lojeda
MIS PENSAMIENTOS. CREADO EL 12-03-07
lunes 5 de marzo de 2012
Dios cree en ti
Tal vez por tu forma de actuar o ver la vid, muchas personas han perdido la fe en ti.
Yo se que ese sentimiento es doloroso y muy triste, pero nuestro comportamiento y nuestra vida no puede depender de la aceptación de los demás.
Como seres humanos cometeremos equivocaciones a lo largo de nuestra existencia, y con cada error abra una lesión que aprender.
Solo recuerda que tanto en los buenos momentos como en los malos, existirá Álguien que siempre creerá en ti, y lo hará porque es tu Creador…. ¡Que nunca se te olvide eso !
Ciao.
domingo 4 de marzo de 2012
Nuestro particular Tabor
Esta reflexión, me la acaba de mandar un amigo misionero que tengo en Ecuador. Es, parece ser, la adaptación de un power point, que tan realizado para reflexionar en un encuentro que han tenido ellos en el vicariato de su parroquia.
Me ha parecido sencillamente preciosa, y muy a propósito, ya que el Evangelio de hoy domingo nos habla de la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor.
Esta reflexión, nos recuerda qué es lo que tenemos que vivir, para ser unos auténticos, discípulos de Cristo y poder vivir en Su sencillez.
Cuando te has olvidado de ti mismo,
cuando te has agotado en el servicio a los últimos,
cuando has aceptado el sufrimiento como compañero,
cuando has sabido perder,
cuando ya no pretendes ganar,
cuando has compartido lo que tú necesitabas,
cuando te has arriesgado por el pobre,
cuando has enjugado las lágrimas del inocente,
cuando has rescatado a alguien de su infierno,
cuando te has introducido en el corazón del mundo,
cuando has puesto tu voluntad en las manos de Dios,
cuando te has purificado de tu orgullo,
cuando te has vaciado de tanto acopio superfluo,
cuando te sientes herido...
brilla en ti, gratis, la luz de Dios,
sientes Su presencia irradiando frescura primaveral,
y Su perfume te envuelve y reanima.
Ya no necesitas otros tesoros.
Dios te acompaña, te habla, te protege.
Te sientes esponjado en un mar de dicha...
Y no estás en las nubes,
es un Tabor que se te ofrece gratis,
para que disfrutes ya lo presente
y camines firme y sin temores.
Enviada por mi amigo Luife
Ciao.
sábado 3 de marzo de 2012
Atrás queda lo malo
Atrás queda lo malo...demos paso a lo bueno en nuestras vidas...
El pasado es parte de quienes somos, incluso los errores y sufrimientos del pasado lo son. Pero a veces le damos demasiada importancia al pasado y lo convertimos en nuestro eterno presente.
¿Por qué nos aferramos al sufrimiento? ¿Por qué no olvidamos? ¿Por qué nos seguimos comiendo la cabeza por el pasado?
Hoy es el día perfecto para proponerme cambiar las cosas, pero también es bueno recordar porqué un día me sentí tan mal.
"Pensé en el amor que se fue y que nunca más regresará, en la esperanza perdida, en esa mirada interminable como queriendo detener el tiempo y regresar atrás"...
Pero atrás no hay nada bueno ni rescatable, atrás sólo hay heridas, olvido, dolor y la indiferencia de la persona que se fue. Y pese a todo, se han formado murallas en el alma de quien no quiere dejar el pasado ir.
¿Por qué seguir aferrándonos al sufrimiento? La vida es demasiado hermosa como para seguir sufriendo por lo pasado. Si nos pasamos el tiempo mirando atrás nos perderemos lo que está delante nuestro.
El amor, la alegría, los deseos de vivir... Dejemos definitivamente atrás el dolor y las ganas de no seguir viviendo. Ya hemos tenido suficiente. No tiene sentido querer volver lo que dejamos atrás. El renunciar es más digno, debemos amarnos a nosotros mismos más, lo suficiente como para no permitir que sigamos encerrados en esos barrotes del pasado.
El pasado ya pasó y nadie ni nada lo podrá cambiar, el presente está delante con muchas puertas abiertas para reír, para amar y ser amadas. Hay lugar para que llegue la persona adecuada a nuestras vidas, hay lugar para esos deseos de ser amadas.
¿Por qué negarnos a ser felices? ¡Basta! ¡Basta de pensamientos que destruyen el alma y los sentimientos! Todo esto sólo provoca que nos convirtamos en nada o en nadie, así que ánimo, hay mucho más por lo cual vivir, conocer y descubrir. Queda mucho por descubrir dentro de cada una de nosotros, mucho más que aún podemos hacer y dar... Dar, sí, dar, esa acción que nos hace más nobles y dignas.
Cuando se cierra una puerta, otra se abre.
Merecemos más...
Estas palabras son para vosotros que puede que penséis que habéis perdido la batalla pero no la guerra. Sed felices y sed agradecidas por todas las cosas que nos pasa y sucede, pues de toda experiencia se aprende y de todo dolor nace un gran perdón que nos hace mejores personas.
Sonreid, que es la mejor medicina para el alma y tomad vuestro saco del dolor, del sufrimiento, de las heridas y todo de aquello que no queráis seguir cargando y tiradlo por un precipicio tan profundo que nunca más se deje ver el dolor, las lagrimas, el sufrimiento y la soledad.
Caminad erguidos con la frente en alto, porque en ese camino Dios os pondrá la persona con un corazón parecido al vuestro y seréis tan felices que nunca más os acordaréis de las malas cosas que vivistéis.
Todo lo vivido y sufrido será como aguas que pasaron, recordad lo que os digo y tened el corazón abierto, para ayudar y dar al que necesita una palabra de aliento, a su debido tiempo Dios os lo devolverá doblemente.
Ciao.
viernes 2 de marzo de 2012
Palabra de Vida Marzo 2012
«Señor ¿a quién iríamos? Sólo tus palabras dan vida eterna» (Jn 6, 68).
A la muchedumbre que acudía a Él, Jesús le hablaba del Reino de Dios. Lo hacía con palabras sencillas, mediante parábolas tomadas de la vida cotidiana y, aun así, sus palabras tenían un atractivo muy especial. La gente quedaba impactada por su enseñanza porque enseñaba como alguien que tiene autoridad, no como los escribas. Incluso los guardias que fueron a arrestarlo, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos les preguntaron por qué no habían ejecutado las órdenes, respondieron: «Nadie ha hablado jamás como este hombre”.
El Evangelio de Juan refiere coloquios luminosos con algunas personas, como Nicodemo o la samaritana. Con sus apóstoles Jesús profundiza aún más: habla abiertamente del Padre y de las cosas del Cielo sin recurrir ya a símiles. Conquistados por sus palabras, no dan marcha atrás ni siquiera cuando no las comprenden del todo o cuando éstas parecen demasiado exigentes. «Esta enseñanza es inadmisible», le dijeron algunos discípulos cuando oyeron que les iba a dar a comer su cuerpo y a beber su sangre.
Viendo que los discípulos se echaban atrás y ya no iban con Él, Jesús les preguntó a los doce apóstoles: «¿También vosotros queréis dejarme?» Pedro, cautivado ya para siempre y fascinado por las palabras que le había oído pronunciar desde el día en que lo conoció, respondió en nombre de todos:
«Señor ¿a quién iríamos? Sólo tus palabras dan vida eterna».
Pedro había comprendido que las palabras de su Maestro eran diferentes a las de los demás maestros. Las palabras que proceden de la tierra, son de la tierra y tienen en la tierra su destino. Las palabras de Jesús son espíritu y vida porque vienen del Cielo, son una luz que desciende de lo Alto y tiene el poder de lo Alto. Poseen una riqueza y una profundidad que las demás palabras no tienen, ya sean de filósofos, de políticos o de poetas.
Son palabras de «vida eterna» porque contienen, expresan y comunican la plenitud de una vida que no tiene fin porque es la misma vida de Dios. Jesús resucitó y está vivo.
Aunque pronunció sus palabras hace tiempo, no son un simple recuerdo, sino palabras que hoy nos dirige a todos nosotros y a cada persona de cualquier tiempo y cultura: palabras universales, eternas. ¡Las palabras de Jesús! Debieron de ser su mayor obra de arte, por así decir. El Verbo hablando en palabras humanas... ¡Qué contenido, qué intensidad, qué acento, qué voz!
Cuenta, por ejemplo, san Basilio el Grande: «Un día, como despertándome de un largo sueño, miré la luz maravillosa de la verdad del Evangelio y descubrí la vanidad de la sabiduría de los príncipes de este mundo». Y Teresa de Lisieux escribe en una carta del 9 de mayo de 1897: «A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales…, mi pobre espíritu se fatiga muy pronto, cierro el docto libro que me quiebra la cabeza y me deseca el corazón y tomo en mis manos la Sagrada Escritura. Entonces todo me parece luminoso, una sola palabra abre a mi alma horizontes infinitos, la perfección me parece fácil». Sí, las palabras divinas sacian el espíritu, hecho para lo infinito; iluminan interiormente no sólo la mente sino todo el ser, porque son luz, amor y vida. Dan la paz –la que Jesús llama suya: «mi paz»– incluso en los momentos de turbación y de angustia. Dan alegría plena incluso en medio del dolor que a veces atenaza el alma. Dan fuerza, sobre todo cuando sobrevienen el abatimiento o el desánimo. Nos hacen libres porque abren el camino de la Verdad.
«Señor ¿a quién iríamos? Sólo tus palabras dan vida eterna».
La Palabra de este mes nos recuerda que el único Maestro al que queremos seguir es Jesús, aun cuando sus palabras puedan parecer duras o demasiado exigentes: ser honestos en el trabajo, perdonar, ponerse al servicio del otro en lugar de pensar egoístamente en uno mismo, permanecer fieles en la vida familiar, asistir a un enfermo terminal sin ceder a la idea de la eutanasia… Hay muchos maestros que nos incitan a soluciones fáciles, a componendas. Queremos escuchar al único maestro y seguirlo porque sólo Él dice la verdad y sus palabras «dan vida eterna».
Así podremos repetir nosotros también las palabras de Pedro. En este tiempo de Cuaresma en que nos preparamos a la gran fiesta de la Resurrección, debemos seguir de verdad la enseñanza del único Maestro y hacernos discípulos suyos. También en nosotros debe nacer un amor apasionado por la palabra de Dios: acojámosla atentamente cuando se proclame en las iglesias, leámosla, estudiémosla, meditémosla… Pero sobre todo estamos llamados a vivirla tal como enseña la Escritura misma: «que pongáis en práctica esa palabra y no simplemente que la oigáis, engañándoos a vosotros mismos». Por eso cada mes nos fijamos en una en particular y dejamos que penetre en nosotros, que nos moldee, que «nos viva».
Al vivir una palabra de Jesús vivimos todo el Evangelio, porque en cada palabra suya Él se da completamente, viene Él mismo a vivir en nosotros.
Es como una gota de sabiduría divina del Resucitado que lentamente penetra y sustituye nuestro modo de pensar, de querer y de obrar en todas las circunstancias de la vida.
Chiara Lubich
Ciao.
jueves 1 de marzo de 2012
¿Católicos o cristianos? He ahí el dilema
En algunos católicos hay serios problemas de identidad por el uso inadecuado de dos términos que son sinónimos e inseparables: cristianos y católicos.
De protestantes a cristianos
Desde el siglo XVI, los grupos que se separaron de la única Iglesia de Cristo, a raíz de la Reforma luterana, empezaron a llamarse protestantes. Esto ocurrió en los mismos inicios de la Reforma, ya desde 1529. Así se llamaban a sí mismos y de esta forma aprendimos a llamarlos. Era el nombre común de las distintas denominaciones surgidas en el seno del cisma protestante, utilizados desde sus orígenes hasta nuestros días.
Pero desde hace algún tiempo empezaron a llamarse simplemente cristianos. Lo hicieron como estrategia proselitista, omitiendo precisar el nombre de la propia denominación.
Problema de identidad
El problema es que también nosotros empezamos a llamarlos de esa forma, quedando como términos opuestos dos términos que siempre han sido sinónimos y que son y deben seguir siendo inseparables: cristianos y católicos.
Se ha llegado tan lejos que católico parece ser ahora, en la mente de muchos protestantes, sinónimo de no cristiano. Pero también en la mente de los católicos sucede algo parecido. Si alguien pregunta: ¿Eres cristiano?, no falta alguien que responda: No, soy católico.
En conclusión, hemos llegado a tener serios problemas de identidad.
Los católicos somos cristianos
Por eso es importante precisar que los católicos nos llamamos cristianos desde los tiempos apostólicos, desde la época en que vivieron san Bernabé y san Pablo, como puede leerse en los Hechos de los Apóstoles y en otros escritos del Nuevo Testamento.
Los cristianos somos católicos
Pero también es importante precisar que los cristianos nos llamamos católicos desde los inicios de nuestra Iglesia, como la atestigua la carta de san Ignacio de Antioquía a la comunidad de Esmirna, escrita hacia el año 107, pero que refleja una tradición anterior, pues san Ignacio dice con mucha naturalidad:
«De manera que dondequiera que está el obispo, ahí está la Iglesia Católica».
Los seguidores del Camino
El primer nombre de nuestra Iglesia fue el Camino (cf. Hch 18, 25-26; 19, 9.23; 22, 4; 24, 14.22), porque la fe cristiana no es sólo un conjunto de enseñanzas y doctrinas, sino un estilo de vida, un camino de fe donde se vive la enseñanza de Cristo (Mt 28,18-20) y los Apóstoles (Hch 2, 42-47). Por eso nos llamaban los seguidores del Camino (Hch 9, 2). En Antioquía, donde se anunció valientemente el Evangelio a raíz del martirio de san Esteban y la subsiguiente persecución contra la Iglesia, sucedió algo de trascendencia histórica. Escuchemos a san Lucas:
Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos» (Hch 11, 26b).
Desde entonces, los que creemos en Jesús, adoptamos este bello nombre (1Pe 4, 16), porque expresa lo esencial de nuestra fe: nuestra adhesión y pertenencia a Cristo, a quien reconocemos como único Salvador y único Señor (Rm 10, 9-10), por el misterio de su encarnación y el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Conviene precisar que el término «cristianos» aparece pocas veces en el Nuevo Testamento (1Pe 3, 16; 1Pe 4, 16; Hch 11, 26; Hch 26, 28; 3Jn 7), pero se ha convertido en nuestro nombre porque subraya lo esencial de nuestra pertenencia a Cristo: Somos cristianos porque creemos en Cristo y estamos íntimamente unidos a él por el bautismo.
Católica desde el principio
Nuestra Iglesia se llamó católica desde el principio, como lo atestigua el Símbolo de los Apóstoles. En este credo proclamamos nuestra fe en la Santísima Trinidad y en su designio de salvación. También manifestamos nuestra adhesión a la Iglesia cuando decimos: Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, pues el Señor Jesús fundó esta Iglesia y le encomendó anunciar el Evangelio a toda la creación, es decir, a todo el universo (cf. Mc 16,15). Hay que recordar, en este contexto, que la palabra católica significa universal.
«Cristiano es mi nombre y Católico mi apellido»
San Paciano, obispo de Barcelona, resume, a principios del siglo IV, con mucha claridad la estrecha relación entre cristiano y católico señalando lo siguiente:
«Cristiano es mi nombre y Católico mi apellido. Aquél expresa lo que digo ser; el otro me demuestra como soy. Éste me da por bueno; aquél me significa.» (Primera carta a Simproniano).
San Paciano también señala lo siguiente hablando de la Iglesia:
«La Iglesia es católica porque es una en todos y una sobre todos».
Y explica el significado del término católico con estas bellas palabras:
«Católico quiere decir: Dondequiera, uno; o como los Doctores piensan obediencia de todo a los mandamientos de Dios, naturalmente. De donde dice el Apóstol: Si sois obedientes en todo (2Cor 2, 9).
Y en otra ocasión: Pues como, por la desobediencia de uno, muchos fueron los pecadores, así también, por la obediencia de uno, muchos serán hechos justos (Rm 5, 19). Así pues, el que es católico es obediente a lo que es justo; y el que es obediente, ya es cristiano; y de este modo el católico ya es cristiano. Por lo cual, nuestro pueblo es distinguido del pueblo herético por el solo hecho de llamarse católico».
Conclusión
Así pues, somos cristianos porque creemos en nuestro Señor Jesucristo; somos católicos porque formamos parte de la Iglesia que él fundó, que es universal, que es católica, y que conserva la plenitud de la verdad y de los medios de salvación (1Pe 3, 15; Mc 16, 15-16). Los dos términos son, desde un principio, un binomio inseparable.
Podemos concluir esta cuestión repitiendo las palabras de Jesús con relación al Sacramento del Matrimonio:
Pues bien, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19, 6b).
No separemos estos dos términos que nos describen desde la fundación de nuestra Iglesia. Recuerda siempre: «Cristiano es mi nombre; Católico es mi apellido».
P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap
Ciao.
miércoles 29 de febrero de 2012
El valor de la ética
Se habla mucho en estos últimos tiempos del comportamiento ético de políticos y personajes públicos. Un comportamiento lleno de errores, de corrupción y de escándalos económicos. Sería bueno preguntarse si todas estas personas sabrán que sus cargos se deben a un comportamiento ético, que haga de ellos y de sus cargos personas íntegras. Pero no solo ellos están sometidos a un comportamiento ético. Todos debemos ser veraces a la hora de actuar en nuestra vida.
Mirad este artículo que me acaban de mandar por correo electrónico, que habla del comportamiento ético y de cómo deberíamos actuar. Una vez más lo comparto con vosotros, porque me ha parecido de una calidad estupenda, y de una claridad que no nos dejará ninguna duda.
El valor en la ética incluye el decir sin temor lo que va en contra del comportamiento ético, sin tener miedo de lo que se dice y a quien se le dice, sin importar las consecuencias o represalias que puedan sobrevenir.
Es plantarse con dignidad en la más pura verdad y no intimidarse por decirle al otro, sea quien sea, que lo hecho por el no es correcto.
Decir la verdad y desenmascarar con valor no es fácil, es hacerse impopular a las élites de mediocridad disfrazadas de conocimiento, es tener que enfrentarse a calumnias, ridiculizaciones, ofensas, pérdidas y otras clases de bajezas.
Sin embargo, esto no debe intimidar a las personas éticas y por tanto virtuosas, ya que al expresar la verdad y desnudar la mentira no se busca ganancia personal, felicidad o provecho, aunque paradójicamente el obrar con valor nos hace dignos de la felicidad y del bien.
Se debe tener el valor de decir la verdad, así nuestro silencio nos pueda ser provechoso, por que esta ganancia necesariamente será falta de pulcritud y de autenticidad y traerá el mal a muchos. Se debe ser valiente al decir la verdad así ésta sea tomada y convertida en mentira por el necio y falto de ilustración, desde su reducida óptica y así luego sobre su mentira cree una verdad sin sustento, pero que por asuntos del poder, violencia o dinero pueda volverse dogma o paradigma.
Hay que tener el valor para cumplir con el deber de ser excelente y no permitir mentiras disfrazadas con discursos falsamente fundamentados y que necesariamente llevarán al beneficio de pocos, es decir, de esa cumbre de mediocres que se viene apoderando de todo, ya sean medios de comunicación, salud, medio ambiente ciencia y tecnología, por mencionar solo algunas instancias.
Sí, no debe temblar la voz y así tiemble, se ha de tener el valor de decirle al mediocre, que es mediocre y que está perjudicando a muchos con esa actitud
egoísta y personalista. También se le debe decir que finalmente es un cobarde que esconde su falta de excelencia en el dominio de otros, pero que este poder finalmente no tiene base ni validez.
Se ha de tener el valor de decirle a quien corresponda, que se debe respetar la autonomía de las personas, porque esta autonomía es la exigencia de la dignidad del hombre; también exige valentía el ser benévolo, el ayudar al necesitado dejando de pensar siempre primero en sí mismo o en los nuestros; esta virtud es en verdad para los más valientes, para hombres llenos de ética, la rectitud de opinión, es decir plenos de verdad. Ese valor se funda en el deseo de libertad cuya esencia es la verdad y solo así la buena deliberación será una rectitud conforme a lo conveniente con relación a un fin, cuya prudencia llevará a un juicio verdadero y justo.
En otras palabras, el ignorante, el necio, el violento y otros por el estilo son necesariamente cobardes, se achican ante la verdad, ante la ética y ante el virtuoso. Es por esto que lo único que intentan es callarlo y descalificarlo. Por que la mediocridad genera violencia y la violencia tiene como esencia el no dialogar, lo que busca es silenciar, callar el error, la falta de preparación y de excelencia en el obrar.
El valor en los actos, adquiere valor moral solo si es realizado con buena voluntad, que en ningún caso es puritana ni cobarde, pero siempre bella y estética; es decir, hay buena voluntad si existe una razón moralmente válida que justifique la acción.
El valor de que hablo preserva los principios morales y éticos, que el vicio y la cobardía destruyen; es de hombres prudentes no solo por su saber, sino por su capacidad de obrar rectamente. Ese valor desea el bien del otro por el otro mismo, porque lo respeta y lo valida como persona, por eso no teme decirle al que se aleja del bien que su obrar no es correcto.
Egoísta y personalista. También se le debe decir que finalmente es un cobarde que esconde su falta de excelencia en el dominio de otros, pero que este poder finalmente no tiene base ni validez.
Se ha de tener el valor de decirle a quien corresponda, que se debe respetar la autonomía de las personas, porque esta autonomía es la exigencia de la dignidad del hombre; también exige valentía el ser benévolo, el ayudar al necesitado dejando de pensar siempre primero en sí mismo o en los nuestros; esta virtud es en verdad para los más valientes, para hombres llenos de ética, la rectitud de opinión, es decir plenos de verdad. Ese valor se funda en el deseo de libertad cuya esencia es la verdad y solo así la buena deliberación será una rectitud conforme a lo conveniente con relación a un fin, cuya prudencia llevará a un juicio verdadero y justo.
En otras palabras, el ignorante, el necio, el violento y otros por el estilo son necesariamente cobardes, se achican ante la verdad, ante la ética y ante el virtuoso. Es por esto que lo único que intentan es callarlo y descalificarlo. Por que la mediocridad genera violencia y la violencia tiene como esencia el no dialogar, lo que busca es silenciar, callar el error, la falta de preparación y de excelencia en el obrar.
El valor en los actos, adquiere valor moral solo si es realizado con buena voluntad, que en ningún caso es puritana ni cobarde, pero siempre bella y estética; es decir, hay buena voluntad si existe una razón moralmente válida que justifique la acción.
El valor de que hablo preserva los principios morales y éticos, que el vicio y la cobardía destruyen; es de hombres prudentes no solo por su saber, sino por su capacidad de obrar rectamente. Ese valor desea el bien del otro por el otro mismo, porque lo respeta y lo valida como persona, por eso no teme decirle al que se aleja del bien que su obrar no es correcto.
La vida posee carácter sagrado, absoluto e inviolable en cualquier circunstancia y sin excepciones.
El respeto por la vida incluye el que todos debemos ser tratados como agentes autónomos, y si alguien llegase a tener disminuida su autonomía, siempre debe tener derecho a máxima protección.
En verdad hay que tener valor para reconocer en la justicia la verdad central de la ética y así las acciones que tienen fines en sí mismas ostentan tal primacía axiológica, que invita a realizarlas.
Todas las virtudes se unifican en una sola virtud: el saber.
Todos los vicios se unifican en un solo vicio: la ignorancia.
Por tanto, la ética hace posible distinguir racionalmente lo correcto de lo simplemente aceptado y lo válido de lo vigente. Solo así la decisión ética se expresará en acuerdos y no en pactos estratégicos, ya que cualquier pacto estratégico desvirtúa el carácter ético de la decisión.
Ciao.
martes 28 de febrero de 2012
La Madre Teresa dijo...
"Mi vocación es vivir para los demás"
En Calcuta, India, la Madre Teresa nos da una definición de la caridad: "Es ayudarnos los unos a los otros. Ya Cristo lo dijo: Lo que hagas con el último de tus hermanos lo estás haciendo conmigo. Esa es la caridad. Así, cuando él llegue a nosotros, podrá decirnos: Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, estuve desnudo y me cubristeis, enfermé y me visitasteis. De cierto os digo que cuanto hicisteis por mis hermanos más pequeños lo hicisteis por mi. Es necesario creer en su palabra para poder reconocer su mensaje y su manifstación a través de los demás. Debemos tener el corazón puro para ver a Dios en los pobres, en la gente que sufre. Y debemos enseñar a la gente que no sabe hacerlo. El error de muchos es buscar la luz en la oscuridad. Debemos aprender a buscar la luz donde está la luz".
Su obra es un mensaje de amor. Su trabajo demuestra que una convicción verdadera siempre está acompañada por una acción, que el amor en acción es servicio.
La Madre Teresa dijo...
"Cuando veo a alguien muy triste le digo que beba un vaso con agua, y si ni siquiera eso tiene, le digo entonces que salga al aire libre y mire las estrellas en el cielo, su evidente simetría, que mire las nubes, los arreboles en la atmósfera, el cielo, y que entienda que le puede pedir al hacedor de ese orden, que le pida a Dios, que él siempre, pero le digo "siempre", encontrará la forma de saciar su sed, porque Su mano siempre está tendida esperando por nosotros, porque bajo el cielo no hay un solo ser vivo que quede por siempre completamente desamparado. "
Indira Gandhi decía que conocerla es sentirse completamente humilde, percibir la fuerza de la ternura y el poder del amor. Es que en su presencia todos nos sentimos un poco humillados y avergonzados de nosotros mismos, porque lo más extraordinario en ella es que se ve una mujer completamente normal, y si existe algo mágico en su persona es la profundidad azul de su mirada, que viene quizás de qué pasado remoto y más sabio, porque en ella todo es humildad. Aunque sea unos breves minutos, pienso, nadie puede quedar impasible ante su presencia.
La Madre Teresa dijo...
"A medida que fui viendo lo que Dios hacía a través de mi trabajo, porque nosotras somos religiosas, nuestro trabajo es una materialización de nuestra fe, de una actitud religiosa frente a la vida. La vocación en nosotros no es el servicio que prestamos a los leprosos o a los moribundos, sino que nuestra vocación está en pertenecer a Jesús. Y como somos de El, nuestro trabajo es el medio para expresar el amor que nos inflama. De modo que no es un fin, sino un medio, porque vemos a Cristo en cada persona que tocamos, cada persona a la que brindamos ayuda tiene Su rostro. Así de sencillo. Porque si pertenecemos a Cristo, El debe poder hacer uso nuestro, es un complemento mutuo. "
La Madre Teresa dijo...
"El comienzo de la humanidad en el hombre empieza cuando se da cuenta de que la vida no le es indiferente y se dispone a contemplarla como algo indescifrablemente misterioso. La confirmación moral en el hombre se hace real cuando dejamos de vivir simplemente al acaso y nos involucramos con nuestra propia existencia. Allí empieza nuestra evolución ética, que tiene como primer paso un sentido de solidaridad con otros seres. Es cuando comenzamos a reflexionar acerca de nosotros mismos, cuando nos cuestionamos nuestra relación con los demás, y sinceramente nos damos cuenta de que todos somos iguales, y ensanchamos el círculo de nuestras obligaciones hasta abarcar a toda la gente que nos rodea. - Eso es algo muy difícil si no existe la fe...
No existe la fe, hijo, cuando uno no cree en uno mismo. Porque cuando uno se descubre a sí mismo, descubre que tiene un deber para con todos los seres humanos. Descubre la fe. Mientras no dejemos de obedecer a esa convencional ley de reserva que nos hace ser fríos entre nosotros, y nos impide mostrarnos tan cordiales como en realidad somos, no descubriremos que el hombre pertenece al hombre. El ser humano tiene derecho a ser humano."
La Madre Teresa dijo...
"Nunca sabremos cuánto logramos ni cuánto le damos a la humanidad, eso permanece oculto a nuestros ojos, y así debe ser, aunque siempre nos es dada la posibilidad de vislumbrar algo que nos indica que no debemos perder la fe en nuestros esfuerzos"
"Un amor no es verdadero cuando es empleado con fines egoístas. Una persona puede decir a otra que la quiere, pero al mismo tiempo puede desear aprovecharse de lo que están encerrando sus palabras; al mismo tiempo puede estar pensando tomar de la otra todo lo que pueda. El verdadero amor es dar, no es recibir; si no es así, no es un verdadero amor en absoluto. El verdadero amor duele, porque así es. Tiene siempre que doler porque es doloroso renunciar a sí mismo por alguien, por eso es doloroso, porque es total entrega. El que ama verdaderamente está dispuesto a morir por el objeto de su amor, y así debe ser. Cuando la gente se ama, tiene que renunciar a todo para amarse mutuamente, sin interferencia alguna, porque el amor unifica; por eso es cosa de dos para hacerse uno; por eso el amor absoluto es el verdadero amor."
Ciao.
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