lunes, 28 de septiembre de 2026

Si no podemos ser autopistas, seamos veredas

Todos sabemos lo cómodo que es circular por las autopistas. Velocidad rápida y uniforme, casi sin atascos que nos hace llegar a nuestro destino en una tiempo récord, pero a su vez vacío, porque casi todo el paisaje que hemos disfrutado es aburrido y monótono.

También todos conocemos lo que es una carretera secundaria, y lo que a veces nos acarrea viajar por ellas. Velocidad lenta, peligro por las curvas que suele haber en ellas, retrasos en nuestras llegadas, etc.

Normalmente esas carreteras están enclavadas y discurren por bellos paisajes, con altos macizos montañosos y bellísimas cascadas de agua. Algo digno de ser admirado, y que las autopistas no nos dan la oportunidad de contemplar y disfrutar.

Pues, permitidme que haga una comparación entre esta clase de vías y las personas.

Yo diría que hay personas autopistas , que «viajan» rápido hacia un objetivo que al final logran, pero una vez que han llegado a su fin, no saben decirnos que sensación tienen después de haberlo conseguido.

Las segundas son las personas veredas, que con la lentitud con la que avanzan por la vida, les hace poder pararse a disfrutar del momento del encuentro, de la reflexión, de la amistad… Su llegada al final habrá sido más lenta, pero a mi modos de ver mucho más sustanciosa.

¿Personas autopistas o personas veredas?

Supongo que hasta ahora, todos habíamos envidiado un poco a esas personas que lo conseguían todo por la vía rápida, pero creo que a partir de ahora, nos deberíamos sentir orgullosos si somos personas que no alcanzamos la categoría de autopistas, y solo nos quedamos en la carretera secundaria o vereda.

Como hemos podido apreciar, de cualquier forma se llega al un destino trazado, y la ventaja que nos ofrece ir caminando por la vida de manera un poco más lenta es, que así podremos saborear más la vida, aunque lleguemos más tarde. ¿Qué opináis? ¿Y vosotros os consideráis autopistas o veredas?

Ciao.

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Luces y sombras


 Nuestra vida,  nuestros días está cargados de luces y sombras ¿Verdad?

Días radiantes ( aunque haga mal tiempo) en que nada se nos resiste, porque estamos tan llenos de energía, que somos capaces de comernos el mundo. Pero ¿Cómo nos sentimos cuando esa euforia se va, cuando esa la luz se apaga?

Nos hundimos en un pozo, nos adentramos en un túnel en donde todo está oscuro y no vemos ni la más mínima luz para salir de él ¿No es cierto?

Si os dais cuenta, nuestro caminar diario se parece bastante a un año cualquiera  nuestra vida. ¿Qué como? Veréis: A lo largo del año hay muchos días de sol y otros que aparecen triste, nublados, en que la lluvia nos quita las ganas de hacer la mitad de las cosas que habíamos proyectado.

Pues bien, si seguimos con esa comparación, habremos podido comprobar que hay muchos más días de sol que lluviosos y nublados. Siempre pensamos que el agua pasará, y el día siguiente amanecerá radiante, y así poder seguir con la actividad y energía que nos dan los días luminosos.

Cuando la sombra del desaliento nos invada, pensemos en positivo y confiemos en todo va a cambiar, que toso es pasajero y busquemos esa pequeña luz que nos indique en dónde está el final de la oscuridad por la que estamos pasando.

No nos dejemos invadir nunca por el desaliento, pues esa es la única manera de salir de cualquier situación de tristeza y desesperanza.

Seamos confiados y sepamos con certeza que todo pasará, así afrontaremos cada día con el equilibrio que se merece, sin importarnos si hace sol o está nublado.

Aprendamos a afrontar cada día con el equilibrio que se merece para ser feliz.

Ciao.


sábado, 26 de septiembre de 2026

Momentos de optimismo


 Hoy quiero hablaros sobre los momentos de optimismo y comenzaré con esta reflexión de Henfil:

-«Si no hubiera frutos, igualmente valió la belleza de las flores…»

-«Si no hubiera flores, igualmente valió la sombra de las hojas…»

-«Si no hubiera hojas, igualmente valió la intención de la semilla…»

¿Habéis cogido el sentido? Supongo que sí. Sin embargo, muchas veces  nos dejamos derrotar en cuanto vemos que nuestros planes se nos tuercen.

Ponemos mucha ilusión en un proyecto y nos venimos abajo a más mínima contrariedad que nos surja.

Mirar la vida con optimismo nos ayudará a afrontar los problemas, no desde el abatimiento, sino desde la esperanza. Saber apreciar siempre el lado bueno de las cosas, y aprovechar los contratiempos, nos ayudará a sacar de ellos la enseñanza que nos haga descubrir el error, para no volver a caer en él.

Nada se consigue desde la tristeza y el pesimismo. Afrontar los problemas de cada día con alegría nos ayudará a vivir una vida desde la sensatez y serenidad. Podremos así solucionar esos contratiempos con la esperanza de que «nada es definitivo, todo es transitorio y pasajero».

Espero que recordéis este pensamiento en los momentos difíciles y os estimule a mirar al frente con la esperanza de que todo pasa, por muy malo que sea. Al final ya veréis cómo se enciende la luz que os guiará para salir del túnel de la desesperación.

«Aquel» que todo lo puede será quién nos asista para salir de esas situaciones, por muy malas que sean, si confiamos en Él.

Planta cara a la tristeza y a la desilusión ¡Sé perseverante!

Ciao.

viernes, 25 de septiembre de 2026

En el ojo ajeno


 Hay que mirarse al espejo antes de juzgar.

Recordar, en la propia historia, las miradas ciegas, las frases hirientes, los silencios cómodos, los abrazos negados, los pasos vacilantes,

los deseos inconfesables, las oportunidades perdidas, las prisiones de dentro.

Solo entonces volverse al otro, a sus ojos que ignoran, sus palabras que matan, sus mutismos distantes, su caricia olvidada, sus pies que se tropiezan, sus anhelos prohibidos sus horas malgastadas, sus celdas invisibles.

Mirarse, mirarles, y pronunciar, con ternura, un veredicto de esperanza. 

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Pensemos antes de hablar


 Alguien dijo una vez: «Las palabras son peldaños de la escalera de nuestra comunicación»

Por lo tanto, debemos cuidar que cada tramo esté bien construido, que no sea resbaladizo, que no esté carcomido para que no provoque más caídas o problemas en nuestras relaciones con los demás.

Cuando hablamos, hemos de cuidar lo que decimos. Es verdad que muchas veces es tanta la indignación que albergamos, que si diéramos rienda suelta a nuestro sentimientos en esos momentos, seríamos capaces de soltar auténticas barbaridades.

Pero la prudencia nos hace ver que no es el momento oportuno y mejor quedarse callado, lo contrario pudiéramos herir los sentimientos de otras personas.

Hay veces que el enfrentamiento con otras personas provoca que se digan palabras malsonantes e hirientes, y que hacen daño al que las escucha y por supuesto también al que las dice.

En esos momentos es cuando debemos pararnos a reflexionar para que seamos capaces de calibrar el daño que con ellas podemos hacer, pues una vez dichas, no tendrá remedio, ya no valdrán disculpas, ni los arrepentimientos, porque todo estará dicho.

He recopilado unos consejos que creo que nos ayudarán a todos a la hora de hablar, y para que en los momentos de indignación y enfado, sepamos reprimir nuestras palabras para no ofender, por muy dolidos que estemos.

Consejos:

- Una palabra cualquiera, puede ocasionar una discordia.

- Una palabra cruel, puede destruir una vida.

- Una palabra amarga, puede provocar odio.

- Una palabra brutal, puede romper un afecto.

- Una palabra agradable, puede suavizar el camino.

- Una palabra a tiempo, puede ahorrar un esfuerzo.

- Una palabra alegre, puede iluminar el día.

- Una palabra de amor y cariño, puede cambiar una actitud.

- Pensemos en todo antes de hablar.

Ciao.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Ayudemos a los demás


 La vida no es poesía aunque la poesía nos ayude. Ayudar desinteresadamente a los demás no se logra en un día, es un fruto hermoso tras la lucha por vencernos

Dice un bello poema:

Me siento muy a gusto siendo rueda que gira y gira ayudando a los demás.

Me siento muy a gusto siendo pieza del engranaje de la humanidad.

Soy una gota de río que avanza y ola soy, subiendo la marea, brizna de paja, oculta en las ramas, de humilde choza de una vieja aldea.

Me muevo al ritmo que se mueven otros arriba y abajo, aquí y allá, ignorando, aún viviendo entre ellos, ni de dónde vienen ni a dónde van.

Pero soy feliz sintiéndome rueda que gira siempre sin parar o siendo brizna de paja, quieta.

Pues mi vida es eso... ¡Colaborar!

 Así amigos debe ser nuestra vida. Una donación sin importarnos si estamos en movimiento o quietos, si se nos ignora o se nos ensalza.

Si cada persona se tomara al pie de la letra el mensaje que ese poema nos transmite, pronto acabaríamos con los odios, con la pobreza, con la soledad y la incomprensión.

Si cada uno de nosotros ponemos nuestro hombro al lado del hermano, estaremos contribuyendo a crear un engranaje firme, en que todo funcionará perfectamente.

Salgamos de nosotros para ofrecer a los que nos rodean nuestra ayuda. Dejemos a un lado nuestra comodidad, y regalemos lo mejor que tenemos a los demás. Solo así podremos ser felices, porque sabremos que estamos contribuyendo a crear un mundo mejor.

Ciao.



martes, 22 de septiembre de 2026

Buenos vecinos


 Vecindad, qué bonito significado ¿Somos buenos vecinos? De vez en cuando conviene reflexionar sobre nuestra relación con los más próximos

Dice el diccionario de la palabra ‘vecino’ que es «la persona que habita con otros en la misma población, barrio, calle, edificio, etc. Y, añade que un vecino es alguien cercano o próximo».

¿Quién de  nosotros no es vecino de una o muchas personas? ¿Quién de nosotros no tiene a alguien cercano dentro de su misma casa o barrio y a quien siempre acude a pedirle ayuda o cuando nos la piden a nosotros?

Todos somos comunidad y todos necesitamos de esa convivencia pacífica. Pertenecemos (queramos o no) a esa vecindad, y creo que lo ideal para que tengamos una buena convivencia, es poner de nuestra parte, para vivir con el resto de nuestro vecinos en paz y armonía.

Los… Otros

Reconozco también que siempre hay algún incivilizado, que incordia y molesta a sus vecinos por el simple hecho de sentirse superior al resto y con derecho a todo.

Estas personas resultan un tanto desagradables, porque con su comportamiento egoísta dan pie a enfrentamientos en la vecindad. Son personas egoístas, que creyéndose en el derecho de hacer su vida, son incapaces de mirar por los demás, pensando que tienen derecho a todo y que pueden hacer lo que les venga en gana, por tener tan solo una casa en propiedad.

He oído infinidad de veces a muchos amigos quejarse de problemas con sus vecinos. A alguno de ellos le ha costado una mudanza a otra parte por no poder soportar la convivencia. Siempre me decía: «Si no son capaces de vivir en comunidad, que se hagan una casa en medio del monte y vivan solos».

Y es verdad. Cada día hay más personas que con sus rarezas, deberían plantearse el vivir aislados del resto de los ciudadanos ¿No pensáis igual que yo?

Examinemos qué clase de vecinos somos, y si tenemos algún problema con los nuestros. Si somos de esos vecinos molestos, procuremos hacer nuestra vida en comunidad en paz y armonía.

Ciao.