martes, 24 de abril de 2018

El testamento de Don Quijote


Ayer 23 de Abril, día en que se recordó como cada año la muerte de Cervantes, nada mejor que hacer memoria de su inmortal Don Quijote, gracias a la creatividad de Pedro Sosa, que en la introducción de su último disco recrea este Testamento del Quijote. Y es que, no son solo molinos...

«Por fin lo comprendes, amigo Sancho. A veces tenemos que agotar nuestros propios pasos para poder mirar atrás y ver con otros ojos el camino andado.
Es en ese momento en que vemos cerca el final, cuando ya sabemos que nuestra presunta eternidad es una falacia, ahí es cuando quizás ya tarde, recuperamos la mirada limpia del comienzo, esa misma mirada que nos ayuda a releer nuestra historia con las proporciones justas de pasión y compasión.
Puedo verlo en tus ojos, mi buen amigo. Ahora ya lo entiendes todo. Tú y yo desde siempre fuimos reflejo de la dualidad de la naturaleza humana. Esa a la que, por estar demasiado aferrada a la tierra o demasiado elevada en sus vuelos, le cuesta toda una vida encontrar la altura adecuada desde donde percibir la realidad en su justa medida.
Tarea complicada, porque esa realidad está fabricada, a partes iguales, de cordura y de ensueños.
Sólo ahora, cercana ya mi muerte, podemos mirarnos a los ojos y ver más allá de lo que siempre nos pareció evidente.
Hoy ya conocemos con certeza el secreto de aquellos que dedicaron su tiempo y su empeño a cambiar una realidad tantas veces ingrata y casi siempre injusta: No hay que ser extraordinarios para hacer cosas extraordinarias.
No hace falta un ejército numeroso. Pocas armas son necesarias. Sólo precisamos oír a nuestro propio corazón y dejarnos llevar por sus mandatos.
Todo gran reto no es más que la suma de muchos pequeños retos, asequibles para cualquier alma de buena voluntad que vislumbra la necesidad de sumarse a la mágica alquimia que transforma sueños y anhelos en la nueva realidad que convocamos. La fórmula es sencilla y los ingredientes están a la mano: Voluntad, amor y deseo.
Hoy, a fuerza de caminos y de luminosos tropezones, ya somos capaces de romper el velo de la costumbre y de lo cotidiano.
Hoy ya podemos darnos cuenta de que, detrás de aquella escena de derrota, había mucho más que unos huesos magullados, una lanza rota y un orgullo maltrecho.
¡Ay, mi buen amigo! Todos, incluido yo, pensábamos que había perdido la batalla, que habíamos perdido todas las batallas.
¿Quién podría imaginar, Sancho, que sólo así podríamos ganar la verdadera guerra? Porque sin darnos cuenta y a golpes de descrédito, fuimos grabando a fuego, en todos los que supieron de nuestras gestas, la olvidada y, a la vez, necesaria pregunta.
Una pregunta que fue anidando en las mentes y los corazones de los hombres. Y así, prendida en los entresijos del tiempo, de todos los tiempos, la pregunta se hizo sitio y acomodo en esas mentes y corazones.
Oculta, afilada, implacable, certera, sólida. Inerte, estática e inamovible.
Y, sobre todo, mi buen escudero, latente. A la espera de que surgiera, de nuevo, otro útero absurdo para ser devuelta a la vida de nuevo.
Sí, querido amigo, el absurdo. El único camino transitable para el caballero que un día de locura decidió luchar y defender lo evidente ante el resto de los hombres: Lo que fuimos, o pudimos ser y nos negamos a ser al día siguiente, un día parecido a este día.
La injusticia, que también parece eterna, y el dolor de los más débiles, es lo que sigue empapando, como el agua, la semilla oculta que fue nuestra herencia, pero que a la vez también es legado para los que vienen.
Quiera Dios, y nosotros trabajemos, para que esa semilla germine y muestre toda la potencia que siempre tuvo en sí: Alma y vida para este mundo nuestro.
Todos lo sabrán entonces, Sancho. Todos aquellos que ofrezcan su tiempo, su patrimonio ,sus labores y sus sinsabores, para intentar arrimar este nuestro presente, maltrecho y mal compuesto, a esas utopías que los antiguos soñaron, entenderán que, como nosotros, deberán perder muchas batallas para ganar finalmente la guerra.
Y no hay guerra que la Guerra de la Conciencia. Construirán, como buenos y nobles hidalgos, un presente amable desde el futuro antiguo que sueñan. Y quiera Dios que, el poco tiempo ocioso que les reste, lo empleen en aprender a volar pandorgas y cometas… Velas al viento para un tiempo nuevo.
Descubrirán cuál es la pregunta que nos salva, la que nos mueve, la que es simiente y placenta de toda revolución:
¿Son sólo molinos? ¿Realmente son sólo molinos de viento?»

Pedro Sosa (Testamento del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha)

Ciao.

lunes, 23 de abril de 2018

Dar la vida


Señor, dame la valentía
de arriesgar la vida por Ti,
el gozo desbordante
de gastarme en tu servicio.
Dame, Señor, alas para volar
y pies para caminar
al paso de los hombres.
Entrega, Señor,
entrega para “dar la vida”
desde la vida,
la de cada día.
Infúndenos, Señor,
el deseo de darnos y entregarnos,
de dejar la vida
en el servicio a los débiles.
Señor, haznos constructores de tu vida,
propagadores de tu Reino,
ayúdanos a poner la tienda
en medio de los hombres
para llevarles el tesoro
de tu amor que salva.
Haznos, Señor, dóciles a tu Espíritu
para ser conducidos
a dar la vida desde la Cruz,
desde la vida que brota
cuando el grano muere en el surco.

Compañía de Jesús en España

Ciao.

domingo, 22 de abril de 2018

La oportunidad de arrepentirse


Hay cosas que no te atreverías a decir a la cara a una persona, por miedo, por no herirla, porque tienes una serie de filtros que te evitan soltar lo primero que se te ocurre. Sin embargo, ese mecanismo parece que no existe cuando estamos en las redes. El no tener delante a la otra persona nos quita muchos filtros y a veces le das al botón de enviar antes de que ni siquiera tengas tiempo de pensar en cómo va a reaccionar el otro. Y quizás has tenido la experiencia de que en seguida te has arrepentido, cuando ya era demasiado tarde y el mensaje estaba enviado.

Quizás conscientes de esto, son muchas las redes que han ido habilitando la posibilidad de borrar mensajes enviados, también para el destinatario, la última de ellas, WhatsApp. Y fueron muchos los que vieron esto como un avance, si las redes nos vuelven más irreflexivos, al menos que tengamos la oportunidad de arrepentirnos y rectificar. Y, sin embargo, han tardado muy poco en empezar a salir apps y trucos para poder leer esos mensajes borrados, para enterarnos, en definitiva, de aquello que no iba destinado a nosotros en realidad.

Hay quién pensará que tenemos derecho a saber qué dicen esos mensajes. Pero no nos paramos a pensar en el por qué los ha borrado quien nos lo envió. Quizás sea una simple equivocación, pero también puede ser algo más de fondo, algo que no deberíamos saber, que nos puede hacer daño, que es fruto de la irreflexión del otro. Así que mejor moderar la curiosidad y pensárselo dos veces antes de quitar al otro su oportunidad de arrepentirse y aceptar que se ha equivocado, algo que a todos, reconócelo, nos puede pasar.

Alvaro Zapata, SJ

Ciao.

sábado, 21 de abril de 2018

Mi fe y mis dudas


He aquí la eterna encrucijada de la fe y la duda. El debate interior. La lucha entre creer y no creer. Pero tan bien explicado, con tanta hondura y contundencia al tiempo... Y tú, ¿Cuándo dudas? ¿Cuándo crees?

«Tuve que buscar durante mucho tiempo hasta encontrar un barco de la fe que fuese lo suficientemente estable como para poder llevarme a mí junto con todo el peso de mis preguntas críticas y mis dudas. Con el tiempo encontré tal barco y, a bordo de él, mi fe y  mis dudas poco a poco se han hecho amigas; tengo la impresión de que esas partes de mi espíritu y de mi corazón hicieron entonces un pacto de colaboración mutua y que el constante diálogo que mantienen entre sí visiblemente les produce alegría. Siempre que parece que las dudas enmudecen, se despiertan por sí mismas en mi fe dudas y preguntas críticas, por puro miedo a que esta tal vez se acerque a los tentadores acantilados del fundamentalismo y del fanatismo.

No obstante, cuando mi fe está debilitada, cuando no recibe el suficiente alimento de mi práctica de oración y meditación o cuando está cansada de la confrontación con las caricaturas de la fe con las que se encuentra constantemente, mis crecientes dudas no abusan de tales momentos para tomar triunfalmente las riendas; la parte dubitativa de mi alma sabe que una vida sin fe, sin ese compañero que a la vez es blanco de su crítica, le parecería aburrida. Las dudas no me llevan de la fe a la increencia; más bien profundizan mi fe, la hacen más madura y meditada»

Tomás Halik, en "¿Deshacerse de Dios?"

Ciao.

viernes, 20 de abril de 2018

Tómate tu tiempo


Vivimos en un mundo donde parece que todo suceda demasiado rápido. Las responsabilidades cotidianas, las relaciones sociales, nuestras ganas de crecer y seguir caminando, incluso siendo buenas, pueden crear en nosotros ciertas dinámicas vertiginosas, que nos sumen en un ritmo de vida veloz, trepidante y, en no pocas ocasiones, peligroso.
La vida, sin lugar a dudas, está hecha de tiempos donde es necesario apresurar el paso; sin embargo, es bueno que, habitualmente, busquemos un ritmo que propicie tiempos de silencio, espacios íntimos, que nos acerquen a Aquel que siempre nos acompaña en nuestro caminar.
Solo así aprenderemos a integrar las diferentes dimensiones de nuestra vida, y a ir ordenándolas, tratando de elegir siempre aquello “que más nos conduce para el fin que somos criados”.

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

jueves, 19 de abril de 2018

¿Qué significa que el Padre está en el cielo?



En la oración que Jesús nos enseñó, lo primero que se dice de “nuestro Padre”, antes de pedirle nada, es que está en el cielo. Sin duda, esta imagen espacial indica que Dios está más allá de todos los esfuerzos humanos, de todas nuestras intuiciones, de todos nuestros deseos, de todos los productos de nuestro espíritu, por muy sublimes que sean. La realidad de Dios sobrepasa todo lo que el hombre puede alcanzar.

Y, sin embargo, este Dios que está en el cielo penetra los abismos. Comentando estas palabras referidas a María, “Dios ha mirado la humillación de su esclava”, Lutero dice: Dios nunca mira hacia arriba, porque no hay nada por encima de Él; tampoco mira a su alrededor, porque nada le iguala. Necesariamente tiene que mirar hacia abajo, y cuanto más abajo está uno, mejor le ve Dios. Luego, Lutero se explaya hablando de la humilde María, a la que Dios mira con amor precisamente por su pequeñez.

Tomás de Aquino, comentando estas palabras del Padrenuestro, dice: “Que estás en los cielos” indica la cercanía de Dios hacia nosotros, su prontitud para escuchar. E interpreta “estar en los cielos”, como “estar en los santos, en los cuales habita Dios”. Teniendo como referencia el salmo 118 (“los cielos proclaman la gloria de Dios”), Tomás de Aquino afirma que “los santos son denominados cielos”. En efecto, quienes proclaman la gloria de Dios son los santos.

Me parece profunda esta intuición de Santo Tomás: Dios está en los cielos, es decir, en aquellos que han hecho de su vida una vida conforme a la de Dios, una vida celestial. El todopoderoso, el que nada ni nadie puede retener, el Señor de la gloria, se hace presente en la persona justa. El cielo, más que un lugar, es una manera de ser, una actitud. ¿No dice el amante que su amada es un “cielo”? En los que se comportan divinamente, allí está Dios.

Así concluye Tomás de Aquino su interpretación de estas palabras del Padrenuestro: “Como a causa de su excelsitud algunos han afirmado que Dios no se preocupa de las cosas de los hombres, conviene tener presente que es alguien cercano, íntimo; de Él se dice que está en los cielos, es decir, en los santos, a los cuales se les llama cielos”.

Martín Gelabert Ballester, OP

Ciao.

miércoles, 18 de abril de 2018

Discernimiento


Los cristianos queremos tomar decisiones buscando encontrar la voluntad de Dios para nosotros, porque es aquello que nos hará más profundamente felices.
La herramienta que la espiritualidad ignaciana propone para ello es el discernimiento, que no consiste tanto en una serie de reglas, como en una actitud que debería ir incorporándose a nuestro modo de ser. El discernimiento implica una disposición de búsqueda, una escucha constante de la realidad. Es estar atentos a las pistas que nos sirven para tomar la decisión correcta.
Muchas de las decisiones importantes las consultamos, precisamente porque reconocemos esa importancia. Nos dejamos acompañar por aquellos en quienes verdaderamente confiamos, por quien tiene más experiencia, por aquellos a quien afectará la decisión, por quien tiene una visión más cercana al asunto…
Hay decisiones que podemos (y debemos) tomar solos. Pero hay otras para las que necesitamos la humildad de reconocer que no podemos solos. Implica reconocer que Dios se sirve de todos para llevar adelante su proyecto. Aunque a veces sea uno quien toma una decisión, debe hacerlo con otros. Y entonces reconocemos que parte de esa voluntad de Dios es discernir juntos.

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.