jueves, 19 de julio de 2018

Utopía


Un niño leía un libro y encontró una palabra que no entendía. Se acercó a su papá y le preguntó:
-¿Me puedes decir qué es utopía?
Después de meditar por un instante el papá le respondió:
-Utopía es algo parecido a un arco iris. Es hermoso pero inalcanzable.
Caminas hacia él un metro y se aleja un metro de tí; caminas otros cien metros y se aleja cien metros más; caminas kilómetros y se aleja kilómetros.
-Entonces la utopía no sirve para nada- le dijo el niño con tono de decepción.
-Por el contrario- le contestó el papá
- Sirve para caminar.

Ciao.

miércoles, 18 de julio de 2018

Mi alma me habló


Mi alma me habló y dijo: "No te alegres con el elogio y no te angusties con el reproche".

Antes de que mi alma me aconsejara yo dudaba del mérito de mi trabajo.
Ahora me doy cuenta de que los árboles florecen en primavera y dan sus frutos en verano sin esperar elogio, y dejan caer sus hojas en otoño y quedan desnudos en invierno sin temor al reproche.
Mi alma me habló y me hizo ver que no soy más que el pigmeo ni menos que el gigante.
Antes de que mi alma me hablara yo veía a la humanidad dividida en dos clases de hombres: Una débil, de la que me compadecía, y una fuerte, a la que seguía o resistía desafiante.
Pero ahora aprendí que soy como ambos y estoy hecho de los mismos elementos. Mi origen es su origen, mi conciencia su conciencia, mi pretensión su pretensión y mi peregrinaje su peregrinaje.
Mi alma me habló y me dijo: La linterna que llevas no es tuya y la canción que cantas no fue compuesta en lo profundo de tu corazón, porque aunque sostengas la luz no eres la luz, y aunque seas un laúd con las cuerdas tensas no eres el ejecutante.
Mi alma me habló, hermano, y me enseñó muchas cosas. Y tu alma también te ha hablado y también te ha enseñado. Porque tú y yo somos uno y no hay diferencia entre nosotros, salvo que yo proclamo lo que hay en mi ser íntimo, mientras que tú lo guardas como un secreto de tu intimidad. Pero en tu reserva hay una especie de virtud.

Khalil Gibran Khalil

Ciao.

martes, 17 de julio de 2018

Codicia



Cavando, para montar un cerco que separara mi terreno de el de mi vecino, me encontré enterrado en mi jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.

A mí no me interesó por la riqueza, me interesó por lo extraño del hallazgo, nunca he sido ambicioso y no me importan demasiado los bienes materiales, pero igual desenterré el cofre.

Saqué las monedas y las lustré. Estaban tan sucias las pobres...

Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente, las fui contando...

Constituían en sí mismas una verdadera fortuna. Solo por pasar el tiempo, empecé a imaginar todas las cosas que se podrían comprar con ellas.

Pensaba en lo loco que se pondría un codicioso que se topara con semejante tesoro. Por suerte, por suerte... No era mi caso...

Hoy vino un señor a reclamar las monedas, era mi vecino. Pretendía sostener en un miserable que las monedas las había enterrado su abuelo, y que por lo tanto le pertenecían a él.

Me dió tanto fastidio que lo maté...

Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas, se las hubiera dado, porque si hay algo que a mí no me importa son las cosas que se compran con dinero, eso sí, no soporto la gente codiciosa...

Jorge M. Bucay

Ciao.




lunes, 16 de julio de 2018

En mi debilidad


En mi debilidad
En mi miedo,
Tu seguridad.
En mi duda,
Tu aliento.
En mi egoísmo,
Tu amor.
En mi rencor
Tu misericordia.
En mi "yo"
Tu "nosotros".
En mi rendición
Tu perseverancia.
En mi silencio,
Tu voz.
En mi ansiedad,
Tu pobreza.
En mi tempestad
Tu calma.
En mi abandono
Tu insistencia.
En mi dolor,
Tu alivio.
En mi debilidad,
Tu fuerza.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

domingo, 15 de julio de 2018

Entrar a la vida


Entrar a la vida, y sentirse vivo en las pasiones y también en la espera...
En los aciertos y en los desaciertos... En el éxito y en el fracaso...
Muchos escapan cuando llega el momento de entrar... La puerta siempre está frente a nuestros ojos sólo que es mejor por conveniencia quedarse detenido y no abrirla...
¿Por qué digo por Conveniencia?
Porque cuando pensamos en lo que vivimos, cuando algo no resultó como esperamos, cuando nos pegaron justo en el corazón y el sacudón nos dejó debilitados... Es preferible cuidarnos y resguardarnos antes de volver a intentarlo... Y entonces paraditos ahí, firmes nos decimos: Mejor no me arriesgo de nuevo... ¿Y si vuelvo a sufrir?  ¿Si pasa lo mismo?
Y qué grave error porque sólo aprenden a vivir aquellos que se entregan sin temor, que se animan a entrar a la vida reconociendo que al pasar esa puerta serán los verdaderos protagonistas de esa historia.
Entra... Vive... Renace... Levántate... ¡Todo es posible!

Ciao.


sábado, 14 de julio de 2018

Twitter se escribe en piedra


Quizás vaya llegando el momento de no ser inquisidores de pasados ajenos en las redes. Eso es lo que viene a sostener Alvaro Zapata en este artículo, por desgracia tan actual...

Con el reciente cambio de gobierno de cuando en cuando salta un nuevo nombre a la palestra: Un nuevo cargo político.
Desde la semana en la que apenas contuvimos el hipo por los nuevos ministros, se han sucedido las noticias sobre nuevos secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales... Personas que en poco tiempo han pasado a tener una responsabilidad pública, muchas veces desde el anonimato. Y a veces para sumergirse en el anonimato burocrático de nuevo, después de algunos días, o incluso horas.

Anonimato del que volverán a salir si proponen alguna medida interesante o polémica, o algún escándalo les salpica, si se descubre algo en sus redes sociales que pueda ser reprobable, por ejemplo.
El ministro de Cultura, en sus seis días de mandato, vivió un constante reflote de tuits antiguos, de varios años atrás que recontextualizados incluso tenían su gracia.
Es ya un clásico en Twitter bucear en los tuits antiguos del ahora presidente del Gobierno y aplicarlos al nuevo contexto.

Sin embargo, indagar en publicaciones antiguas en redes tiene su riesgo. No olvidemos que los que estábamos ya en Twitter hace nueve, diez años, apenas sabíamos lo que hacíamos, porque acabábamos de llegar y estábamos aprendiendo. Y nuestro público era mucho menor.
Así que quién más quién menos publicó mensajes de los que seguramente hoy se avergüenza. Pero claro, han pasado muchos años, y es bastante probable que nuestra percepción de las redes y lo que publicamos en ellas haya cambiado sustancialmente.

Por eso me sorprende que se aplique tanto la lupa a las cuentas de políticos, buceando en mensajes que descontextualizados pueden dar un mensaje distinto al que se pretendió al publicarlos. Y por eso no me extraña que algunos opten directamente por borrar los mensajes antiguos o incluso sus cuentas, cuando se ven expuestos a la opinión pública.
No porque tengan mensajes de un contenido reprobable, quizás, sino para evitar que se les atribuya palabras y pensamientos de siete, seis o cinco años atrás, sin darles el beneficio de la duda de haber cambiado de opinión o de forma de ver las cosas.

En este momento lo escrito en las redes queda grabado más indeleblemente que en piedra, puesto que la red siempre tiene una copia de seguridad, un backup remoto que guarda buena nota de todo lo que escribimos, pero sin darle contexto, ni explicación. Y eso debe ser tenido en cuenta. Porque, aunque lo escrito no cambia, las personas sí. Y es mejor no perderlo de vista, no dejar de dar la oportunidad de rectificar y comprender el cambio que la persona ha tenido. Porque somos más que lo que publicamos.

Alvaro Zapata, SJ

Ciao.

viernes, 13 de julio de 2018

Vivir en la era de la velocidad


Hoy conseguimos las cosas a golpe de “click”: Tenemos cualquier información en milisegundos; podemos hablar con un amigo en la otra punta del mundo en pocos segundos; si queremos preparar una deliciosa comida (precocinada eso sí) necesitamos sólo unos minutos; podemos trasladarnos a miles de kilómetros en cuestión de horas y en pocos días nos llega a casa alguno de los infinitos productos que podemos comprar por Internet. Estamos en el tiempo de la inmediatez.

Uno podría pensar que estos avances nos deberían dejar más tiempo para las cosas realmente importantes, pero ¿No parece que es al contrario, que ya no tenemos tiempo para nada?
Me da la sensación de que esta aceleración de nuestra sociedad se nos contagia como los bostezos: Rápidamente y sin poder evitarlo.

Cuando llegué a vivir a Madrid la primera vez me pareció raro que la gente bajara las escaleras del metro corriendo, si a los cuatro minutos iba a venir otro tren. Ahora cuando voy bajando las escaleras del metro soy yo el que acelera al escuchar el sonido del metro llegando. Y al estar acostumbrados a un mundo en el que todo es tan veloz, cuando algo tarda un poco más de la cuenta nos ponemos nerviosos. Nuestra cultura tiende a hacernos impacientes y queremos que todo esté listo “ya”. Con tanta velocidad nos hemos acostumbrado al rápido microondas, pero hay cosas que necesitan ser cocinadas a fuego lento.

 No creo que haya que renunciar a los muchos avances de nuestro tiempo, pero tampoco podemos rendirnos y dejamos llevar dejando que la vida se nos vaya de las manos. Hay una imagen, muy simbólica, que me ayuda a pensar sobre esto.
Es la de un tren de alta velocidad, esos que circulan a más de 300 kilómetros por hora. Puedo mirar por la ventana y ver la estela que deja el paisaje al paso del tren, aunque a esa velocidad no me deja percibir los detalles.
Pero si cierro los ojos puedo llegar a quedarme plácidamente dormido y olvidar que circulamos a la misma velocidad que los coches de Fórmula 1.

El reto sería buscar maneras de encontrar esa serenidad en medio de nuestras frenéticas vidas, de taladrar en profundidad nuestra cotidianidad para poder sumirnos en el ritmo tranquilo de Dios; encontrarnos con Él para que sea el centro de nuestra vida y caminar a su lado.
Ojala seamos capaces de captar los detalles del paisaje de nuestra vida para descubrir en todo la huella del Señor. Y que aunque vivamos en este mundo en el que todo se mueve tan rápido podamos cerrar los ojos y saber que Él nos lleva de su mano.

Javi Montes, SJ

Ciao.