miércoles, 16 de septiembre de 2026

Siempre tenemos un camino frente a nosotros


 En los momentos de incertidumbre y desesperación por los que pasamos la a lo largo de nuestra vida, sentimos (o al menos lo pensamos) que se nos van cerrando puertas, y no encontramos la salida a esa triste e incierta situación cuando se da.

Todo lo vemos negro, las esperanzas se nos agotan y solemos abandonarnos a la tristeza, sin que nos queden ganas de seguir luchando.

¿Nos hemos parado a pensar que es posible que haya varias salidas para un solo problema? Tal vez creamos que solo hay una solución, y andamos ofuscados dando y dando vueltas alrededor de la misma (pensando que es la más acertada) y no vemos otras alternativas, otros caminos, que sin haber reparado en ellos, también nos ayudarán a que solucionemos  nuestro problema.

Os voy a poner un ejemplo de mi propia vida. Hace ya un tiempo, trataba yo con un grupo de personas que me hacían sentir incómoda cuando ellos aparecían, pues notaba una actitud poco sincera conmigo y con el resto de mi grupo. Los demás también habían notado la misma intranquilidad cuando ellos aparecían y después de comentarlo entre nosotros decidimos averiguar los motivos de nuestra incomodidad. Intentamos solucionarlo de mil maneras.

Ser más amable de lo normal con ellos, ganarnos su confianza, hablar con ellos y un montón de estrategias más, para intentar recuperar la paz que ellas nos habían hecho perder.

Al final llegamos a la conclusión que después de haber intentado todo, no habíamos solucionado nada, así que volvimos a revisar el asunto que tanto tiempo nos estaba haciendo perder, y decidimos dejar de ver y tratar con esas personas y seguir con nuestro trabajo.

El resultado, ya os lo podéis imaginar. Todo volvió a la normalidad, y de esas personas nunca más se supo.

El problema se solucionó tal vez de una manera demasiado drástica, pero al menos pudimos encontrar la paz tan ansiada por todos nosotros.

Mi consejo hoy es: «No perdáis nunca la esperanza, porque todo en esta vida tiene solución».

Ciao.

martes, 15 de septiembre de 2026

Nuestros jóvenes


 Siempre he escuchado una frase que a mi me ha llamado mucho la atención y que ahora, que tengo cierta edad la recuerdo con mucha frecuencia. Se decía en mis tiempos y creo que se sigue diciendo ahora: «Juventud, divino tesoro» ¡Qué bonita! ¡Divino tesoro!

Divino tesoro porque la energía que ellos tienen, es difícil de encontrar en los que ya somos mayores. Divino tesoro, porque ellos son nuestra esperanza de futuro. Divino tesoro porque «envidiamos» su idealismo y sus ganas de luchar.

Pero yo me pregunto: ¿Si envidiamos tanto a la juventud, por qué no los cuidamos más? ¿Por qué no les ponemos a su alcance todas las herramientas, para que se realicen plenamente, y cumplan sus aspiraciones y proyectos de vida?

Creo que vivimos en una época en que el pasotismo, de una juventud aburrida y hastiada de ver tanta injusticia, tanta zancadilla, tantos comportamientos extraños –por no decir erróneos–, de las personas que se supone que por su experiencia y mayoría de edad deberían ser el ejemplo a seguir por ellos.

Y así nos encontramos con una juventud cuyas expectativas laborales son nulas o casi nulas y, no podemos pretender que ellos, los más jóvenes, tengan ilusión por algo y que no pasen por esta vida con indiferencia y pasotismo ante los problemas sociales que presencian a diario.

Estamos hartos de ver cómo se lucha contra la droga en nuestras calles, y a jóvenes caer como chinches, porque los mayores, las instituciones y los que tendrían que hacerlo no les hacen caso.

Si hiciéramos una encuesta preguntando a las personas por nuestros jóvenes escucharíamos frases como: ¡Son un desastre! ¡Todos son iguales, no hacen nada! ¡Solo quieren caprichos! Etc.

Hoy yo quiero romper una lanza a favor de ellos, y quiero decir que no, que no todos son iguales y que hay jóvenes que (gracias a Dios la mayoría) son gente sana, sincera, solidaria, con ilusiones… Lo que pasa es que tal vez llenen más páginas y titulares los que se encargan cada fin de semana de agredir y de intimidar a los pacíficos, tratando de incordiar su salida nocturna, o rompiendo su evasión tranquila con los amigos después de una semana de trabajo o de estudio.

Sigo confiando en nuestros jóvenes, y espero que vosotros también lo hagáis, pues ellos son nuestro futuro.

Pongámosles a su alcance todos los medios y démosles más oportunidades. para que a la hora de elegir entre el bien y el mal, opten por el camino de la lealtad, la fidelidad, la confianza y el buen ambiente, y así tendremos una juventud sana, buena e ilusionada.

Ciao.

lunes, 14 de septiembre de 2026

El amor a los enemigos


 Los remedios espirituales son saludables y necesarios para todos, creyentes y no creyentes.

Vivimos rodeados de personas que por cualquier motivo no nos caen bien. Son personas, que sin llegar a ser enemigos, nos hacen sentir mal tan solo con su presencia.

Aunque mi reflexión yo la haya titulado «El amor a los enemigos», tengo que confesaros que a mí, esa palabra me parece demasiado fuerte y que supone un gran acto de amor lo que esa palabra significa.

Nos dice el Evangelio de San Mateo en uno de sus capítulos: «Amar a los enemigos y además rezar por los que nos persiguen».

La palabra «enemigo» nos suele sonar a guerra. Gracias a Dios nosotros no tenemos cerca guerras, en las que se disparan armas de fuego, pero sí tendréis que reconocer conmigo que vivimos en una guerra de permanentes desaires y peleas, en las que solemos disparar nuestra boca contra todas aquellas personas que nos caen verdaderamente mal por una u otra razón.

Sin llegar a ser enemigos, son personas que ante nuestro ojos no son agradables por su comportamiento y actitud

Hoy pretendo que mis palabras nos hagan reflexionar sobre las palabras que Jesús nos dice en el Evangelio: Debemos rezar por todas esas personas a las cuales sentimos lejanas en nuestro corazón, por esas que provocan en nuestro interior sentimientos en su contra y que alejan de nosotros toda posibilidad de reconciliación con ellas.

Dice un pensamiento de F. Varillón, «Recé tanto por mi enemigo, que ya estoy empezando a amarlo».

La envidia, en una buena aliada de la enemistad. Ella  mueve muchos de nuestros malos sentimientos y nos incita a la indisposición ciega hacia las personas poco queridas.

Por eso tanto Jesús como Varillón, nos invitan con sus palabras a hacer oración porque es la única manera que a través de ella, lleguemos si no a amar de verdad a esas personas que no queremos, por lo menos a suavizar toda clase de sentimientos negativos que albergan en nuestro interior.

Que mis palabras de hoy nos ayuden a ver con otro corazón a esas personas que no forman parte de nuestro mayores afectos.

Ciao.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Envejecer con un corazón joven


 Cada día nos quejamos más de lo rápido que pasa el tiempo. Vemos pasar los días, semanas, meses y años sin apenas darnos cuenta.

¿Y que significa esto? Pues como solemos decir casi a diario o por lo menos con mucha frecuencia: «Que no pasa el tiempo, sino que somos nosotros los que vamos cumpliendo años, pasando por esta vida con demasiada rapidez y acercándonos a la vejez con una rapidez de vértigo sin apenas darnos cuenta«.

Y yo pregunto: ¿Qué vejez nos estamos preparando? ¿Acaso una llena de tristezas o una vejez ilusionada y con un corazón lleno de alegría a pesar de nuestro achaques y limitaciones?

Soy de las que piensa que hasta para saber envejecer hay que tener arte. ¿Cuántas veces nos hemos quedado sorprendidos ante esas personas mayores y jubiladas cuyos años y arrugas, no son un impedimento para ayudar a los demás, para practicar deporte o para pasárselo estupendamente con otras personas? ¿Cuántas veces nos asombramos al ver a una juventud «anciana», sin esperanza, que están (parece ser) de vuelta de todo, y que pasan su existencia viviendo sin ningún proyecto o ilusión?

La edad no es la que el DNI señala. La edad tampoco es una fecha de nacimiento o una jubilación. La edad auténtica y verdadera está en nuestro corazón en nuestra mente y en el espíritu que nosotros tengamos.

Envejecer con una corazón joven quiere decir que a pesar de los años, a pesar de los achaques y dolores que sintamos en nuestro cuerpo, nuestro corazón sigue con la misma ilusión que teníamos en nuestra ya pasada juventud, y que aunque la edad nos marque ciertas limitaciones, somos capaces de vibrar, reír o emocionarnos ante las situaciones que vivimos.

Sepamos disfrutar de la vida con la misma ilusión que cuando éramos jóvenes y que los años no sean un impedimento para ello.

Ciao.

sábado, 12 de septiembre de 2026

El valor de las pequeñas cosas


 Nos pasamos la vida buscando la felicidad completa, esperando que llegue a nosotros de una forma aparatosa, y pensamos que es un imposible alcanzarla, pasando por alto esos pequeños momentos de los que todos disfrutamos, y que a penas les sacamos partido por ser cotidianos e insignificantes, dejándolos escapas sin darles importancia.

Y es que queridos amigos, la felicidad está hecha de pequeñas cosas, de pequeños momentos.

Una llamada, un mensaje, una visita de un amigo, un gesto amable de alguien a quien nos encontramos, un momento de oración y descanso cuando estamos ya rendidos y cansado de tanto trabajar, un paisaje, una buena música, un paseo relajado, un rato de charla con los amigos… En fin, son muchos los momentos que llegan cada día a nosotros, y de los cuales, no solemos disfruta, pues los vemos tan corrientes y sencillos que nos parecen tan normales, que no apreciamos su importancia.

La vida está hecha de pequeñas cosas, y la felicidad solo la encontraremos si sabemos apreciarlas y valorarlas.

Solemos darle mucho valor a las cosas que nos han costado muy caras y solemos descuidar algo tan gratuito como la salud, los amigos, nuestra vida interior, la naturaleza, la familia… Sin darnos cuenta de que todo es regalo de Dios, y que por lo tanto debemos agradecer y sobre todo disfrutar.

Procuremos encontrar en esos pequeños regalos de cada día la felicidad, porque es valorando las pequeñas cosas, en donde podemos encontrar y alcanzar la auténtica felicidad.

No esperemos grandes acontecimientos cuando queramos  abrazar la alegría completa, pues se nos irán de las manos lo mejor de nuestra vida, lo sencillo, que es en donde está la verdadera felicidad.

Ciao.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Nuestros ancianos, fuente de sabiduría


 Hoy comienzo esta reflexión centrándome en rendir un cariñoso y merecido homenaje a tantas personas ancianas  (o de la tercera edad, como solemos decir ahora) y que en sus canas y en sus achaques, encierran toda la sabiduría y la riqueza del mundo.

Yo recuerdo cuando era una niña, y vivía en un pueblo pequeño, contemplar esa escena, tan repetida aún en nuestro pueblos, que no es otra que la de ver esos parques o en las puertas de las casas, a los abuelitos sentados y rodeados de «gente menuda», que escuchaban con atención sus «batallitas». Es una escena que por desgracia en las grandes ciudades no se ve o cada vez se ve menos.

Ahora solemos ser las personas ya maduras, las que nos paramos a escuchar a ese abuelito o a esa abuelita que, mientras esperas el autobús, o viajas en él, te cuentan las peripecias de sus hijos y nietos, con la alegría de poder compartir su felicidad y algunas veces su soledad, con alguien que le escucha.

El otro día me pasó a mi algo parecido a esta situación mientras viajaba en autobús urbano de mi ciudad, y pude apreciar de cómo disfrutaba el señor que iba a mi lado, y como con mi escucha pude hacer, en los minutos que duraba el trayecto, a que su soledad fuera paliada un poco.

Eso me hizo sentir y pensar, de cómo ha cambiado la vida de nuestros ancianos, sobre todo en las grandes ciudades, donde por falta de espacio y de tiempo para atenderlos, se han visto relegados a un tercer plano, si no son aparcados en un asilo o residencia, para visitarlos de tarde en tarde.

Antes, en mis tiempos, los abuelitos, vivían con los hijos hasta el día de su muerte, sintiendo el calor de todos los suyos, hasta sus últimas horas de vida. De esa convivencia. se enriquecía toda la familia. Desde el más grande, hasta el más pequeño.

Se dice que «LA EXPERIENCIA, ES LA MADRE DE LA CIENCIA» y es verdad, porque la sabiduría, no la dan los títulos universitarios ni los grandes y caros Masters, la sabiduría la adquirimos a base de vivir el día a día, aprendiendo de la experiencia de los demás una buena lección.

Nuestros ancianos son lo más valioso que tenemos y debemos mimarlos y cuidarlos. Ellos nos dan toda una enseñanza de vivencias y sacrificios, de los cuales nosotros debemos aprender, porque es escuchándolos y atendiéndolos cómo nos enriqueceremos.

Que seamos capaces de paliar su soledad, haciéndoles sentirse importantes, cuando estemos a su lado.

¡Muchas felicidades a todos los abuelitos y abuelitas del mundo, que Dios os bendiga siempre!

Ciao.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Razones para la esperanza


 "La esperanza es lo último que se pierde".

Hace tiempo que leí un libro de José Luís Martín Descalzo que se titulaba «Razones para la Esperanza».

Este gran hombre y gran sacerdote, cargado de humanidad y sencillez, lleno de entusiasmo, amor y veneración hacia Dios y hacia la vida, dedica todo un libro de artículos (86 en total) para meditar en hecho que a él (hombre de gran fe), le producían la esperanza para vivir y así poder transmitirla a los que le leían y escuchaban.

Y es que no hay nada más alentador para llevar una vida con alegría, que el tener esperanza en todo lo que pasa ante nuestro ojos cada día.

Los padres tienen esperanza, en que sus hijos sean hombres de ley… El enfermo tiene esperanza, ante la curación de su enfermedad… El trabajador espera, que su trabajo sea útil a los demás… El joven y el niño, esperan que su futuro sea bueno… El sacerdote tiene la esperanza, de ver algún día una Iglesia más unida… Y así podríamos ir enumerando miles de «esperanzas», tantas como habitantes hay sobre la tierra.

"La esperanza es lo último que se pierde " (dice el dicho), y gracias a ella, vivimos con los ojos puestos en «el día siguiente» para no desfallecer en nuestras ilusiones, esperando que mañana o pasado sean mejores que hoy.

El Reino de Dios, es nuestra esperanza final, y al él debemos dirigir nuestra vida y todos nuestros actos.

Que nuestras razones para la Esperanza sean cada día más fuertes, para que podamos transmitirlas a todos los demás, y así desechar de nuestra vida los desalientos y miedos que pasan por ella.

Ciao.