miércoles, 29 de abril de 2026

En manos del alfarero


 Ayer eras arcilla.

Hoy eres vasija.

Mañana serás agua.

No te aferres a la forma que tienes ahora.

La forma es sólo un puente.

Cada pérdida es una mudanza del alma.

El niño llora cuando le quitan el juguete, pero no sabe que le están enseñando a caminar.

Así también tú lloras lo que se va, sin saber que la vida te está ampliando.

No eres lo que conservas.

Eres lo que estás dispuesto a soltar.

Rumi 

Ciao.

martes, 28 de abril de 2026

Seamos felices

Felices los infelices que no pierden la esperanza, los incompletos que siguen creciendo, los heridos que se dejan lavar las llagas, los vulnerables que no se avergüenzan de serlo.

Felices los fracasados que del golpe hacen escuela, los olvidados que recuerdan sin odio, los diferentes que se saben únicos, los enfadados que se ríen de sí mismos.

Felices los preocupados que bailan sobre charcos, los tímidos que alzan la voz, los profetas que rompen candados, los creyentes que preguntan.

Felices, en este mundo turbulento, los buscadores de Dios.

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

 

lunes, 27 de abril de 2026

Luminosa oscuridad

Eres incomprensible.

Pero la oscuridad de tu misterio, es más luminosa que nuestras ideologías, pequeñas luces colgadas en las encrucijadas.

Eres inaccesible.

Pero tu distancia es más acogedora de lo último de mi ser, que todos los brazos que se cierran con amor sobre mis espaldas.

Eres indecible.

Pero tu nombre orado humildemente, va manando silencioso más sabiduría que los torrentes de palabras que circulan en la tierra.

Eres inmanipulable.

Pero tu designio trae hasta mis venas, una gota de vida eterna que hace brotar desde el centro de mi realidad todas mis creaciones.

Benjamín G. Buelta, SJ

Ciao.

 

domingo, 26 de abril de 2026

Padre Nuestro de Gloria Fuertes

Padre Nuestro...

Que estás en la tierra, Padre nuestro.

Que te siento en la púa del pino, en el torso azul del obrero, en la niña que borda curvada la espalda, mezclando el hilo en el dedo.

Padre nuestro que estás en la tierra, en el surco, en la mina, en el puerto, en el cine, en el vino, en la casa del médico.

Padre nuestro que estás en la tierra, donde tienes tu gloria y tu infierno y tu limbo que está en los cafés donde los pudientes beben su refresco.

Padre nuestro que estás en la escuela de gratis, y en el verdulero, y en el que pasa hambre y en el poeta, ¡Nunca en el usurero!

Padre nuestro que estás en la tierra, en un banco del Prado leyendo, eres ese Viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.

Padre nuestro que estás en la tierra, en el cigarro, en el beso, en la espiga, en el pecho

de todos los que son buenos,

Padre que habitas en cualquier sitio, Dios que penetras en cualquier hueco, Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra, Padre nuestro, que sí que te vemos los que luego te hemos de ver, donde sea, o ahí en el cielo.

Gloria Fuertes

Ciao.

 

sábado, 25 de abril de 2026

No me pidas tanto

Pasa el tiempo con los años y siento, sin vanagloria alguna, cómo la vida se me va asentando: Los pensamientos, los afectos, los proyectos y tu evangelio en mi mano.

Hasta mi cuerpo, más quejumbroso, va encontrando tierra buena para su descanso.

Incluso siento más vivo que nunca ese niño que llevo por dentro: Soñador de mundos nuevos, libre, ingenuo, enamorado y hacia delante. Tan decidido, que hasta sus miedos desvanecen en la carrera por seguir su avance.

Pero algo me sigue aprisionando, se me resiste y hasta me quita el sueño: Me pides amarlo todo, amar a todos, amarle a él, a mi adversario, a mi enemigo o la pobre víctima de mi orgullo herido.

Y el corazón se me vuelve hielo como se me hace un nudo el estómago, la boca no encuentra saliva y mis ojos, mis ojos ya no pueden mirar a otro lado.

Déjame arrancar esa hoja o ponerle típex a esas líneas, te decía muchas noches en mi impotencia y rebeldía.

Hoy, cansado de luchar, quiero desarmarme hasta de mi coraza.

Y pedirte, tan solo pedirte, que me ayudes, que solo no puedo, con esas líneas, con esa página.

Tú borra en mí lo que queda de ese interminable duelo y toma mi mano, como de pequeño, para escribir en mi cuaderno la palabra «amor» con trazos inéditos.

Seve Lázaro, SJ

Ciao.

 

viernes, 24 de abril de 2026

Defender hoy la reconciliación

Defender hoy la reconciliación es deporte de riesgo. Unos te llamarán tibio. Otros ingenuo. Hay quien dirá que pareces tonto, buenista, que solo quieres quedar bien con todos. Para algunos directamente eres un ignorante que no comprende que toda la razón está en una trinchera, harta de los agravios de la otra. Idénticos argumentos enfrente. Pero hace falta decir que la vida en común pasa por aceptar que no pensamos lo mismo. Que la razón no es patrimonio de un bando, sino que hay razones en las distintas maneras de afrontar la realidad y buscar soluciones. Y que nunca el odio condujo a nada bueno. De hecho, hay quien lleva años rompiendo con toda intención los puentes que se habían construido con mucha generosidad por gente que eligió vivir en paz.  Reconciliarse es ser capaces de aceptar las diferencias -incluso perdonar las heridas infligidas- y seguir caminando, juntos, porque el horizonte común es deseable para todos.

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

 

jueves, 23 de abril de 2026

Como un viaje en tren


 Imaginemos que nuestra vida es como un viaje en tren. La estación de destino es Dios, la santidad, la unión con Él. Todos estamos viajando, pero no todos elegimos el mismo tren ni la misma dirección.

Cuando alguien dice: “Yo quiero lo que me haga más santo, lo que me una más a Dios”, es como si dijera: “No me importa si el tren es más cómodo, más rápido o más divertido; quiero el tren que vaya directo al destino correcto”.

A veces hay trenes muy lindos: Asientos cómodos, paisajes hermosos, entretenimiento… Pero van en otra dirección. Representan cosas buenas en sí mismas —éxito, reconocimiento, placer, comodidad— pero que no necesariamente nos acercan a Dios.

En cambio, el tren que va hacia la santidad quizá no siempre sea el más cómodo. Puede tener momentos de esfuerzo, sacrificio, paciencia, perdón, humildad. Sin embargo, ese es el que realmente nos lleva a la estación final: Estar más unidos a Dios.

Entonces, vivir diciendo “quiero lo que me haga más santo” es como mirar cada decisión y preguntarse:

¿Este tren me acerca o me aleja del destino?

¿Esta elección me une más a Dios o solo me hace el viaje más cómodo?

La clave no es elegir el trayecto más fácil, sino el que conduce al lugar correcto.

Y así, cada día, en cada pequeña decisión, estamos subiendo a un tren u otro. La santidad consiste en elegir, una y otra vez, el tren que va hacia Dios.

Ejercicios Espirituales San Ignacio 

Ciao.