domingo, 26 de julio de 2026

Nadie


 Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo. 

Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces. 

Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces. 

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas. 

Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo. 

Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar. Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.

Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible. 

Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir. 

Nadie debe vivir sin cambiar, ver cosas nuevas, experimentar otras sensaciones, y tener la capacidad de corregir sus errores. 

Nadie tiene el derecho de consumir el amor o la amistad de las personas si uno mismo no la produce. 

Nadie puede intercambiar un apretón de manos con el puño cerrado. 

Chema Montserrat

Ciao.

sábado, 25 de julio de 2026

El sacerdote influencer: Oportunidades y riesgos


 Las redes sociales ofrecen hoy una oportunidad extraordinaria para evangelizar. Un sacerdote puede llegar con una reflexión, una homilía o una palabra de aliento a miles de personas que jamás cruzarían la puerta de una iglesia. Sin embargo, también existen peligros que conviene reconocer con humildad.

El primero es la secularización interior: Sin darse cuenta, uno puede acabar midiendo el éxito pastoral por el número de seguidores, visualizaciones o comentarios, cuando el criterio evangélico sigue siendo la fidelidad a Cristo.

Otro riesgo es la falta de moderación: Las redes tienen una dinámica que invita a estar siempre presente, opinar de todo y responder a todos. El sacerdote puede terminar dedicando más tiempo a la pantalla que a la oración, al estudio o al trato directo con las personas que le han sido encomendadas.

También existe el peligro del personalismo: Cuando la figura del sacerdote ocupa demasiado espacio, Cristo puede quedar en segundo plano. El evangelizador debe ser puente, no destino; señal, no protagonista.

Por eso, la presencia sacerdotal en las redes necesita discernimiento, acompañamiento y una sólida vida espiritual. Un sacerdote puede ser influencer en el mejor sentido de la palabra si influye para llevar a Dios, no para atraer la atención sobre sí mismo.

Como decía san Juan Bautista: «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya». Esa sigue siendo la mejor regla para cualquier evangelizador, también en la era digital.

Lo digo consciente de que a mí me gusta pero no siempre ni para todo. Y cuando las alarmas se disparan es mejor hacer un OFF.

Javier Leoz Ventura

Ciao.

viernes, 24 de julio de 2026

La tentación de juzgar

Oye, ¿Te das cuenta de lo fácil que es juzgar? A los políticos, a los curas, a los amigos, a la familia, a los vecinos, a los compañeros de trabajo, a la gente que aparece en los medios… Y dices: “Es que este es así, y esta es asá. Es que fíjate tú, qué cosas hace fulano, o qué poco estilo tiene mengana”. 

Uno se va subiendo, casi sin darse cuenta, al carro de la condena. Acusas a tu hermano de blando, de frío, de egoísta, de frívolo, de vago, de insensible, de incoherente…Y a menudo lo acusas delante de otros, y murmuras. 

Y la crítica no busca el bien del otro, sino que es una forma de rechazo. Y a veces uno dice aquello de «si es que yo lo hago por tu bien». Déjame que te diga que, a menudo, eso es hipocresía. Porque muchas veces exiges al otro mucho más que a ti mismo. 

Pelea, por tu parte, para ser buena gente, y entonces de verdad lo serás con los demás, y aprenderás a actuar por su bien.

Rezandovoy

Ciao.


jueves, 23 de julio de 2026

Invitación a la confianza


 No tengas miedo a las personas. No tengas miedo a los otros, hombres y mujeres que promueven sombras, alientan maldades o enmascaran la verdad. Porque no hay nada oculto que no se vaya a saber. Lo que yo te digo ahora, en la intimidad de tu oración, tú cuéntalo con paz a plena luz del día. Y lo que me escuchas, llévalo allá donde una voz necesita ser oída. Llévalo a las calles, a las iglesias, a las redes…No tengas miedo de proclamar mi verdad. Aunque te ataquen por ello. La verdad del amor, la misericordia, la comunidad, el perdón…

Y no temas a los que atacan de tantos modos, a los que hieren, anulan, desprecian, calumnian…Herirán, sí, pero no pueden matar el alma. Tú teme más bien vivir una vida vacía. Sin sentido, sin Dios.

Porque si vives sin mí te pierdes ser consciente del abrazo que te sostiene. Dios, autor del universo, de toda su vida, de toda su belleza… Dios que todo lo envuelve en su abrazo, ¿No te va a envolver a ti? No tengas miedo.

Habla de mí, de mi amor, de mi verdad, ante los otros. Yo, Jesús, hablaré de ti al Padre Dios que está en los cielos. Porque tu vida me importa. Y también tu amor.

Rezandovoy, adaptación de Mt 10, 26-33.

Ciao.

miércoles, 22 de julio de 2026

Pedir, Buscar, Llamar

Sí, Señor, yo te pido el pan de cada día, la paz en mis fronteras, la luz de tu palabra.

Pido que no me falte sencillez en los gestos, cordura en el afecto, limpieza en la mirada.

Busco tu voz discreta que ni grita ni abruma, tu presencia callada que todo lo transforma.

Voy buscando en mi entorno de tu paso las huellas, de tu cruz las secuelas, de tu amor los reflejos.

Y llamo, sí, te llamo en los días felices y en las noches oscuras.

Es tu nombre un tesoro que comparto, en voz baja, sintiendo que al llamarte la bruma se disipa y enciendes la esperanza.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

 

martes, 21 de julio de 2026

Condúceme a lo secreto




Condúceme a lo secreto, Señor, allí donde habitaremos juntos.
Al lugar de la desnudez y el despojo, a la intemperie de mis miedos y ansiedades, a la tristeza de mis noches frías a la soledad del corazón herido, a la incertidumbre de mis frustraciones, al silencio de mis palabras censuradas.
Condúceme a lo secreto, allí donde habitaremos juntos.
Al desierto de mil manantiales escondidos, al cobijo del sol que me alienta, a la raíz de la vida escondida, al fuego de los hondos deseos,
a la ternura del afecto que cura al silencio de la oración confiada.
Condúceme a lo secreto, allí desde donde resucitaremos juntos.
Matu Hardoy
Ciao.

lunes, 20 de julio de 2026

Que la Fuerza te acompañe

El famoso saludo “¡Que la Fuerza te acompañe!” de Star Wars sigue trascendiendo la pantalla y la espiritualidad. Más allá del juego de palabras del “May the 4th”, esta expresión conecta con una intuición profunda: Existe una realidad misteriosa que todo lo sustenta y une. La saga ilustra con los Jedi y los Sith las dos formas fundamentales de relacionarnos con esta realidad: Alinearnos con ella para servir al bien o manipularla para el poder propio.

“La Fuerza” podría verse como una analogía de la presencia de Dios, que “contiene y sustenta” toda la creación. La clave, sin embargo, no está en un Dios energía o lejano que “baja” su poder, sino en cómo nosotros nos disponemos a acoger y colaborar con esa Gracia que ya está actuando en lo creado. Adicionalmente, el peligro del “lado oscuro” sería quizás la tentación permanente de usar los dones o a Dios mismo para nuestros propios proyectos egoístas, en lugar de ponernos al servicio de su proyecto de armonía y vida.

Por eso, la pregunta no es tanto si Dios está conmigo, sino: ¿Estoy yo con Dios? El camino Jedi de autodisciplina, discernimiento y servicio al bien común refleja en últimas el camino espiritual de los Ejercicios: buscar la libertad interior para poder “encontrar a Dios en todas las cosas” y alinear nuestra voluntad con la Suya. Es un trabajo de sintonía fina con una Presencia que ya está ahí, invitándonos a colaborar. “¡Que Dios (o “la fuerza”) te acompañe!” debería ser entonces una invitación a la acción; un llamado a ajustar nuestra frecuencia interior a la de la Armonía mayor de Dios que sana, une y da vida.

José Yamid Castiblanco, SJ

Ciao.