sábado, 16 de enero de 2021

Un Magnificat

Proclama mi alma tu grandeza, Señor.
Mi alegría echa raíz en tu vida, en tu presencia, en tu promesa.
Tú miras mi pequeñez, y a tus ojos, y en tus manos soy la persona más grande del mundo.
Tú traes salvación y prometes amor allá donde reina el egoísmo.
Prometes libertad a quien vive encadenado.
Ofreces encuentro a los abandonados y abundancia a los que nada tienen.
Lo hiciste en otro tiempo y lo sigues haciendo en tantos que hoy viven y actúan en tu nombre.
Yo quiero actuar en tu nombre, hablar con tus palabras, abrazar con tu ternura como María, como tantos otros, ahora y por siempre.
Amén.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

viernes, 15 de enero de 2021

¿Dónde pongo el foco? ¿Cuál es el centro de mi vida?


¿Dónde pongo el foco? ¿Cuál es el centro de mi vida?
El trabajo, los estudios, el éxito, la popularidad, el voluntariado, la perfección, el dinero, una posición socioeconómica, la amistad...
En ocasiones, no somos conscientes de donde tenemos puesto el cetro de nuestra vida. Es decir, en donde ponemos nuestro corazón para darle sentido a nuestras vidas. Y esto suele ocurrir porque estamos rodeados de distracciones, sutiles o no, del cimiento o motor de nuestra vida. Se nos desordenan las prioridades de nuestros deseos y se cuelan aquellos que nos alejan, a veces bajo capa de bien, de la felicidad plena.
Las distracciones se nos cuelan en nuestra relación con Dios sin dejarnos verle, tocarle y sentirle en nuestro día a día. No es lo que hago, sino cómo lo hago o desde dónde lo hago.
Los Ejercicios Espirituales nos ayudan a ordenarnos para volver configurarnos hacia esa felicidad de vivir en plenitud [EE 1, 21].
Vivir con nuestra mejor versión de la mano de Jesús. Pues el gran regalo de los Ejercicios Espirituales es el poder poner orden en nuestra vida, historia de salvación, para identificarlos y así ganar libertar en la escucha activa del espíritu, que nos alienta en la construcción del Reino.
¿Quieres vivir en la libertad plena?

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

jueves, 14 de enero de 2021

Hermoso Padre Nuestro


PADRE NUESTRO PARA QUE REINE LA PAZ EN NUESTROS HOGARES, EN NOSOTROS MISMOS Y EN NUESTRO PAÍS

Padre Nuestro, que estás en las flores, en el canto de los pájaros, en el corazón latiendo; que estás en: El amor, la compasión, la paciencia, y en el gesto del perdón.

Padre Nuestro, que estás en mí, en mi familia, en mis amigos, que estás en ese que yo amo, en ese que me hiere, en aquel que busca la verdad...

Santificado sea tu Nombre adorado y glorificado, por: Todo lo que es bello, bueno, justo, honesto, de buen nombre y misericordioso.

Venga a nosotros tu reino de paz y justicia, fe, luz, amor. Sé el centro de mi vida, mi hogar, mi familia, de mi trabajo, de mi estudio.

Hágase tu voluntad, aunque mis ruegos reproducen a veces más mi orgullo, mi ego, que mis necesidades reales.

Perdóname todas mis ofensas, mis errores, mis faltas, mis pecados y ofensas contra ti, contra mi mismo y contra los que me rodean, perdona cuando se vuelve frío mi corazón.

Perdóname, así como yo con tu ayuda, perdono a aquellos que me ofenden, incluso cuando mi corazón está herido.

No me dejes caer en las tentaciones de los errores, de los vicios, de la crítica, el juicio, el chisme, la envidia, la soberbia, la destrucción, el egoísmo.

Y líbrame de todo mal, de toda violencia, de todo infortunio, de toda enfermedad. Líbrame de todo dolor, de toda tristeza, angustia y de toda desilusión.

Pero, aún si tales dificultades ves que son necesarias en mi vida, que yo tenga la fuerza y el coraje de decir: ¡Gracias, Padre, Señor Rey del Universo por esta lección! ¡Amén y que así sea!

Ciao.

miércoles, 13 de enero de 2021

Eres


Dices, “ven a Mí”:
Yo me resisto, pregunto, quiero plantear un calendario, un precio, una tasa.
Hasta que bajo los brazos, abandono las pegas y me fío de tu llamada.
Entonces descubro quién eres.
Eres espacio seguro donde me sé en casa.
Eres mi tierra, mi descanso, mi paga, el abrazo que me envuelve, la caricia que me sana.
Eres palabra que ofrece un camino y eres silencio que calma.
Eres fuerza sin violencia, fiesta sin ausentes, bienaventuranza.
Eres, en mi luto, danza en la paz, refugio, en la noche, llama.
Eres en mi nada, todo. Tú eres mi única batalla.

Jose Maria Rodriguez Olaizola, S.J

Ciao.

martes, 12 de enero de 2021

Incertidumbre


Sin darnos cuenta nos hemos acostumbrado a realizar todo con la máxima seguridad, y no solo eso, sino que además la necesitamos y exigimos. Por poner un ejemplo, hace no tantos años, uno iba a la estación de tren o del autobús, un poco antes de la salida del viaje y compraba allí su billete con la certeza de que tendría sitio en el transporte.
Hoy son muy pocos los que esperan tanto para comprar su ticket, ya que lo hacemos por Internet, con bastante anticipación, no sea que nos quedemos sin él. Lo mismo ocurre en infinidad de situaciones en la vida, en las que, las nuevas tecnologías, que tanto nos ayudan, nos han ido haciendo un poco esclavos de la seguridad de nuestros planes y acciones, y quizá, a la vez un poco histéricos.
Y, en medio de todo ello, nos encontramos con que la situación de pandemia mundial que vivimos, amenaza a la seguridad que parecíamos haber conquistado. Por seguir con el mismo ejemplo, hoy, al comprar nuestro billete de autobús o tren, sabemos que no es tan seguro que podamos viajar, porque cualquier cosa puede complicar, retrasar o anular nuestro viaje.
Lo mismo ocurre a gran escala con el inicio de los colegios, de la universidad, con la vuelta al trabajo presencial y el consiguiente abandono del teletrabajo, con la deseada la normalidad en los negocios, o la temida posibilidad de un nuevo periodo de cuarentena y cierre. Paradójicamente, todo se vuelve inseguro y frágil en la época de las App y de las agendas electrónicas.
En esta situación, recuerdo con admiración a todas aquellas personas que, de un modo u otro se lanzaron a la conquista del futuro con valentía y a la vez prudencia, y sobre todo con una gran inseguridad acompañada de la confianza de que el futuro iría bien. 
Aquellos de nuestros abuelos que marcharon a otro país, buscando asegurar un futuro a sus descendientes, aunque no conocieran la lengua, ni supieran en qué iban a trabajar. O los misioneros que un día subieron a un barco que les llevaría al territorio en el que debían predicar el Evangelio, sin saber cuándo podrían volver a su tierra y a ver a su familia. Sus vidas, más cercanas o lejanas, nos lanzan un mensaje esperanzador en medio de la niebla espesa en la que nos encontramos. Porque nos recuerdan que, a pesar de lo que parezca, Dios camina con nosotros en medio de la incertidumbre, y junto a él alcanzaremos ese mañana mejor que anhelamos.

Dani Cuesta, SJ

Ciao.

lunes, 11 de enero de 2021

Escuchar la voz de la sabiduría


Hay personas que cuando hablan captan profundamente nuestra atención. Sientes, al escucharlas, como si te conocieran interiormente y te estuvieran diciendo lo que estás viviendo o experimentando. Son tan claras y simples sus palabras que no hay que hacer esfuerzo para comprenderlas. Son tan sencillas y hondas a la vez, que logran adhesión e identificación inmediata.
Estas personas son las que te ayudan a entrar al propio interior y te señalan el camino dónde encontrar las respuestas que andamos buscando. Te invitan a escuchar la Voz de la Sabiduría que habita en todos nosotros, porque es precisamente de esa fuente interior de donde brotan las suyas.
Las palabras que nacen de nuestro interior tocan la profundidad de todo ser humano. Y no necesitan ser elocuentes para convencer a nadie, porque se puede reconocer que en ellas hay verdad. Tienen un efecto sanador cuando están llenas de aceptación y reconciliación.
En la actualidad hemos convertido a las palabras, y a la comunicación en general, en un arma de destrucción masiva. Difícilmente hablamos con los demás buscando comunicar algo desprovisto de mezquindad e interés personal, sino que disparamos críticas y mensajes apocalípticos para favorecer la propia postura.
Lo que decimos ya no es un medio para descubrir la verdad sino para forzar y doblegar la razón de los demás. La autoridad de lo que expresamos no está en el tono, ni en la banda, bastón o sillón presidencial, sino en la verdad y coherencia de vida de quien la transmite. Las palabras que ofenden, reprochan, castigan o condenan, brotan de ese lado oscuro que todos llevamos dentro.
El discurso que se ejerce con violencia y prepotencia llevan el sello de la soberbia y el orgullo, porque maltratan y humillan. No utilicemos jamás las palabras como un arma para agredir cruelmente, sino para construir la concordia, buscar consensos e instaurar la paz. Jesús se dirigió a un demonio y le dijo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio arrojó al hombre al suelo y dando un grito lo dejó en paz.

Ciao.

domingo, 10 de enero de 2021

No te calles nunca


¡No te calles nunca!

¡No te calles nunca! Se fuerte para levantar la voz contra aquello que consideres injusto.
¡No te calles nunca! Se valiente para poyar a aquellos que lo necesitan.
¡No te calles nunca! Alza la voz contra el abuso, contra el maltrato, contra las injusticias.
¡No te calles nunca! Que tu voz sirva para apoyar la necesidad de que el mundo sea un lugar más justo, que sea un lugar donde todos tengamos cabida.
¡No te calles nunca! Defiende aquello que es justo, que tu voz se oiga alta y clara cuando sea necesario y cuantas veces lo sea. Si todos alzamos la voz nos oirán, por fuerza nos oirán porque somos muchos.
¡No te calles nunca! Que la injusticia no te sea indiferente, que tu voz sea capaz de alzarse contra aquello que tus ojos vean y no sea correcto, contra aquello que tus oídos oigan y no sea correcto.
¡No te calles nunca! No dejes que nadie te obligue a callar, no dejes que ganen aquellos que oprimen, que maltratan, que humillan.

Las palabras tienen poder:

Somos muchos, somos legión todos los que pensamos que otro mundo es posible, todos los que creemos en que hay lugar para todos en nuestro hogar.
Las palabras tienen un gran poder, no las dejemos morir en nuestra garganta, dejemos que broten, que se oigan altas y claras expresando aquello que debe ser oído, aquello que debe ser entendido.
Alza tu voz, alcemos nuestras voces, que todo el mundo sea un clamor tan alto que nadie pueda ignorarlo, que no les quede más remedio que escuchar. ¡No te calles nunca!

Elia Arcas

Ciao.