sábado, 1 de noviembre de 2014

1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos



Hijos, volved a Casa...

La Iglesia sitúa la fiesta de Todos los Santos al principio del mes de noviembre, un mes dedicado en especial a rezar por los difuntos y a meditar en la vida eterna. En definitiva, nos ayuda a sabernos hijos del un mismo Padre que nos invita a una fiesta: El cielo

Dios nos abre la puerta de su Casa para acogernos y abrazarnos...

Un sacerdote se dispone a celebrar un funeral por un anciano en un pueblo de la geografía española. Un vecino le comenta: «Hay que despedir a los que se van yendo...»
Y el sacerdote responde: «En realidad, son los que van llegando...»

La solemnidad de Todos los Santos celebra la vida de todos aquellos amigos de Dios que disfrutan ya de su compañía para toda la eternidad. También es una oportunidad de recordar que todos -pero todos, todos- estamos llamados a la santidad.
La veneración de los santos comenzó con el culto a los mártires por parte de los primeros cristianos. Ellos sabían que aquellos hermanos en la fe habían dado la vida por amor a Cristo y que el Señor no podía menos que tenerlos junto a Él. Por eso, los primeros cristianos los tenían como modelo de vida y dirigían a ellos sus oraciones para alcanzar su intercesión. Nosotros hacemos lo mismo en la solemnidad de Todos los Santos, al mismo tiempo que, a lo largo de todo el mes de noviembre, somos invitados por la Iglesia a meditar sobre nuestra vida y, en especial, sobre nuestro destino eterno.

¿Quiénes son los santos? ¿Qué es lo que hacen todo el tiempo en el cielo?

Primero, ¡tras la muerte, ya no hay tiempo; se entra en la eternidad! En esta fiesta recordamos no a los santos del calendario, sino sobre todo a aquellas personas que, a lo largo de los siglos, han amado a Dios en el anonimato de su día a día, y que hoy disfrutan de su compañía para siempre.
Son amigos de Cristo, hijos de María, quizá muchos de nuestros familiares, que no han tenido un Proceso de canonización, pero están ya con Dios, y sólo Dios conoce sus nombres. Los tenemos como intercesores, rezan por nosotros, alaban a Dios junto a nosotros.
Son la Iglesia triunfante, y se unen a la Iglesia purgante y a la militante especialmente en la celebración de la Eucaristía, que es como un anticipo del cielo, como dice el Papa Francisco: «Con la Eucaristía, pregustamos el cielo, y nos hace pregustar la comunión con el Padre en el banquete del reino de los cielos». Nunca como cuando vamos a Misa podemos gustar, de manera tan cercana, la alegría del cielo.

¿Y cómo es el cielo? Ver a Dios todo el rato, ¿no resultará aburrido?...:

Se habla del cielo como la contemplación del rostro de Dios, pero esto no es como si nos quedáramos todo el rato mirando un rostro humano. Estar en el cielo es estar en compañía de Dios y se debe entender en clave de amor. No es el premio a un esfuerzo personal, ni una salvación entendida como cuando Indiana Jones huía de una piedra gigante colándose por una rendija en la roca, para al final decir: Uff, me salvé. Sí, Indiana Jones se salvó, pero al otro lado no había nadie... En el cielo, en cambio, nos espera la Persona que más nos conoce, el que nos ha creado, el que más nos ama, el que más nos espera.

Entonces, el cielo, ¿Se conquista?

Si nos fijamos en el Buen Ladrón, a lo mejor podríamos pensar: Está chupado... Si leemos la vida de san Pedro de Alcántara -que comía una vez cada tres días y dormía, sentado, sólo hora y media cada noche- diríamos: Imposible... Pero la cuestión no es cómo vivimos, sino para Quién vivimos; el acento principal está puesto en el amor. Se trata de querer a Dios, y este amor se manifiesta de muchas maneras. ¡No hay ningún santo igual a otro! Dios nos ha creado a su imagen y semejanza: únicos e irrepetibles. Y para eso no importa si Dios nos llama a primera hora, o a la última, como a san Dimas.

Precisamente, André Daigneault, en El Buen Ladrón: Misterio de misericordia, dice que san Dimas «cambia completamente nuestra escala de valores: Dios no necesita para nada nuestras virtudes naturales; en cambio, necesita nuestro vacío y nuestra pobreza para colmarlos de su Misericordia.
Le causa horror la autocomplacencia, y espera de nosotros el abandono de un niño. Su misericordia quiere derramarse en nuestras pobrezas. Dios se complace en manifestar su fuerza en la debilidad de los más pequeños». Entonces, ¡aún estamos a tiempo, pero no hay tiempo que perder! Dios nos espera siempre porque nos ama siempre...

Y el Papa Francisco, en Evangelii gaudium, nos dice: «La salvación que Dios nos ofrece es obra de su misericordia. No hay acciones humanas, por más buenas que sean, que nos hagan merecer un don tan grande». 

¿Podría hacer yo algo más por que otros conozcan esta alegría?

Sí, eso es muy bonito, pero no es tan fácil. La vida es muy dura...:

Dice Manuel de Santiago, en el prólogo a Santos de pantalón corto, de Javier Paredes: «Una característica de los santos es seguir al Maestro por la senda de la cruz. No hay cristianismo sin cruz. No se llega al cielo más que llevando la señal del cristiano: la cruz». 
Pero, ¡ánimo!, sabemos que la cruz se lleva mejor cuando se abraza que cuando se arrastra.

¿El camino es, pues, imitar a Cristo?:

El camino es... ¡Amar a Cristo! Amando más y más a Cristo, nos pareceremos a Él, al igual que se parecen dos esposos cuyo amor va creciendo con el tiempo. No se conquista el cielo a fuerza de puños.
El cielo no es el premio de superman, que hacía cosas muy buenas, pero se bastaba con sus propias fuerzas.
Escribe Manuel de Santiago que la santidad es el resultado de dos fuerzas muy distintas de las de nuestros puños: «La gracia de Dios y la libertad del hombre. Es Dios que se dona para labrar su imagen en el hombre; y éste que se deja trabajar haciendo lo que Dios quiere». Por tanto, es más dejarse hacer que enfrascarse en muchas cosas. Es más María que Marta: es más estar con Jesús que agitarse por agradarle. Es más descansar en Dios que esforzarse mucho. Es más escuchar que hablar mucho. Es más rendirse a Dios que hacer muchos propósitos. En definitiva, es más dejarse querer, que empeñarse en querer quererle.

Adrienne von Speyr recordaba que «la santidad no consiste en el hecho de que el hombre lo da todo, sino en el hecho de que Dios lo toma todo». Además, aquel que acoge a Cristo y que ama a Cristo, al final, acaba reproduciendo el mismo rostro de Cristo; y ya no será él, sino Cristo que vive en él.

...Una vez en el cielo, no dejan de cuidar
de aquellos que han quedado en la tierra

Entonces, ¿No hay que hacer nada en absoluto?:

Ahí va un chiste:
En un concurso de vagos, a las puertas de la sala aparece un tipo tirado en el suelo y, cuando le preguntan:
- ¿Por qué no entras?, responde:
- A mí que me entren...
Seguro que ese tipo ganó el concurso, pero el cielo no funciona así.

Acoger el don de Cristo no puede olvidar la necesidad de las obras. Alerta Antonio Sicari, en Retratos de santos, de que «el protestantismo no se ha equivocado al afirmar la salvación sólo por la fe, sino porque ha descuidado afirmar con igual vigor que con la fe nos abandonamos a Cristo para producir incluso más obras buenas que si confiásemos en nuestra propia actividad». 

Y santa Teresa de Jesús recordaba: «Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo nuestro Señor fueron los de mayores trabajos. 
Para esto es la oración, hijas mías, de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras». Y es que, al final de la vida, nos examinarán en amor...

¿¡Examen!? ¡Estoy en blanco! No me he preparado nada...:

Nadie puede decir que no estaba avisado. La vida se nos acaba el día menos pensado... La Iglesia enseña que hay un juicio particular en el momento de nuestra muerte; y un juicio final, al final de los tiempos, en el que Cristo juzgará a vivos y muertos, según la disposición de nuestros corazones; Retribuirá a cada uno según sus obras y según su aceptación o rechazo de la gracia. Junto a ello, esperamos también la resurrección de la carne, porque, como indica el Youcat, «Dios no abandona la carne ni su creación como si fueran un juguete viejo».
No sabemos cómo será, pero nuestros cuerpos mortales volverán a tener vida, no con las limitaciones de ahora, sino que entonces el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y este cuerpo corruptible se revestirá de incorruptibilidad...

La felicidad completa nos espera. Por eso, es bueno preguntarse de vez en cuando:
¿Para qué vivo? O mejor: ¿Para Quién y para quienes vivo? ¿Qué tal llevo mi vocación?¿Amo de verdad a Cristo? ¿Amo de verdad a mi esposa, a mis hijos, a mis jefes y compañeros, a mis enemigos? ¿Amo mi cruz? 
Todos tenemos vocación, que es la llamada universal a la santidad, según la Lumen gentium. Todos hemos sido llamados al amor, y el amor es siempre fecundo.

Pero yo pensaba que los santos eran figuras de escayola y con aureola, algo del pasado...

Así se ha representado a los santos durante siglos en la iconografía cristiana. Son los santos canonizados, es decir, aquellos fieles sobre los que se abrió una Causa de canonización, decretando que han practicado heroicamente las virtudes (Venerable), aprobando un primer milagro atribuido a su intercesión o probando su muerte por martirio (Beato) y aprobando un segundo milagro (Santo). Éstos son los llamados comúnmente santos de altar, pero santos anónimos los ha habido siempre, incluso hoy.

Pero ¿Un pecador, como yo, puede ir al cielo?:

De hecho, el cielo está lleno de pecadores. Si no, Dios estaría muy muy solo... Ser santo, vivir en el cielo, no es una recompensa ética por nuestras bondades, sino la celebración de la bondad de Otro que no somos nosotros. Uno no se gana el cielo presentando el curriculum, sino que Dios nos abre la puerta de su Casa para acogernos y abrazarnos..., si queremos.

Entonces, «yo me lo guiso, yo me lo como»:

Ni hablar; no nos salvamos solos. No es un asunto privado. En la Iglesia nos salvamos en racimo, unidos a la vid, que es Cristo. Nos necesitamos unos a otros. No podemos salvarnos como quien corre hacia la meta para triunfar y decir: ¡Llegué!
Decía Benedicto XVI, en su Mensaje de la Cuaresma 2012, que, de alguna manera, «el otro me pertenece; su vida y su salvación tienen que ver con mi vida y mi salvación».

Además, en esto nos ayuda precisamente la intercesión de los santos, pues, una vez en el cielo, «no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. Su intercesión es el más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros» ante Dios, dice el Catecismo. Hay quien ha obtenido de los santos la gracia de un milagro físico, pero también podemos pedirles ayuda ante cualquier dificultad de nuestra vida cotidiana.

Para eso hay que pasar por la muerte; ¿No hay un modo de llegar un poco más agradable?:

Decía Pablo Domínguez que la muerte es una puerta. Sólo una puerta. Y no importa la puerta, sino lo que hay después de ella. En realidad, es una ayuda, una llamada a nuestra conversión. «El último acto de libertad es tan importante en aquella hora, que sella nuestro destino eterno. En ese momento, ya no hay más posibilidades: o bien morimos en el amor, o bien morimos rechazando el amor. No tiene usted otra alternativa: o bien morir rindiendo homenaje al Misterio, o bien morir encastillado en su propio ego»: así escribe Fabrice Hadjadj en Tenga usted éxito en su muerte.

Vale, y una vez allí, ¿Qué plan hay?:

¿Se puede uno cansar de estar siempre junto a la persona amada? Dice el Señor, en palabras del Apocalipsis, que los bienaventurados «verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos».

¿«Por los siglos de los siglos»? ¿No se nos va a hacer un poco largo?:

Si es amor, es para siempre. Y si es para siempre, no cansa. Benedicto XVI, en Spe salvi, reconocía que, «en efecto, la palabra eterno suscita en nosotros la idea de lo interminable, y eso nos da miedo», pero «la eternidad no es un continuo sucederse de días del calendario, sino el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad»; y luego dice que será como «sumergirse en el océano del amor infinito», que es Dios mismo, «desbordados simplemente por la alegría». Entonces, eso es el cielo: estar desbordado por la alegría...

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo (Alfa y Omega)

Ciao.

viernes, 31 de octubre de 2014

Las Dominicas de Lerma explican qué es Halloween: No es cristiana; culto a satanás; brujería...



¿Un cristiano debe celebrar Halloween?

Las Dominicas de Lerma explican qué es Halloween: no es cristiana; culto a satanás; brujería...

Las Dominicas de Lerma son religiosas contemplativas que viven en ese pequeño pueblo de Burgos (España). Cada día envían lo que ellas llaman: Un "reto del Amor", que es una reflexión espiritual dirigida sobre todo a los seglares.

Estas monjas de clausura suelen recibir muchas preguntas e inquietudes, y entre ellas está el llamado "asunto Halloween", que en los últimos años ha disparado la preocupación de muchos fieles que ven en esta fiesta pagana una connotación anticristiano.

¿Que es esta fiesta de Halloween? 

Las Dominicas de Lerma responden a lo que muchas personas les preguntan:

- "¿Debemos o podemos celebrar esta fiesta?" 

Y esta es la respuesta de las religiosas:

- Primero habría que preguntarse: ¿Pero en realidad que es esta fiesta de Halloween? ¿Quien se esconde detrás de ella?

1. NO es una actividad cristiana. Ninguna iglesia de denominación cristiana celebra esta fecha. Ni católicos, ni evangélicos, celebramos y nunca celebraremos una noche dedicada a la exaltación de la brujería en ninguna de sus formas.

2. Va contra las enseñanzas de Jesús. Jesús está en contra de la brujería en todas sus formas: Espiritismo, hechicería, adivinación, lectura de cartas, horóscopos, astrología y tantas máscaras con que se encubre la maldad.
Estas han sido declaradas enemigas de la Palabra de Dios desde tiempos muy remotos y van contra todas las enseñanzas de nuestro Señor, quien dice claramente que "el que no está conmigo está contra mí". Hay innumerables referencias bíblicas donde se condena el uso de toda estas clases de mal.

3. Sirve para rendir culto a satanás. Aunque en apariencia es una actividad recreativa y muy llamativa, sobre todo para los niños, su verdadero significado sigue oculto a nuestros ojos. En muchos países, incluyendo el nuestro, los grupos satánicos usan esa noche para un "culto" especial dedicado a satanás y en muchos países alrededor del mundo, se hacen sacrificios humanos, sobre todo de niños que han sido secuestrados de sus hogares y que son ofrecidos como víctimas inocentes en una noche de lujuria, drogas, alcohol y toda clase de desenfrenos, en las llamadas "misas negras".

4. Se opone al primer mandamiento. Este tipo de actividades, ni exalta el nombre de Jesús, ni tiene nada que ver con su Padre Celestial y mucho menos con el Santo Espíritu del Dios Altísimo. Por lo tanto, va en contraposición al primer mandamiento de amar a Dios con toda nuestra alma, nuestra mente, nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, en fin con todo nuestro ser.

5. Participar es olvidarse de Dios. Participar quiere decir "ser parte de": Si tu participas estás siendo parte de esta tremenda responsabilidad espiritual: No sólo se está alejando u olvidando de la adoración al Dios Eterno e Inmortal, sino que está siendo parte de una actividad que glorifica a las brujas y a su padre satanás.

6. Contamina y esclaviza a nuestros niños. No hay magia blanca y magia negra, no hay brujas buenas y brujas malas. Toda la actividad demoníaca se disfraza y se oculta para ganar adeptos y así muchas veces "vestimos" a nuestros niñitos como "brujitas" y "diablitos".
Jesús dijo: "Dejad que los niños vengan a mí y NO SE LO IMPIDÁIS, porque de los tales es el Reino de los Cielos". Jesús necesita a sus niños libres de toda clase de máscaras y limpios de toda contaminación.

Ahora deja que tu amor al Señor decida sobre esta fiesta y realmente si quieres vivir de Cristo no le sustituyas por nada. VIVE DE CRISTO.

Otros nexos evidentes entre Halloween y el ocultismo son los siguientes:

1: Lámparas dentro de calabazas: Representan imágenes demoníacas.

2: Media Luna: Representa la magia

3: Manzanas: Para adivinar suertes.

4: Murciélagos y lechuzas: Asociadas a la creencia de comunicación con los muertos.

5: Fantasmas y duendes: Mensajeros privilegiados "especiales" para transitar entre los paganos.

6: Gato negro: Reencarnación de los muertos malvados.

7: Pentagrama con un círculo: Símbolo de protección.

8: Escobas: Ejercitan la energía liberada.

9: Esqueletos: Abundan entre el anochecer y las tinieblas de Halloween.

10: Estrella de cinco picos con media luna: Representa la magia.

11: Los disfraces de Halloween: Podrían proceder de la idea de los druidas célticos, según se cree, los participantes en una ceremonia usaban cabezas y pieles de animales para adquirir la fuerza del animal que representaban.

12: La costumbre del "regalo o travesura": Proviene de la tradición irlandesa en que un hombre conducía una procesión para recoger contribuciones de los labradores, para que los cultivos no quedaran malditos por los demonios.

13: Pescar manzanas en un tonel con agua: Viene de una antigua práctica de adivinación del futuro. El participante que lograba agarrar una manzana con los dientes podía contar con que le saldría bien su romance con la persona de su elección.

14: Las avellanas: Se usaban para la adivinación de asuntos amorosos.  Algunas golosinas de Halloween tenían objetos adentro que servían para adivinar el futuro».

Fuente: Religión en Libertad

Ciao.

jueves, 30 de octubre de 2014

Los problemas y el miedo


Todos pasamos por situaciones difíciles en nuestra vida: Debilidades personales, enfermedades, dolor, pérdida de un ser querido, dificultades en el trabajo o de dinero, problemas de los hijos o de los padres, calumnias, infamias, injusticias...y ¿Cuál es tu reacción?
Miedo, angustia, temor, excesiva preocupación.
Sabes ¿Por qué? ... Porque buscas apoyarte solamente en ti mismo, en lo que tú piensas, en lo que tú sientes, en lo que tú podrías hacer para resolver las cosas... te apoyas solamente en tus fuerzas humanas y casi siempre el problema es mucho más grande que tú.

Te olvidas de algo muy importante: Dios está siempre contigo, Él todo lo puede en todo momento. Él es tu seguridad. En momentos difíciles, Dios nunca se olvida de ti.

Ciao.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Emotiva carta de Asia Bibi al Papa



Todos debemos rezar mucho por ella y su familia.

«Papa Francisco, soy tu hija, Asia Bibi. Te ruego: Reza por mí, por mi salvación y por mi libertad. En este momento solo puedo encomendarme a Dios, que es el Omnipotente, aquel que todo lo puede».
Son las fuertes palabras que Asia Bibi, mujer y madre cristiana condenada a muerte por blasfemia en Paquistán, escribió a Papa Francisco después de que la Alta Corte de Lahore confirmara el veredicto de la condena.

La mujer, que se encuentra en la cárcel para mujeres de Multán desde hace 5 años, supo el veredicto de la corte hace algunos días. Su esposo, los abogados y las personas de la “Renaissance Education Foundation”, que se encargan de su familia, le comunicaron (por el momento y con una versión reducida de los hechos) que los «tiempos del proceso se alargaron más», pues temían que una noticia tan mala pudiera provocar una nueva caída en el ánimo de la mujer, que sigue en condiciones muy frágiles. Lo mismo comunicaron a los 5 hijos.

Asia, de cualquier manera, quiso dictar una carta para Papa Francisco (de la cual Vatican Insider recibió una copia), en un momento que podría ser determinante para su vida. «Todavía me aferro con fuerza a mi fe cristiana y nutro confianza en Dios, mi Padre, que me defenderá y me devolverá la libertad. También confío en ti, Santo Padre Francisco, y en tus oraciones».

«Papa Francisco –prosigue el texto–, sé que estás rezando por mí con todo el corazón. Sé que, gracias a tu oración, mi libertad podría ser posible. En el nombre de Dios Omnipotente y de su gloria, te expreso todo mi agradecimiento por tu cercanía, en este momento de sufrimiento y desilusión».

Asia expresa su más recóndito deseo en la carta: «Mi única esperanza es poder ver un día a mi familia reunida y feliz. Yo creo que Dios no me abandona y que tiene un proyecto de bien y de felicidad para mí, que comenzará dentro de poco. Agradezco a todas las personas que en las comunidades cristianas de todo el mundo rezan por mí y hacen lo posible por ayudarme». 
Asia también dedica un agradecimiento especial a la “Renaissance Education Foundation” de Lahore, que «apoya a mi esposo Ashiq y a mi familia».

Justamente en esta fase delicadísima, sus abogados defensores están preparando el proceso que se llevará a cabo en la Suprema Corte del país… Joseph Nadeem, que dirige la fundación que ayuda a la familia de Asia, confirmó a Vatican Insider que «se esperan las motivaciones de la sentencia de apelación, para entender cómo, dónde y por qué se erró».

Ciao.

martes, 28 de octubre de 2014

¿Cómo ser personas que inspiran confianza?



A lo largo de nuestra vida nos presentan a muchas personas y cuando esto sucede una de las preguntas que solemos hacernos es "¿Qué impresión le habré causado?"
Esta pregunta se convierte en más relevante cuando es una persona que a nosotros sí nos ha caído bien o es una persona que vamos a seguir viendo a lo largo del tiempo (los suegros, un compañero de trabajo, etc.).

Ahora pongámonos en que nos quedamos con la sensación de no haber causado una buena impresión (no tenemos el mejor día, ha caído una tromba de agua o lo nuestro no es la simpatía a primera vista) ¿A qué se debe esto? ¿Hemos hecho algo mal? Pues claro que no. Hay multitud de factores que pueden producir este rechazo inicial y no son nuestra culpa.

Si de verdad estamos interesados en esa persona, pues con el paso del tiempo sí que hay que seguir una serie de hábitos con el objetivo de que la relación de amistad (o incluso amor) vaya hacia delante. Eso sí, hasta cierto punto esto tiene que ser recíproco porque sino sentiremos que estamos siendo utilizados por la otra parte.

¿Les gustaría saber por tanto qué podemos hacer para ganarnos la confianza de los demás? 

Pues no pierdan de atención las siguientes líneas:

La palabra tiene muchísimo valor

De nada vale prometer algo si después no lo vas a cumplir. Si sabías desde un principio que no lo podías llevar a cabo. ¿Para qué das tu palabra de que así será? Como muchos saben, las palabras se las lleva el viento y si nos las podemos convertir en realidad, es normal que la otra parte empiece a desconfiar de nosotros. Sobre todo si ya se ha producido varias veces. Obviamente habrá situaciones menos graves donde a veces no es posible cumplir nuestra palabra (un retraso, caer enfermos) pero aunque exista justificación la otra persona siempre agradecerá que intentemos reparar de alguna forma nuestra falta.

Decir la verdad es lo único que vale

La sinceridad es uno de los pilares básicos de cualquier relación. Está muy bien eso de ser sincero de cara a la galería, pero también hemos de serlo interiormente y por tanto hay que ser consecuente con lo que decimos y hacemos. Hay que nacer con la idea de que no somos perfectos y no pasa absolutamente nada por reconocer un error y subsanarlo. De hecho, si somos capaces de abrirnos a las personas cercanas a nuestro círculo (aunque eso supongo un conflicto) después los lazos afectivos saldrán mucho más fuertes.

Hay que ser transparente

No solo vale con ‘parecer’ transparentes, también hay que serlos realmente. Si nos dedicamos a manipular nuestras conversaciones en beneficio propio quizás consigamos ventajas a corto plazo. Sin embargo, si queremos ‘plantar’ una relación basada en la sinceridad, tolerancia y respeto, lo  mejor es ser transparente desde el principio (aunque en ocasione seguro que no será nada fácil). Si somos opacos, lo único que conseguiremos es crear una máscara delante de nosotros mismos que nos impedirá abrirnos a los demás.

Dar y recibir

Si lo que pretendes con una amistad es conseguir algo a cambio, pues ya te puedes ir despidiendo. En muchas ocasiones tendremos que dar nosotros sin necesidad de que vayamos a recibir algo a cambio. En definitiva, cuando damos, tengan por seguro que después es mucho más sencillo y gratificante recibir. Sobre todo cuando este regalo viene de una persona que admiramos y respetamos.

José Maria Tabares

Ciao.

lunes, 27 de octubre de 2014

¿Cómo deshacernos del sentimiento de culpa?



Es una premisa con la que debemos vivir. Nadie es perfecto, y por tanto, habrá multitud momentos de nuestra vida donde cometamos todo tipo de errores, algunos más graves que otros.
¿Significa esto que tengamos que martirizarnos y flagelarnos ante cualquier adversidad? Nada más lejos de realidad. Cuando erremos, lo mejor es buscar una solución a lo ocurrido y después aprender para que así no vuelva ocurrir.
Sin embargo, muchas veces la sociedad ‘nos impone’ que la culpa siempre tiene que recaer en alguien, independientemente de lo ocurrido o las partes implicadas.
¿Cuándo te ocurre esto no sabes cómo gestionar este sentimiento de culpa? Pues a través de las siguientes líneas te damos una serie de pautas para que lo controles mejor:

NO SIEMPRE HAY CULPABLES
En muchas ocasiones, el centro de discusión se centra para averiguar quién ha tenido la culpa. Sin embargo, es importante darse cuenta que a veces las cosas ocurren sin más y que de nada sirve intentar buscar un culpable. Cuando cometamos un error, lo mejor es aceptarlo, buscarle unja solución (si es que la tiene) e intentar que no vuelva a ocurrir.

DEBEMOS SER CONSECUENTES CON NUESTROS ACTOS
Habrá veces que tomemos la decisión que tomemos, siempre habrá una consecuencia negativa, sobre todo si hay otras personas implicadas. ¿Y qué hacemos entonces ante esta situación? Pues no queda otra que elegir la que mejor nos convenga y menos dañe a los demás. Habrá que elegirla con todo lo que implique después, pero esto forma parte de nuestras vidas, donde las decisiones más difíciles no tendrán vuelta atrás.

NO PODEMOS ESTAR AL TANTO DE TODO
Es muy fácil que cuando cometemos un error, nos echemos toda la culpa alegando: “Ay si no lo hubiera hecho así”. A toro pasado es muy fácil buscar la culpa alguien. Sin embargo, somos personas con nuestros defectos, virtudes y por tanto de nada sirve flagelarse sobre algo del que teníamos pleno desconocimiento.

ES IMPOSIBLE CONTENTAR A TODO EL MUNDO
Cuando hacemos algo por alguien, quizás a otra persona no le guste tanto lo que estamos haciendo. Es importante concienciarse de que siempre habrá situaciones donde será imposible contentar a todo el mundo. Cuando antes nos concienciemos de esto, más libre nos sentiremos y por tanto el sentimiento  de culpa será mucho menor.

LOS DEMÁS TAMBIÉN COMETEN ERRORES
Antes de empezar cualquier riña para averiguar quién ha tenido la culpa, lo mejor es pararse y preguntarnos lo siguiente: ¿Lo ocurrido nos podría haber pasado a nosotros? Si la respuesta es positiva, pues simplemente hay que achacarlo a que todas las personas cometemos errores. No pasa nada si la otra persona lo admite y te pide perdón. Por tanto, en vez de centrarse en el quién, lo mejor es pasar página.

Esta premisa no se puede aplicar a todo, y a veces habrá relaciones que se vayan a pique por un desliz de una persona. Pero primero tenemos que cuidar de nosotros mismos, sobre todos los demás.

José Maria Tabares

Ciao.

domingo, 26 de octubre de 2014

¿Cómo afrontar el: "hoy no puedo más"?



Hay días y días. Y todos nosotros hemos vivido esos en que sin saber muy bien cómo, no podemos salir de la cama para ir a trabajar. Para salir de casa y vestirnos con esa cotidianidad tan común donde uno es persona y avanza con tranquilidad con sus responsabilidades.

Nuestro cuerpo, y ante todo nuestro cerebro, disponen de magníficos mecanismos de defensa que nos permiten a menudo esconder nuestros problemas, heridas y debilidades mediante una férrea coraza donde aparentar sencillamente, “que no ocurre nada”.
Ponemos el “piloto automático” y funcionamos con más o menos eficacia a lo largo de las semanas e incluso los meses. Pero llegará. Finalmente llegará ese instante en que aparecerá el verdadero problema y nuestro cuerpo deje de reaccionar. Perdemos las fuerzas y la debilidad nos impide ponernos en pie.

Esta vez nuestro cerebro ya es incapaz de aportarnos ese sedante suave donde se disimulan los problemas. En esa ocasión abre las ventanas y deja emerger todo lo que hay escondido.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo superar eso días en que, sencillamente, “no podemos más”?

1. APRENDER A ESCUCHARNOS

Son muchas las razones que están detrás de estas realidades. La más común sin duda son las situaciones asociadas a un alto nivel de estrés. A la ansiedad. A problemas no afrontados. Una de las finalidades que tiene el estrés en nuestro organismo es la de ponernos en alerta, la de avisarnos que existe algún hecho que nos obliga a ir más deprisa, a elevar nuestro nivel de energía para reaccionar, defendernos y actuar.
Esta situación  podremos soportarla durante un periodo limitado de tiempo. Mientras, el cortisol irá haciendo ligeros cambios en nuestro cuerpo: eleva la tensión, acelera nuestro corazón, estimula nuestro cerebro, perdemos la capacidad de concentrarnos… todo ello, poco a poco y día a día, irá dañándonos por dentro. Dispondremos de nuestro “piloto automático” particular y funcionaremos, pero tarde o temprano, caeremos.
Lo mismo ocurre con cualquier problema afectivo.

Puede que tengamos un problema con nuestras parejas, puede que hayas perdido a alguien y aún no hayas tenido tiempo de afrontarlo. Hay personas que prefieren, sencillamente, volver a su vida normal sin haber experimentado el duelo. Es mejor no pensar, se dicen a ellas mismas. Hasta que evidentemente acaba llegando ese momento en que ya no pueden. En que caen. En que algo les bloquea y les impide funcionar.

Debemos pues permitirnos el don de escucharnos a nosotros mismos. De atender todo eso que acontece en tu interior. Esconder una realidad no puede traernos más que problemas a largo plazo. Hay que tenerlo en cuenta... nadie puede aparentar eternamente que está bien.

2. Claves para superar el “ya no puedo más”

Como ya te hemos comentado, lo esencial sin duda es evitar llegar a estas situaciones. Aprender a gestionar el estrés, a establecer prioridades y asumir todo acontecimiento afectivo o emocional que se suceda en nuestras vidas. Sin desplazarlo. Pero cuando experimentes esta sensación amenazante que nos quita el aire con su  hoy no podrás salir de casa y enfrentarte a tu vida”, vale la pena que pongas en marcha las siguientes pautas.

1. No te obligues. Si tu cuerpo y tu mente te indica que no vas a poder, escúchate y no fuerces lo inevitable. Si te inclinas por hacer el esfuerzo, coger el coche e ir a trabajar, lo más probable es que tu cuerpo reaccione con mareos y vómitos. Ha llegado el momento de obedecer y quedarte quieto/a. Es el momento de afrontar algo y de pensar en ti.

2. A partir de ahora tú vas a ser la prioridad en tu lista de obligaciones. Ha llegado el momento de atenderte y escucharte, lo mereces y necesitas hacerlo. Necesitas tiempo para ti. Averigua que ha desencadenado ese estado en el que te encuentras. ¿Es el trabajo? ¿Es alguien de tu círculo afectivo? ¿Ocurre algo contigo mismo/a?  Analízalo con calma. Piensa en cómo te sientes y expresa tus sentimientos. Si necesitas llorar llora, si necesitas enfadarte, enfádate. El desahogo es esencial para después, iniciar el cambio.

3. Cuando hayas entendido qué origina tu estado, con calma, piensa en posibles soluciones. Piensa en cómo deseas sentirte de verdad y qué deberías hacer para conseguirlo. Piensa en objetivos asumibles. “Deseo estar tranquilo, llegar a casa y no pensar en nada más que en mi familia. Entonces ¿hace falta que siga teniendo las mismas responsabilidades en el trabajo?” “Deseo dejar de preocuparme, ser yo misma y recuperar mi autoestima. Entonces ¿no sería mejor que dejara a mi actual pareja que tan infeliz me hace?”. Vale la pena que hagamos estos razonamientos.

4. Una vez esclarecido a qué se debe nuestro estado, y conociendo cuales pueden ser los pasos para mejorar, es el momento de tomar decisiones. En ocasiones, dependiendo del problema en sí, hará falta tomar actuaciones dástricas. En otros casos, podemos ir poco a poco para ir cogiendo confianza y seguridad.
Convéncete a ti mismo, que todo en esta vida tiene solución.

Piensa que lo más importante es tu felicidad, tu tranquilidad, el despertarte cada mañana con una sonrisa y no con miedo. Nadie debería llegar a este estado. Si está en nuestra mano el volver a sentirnos bien, no lo dudes, hazlo. Tienes todo el derecho a ser feliz y sin duda lo mereces.

Valeria Sabater

Ciao.