda haber matado a alguien, más si es premeditado y consciente de lo que está pasando, no un accidente.
La pregunta que nos ronda es ¿Qué está fallando? ¿Cuál es el problema?

Y me parece un buen punto de partida hacernos esas preguntas. La respuesta fácil pasa por hablar de familias desestructuradas, barrios marginales, caer en el estereotipo «además, son gitanos» y culpar a un sistema que no ha hecho nada por impedirlo. ¿La solución? Más patrullas de policía, más control de servicios sociales. Y como, menos mal, estos casos no son frecuentes, nuestra conciencia queda tranquila hasta que vuelva a aparecer en portada un caso similar. Por el camino nos dejamos la reflexión de cómo daña profundamente a ese menor el delito que ha cometido, y cómo la sociedad entera ha quedado dañada, además de las víctimas. Porque es cierto que los primeros responsables de esos menores son sus padres, su escuela… Pero cuando fallan ¿quién se hace cargo?

Proteger a los menores, proporcionarles un entorno seguro en el que desarrollarse como personas plenas es algo que nos inquieta, al fin y al cabo, son sólo chavales de 14 años, y no nos cabe en la cabeza cómo pueden haber acabado haciendo algo así. Y descubrimos que nuestra conciencia no está tan tranquila como parece cuando señalamos hacia otro lado, hacia una familia que ha fallado, una escuela que no ha sabido qué hacer, o los servicios sociales que no han respondido… Quizás por eso la reacción es miedo, tristeza, desconcierto, y no ira contra esos adolescentes, porque en el fondo reconocemos que la culpa de esos chavales se acompaña de un fallo de la sociedad que queremos construir, que no ha sabido o podido acompañarlos en esa situación de desamparo.

La pregunta «¿Y ahora qué?» nos ronda, aunque no tenemos clara la respuesta. Pero ojalá estos casos nos ayuden a implicarnos un poco más, a ofrecer una sociedad más segura para los menores, en la que la violencia no sea un simple entretenimiento y nuestros adolescentes sepan que cuando todo falla a su alrededor, siempre tendrán a alguien cerca para acompañarlos.

Álvaro Zapata, SJ

Ciao.

martes, 21 de mayo de 2019

Elogio de la ternura


A veces da miedo usar demasiado esa palabra. Porque es palabra poderosa y llena de significado y fuerza.
Evoca casa, caricia, encuentro, delicadeza, amor. Responde a incertidumbres, disipa soledades, expresa afectos. Por eso es mejor no gastarla.
Quizás sea mejor no pronunciarla demasiado, aunque, eso sí, vivirla siempre que se pueda. No reducirla a un puro gesto, sino cargarla con toda la fuerza que tiene.
La fuerza de las entrañas que se estremecen y vibran con las historias compartidas, con las heridas del prójimo que espera sanación, con el abrazo que es refugio y llegada.

Pastoral SJ

Ciao

lunes, 20 de mayo de 2019

Aleja


Aleja de ti las cosas malas que traen confusión y problemas en tu vida que dejan sembrado el pánico y el temor dentro de tu alma y corazón.

Aleja de ti la sombra de la duda que no te deja abrir los ojos al nuevo día que vendrá con luz de esperanza y felicidad.

Aleja de ti los corazones que no son sinceros, y se enfrentan a tu rostro con máscaras pintadas con fachadas de payasos para reírse de ti.

Aleja de ti las malas amistades que se esconden tras una roca cuando la tempestad ataca tu vida y te sonríen cuando el sol de nuevo te baña con sus rayos.

Aleja de ti los miedos que te han encerrado en una cueva oscura donde pasas los días esperando que un nuevo camino se abra ante ti.

Aleja de ti la ceguera que roba los días de tu vida sin empezar a sembrar las semillas de la felicidad.

Aleja de ti las lágrimas que tienes en el rostro y sonríe de nuevo aunque no tengas una razón, solo por que has visto de nuevo el sol.

Aleja de ti las sombras y dale un nuevo espacio a la luz.

Aleja de ti las cosas malas y deja a las nuevas entrar.

Aleja de ti los miedos y toma valor para caminar.

Aleja de ti las lágrimas... Hoy es el mejor día para empezar de nuevo el caminar por el sendero de la vida, acercando siempre la felicidad.

Ciao.