miércoles, 23 de enero de 2019

Coloquio de gratitud


Gracias, Señor, solo Tú sabes lo que vivo.
Gracias porque solo Tú, aunque no te perciba, estás presente.
Gracias, Señor, porque solo Tú me haces capaz de reconocerte incluso en mis desconciertos.
Gracias, Señor, porque solo tú me haces ubicarme en el templo que habitas.
Gracias, Señor, porque solo Tú, aunque no me dejes, sigues ahí, y me acompañas y guías.
Gracias, Señor, solo Tú sabes que te quiero.

(Lola Vegas)

Ciao.

martes, 22 de enero de 2019

Deja de decir: No Puedo


A veces nos parece tan imposible hacer algo, cuando estamos pasando por una situación que se nos hace difícil o nos duele, y es que son tantos los factores que influyen es nuestro sentimiento de impotencia que comenzamos a hacernos mas y mas pequeños cada vez ante ellos, dejando que se conviertan en ....

Quiero comenzar de nuevo… Pero no puedo, quiero perdonar… Pero no puedo, quisiera creer… Pero no puedo, necesito ser fuerte… pero no puedo, ¿Cuántas veces más? ¿Cuánto más repetiremos esa frase de  “no puedo” cada vez que necesitamos actuar, decidir y enfrentar las cosas que nos hacen daño?

A veces nos parece tan imposible hacer algo, cuando estamos pasando por una situación que se nos hace difícil o nos duele, y es que son tantos los factores que influyen es nuestro sentimiento de impotencia que comenzamos a hacernos mas y mas pequeños cada vez ante ellos, dejando que se conviertan en enormes gigantes que después nos cuesta mucho mas trabajo derrotar.

Decir no puedo es muy sencillo, es  lo primero que decimos o pensamos cada que sabemos que la situación presente es mas fuerte que nosotros pero, ¿Quién te ha dicho que estas solo en tu situación?, aunque por momentos lo llegaras a pensar, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia lo estás,  no importan las razones por las que hoy te enfrentes a gigantes, problemas y dificultades, NUNCA serán mayores que tú, simplemente por el hecho de quien está peleando de tu lado, y ese es Dios, por si lo habías olvidado.

Los gigantes a los que te enfrentas, se alimentan de tus miedos, de tus temores y de tus inseguridades, cada vez que dices “no puedo”  es un respiro que ellos toman y un suspiro que a ti se te escapa, por cada vez que desconfías crece la posibilidad de que termines derrotado, pero si por el contrario, aprendes a superar todo sentimiento de temor y desconfianza, pronto habrás acabado con ellos, si tan solo cambias ese “ no puedo”, por un “Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece” (Filipenses 4:13)

No dejes que un “no puedo” levante muros tan altos que después te sea difícil derribar, recuerda que el tiempo que se pierde ya no se recupera, perdona hoy, decídete hoy, comienza a actuar hoy, mañana tal vez no habrá oportunidad. Lo único que no puedes, es creer que no puedes.

Maite Leija

Ciao.

lunes, 21 de enero de 2019

Nuestros ojos son las ventanas del alma


“Los ojos son las ventanas del alma”, todos hemos escuchado esta frase en determinado momento. Efectivamente la mirada transmite lo que interiormente vivimos. La mirada es comunicativa, es apertura de mi vida a la vida del otro y también acogida de la vida del otro en la mía. Cuando conversamos mirar a los ojos se convierte en un acto de transparencia, de interés por el otro.

La mirada tiene una doble fuerza: Por un lado puede ser una mirada condenadora, que establezca muros, incomprensiva, etc. Pero también puede ser una experiencia sanadora, comprensiva, de apertura de mi propia vida a la vida de los demás, es así como se convierte en una experiencia de encuentro humano y al mismo tiempo divino. ¿Cuántos hemos vivido esa experiencia?

Los cristianos estamos llamados a mirar “sanadoramente” la vida de los demás y a dejarnos sanar por los demás al encontrar refugio y comprensión en sus miradas que nos sanan.
Frecuentemente andamos muy metidos en nuestros propios intereses, refugiamos nuestra mirada en mil cosas: Nuestro móvil, nuestras pantallas, nuestros libros y no está mal, pero también es necesario aprender a mirar a los demás.
Hoy el Señor me invita a mirar, con mirada sanadora y a descubrir, en el encuentro de miradas, a Aquel que nos habita y cuya mirada nos saca cada día.

Espiritualidad Ignaciana

Ciao



domingo, 20 de enero de 2019

Trivializar el perdón


Una de las cargas que a veces tiene que llevar alguien, tras haber sufrido algún tipo de agresión, es la exigencia del perdón. En contextos cristianos ocurre mucho.
El agresor convierte el perdón, no en petición humilde, sino en exigencia soberbia.
“Ya te he pedido perdón”, se convierte en un arma con la que se vuelve a cargar sobre la víctima el peso de una situación.
El agresor enarbola el arrepentimiento como arma, lo convierte en exigencia de la fe, y enamorado de su nuevo rol, se ve con otro prisma de virtud, el del penitente. Y poco a poco empieza a volcar sobre la víctima el peso de la culpa de la situación.
«Si no me perdona es porque no tiene corazón». Es posible que además el agresor se convenza de que «no fue para tanto» «fue sin querer», «fue un error, no una agresión». De ahí al insulto (quien no me perdona es mezquino, rencoroso, etc) no hay más que un paso. Y en el proceso, en lugar de haber verdadera sanación, lo que hay es orgullo.

Pedir perdón de verdad es algo mucho más complejo. Primero, es ser consciente de lo que uno ha hecho mal. Y ser consciente de que el otro tiene derecho a estar molesto, al enfado, y a la distancia. Es más, tiene derecho a perdonar a su manera.
El perdón no son palabras bonitas y fáciles. A veces es poner distancia. Otras veces es no tomar represalias -cuando a lo mejor podría-. Perdonar a veces es hacer ver el error en privado en lugar de proclamarlo a los cuatro vientos.

Quien de verdad se arrepiente no exige el perdón. Lo pide. Y después espera. Y acepta. Acepta el enfado, y el dolor, y el silencio. Acepta los ritmos. Y esa espera se convierte en escuela, en pozo de sabiduría, y en silencio en el que la escucha se vuelve a llenar de sentido.

Estamos en una sociedad que todo lo adelgaza. Todo es banal, superficial, e intrascendente. Todo es prescindible, trivial, y olvidable… ¡Pero no! La vida es seria. El amor es serio. Y la justicia. La verdad. La vocación. El talento. Y el perdón. No podemos estar jugando con las palabras ni con la virtud. No podemos estar jugando a ser lo que no somos. Y mientras no entendamos esto, nos convertiremos en charlatanes, vendedores de humo, y manipuladores del evangelio.

José María Rodriguez Olaizola, SJ
Ciao

sábado, 19 de enero de 2019

¿Qué es más sano?


La cultura moderna exalta el valor de la salud física y mental, y dedica toda clase de esfuerzos para prevenir y combatir las enfermedades. Pero, al mismo tiempo, estamos construyendo entre todos una sociedad donde no es fácil vivir de modo sano.

Nunca ha estado la vida tan amenazada por el desequilibrio ecológico, la contaminación, el estrés o la depresión. Por otra parte, venimos fomentando un estilo de vida donde la falta de sentido, la carencia de valores, un cierto tipo de consumismo, la trivialización del sexo, la incomunicación y tantas otras frustraciones impiden a las personas crecer de manera sana.

Ya S. Freud, en su obra "El malestar en la cultura", consideró la posibilidad de que una sociedad esté enferma en su conjunto y pueda padecer neurosis colectivas de las que tal vez pocos individuos sean conscientes. Puede incluso suceder que dentro de una sociedad enferma se considere precisamente enfermos a aquellos que están más sanos.

Algo de esto sucede con Jesús, de quien sus familiares piensan que «no está en sus cabales», mientras los letrados venidos de Jerusalén consideran que «tiene dentro a Belzebú».

En cualquier caso, hemos de afirmar que una sociedad es sana en la medida en que favorece el desarrollo sano de las personas. Cuando, por el contrario, las conduce a su vaciamiento interior, la fragmentación, la cosificación o disolución como seres humanos, hemos de decir que esa sociedad es, al menos en parte, patógena.

Por eso hemos de ser lo suficientemente lúcidos como para preguntarnos si no estamos cayendo en neurosis colectivas y conductas poco sanas sin apenas ser conscientes de ello.

¿Qué es más sano, dejarnos arrastrar por una vida de confort, comodidad y exceso que aletarga el espíritu y disminuye la creatividad de las personas o vivir de modo sobrio y moderado, sin caer en «la patología de la abundancia»?

¿Qué es más sano, seguir funcionando como «objetos» que giran por la vida sin sentido, reduciéndola a un «sistema de deseos y satisfacciones», o construir la existencia día a día dándole un sentido último desde la fe?
No olvidemos que Carl G. Jung se atrevió a considerar la neurosis como «el sufrimiento del alma que no ha encontrado su sentido».

¿Qué es más sano, llenar la vida de cosas, productos de moda, vestidos, bebidas, revistas y televisión o cuidar las necesidades más hondas y entrañables del ser humano en la relación de la pareja, en el hogar y en la convivencia social?

¿Qué es más sano, reprimir la dimensión religiosa vaciando de trascendencia nuestra vida o vivir desde una actitud de confianza en ese Dios «amigo de la vida» que solo quiere y busca la plenitud del ser humano?

José Antonio Pagola 

Ciao.

viernes, 18 de enero de 2019

¿Como traducir las Bienaventuranzas?


Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos
Dichosos los mansos, porque poseerán la tierra
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que buscan la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

QUE PODRÍAMOS TRADUCIR LIBREMENTE ASÍ:

Cuánto más felices serías si no necesitas tantas cosas
Cuánto más felices serías si tu corazón no fuese violento
Cuánto más felices serías si aprendieras a sufrir
Cuánto más felices serías si tuvieras hambre y sed de justicia,
Cuánto más felices serías si aprendieras a perdonar y pedir perdón.
Cuánto más felices serías si tu corazón fuera transparente
Cuánto más felices serías si trabajaras por la paz
Y si los desprecian o persiguen por vivir así, ¡mucho más felices todavía!

José Enrique Galarreta

Ciao.

jueves, 17 de enero de 2019

Hoy sembraré


Oración para que estar más cerca de Dios.

Hoy sembraré una sonrisa…
Para que haya más alegría.
Hoy sembraré una palabra consoladora…
Para cosechar serenidad.
Hoy sembraré un gesto de caridad…
Para que haya más amor.
Hoy sembraré una oración…
Para que el hombre esté más cerca de Dios.
Hoy sembraré palabras y gestos de verdad…
Para que no crezca la mentira.
Hoy sembraré serenidad de acciones…
Para colaborar con la paz.
Hoy sembraré un gesto pacífico…
Para que haya menos nervios.
Hoy sembraré en mi mente una buena lectura…
Para el gozo de mi espíritu.
Hoy sembraré justicia en mis gestos y palabras…
Para que reine la verdad.
Hoy sembraré un gesto de delicadeza…
Para que haya más bondad.

Desconozco el autor

Ciao.