miércoles, 18 de octubre de 2017

Los 10 poderes de la inteligencia espiritual



El filósofo catalán Francesc Torralba Roselló, consultor del Consejo Pontificio de la Cultura en el Vaticano, lleva años trabajando en la INTELIGENCIA ESPIRITUAL. 

¿Se ha preguntado usted cómo está de inteligencia espiritual?
En esta charla con Aleteia, detectamos junto a Francesc Torralba de qué trata la inteligencia espiritual.
Este experto, consultor del Pontificio Consejo para la Cultura, los ha condensado en el libro Inteligencia espiritual publicado por Plataforma.

1 ¿Vale la pena vivir?
Sea cual sea la formulación concreta, ¿Tiene sentido la vida? ¿Qué me cabe esperar?, esta pregunta hace explícito el carácter misterioso de la persona.
El ser humano siempre está en búsqueda.
El ser humano, en virtud de su inteligencia espiritual, es capaz de interrogarse por el sentido de su existencia, tiene el poder de preguntarse por lo qué realmente va a dotar de valor su estancia en este mundo.
En grados distintos, podemos distinguir en los mamíferos superiores formas de inteligencia lingüística, emocional, interpersonal, pero la inteligencia espiritual es una modalidad específica del ser humano.

2. El preguntar último:
¿Qué tipo de interrogaciones son un producto de la inteligencia espiritual?: ¿Para qué estoy en el mundo? ¿Qué sentido tiene mi existencia? ¿Qué puedo esperar después de mi muerte? ¿Qué sentido tiene el mundo? ¿Para qué sufrir? ¿Para qué luchar? ¿Qué es lo que merece ser vivido?
No disponemos de respuestas evidentes a tales preguntas, pero el preguntar último, la búsqueda del para qué constituye un estímulo al desarrollo filosófico, científico y tecnológico de la humanidad.
La inteligencia espiritual no se satisface con el cómo, ni con el porqué. Necesita conocer el para qué.

3. La capacidad de distanciamiento:
La inteligencia espiritual da el poder de tomar distancia de la realidad circundante, pero también de nosotros mismos.
Tomar distancia no debe entenderse en un sentido físico. La inteligencia espiritual nos permite separarnos del mundo, de nuestro propio cuerpo, pero tal operación es únicamente mental.
Consiste, pues, en separarse, sin dejar de ser, sin abandonar el mundo.
La distancia es, paradójicamente, el único modo de comprender realmente algo. Para poder valorar la textura y la calidad de un vínculo, de una relación, de una amistad, es esencial tomar distancia y, luego, desde la contención de las pasiones y las emociones, valorar con ecuanimidad.

4. La autotrascendencia:
Trascender consiste en ir más allá, en no contentarse con lo que se es, con lo que se tiene, con lo que se sabe. El trascender expresa una carencia, pero también una esperanza.
Más allá del significado religioso de la palabra trascendencia, la capacidad de trascender no es algo que acontece sólo en personas religiosas, sino en todo ser humano, pues toda persona aspira a superar un límite.

5. El asombro:
Una cosa existir. Otra cosa, muy distinta, es darse cuenta de que uno existe. La planta existe, ocupa un lugar en el espacio y dispone de tiempo de vida, pero ella no sabe que existe. No experimenta la sorpresa de existir, ni el vértigo del fluir temporal.
La admiración requiere de la distancia física. Para admirarse de una obra pictórica, de un paisaje, del cielo estrellado o de un cuerpo bello, uno debe tomar distancia física, alejarse de ello.
Cuando uno se da cuenta que existe, pudiendo no haber existido, experimenta una sorpresa y esta sorpresa le conduce a amar la vida y a gozar intensamente de ella, a convertir su estar en el mundo en un proyecto.

6. El autoconocimiento:
La inteligencia espiritual nos faculta para adentrarnos por aquella infinita senda que conduce al conocimiento de uno mismo.
Los grandes maestros de la historia de la humanidad, desde Sócrates hasta Confucio, han mostrado que el primer objetivo de la educación es el conocimiento de uno mismo
Cuando una persona cultiva la inteligencia espiritual tiene capacidad para distinguir el personaje del ser, la representación de la esencia. Entonces uno puede llegar a desprenderse de lo que algunos autores denominan el ego y abrirse a la dimensión trascendente que nombran el Self.

7. La facultad de valorar:
La tarea de valorar es inexcusablemente humana y convierte al ser humano en un sujeto ético. La experiencia ética halla su fundamento en la inteligencia espiritual. Somos seres capaces de tener experiencia ética, porque tenemos capacidad para tomar distancia y llevar a cabo valoraciones.
Sólo el ser humano es capaz de construir su propia pirámide de valores (pirámide axiológica) y vivir conforme a ella.

8. El gozo estético:
Un ser espiritualmente sensible se deleita con la belleza natural, con las manifestaciones artísticas y con la simplicidad de las pequeñas cosas.
La experiencia estética es una vivencia específica del ser humano, una peculiaridad de su ser en el mundo que no se detecta en ningún otro ser.
El animal busca la presa y cuando la tiene a su alcance, ataca. El ser humano es capaz de tomar distancia de los impulsos primarios, de contenerlos y de canalizarlos oportunamente. Le basta con vivir, anhela la bondad, el bien, la unidad, la belleza y, ante todo, vivir una vida con sentido.

9. El sentido del misterio:
Lo misterioso circunda al ser humano por todas partes. El misterio es lo insondable, lo que va más allá de lo desconocido o se conoce mal. En sentido estricto, significa lo que está oculto, lo que no se percibe con los sentidos, ni se aclara con la razón.
El ser humano, a lo largo de la historia, se siente constantemente invitado a aclarar el misterio del mundo y de la persona.
La inteligencia espiritual nos faculta para suscitar preguntas. Una persona profunda aprende a convivir con las últimas preguntas.

10. La búsqueda de una sabiduría:
Al ser humano no le basta con los conocimientos científicos. Toda persona anhela una orientación que le permita aspirar a vivir una vida feliz.
La inteligencia espiritual faculta para la labor de síntesis, para la mirada de conjunto. El hecho de que no existan respuestas concluyentes en el plano científico, no significa que no existan respuestas inteligentes, con plenitud de sentido.

Miriam Díez Bosch

Ciao.

martes, 17 de octubre de 2017

"El mejor alimento"



Una de las características que mejor marcan y definen nuestra fe es que la vivimos y alimentamos a través de los sacramentos. Y, cuando celebramos juntos, podemos experimentar muchos de los elementos que conllevan, con su carga de simbolismo, y también con todas las sensaciones que generan.
Estos elementos de los sacramentos pueden ayudarnos a vivir nuestra oración de forma más real: Es el pan que se come, el agua que moja, el aceite que mancha, la ceniza que nos marca, el abrazo que perdona… Y todos nos unen en comunidad en presencia del Señor.
Pues así deberían de ser nuestras oraciones: Cargadas de sensaciones reales.
Cuando rezamos y contemplamos podemos experimentar y sentir que se nos pone junto al Señor.
Porque, como dice Ignacio de Loyola en una de las anotaciones de sus Ejercicios Espirituales, se trata de “sentir y gustar de las cosas internamente”.

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

lunes, 16 de octubre de 2017

¿Oír o escuchar?



La diferencia entre oír y escuchar es obvia, aunque ya no lo parezca.
Entre oír y prestar atención a lo que se oye hay un mundo. No digamos si se trata de una conversación, en la que se trata de prestar atención a la persona en su conjunto, no solo a lo que dice.
Y sin embargo cada vez es más frecuente el uso de escuchar por oír.
Cuando falla la conexión telefónica y me dicen "es que no te escucho bien" me dan ganas de colgar el teléfono.
Hay, como en todo, excepciones, como la expresión "oír misa" que en realidad responde a una actitud más allá de la escucha, pues exige poner la atención con los cinco sentidos y el alma a lo que sucede.

Ciao.

domingo, 15 de octubre de 2017

Oración: No pido milagros y visiones…


No pido milagros y visiones, Señor,
pido la fuerza para la vida diaria.
Enséñame el arte de los pequeños pasos.
Hazme hábil e inventivo para notar a tiempo,
en la multiplicidad y variedad de lo cotidiano,
los conocimientos y experiencias que me atañen.

Hazme seguro en la correcta distribución del tiempo.
Obséquiame el tacto para distinguir
lo primario de lo secundario.

Hazme comprender que los sueños
poco ayudan al pasado y al futuro.
Ayúdame a hacer lo siguiente lo mejor
que me es posible y a reconocer
que esta hora es la más importante.

Guárdame de la ingenua creencia
de que en la vida todo debe salir bien.
Obséquiame el sensato reconocimiento
de que las dificultades, las derrotas, los fracasos,
los contratiempos son una añadidura natural a la vida,
que nos empujan a crecer y madurar.

Recuérdame que el corazón
muchas veces hace huelga contra la razón.
Envíame en el momento justo a alguien
que tenga el valor de decirme la verdad con amor.

Tú sabes cuan necesitados estamos de la amistad.
Concédeme el estar preparado a éste
el más hermoso, más difícil, más arriesgado
y más delicado regalo que nos ofrece la vida.

Provéeme de la fantasía necesaria para entregar
en el momento preciso, en el lugar adecuado
un paquetito de bondad, con o sin palabras.
Haz de mi un ser humano cual nave
con el calado necesario para poder
alcanzar también a los que están abajo.
Presérvame del temor del que podría
perderme de vivir.
No me des lo que yo pido, sino lo que necesito.

¡Enséñame el arte de los pequeños pasos!

Antoine de Saint-Exupery

Ciao.

sábado, 14 de octubre de 2017

¡Gracias Señor por este día!


Enséñame, Señor a decir: ¡Gracias!
gracias en distintos idiomas,
gracias a las distintas personas
pero, sobre todo, Señor,
gracias porque... ¡Existes!

Gracias por tu Eucaristía,
gracias por tu Madre,
gracias por todos y cada uno de tus hijos,
mis hermanos,
que día a día colocas junto a mí.

Gracias, en fin, por haberme enseñado
a darte y a dar las gracias.
Junto con todas tus criaturas,
las que te las hayan dado antes que yo
las que no sepan no contesten a tu amor
o las que ni siquiera se hayan enterado.

Deseo desde ahora que mis palabras
Sean simple y sencillamente éstas:
¡Gracias! ¡A todos! ¡A Ti, Señor!

Padre Guillermo Serra, L.C.

Ciao.

viernes, 13 de octubre de 2017

Antes de hablar, piensa



Hoy antes de decir una palabra no amable.
Piensa en alguien que no puede hablar.

Antes de que te quejes sobre el sabor de la comida.
Piensa en alguien que no tiene nada que comer.

Hoy antes de quejarte de la vida.
Piensa en alguien que se fue demasiado pronto al cielo.

Antes de que te quejes de tus hijos.
Piensa en alguien que desea hijos, pero es estéril.

Antes de discutir sobre tu casa sucia a alguien por no limpiarla.
Piensa en las personas que viven en las calles.

Antes de quejarte por las distancias que manejas.
Piensa en alguien que recorre la misma distancia a pie.

Ciao.

jueves, 12 de octubre de 2017

Como el loto



La vida y el futuro de la especie humana dependen cada vez más de los cerebros y bolsillos que conducen la economía y la política mundial, esos mismos que son los sepultureros del planeta y de sus habitantes... Ante ello, mucha incredulidad, mucha impotencia, pocas explosiones de indignación y cólera. Pero ¿Por qué no una humilde palabra de aliento también?

No se cuentan las mentes lúcidas y proféticas que sueñan con una tierra de justicia, de bondad y de belleza y que se empecinan en verla, no como una utopía, sino como una realidad ya en marcha.

Como ven que sale del barro la flor de loto deslumbrante de pureza, así vislumbran entre lágrimas y sangre, y más allá de todos los desengaños, un mundo en el cual nunca más se oirá decir que exista algún humano que no se sienta como en casa en su propia tierra.

Ese mundo existe ya con toda seguridad, como la primavera que se despereza sin ruido bajo una tierra que aún tiembla de frío. O como el niñito que patalea (acaso de alegría) mientras se va aproximando la hora de salir del vientre de la madre.

La humanidad está preñada de ese mundo que está por venir.

Seguro que va a nacer como nacen las flores de loto en el barro, como nacen los niños entre gritos de dolor, o como nace la primavera cuando sopla la briza tibia del invierno moribundo.

De esa certeza arranca la esperanza y las ganas de contribuir a brazo partido a ese grandioso parto.

Un loto crece raramente solo. ¡Somos muchos!

Eloy Roy

Ciao.