Salir a la plaza pública.
Plantar cara a la ley muerta con fe viva.
Hablar para todos.
Acariciar a los intocables con ternura eterna.
Dejar ir el miedo.
Encender un fuego de esperanza y arrojo.
Azuzar, hasta poner en marcha a otros apóstoles y con ellos atravesar años, siglos, milenios, construyendo el Reino, pintando lo humano con trazos de justicia.
Defender el Amor de embates y agresiones.
Abrir la puerta de la historia a lo inesperado, lo impensable, lo inmortal.
Ante lo insulso, proponer la Palabra que hasta en el silencio retumba.
Dejarse guiar por su Espíritu. Estos son los Hechos. Declarémonos culpables.
José María R. Olaizola, SJ
Ciao.





