sábado, 15 de diciembre de 2018

Esta Navidad quiero ser tu pino, Señor.


El árbol de Navidad es algo más que un adorno, es una forma de vivir con más intensidad la espera del Señor.

Esta Navidad quiero ser tu pino, Señor...

Un pino sencillo de los que nacen en las sierras, pero con unas ramas verdes y frescas, alimentado por la sabia de tu vida divina.
Como un reflejo tuyo, mi forma será triangular, signo de la Santísima Trinidad y si una rama sobresale demasiado, hazme sensible para cortarla a tiempo antes de que me deforme demasiado.
Empezaré a limpiar mi tronco y mis ramas, de todo musgo o heno que tenga. Y así poco a poco quitaré todo lo que me estorba: Mi egoísmo, mis envidias, mis incomprensiones, mi orgullo, mi soberbia, que como "plaga" crecen sin que yo me dé cuenta.
Como un recuerdo de todas las estrellas que brillaron esa noche bendita en que tú naciste, me llenaré de foquitos de colores para reflejar a los demás la alegría de tú venida al mundo.
Escogeré unas esferas doradas, las más brillantes para que representen todas mis ALABANZAS, por el sol que sale cada día, por las estrellas, por los atardeceres tan hermosos, y por todas las maravillas del mundo que tú creaste para nosotros, por ser nuestro Ser Supremo.
Continuaré con muchas esferas rojas, que representan mis PETICIONES.
Te pido que hagas de mi un instrumento de Tu AMOR.
Te pido por mi familia, mis amigos, mi comunidad, mi parroquia. Por mi Patria para que sea un país donde Tú siempre reines.
Que jamás el desaliento entre en mi corazón. Te pido tu Santo Espíritu y con él, la verdadera SABIDURÍA QUE VIENE DE TI. Dame Señor lo que tú sabes me conviene y yo no sé pedir. Dame mucha paciencia y humildad.
Dame prudencia para nunca herir a nadie y dame caridad para tener un corazón grande que sepa amar.
Pondré también unas esferas azules, para pedirte con ellas PERDÓN porque yo no siempre he sido fiel, porque no he sabido dar ni perdonar, porque viendo "la luz" he preferido "la oscuridad", porque conociendo el bien he optado por "el mal".
Por último me llenaré de esferas plateadas, muy grandes que serán para darte GRACIAS, por todo lo que he recibido de Ti. 
GRACIAS porque me has otorgado salud, bienestar, alegría y satisfacciones.
GRACIAS también por la enfermedad, las penas y los sufrimientos, aunque me cuesta trabajo decírtelo y aceptar tu voluntad. Tú sabes lo que hiciste.
GRACIAS Señor por todo aquello que me acercó íntimamente más a ti. Es tanto lo que tengo que agradecerte.
Y en la punta, con una luz muy intensa, pondré una estrella enorme, que me ilumine siempre, esa será mi Fe.
Una Fe madura e inquebrantable, siempre en aumento, que se alimentará de tu Sagrada Eucaristía y de tu palabra.
Por eso esa luz brillará para todo aquel que se acerque a mí, porque Tú brillas en mí.

Yo quiero ser esta y todas las próximas Navidades, tu pino Señor.

Autor: Anónimo

Ciao.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Preparar, disponer y cavar


Todo lo que hacemos requiere por nuestra parte una preparación: Me preparo bien si tengo una entrevista de trabajo, si tengo una competición importante, si tengo una cita especial, si doy una fiesta en mi casa, si tengo que cocinar… Preparamos hasta el último detalle. Pero no sólo en lo externo, también me preparo por dentro, calmando nervios o pensando diferentes situaciones.
Celebrar que Dios apuesta por nosotros y decide encarnarse también requiere una preparación, y para eso la Iglesia nos regala este tiempo de Adviento: Para que la gran fiesta de la Navidad no se quede como un recuerdo bonito de la cena de empresa, o un disgusto enorme por desencuentros familiares. Adviento es el tiempo de la espera esperanzada, de preparar nuestro barro frágil para acoger a ese Niño que nace desde abajo para abrazarnos a todos.
Es el tiempo para preparar y disponer el ánima, de cavar hacia dentro para quedarnos sin palabra. Tiempo para poder dedicar algo más de tiempo a contemplar a los demás y algo menos a contemplar nuestro ombligo.

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Feliz ¿Navidad? ¿Ya?


Este año se nos ha echado el tiempo encima y aunque ya sabemos que es un poco tarde para hacerlo, desde Pastoral SJ os deseamos a todos los lectores y colaboradores una muy feliz Navidad en la que poder disfrutar del reencuentro con la familia, la amistad compartida y la ilusión por volver a vivir un año más estos momentos entrañables de recuerdo y reencuentro…

Quizás hayas dejado de leer a partir de la segunda línea del párrafo anterior y hayas saltado hacia adelante a ver si este artículo tenía algo más que decirte que aquello que ya llevas escuchando un par de semanas. Puede que hasta hayas pensado en cerrar y pasar la página, cansado, intentando contener el océano navideño que ya nos inunda para que no entre en tu pequeño mundo. Todavía no.

Es ya un lugar común decir que la Navidad cada vez empieza antes y que pronto nos encontraremos con la caja de polvorones en las reuniones de inicio de curso. Lo sabemos. Y también tú sabes que poco se puede hacer para frenarlo, más allá de no adornar tu casa y quejarte de que nos estamos saltando la preparación, el Adviento.

¿Cómo resistirse? ¿Cómo vivir un auténtico Adviento si alrededor la fiesta, lo esperado, parece que ya ha llegado? 

Una buena actitud puede ser pensar que la esperanza es más que una preparación a algo que llega. Porque entonces cuando eso que esperamos llega, dejamos de vivir esperanzados. Algo de eso nos está pasando con esta Navidad sin Adviento.

La esperanza, la vigilancia, es más que un paso previo. Es toda una actitud vital de creer que todo puede ir mejor, y, de hecho, lo irá. Es una cafeína que nos activa, no un analgésico que nos duerme hasta que llegue el momento bueno. Si vivimos la esperanza del Adviento de este modo, poco importa que las luces estén encendidas, los mantecados comidos y los regalos envueltos.
Porque, aunque todo eso esté ya en nuestra mano, lo que esperamos es más grande aún, y siempre lo será.

Si nos adelantan la Navidad, no importa. Porque solo nos están adelantando una parte de ella, buena, sí, pero no la mejor. Lo mejor siempre seguirá estando por llegar. Y sabemos cómo lo hará. Sin ruidos, sin luces, sin deslumbramientos. Lo reconoceremos por la sorpresa, por lo inesperado. Porque estaremos mirando hacia arriba y nos llegará desde abajo.

Alvaro Zapata, SJ

Ciao.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

La suerte de la Fe transmitida


Muchos de nosotros somos católicos practicantes ¿Verdad? 
Nuestros padres nos bautizaron y nos fueron dando (junto con la Parroquia y el colegio) una formación religiosa y un afianzamiento en la Fe, haciéndonos partícipes de las distintas celebraciones religiosas y preceptos que nuestra Madre la Iglesia nos pide para así poder ir madurando en la Fe que nos transmiten.
Diréis que porqué digo esto ¿Verdad? Bien, os lo explico.
El domingo pasado, pude participar en la Parroquia a la que voy a celebrar la Eucaristía, a una admisión de un catecúmeno que pedía ser admitido en nuestra comunidad parroquial, para comenzar el periodo de formación religiosa para cuando llegue la Pascua, y si Dios quiere, sea bautizado.
El momento ha sido muy emocionante, porque era un chico muy joven el que entra en el catecumenado.
La palabra catecúmeno, no sé a vosotros, pero a mi me sonaba y me suena a los primeros cristinos. Los conversos judíos, que después de haber conocido a Jesús pedían entrar en las comunidades cristianas que surgieron después de la muerte de Jesús y su seguimiento a los Apóstoles y comenzar un catecumenado hasta que eres admitidos en las comunidades por medio del bautismo. Un proceso de formación para además de conocer la doctrina y la Fe que quieren abrazar, les haga ser, al final del proceso, verdaderos seguidores de Jesucristo.
Bueno, hasta aquí un poco de información. Ahora viene lo que este acto de admisión de este chico, nuevo catecúmeno, ha significado para mi.
Para mi, tener Fe es el gran regalo que Dios, a través de mis padres me ha hecho.
El hecho de que una persona joven haya pedido el bautismo y pertenecer a la comunidad cristiana, en estos tiempos de increencia, de ataques a la Iglesia y a nosotros los católicos, en el que en la misma Iglesia Católica hay divisiones y enfrentamientos entre los mismos cristianos, para mi es reconocer una vez más, la grandeza de Dios, y el gran trabajo sin descanso que Él hace con sus hijos.
Mientras empezaba la pequeña procesión avanzando hacia el altar con el Párroco al frente y el catecúmeno y sus padrinos detrás de él por el centro de la Iglesia me preguntaba ¿Qué habrá visto en las personas que le rodean, este chaval tan joven para pedir hacerse católico? ¿En qué momento le ha tocado Dios el corazón para tomar esta decisión?
Decimos que Dios es grande y es la mayor verdad. No hay nadie como Él y no cesa de tocar los corazones de sus hijos para que se acerquen a Él.
Nosotros tenemos la suerte de haber heredado nuestra Fe. No demos lugar a que se apague ni se desvanezca. Cultivemosla todos los días, porque lo que no se cuida, se pierde.
Nuestra misión como apóstoles de Dios es llevar su Fe por todos los lugares y a todas las personas que nos rodean. Dios nos ha encomendado esa misión por el bautismo que nuestros padres pidieron para nosotros, y ahora nos toca a nosotros, sembrar la grandeza de Dios en este mundo.
Que Dios nos acompañe en nuestro caminar diario, y nunca deje que nos apartemos de su camino.

Ciao.



martes, 11 de diciembre de 2018

Prepararse por Dentro


¿Cómo prepararse? Desde la gratitud por lo que uno tiene.

El Adviento que comenzamos es tiempo de disponerse a algo grande, pero que a veces queda silenciado ante el folklore de diciembre.
Porque cuando llega algo que esperas con ansia, ¡Anda que no le das vueltas!
A veces hasta te quita el sueño, por la ilusión, la incertidumbre, el deseo de que las cosas lleguen, de ver a ese ser querido, de saber el resultado de un examen muy importante para ti, de tantas cosas. ¡Pues lo que estamos esperando es alucinante, grande, inmenso!
Es tiempo de disponernos a un encuentro, algo que no por sabido deja de ser nuevo.
Un encuentro con un Dios al que, una vez más, admiramos como ser humano.
Un encuentro con una lógica (la de la encarnación, un Dios capaz de hacerse humano con todas sus consecuencias), que nos desborda.
¿Cómo prepararse? Desde la gratitud por lo que uno tiene. Desde la escucha de esas promesas de un Dios que te dice: «Vengo a tu mundo, a tu vida, a tu historia, para estar presente ahí. Vengo a ti».
Vengo a tu mundo, a tu vida, a tu historia. ¿Cómo me resuena esa palabra?
¿Cómo puedo prepararme para cuando llegue la navidad? ¿Tal vez un poquito de oración? ¿Alguna lectura distinta? ¿Una revisión agradecida de lo que es mi vida y lo que puede llegar a ser?

Pastoral SJ

Ciao.

lunes, 10 de diciembre de 2018

"SÍ"


Recién pasada la Celebración de la Inmaculada Concepción de nuestra Madre la Virgen María, meditemos con este precioso "SÍ" que nos regala el Padre José María Rodriguez Olaizola. 


No es fácil tu Hágase, niña.
Porque, si a mí me preguntasen, más bien me inclinaría por el Hágase de los poetas, cargado de buenas intenciones, genérico, impersonal,  convertido en estribillo  convincente y volátil.

O me aferraría al Hágase de los indecisos, antesala de un pero,  de un mirándolo bien, y al fin de un no se haga.

O me perdería en el de los descomplicados, que diciendo Hágase dicen que otros lo hagan: El gobierno, las iglesias, los ricos los profesionales, los motivados, los convencidos o los que tienen tiempo.

Pero tu Hágase, niña,  desenmascara  los verbos incompletos. “Hágase en mí”, dices, tan sencilla y tan sincera. Y se hace.

Tu compromiso se me vuelve pregunta. ¿Qué ha de hacerse en mí hoy?

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Caminando en este Adviento



Aquí estoy, Señor, caminando en este Adviento,

un Adviento más estremecido, asustado, aturdido y expectante,

percibiendo como avivas en mi pobre corazón

las cenizas del deseo, como después de un toque de nostalgia,

la memoria que se despereza y abre sus ojos al pasado

deslumbrado por el agradecimiento.

Aquí estoy, Señor, caminando en este Adviento,

desempolvando mi esperanza,

consintiendo en este esperar, siempre mismo, siempre nuevo,

consintiendo en este tener que esperar para vivir,

en este esperar como afirmación fundamental de mi vida,

en este esperar que traduce la profunda y secreta necesidad

de tender hacia lo que se me presente como inalcanzable

y, por ello, inesperable con mis propias fuerzas.

Aquí estoy, Señor, caminando en este Adviento,

una vez más enfrentado a la paradoja de esperar lo inesperable,

de tener que ejercer esta esperanza para existir,

de hacerme consciente de que ser es esperar.

Aquí estoy, Señor, con la mirada del corazón clavada en este Adviento

con el anhelo encendido, con el deseo ardiendo,

luchando contra mis miedos y esperanzas

para que el fuego de la esperanza se abra e ilumine el primer paso.

Aquí estoy, Señor, intentando limpiar la niebla de mis ojos,

rogándote que enjugues Tú mis lágrimas

y que tu luz alce mi cabeza y oriente mi mirada

hacia el lugar de la promesa.

Aquí estoy, Señor, aguardando lo que no veo,

lo que no siempre quiero, lo que desconozco,

lo que, sin embrago- ¡Qué ironía!- es mi mayor certeza.

¿Cómo aguardar amor y desvergüenza?

¿Cómo negar la espera al Dios de mi esperanza?

Aquí estoy, Señor, caminando en este Adviento,

estremecido, asustado, expectante, enamorado

y sintiendo Tu llamado como la cosa más cierta, más real,

como la única verdad de mi espera.

No te canses de llamar, Señor, no te canses de llegar, no te canses de venir,

Señor, que aquí estoy caminando, Señor, a Tu encuentro en este Adviento.

Xavier Quinzá SJ

Ciao.