jueves, 15 de octubre de 2026

¿A quién votar?


 Llevo días pensando. ¿A quién votar?  Votaría a quien esté dispuesto a:

1) Garantizar la independencia judicial (que los propios jueces elijan a los mejores para los tribunales más representativos). Esto es tan esencial que nos jugamos en ello el futuro.

2) Quien esté dispuesto a reformar la constitución para evitar abusos y corregir lagunas que se han podido detectar con el paso del tiempo, por ejemplo el abuso de los decretos ley extra parlamentarios. El parlamento debe ser respetado.  

3) Renunciase a que haya medios de comunicación públicos, o bien legislase para que, en caso de haber medios de comunicación públicos, no pudiesen tener contenido político y sí educativo. (Esto incluye renunciar a la publicidad institucional. Que hablen los hechos, no las campañas pagadas por todos). 

4) El defensor del pueblo tuviese mucho más peso en el control de la ”cosa pública”, pero fuese elegido desde entidades de la sociedad civil. 

5) Renunciase a los aforamientos de todo tipo y a los indultos. 

6) Legislase para que la gente pueda elegir, en sus impuestos, si financiar o no a la Iglesia, pero también a los sindicatos, partidos, y otras muchas organizaciones. 

7) Llevase en su programa la defensa real de las personas más vulnerables en muchas situaciones. 

8) Defendiera a las clases medias en lugar de polarizar como si solo existieran grandes propietarios o personas vulnerables. 

9) Ofreciera de verdad un pacto por la educación que fuera transversal y pudiera durar décadas. 

10) mostrase verdadero talante democrático (es decir, no insultase ni demonizase a quien vota distinto). 

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

miércoles, 14 de octubre de 2026

El camino del todo


 El tiempo vuela... Y pasa el curso, y los meses se escapan, con la duda de si llegamos a todo. Quizás, en este momento, sería interesante preguntarse: “¿Es necesario llegar a todo?”, o, mejor aún, “¿Qué es ese todo?”. Ese “todo” es diferente para cada uno de nosotros. Especialmente si lo observamos desde el filtro de la sociedad actual. Una sociedad que exige trabajo, productividad y resultados.

Sin entrar a juzgar lo anterior, pensemos en qué significa “todo” para cada uno de nosotros. Y, sobre todo, ¿Qué espacio ocupan, en ese “todo”, las personas? La gente que se cruza con nosotros ocupa un espacio importante. Basta ver la profesionalidad con la que los cuidamos y acompañamos en nuestras realidades, a pesar de la multitud de dificultades que, día a día, encontramos. 

Pero, ¿Y nuestros compañeros? ¿Y nosotros mismos? ¿Y los nuestros? ¿Qué espacio ocupamos en ese “todo”? ¿Nos cuidamos lo suficiente? ¿Somos capaces de dedicarnos tiempo? ¿Somos capaces de decir no llego y parar?

Si lo necesitamos, debemos hacerlo. Porque lo que vuela no son los meses, es la vida. Y mientras que la vida vuela, nos perdemos a nosotros mismos y a nuestros compañeros.

Compañeros que nos hacen crecer, que nos aman, que nos hacen ser mejores. Cuidar de nosotros y del prójimo -sobre todo el prójimo-, debe ser nuestra prioridad. Porque cuidar de ellos implica cuidar de nosotros y viceversa. Cuidarnos implica acercarnos a Dios. 

Agradezcamos a esas personas que han dedicado su tiempo a conocernos, que nos han hecho mejores personas y nos muestran, día a día, el camino del verdadero todo. El camino hacia Dios.

Carlos González 

Ciao

martes, 13 de octubre de 2026

El karma


 Hay experiencias que están de moda. Es impresionante la cantidad de cosas que circulan en redes: Videos, enlaces, frases… Que evocan un estado interior conocido como «el karma». No se refiere exactamente a la paz interior. Muchas religiones lo tienen en el elenco de su doctrina (budismo, hinduismo, entre otras). Más bien la invitación con este estado pseudo espiritual es la búsqueda del equilibrio interno. Ejercicios, música y lecturas que ayudan a alcanzar un nivel interior de equilibrio entre lo emocional, lo psíquico, lo espiritual que la elevación que se siente está fuera de lo común.

No quisiera criticar ninguna creencia y mucho menos que alguien se sienta molesto por estas letras. Pero ciertamente me siento muy cuestionado por esta moda. Parece que todos, hasta que no alcancemos el karma, no estamos bien. Quizás para algunas personas, sin conocer el concepto pero sí el significado, vivan su vida con el deseo de que todo esté en una especie de «calma chica». De equilibrio interno que haga que uno ni padece ni siente. ¿De verdad esto es posible?

Pensamos que con lo que vivimos en el pasado, lo que hemos hecho en «otras vidas» nos vuelve en forma de buenas o malas acciones. Es gracioso, pero el otro día en la puerta de una hamburguesería, una chica se cayó en los escalones de entrada. La amiga toda graciosa, le dijo que eso era el karma y que se lo estaba devolviendo.

Al final este tipo de creencias nos llevan a cuestionar las nuestras. El planteamiento de fondo es qué creemos realmente. Según nuestros antepasados así vivimos… Como algo del pasado se convierte en presente y en futuro constante. A mí, la realidad me parece más compleja. Al final, lo que verdaderamente sirve es lo que uno vive en el aquí y ahora de su momento vital. Y, que conste, que el pasado siempre configura lo que somos. Pero no nos tiene porque dominar el presente. Tenemos la suficiente capacidad para ir elaborando lo que vivimos, para asumir las consecuencias de lo que hacemos y sentimos. No podemos olvidarnos de nosotros mismos. No nos ayudará vivir con la neurosis de lo que hemos vivido y hecho. Avanzamos en la vida hacia delante.

David Cabrera, SJ

Ciao. 

lunes, 12 de octubre de 2026

Los ingratos


 Conjugamos la exigencia en presente continuo.

Hemos vuelto derecho lo que siempre fue don.

Danzamos, indiferentes al anfitrión de esta fiesta que es la vida.

Engullimos sin gustar.

Sonreímos sin gozar.

Brindamos sin celebrar.

Ni asumimos compromisos ni queremos condiciones.

Libertad, reivindicamos, es ser el juez de uno mismo.

Ni ley ni costumbre.

No hay más límite que la propia voluntad, ni más deuda que el propio deseo.

Nos invitas al banquete y te damos largas.

Nos regalas el amor, y lo abrimos con desgana, como haciéndote un favor, para luego aparcarlo en el rincón de lo inútil.

¿Cuándo nos volvimos tan ingratos, convencidos  de merecer  lo que nunca  conquistamos? 

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao

domingo, 11 de octubre de 2026

Cuidado con el cuidado


 Cuidado...

Es uno de esos nuevos mantras que aparecen por todos lados. Tienes que cuidarte, cuídate, lo primero es cuidarte, cuida de los demás, tenemos que cuidarnos, hay que cuidarse… Lo oyes en los anuncios de perfumes, en el coaching, en el gimnasio y en cualquier espacio de gestión de personas, y hasta el papa Francisco hablaba de la cultura del cuidado como camino para la paz -de forma bastante más sabia, dicho sea de paso-. Y como tantos conceptos de moda y tantos lemas que fluyen en el espacio, acaba vaciándose de contenido y pervirtiéndose poco a poco, y por tanto se vuelve un arma arrojadiza en este mundo buenista. Al fin y al cabo, hablar de cuidado con los que tratan con personas debería ser como hablar de fe en un cura, de valor en un torero o de habilidad con un bombero.

No estoy en contra del cuidado, solo intento advertir de que es un concepto bastante trampa. Porque si no se utiliza precisamente con cuidado, puede paralizar a las personas. Y la buena intención acaba en la reclamación constante, en la insatisfacción del que siempre le falta algo o en el argumentario perfecto del vago que tiene alergia al esfuerzo. Y así sin querer, puede llevarnos a una dinámica paralizante, narcisista o egoísta, porque no es fácil ni conveniente decir que uno ya está suficientemente cuidado. Y pocas veces se habla de cuidar a los más necesitados, dicho sea de paso.

Los expertos que saben cuidar, lo hacen para que las personas sigan su camino, no para que se queden quietas y encantadas de sí mismas. Los enfermeros tratan de activar a la persona para el mundo, no la paralizan como si estuvieran en un balneario de vacaciones. Cuidar de alguien de verdad conecta con esa vectorialidad que todos llevamos, no con el ego paralizante del espíritu como proclama nuestra cultura del bienestar. Es amar la dignidad del otro y hacerle sentir importante, ¡pero no el más importante! A veces conlleva exigir, a veces conviene parar, pero siempre con la mirada puesta en algo más que en nuestro propio ego, porque de eso ya está el mundo sobrado.

Álvaro Lobo,SJ

Ciao.

sábado, 10 de octubre de 2026

No esperéis


 
No esperéis de mí mentiras o adulación.

No escucharéis palabras fáciles, pero engañosas, ni os envolveré en silencios cómodos, pero cómplices.

No os ofrezco todas las ventajas al menor de los costes, cómodos plazos para la justicia, o triunfo sin batalla .

No tendréis, en mí, una caricatura del amor a medias.

Os llamo amigos, y al hacerlo, os prometo hondura, pasión, y verdad.

Os ofrezco mi cruz y mi cielo, mi amor y mi fuego, mi luz y mi tiempo.

Os presento mi camino, mis pasos y mi evangelio.

Cuando os sintáis preparados, os espero...

José M. Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.


viernes, 9 de octubre de 2026

Hay diferencia...


 Hay una diferencia enorme entre amar a Dios y confundir a Dios con aquello que habla de Él.

La Biblia da testimonio de Dios, pero no es Dios.

El templo puede reunirnos, pero no es Dios.

Un pastor puede acompañarnos, pero no es Dios.

La teología puede ayudarnos a pensar, pero no es Dios.

Los dogmas, los rituales, las tradiciones, las instituciones e incluso nuestra manera de interpretar las Escrituras… Tampoco son Dios.

Cuando convertimos cualquiera de estas cosas en un absoluto, corremos el riesgo de defender estructuras mientras dejamos de escuchar la voz de Aquel a quien esas estructuras deberían señalar.

Jesús no vino para que adoráramos sistemas. Vino para revelarnos al Padre.

Que nada ocupe el lugar que solo le pertenece a Dios.

"Querer entender a Dios es como poner un océano en un vaso". San Agustín. 

Hno Martin Eguiluz OSB 

Ciao.