sábado, 23 de agosto de 2014

¿Qué diferencia hay entre el TODO y el todo?



¿Qué diferencia hay entre el TODO y el todo? ¿Por qué, por un lado, busco sentirme en la plenitud del TODO y, por el otro, busco todo el prestigio, todo el poder, la totalidad de tal o cual persona que deseo, toda la inteligencia, todos los privilegios, toda la belleza, todo el reconocimiento... para mí?

Podría decirse que el TODO es Dios y el todo no es Dios. No obstante, el "todo" no tiene por qué ser malo.
Dicho de otro modo, un medio, aunque sea bueno, si lo convertimos en fin en sí mismo se convierte en perjudicial puesto que el fin no puede ser otro que Dios. De ahí la importancia del discernimiento para poder llegar a elegir entre dos cosas buenas.
Ignacio lo intuyó a medida que se fue conociendo:
El Buen espíritu es el que nos deja en paz, sosiego y gozo y, en cambio, el mal espíritu es el que nos hace sentir ansiedad, insatisfacción e inquietud.
Así pues, ¿Cómo me siento yo? ¿Por quién me dejo guiar?

Espiritualidad ignaciana

Ciao-

viernes, 22 de agosto de 2014

¿En qué debería centrar mi atención cuando rezo el Rosario?



«María propone continuamente a los creyentes los "misterios" de su Hijo, con el deseo que sean contemplados, para que puedan derramar todas su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con el recuerdo y con la mirada de María».

Por eso, cuando rezamos el Rosario, lo rezamos con María y a través de los ojos de María, centrando nuestra atención, al igual que ella, en Jesús mismo.
Nuestra primera tarea al rezar el Rosario es unirnos a María en cada escena (misterio) que se presenta. Al hacerlo, le pedimos su ayuda y sus oraciones mientras contemplamos a Cristo. Para traer esta realidad más cerca de nuestro corazón, podemos imaginarnos que estamos de pie al lado de María. Los dos miramos a Cristo en su agonía en el huerto. Le susurramos a nuestra Madre que ruegue por nosotros mientras consideramos lo que Cristo sufre. Le repetimos nuestra petición mientras los dos continuamos penetrando más profundamente el misterio.

Principios para mantener la paz

Sin importar dónde nos encontremos después de nuestro esfuerzo inicial por centrar nuestra oración en Cristo, hay varios principios que pueden ayudarnos a mantener la paz cuando nos distraemos:

• Las distracciones son normales: Nuestro trabajo consiste en rechazar la distracción de manera apacible, ejercitando nuestra voluntad, y regresar nuestra atención a Dios. Si pasamos todo nuestro tiempo de oración volviéndonos hacia Él, la hemos hecho bien.
• Cristo es la clave: Cada vez que nuestros corazones se sientan atraídos hacia Cristo, debemos procurar dejarnos atraer. Algunas veces, debemos seguir esta atracción hasta la contemplación silenciosa en la que dejamos de lado la oración vocal o discursiva para simplemente contemplarlo a Él. Si no estamos obligados por algún compromiso religioso a rezar oraciones de alguna forma específica, tenemos la libertad de dejar estas oraciones formales, una vez que ellas nos han llevado a la verdadera razón y al más alto objetivo de nuestro esfuerzo en la oración: adorarlo a Él.

Al final, lo importante es que tu alma descanse en Él y en la obra que Él realiza en ti. Sí, debes esforzarte en aumentar tu devoción y atención a Él en la oración. Sin embargo, cuando nuestros corazones fervientes se topan con la frustración, es buena señal que el enfoque en nuestra oración está mal encaminado.

http://www.la-oracion.com/


Ciao.

jueves, 21 de agosto de 2014

Entrevista a Fernando Alberca


Siempre es bueno que nos den pautas para la educación de nuestros hijos y más si vienen de un profesional como éste, que además es padre de familia numerosa.
Espero que os ayude.

Fernando Alberca: "La infancia es la etapa menos propicia para ser feliz; la felicidad requiere madurez"

Este cordobés es, ante todo, profesor. De niños, adolescentes y también de profesores. Lo ha sido en Andalucía, Extremadura, Asturias y Aragón. Y lo es de la Escuela de Magisterio Sagrado Corazón de la Universidad de Córdoba. Asesor pedagógico en centros del Reino Unido y Suecia, acaba de publicar '99 trucos para ser más feliz' (Almuzara). Está casado y es padre de ocho hijos.

XLSemanal. Los padres queremos que los hijos sean felices. ¿Podemos enseñarles a serlo?

Fernando Alberca. Se puede, pero la infancia es la etapa menos propicia para ser feliz.

XL. Vaya, la primera en la frente. ¿Por qué?

F.A. Porque la felicidad está relacionada con la madurez, la inteligencia y la seguridad. Y la infancia es la etapa en la que el ser humano es más inmaduro, menos inteligente y más inseguro.

XL. Pero muchos la recuerdan como su etapa más feliz...

F.A. No eran tan felices. Se nos olvida lo malo: Los miedos, las dificultades en el colegio, el temor a quedarse solo...

XL. ¿Entonces?

F.A. Lo que pasa es que de adultos echamos de menos que nos quieran con independencia de nuestro comportamiento, no tener responsabilidades y actuar sin medir mucho las consecuencias.

XL. Algo podremos hacer con los hijos.

F.A. Sí. La infancia es el momento perfecto para aprender pautas para ser feliz. Los 12 primeros años son vitales. Luego podemos vivir de las rentas.

XL. ¿Y por dónde empezamos?

F.A. Por la fiesta de cumpleaños. Lo que más llena ese día es la implicación personal de la gente a la que el niño quiere. ¡Nos equivocamos cuando invitamos a toda la clase! Luego le recriminaremos de adolescente que no elija bien a sus amigos.
Los padres se equivocan también si adelantan los regalos. Es importante aprender que las cosas llegan cuando llegan, a tolerar el tiempo.

XL. ¿Qué es lo peor que hacen hoy los padres?

F.A. No enseñarles a los hijos a salvar obstáculos; la sobreprotección. La autoestima sube al superar dificultades. Pero les abrochamos los cordones, les ahorramos disgustos... Un niño al que le resolvemos todos los problemas será un adolescente infeliz. Y lo pagará con sus padres, sobre todo con su madre.

XL. ¿Solo con su madre?

F.A. Sobre todo con ella, pero con su padre también. Y con el mundo en general. Lo encontrará hostil. Le enfadará que sus deseos no se cumplan. Culpará a los padres, a la formación recibida. Será un tirano. Porque ha aprendido a utilizar a las personas, especialmente a sus padres. Si de repente el mundo le da la espalda, se frustra y tiende a la soledad.

XL. Hombre, eso es un poco extremo...

F.A. No. Así son muchos niños. No saben digerir tanta protección y se han hecho incapaces de resolver problemas. Por el contrario, todos los niños exigidos saben que han sido valorados, aunque se rebelen contra la exigencia por la tendencia humana a evitar el esfuerzo. Aunque protesten, a los chavales hay que exigirles. Todos los niños desean ser muy queridos, muy exigidos, y nunca enjuiciados o criticados.

XL. ¡Pero si hacen algo mal habrá que decirlo!

F.A. Por supuesto, pero sin enjuiciarlos. Antes de corregir a su hijo aplique la regla del 5 a 1: Alábelo por cinco cosas bien hechas.
A muchos padres les cuesta encontrar cinco cosas buenas. A la tercera ya la contaminan con algo malo: «El niño se porta bien, pero cuando le da la gana». A los hijos hay que quererlos como son ahora, no como pueden llegar a ser.

XL. Insisto. Si el niño hace una gorda...

F.A. Los hijos deben saber que tenemos un buen concepto de él, pero que todo tiene consecuencias. Esperan un premio mejor no material si actúan bien y les parece bien que los reprendan si actuaron mal.
Lo que les duele es que no les digas nada. Muchos adolescentes que no tienen hora para regresar a casa me cuentan que en el fondo les duele que a sus padres les dé igual.

XL. El niño dice que su profe le ha suspendido porque le tiene manía, ¿Qué hacemos?

F.A. Quizá sea verdad. Pero es un error ir al colegio para solucionarlo. El niño tiene que aprender a reaccionar por sí mismo. El mundo está lleno de injusticias que tendrá que superar.

XL. ¿La felicidad tiene truco?

F.A. Es la mezcla de dos sensaciones. Por una parte, sentirse más querido de lo que uno cree que merece; maravillarse de que alguien te quiera, a pesar de tus defectos.
Por eso es mala la sobreprotección: Crees que lo mereces todo y no aprecias que alguien te quiera. Y, por otra, querer más de lo que uno creía que era capaz. Cuando se dan las dos cosas no solo somos felices, contagiamos la felicidad.

Ciao.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un dictador en casa



Que los hijos sean plenamente felices. Ese es el objetivo máximo para los padres. Y parece loable y hasta lógico. ¿De verdad? Los especialistas empiezan a dudarlo y avisan de sus peligrosas consecuencias. La polémica está servida.

 Los especialistas avisan sobre las consecuencias futuras de una educación sin límites ni frustaciones. Los especialistas avisan sobre las consecuencias futuras de una educación sin límites ni frustaciones.
Todo empieza con un berrinche. La mujer recoge a su hijo de tres años de manos de la canguro, que lo ha llevado al parque. El pequeño, que la ve y que corre a abrazarla. La mamá, que lo levanta y lo cubre de besos. La armonía termina cuando la madre llega a casa y descubre que su criatura ha destrozado un garaje de juguete que ella estuvo montando durante una hora para que él jugase con sus cochecitos. No pasa nada. Pero mientras ella lo repara, el niño lanza trozos del garaje contra las paredes. La madre le recuerda las normas: «No se lanzan cosas». Entonces, él coge una plancha de madera y se la tira a la cabeza. Ella la esquiva. El crío agarra un destornillador. La pataleta termina con el agresor en la cuna antes de tiempo.

La madre es Jennifer Senior, antropóloga estadounidense. Y aquella experiencia la empujó a indagar sobre las miserias de la paternidad. ¿Por qué nos genera tanta angustia? ¿Por qué, de repente, tenemos tantas dudas a la hora de hacer algo que habíamos hecho con éxito durante milenios? ¿Y por qué tantos niños son ahora unos tiranos desde bien pequeñitos? Senior publicó en enero Todo alegría y nada de diversión. La paradoja de la paternidad moderna. Su tesis, popularizada en una charla de TED, es la siguiente: hemos convertido la crianza de nuestros hijos en un auténtico tostón. Para ellos y para nosotros. Sí, hay buenos momentos. Pero son la excepción. Y no es culpa de los críos. No son malcriados por iniciativa propia. Los hemos vuelto así por nuestro propio desconcierto. La raíz del problema: pretender que nuestros hijos sean felices a toda costa es un objetivo loable, pero equivocado.

Esta antropóloga argumenta que el concepto actual de 'paternidad' es tan nuevo que está por definir. «Empezó en los años setenta. Nuestros papeles como padres han cambiado. Y también el de los hijos. Estamos improvisando en una situación que no tiene guion». ¿Pero qué ha cambiado? «El cambio histórico más importante es que los niños trabajaban. Dejaron de hacerlo hace solo unas décadas en el Primer Mundo. Trabajaban en las granjas, en las tiendas familiares, en las fábricas... A los hijos se los consideraba bienes económicos. Gracias a Dios se prohibió el trabajo infantil. El viejo acuerdo no era ético, pero era recíproco. Los padres proporcionaban comida, ropa, alojamiento e instrucción moral a los niños, que en contrapartida aportaban unos ingresos a la economía familiar», explica nuestra antropóloga.

Una vez que los niños dejaron de trabajar se convirtieron en «sujetos sin valor económico, pero con un valor emocional incalculable». De hecho, conviene matizar que no solo dejaron de aportar al presupuesto familiar, sino que son una carga onerosa: en España, según una organización de consumidores, criar a cada hijo cuesta unos 150.000 euros desde los cero a los 18 años. Y ya no se van de casa a los 18 o vuelven a los 36. e hecho, ya no es que los hijos no trabajen para los padres; es que los padres se han convertido en sus sirvientes, chóferes, monitores, dietistas... «Consideramos que ir a la escuela ya no es suficiente para triunfar. Y los apuntamos a inglés, a ballet, a violín, a natación...

Las actividades extraescolares ocupan el tiempo de los niños, pero también el nuestro, que tenemos que llevarlos al entrenamiento o supervisar lo que han hecho», comenta Senior. Además, está la crisis. estamos criando a las primeras generaciones que vivirán peor que sus padres desde la Segunda Guerra Mundial. «Los padres no tenemos ni idea de qué conocimientos van a ser útiles para nuestros hijos, así que los preparamos para todo. Pero el mundo cambia a toda velocidad. Cuando yo iba al instituto recuerda Senior, nos decían que había que aprender japonés. Ahora hay una obsesión por el mandarín. Quizá les pueda servir, no lo sé. Lo que sí deberíamos saber es que no podemos anticipar el futuro. Pero como buenos papás, intentamos preparar a los hijos para todo. Que aprendan ajedrez para desarrollar sus dotes analíticas. Que practiquen algún deporte de equipo para que sepan colaborar. Que sean ahorradores, que sean ecologistas, que no coman gluten. Yo comí toneladas de espaguetis de niña y no me ha ido mal en la vida. Pero asumimos que lo que era bueno para nosotros, ya no es tan bueno ahora. Así que nos angustiamos».

Esa angustia puede estar justificada. Al fin y al cabo, cada hijo supone una inversión de tiempo, esfuerzo, dinero y amor. «Hemos encumbrado a los niños a lo más alto de la jerarquía familiar. Es algo extraño y sin precedentes. Por si fuera poco, crecen en un ambiente en el que no tienen ninguna responsabilidad. Todo lo que queremos para nuestros hijos es que sean felices. Es el objetivo supremo. La felicidad puede ser subproducto de otras cosas, pero no puede ser un objetivo por sí misma. No es como enseñar a arar un campo o a montar en bicicleta. Nuestro intento desesperado por criar niños felices tiene consecuencias», advierte. Las consecuencias se las encuentra cada día en su consulta la psicopedagoga Ana Sánchez Cantera, del Gabinete Sinapsis.

Una de las más frecuentes es la poca tolerancia a la frustración de muchos niños. «Las familias desconocen cómo gestionar las rabietas o comportamientos desafiantes de los hijos. Una pequeña dosis de frustración es necesaria e inevitable a lo largo de la vida, ya que nuestros deseos no son satisfechos de forma inmediata y debemos desarrollar las habilidades y capacidades necesarias para hacer frente a este hecho y que no nos desestabilice», explica. Del mismo modo que estamos criando niños alérgicos por falta de entrenamiento de su sistema inmune, por exceso de limpieza y asepsia, la sobreprotección genera niños intolerantes. «Son muy exigentes, impulsivos e impacientes. No soportan la espera. Creen que lo merecen todo porque todo se les ha dado desde pequeños. Como es normal, los padres satisfacen las demandas vitales de forma inmediata. Pero los hijos van creciendo y sus deseos se van postergando. Entonces se rebelan contra los límites, ya que no entienden por qué no se les da todo lo que quieren».

Sánchez Cantera organiza talleres de tolerancia a la frustración y autocontrol para niños de seis a diez años en colaboración con la Asociación TDAH Palencia. Algunos ejercicios son juegos de rol donde los niños se ven obligados a ponerse en la piel de sus papás. Esto despierta su empatía. Al fin y al cabo, padres e hijos van en el mismo barco. Falta que remen en la misma dirección.Que los reyes de la casa tiendan al despotismo es hasta cierto punto lógico, pero no inevitable. El biólogo John Medina, del Centro de Investigaciones Aplicadas al Cerebro de la Universidad de Seattle, explica que la mente infantil no es capaz de aprender a identificar sentimientos como la tristeza, la preocupación o el miedo sin la ayuda de los padres.

«Una madre que le pregunta a su hijo por qué llora y sea capaz de verbalizar y etiquetar el sentimiento de su pequeño conseguirá que empiece a calmarse. La verbalización tiene un efecto sedante en el sistema nervioso de los niños. Es algo que está medido en laboratorio». Según Medina, «el mejor indicio de que un niño será feliz es que tenga muchos amigos. Para hacer amigos, hay que ser bueno a la hora de descifrar los signos de la comunicación no verbal. Algo que se aprende interactuando físicamente con otros seres humanos. Los mensajes de texto pueden destruir esa capacidad. Los humanos hemos sobrevivido porque formamos grupos sociales cooperativos. Esto nos obliga a emplear mucho tiempo relacionándonos, interpretando las motivaciones de los otros, sus impulsos, sus sistemas de premio y de castigo». Es fundamental una interacción entre padres e hijos, pero no debe ser la única.

«La diferencia de medidas entre el canal del parto y el cráneo del bebé provoca que las mujeres necesiten mucho tiempo para recuperarse. Y que haga falta la ayuda de otros miembros de la tribu para que la cría no muera. Es una impronta que nos viene desde el Pleistoceno. Un bebé está programado para conectar con su madre, pero también con el entorno. Cuando los padres se sienten impotentes, deben entender que la paternidad no es una tarea diseñada para hacerla en solitario».Varios estudios coinciden en que los padres en las sociedades ricas están cada vez más abrumados. Y tan frustrados como sus retoños. Ya lo advirtió Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, que preguntó a 900 mujeres de Texas cuál era la actividad diaria que más satisfacción les proporcionaba.

Cuidar de los niños ocupaba el puesto 16 de un total de 19, por detrás de preparar la comida, ver la tele, hablar por teléfono o incluso limpiar la casa. ¿Cómo es posible? ¿Carecen de instinto maternal? Nada de eso. Sencillamente, están saturadas.En los sesenta, los padres norteamericanos pasaban menos tiempo con sus hijos que hoy. Y eso que la mujer no había irrumpido en el mercado laboral y que ahora las que trabajan tienen menos tiempo de ocio que en 1975, apenas seis horas a la semana. Aun así, el 85 por ciento de los progenitores, según otro informe, piensan que no están lo suficiente con sus hijos, y muchos se sienten culpables por ello. En España, los que fueron hijos del baby boom recuerdan haberse criado en la calle, donde jugaban hasta que se ponía el Sol, cuando sus madres los llamaban a gritos desde los balcones para la cena. A los padres solo se les veía el bigote cuando estaba puesta la mesa. Nadie los ayudó a hacer los deberes. Pero ojito si traían malas notas.

La socióloga Annete Laureau señala que en muchos hogares del primer mundo con un nivel de estudios y de ingresos medio-alto, «los padres practican un estilo de educación agresivo, con muchas actividades fuera de la escuela y frecuentes conversaciones paternofiliales donde todo se debate; y eso es un trabajo muy cansado. Pero se les quedaría mala conciencia si no lo hicieran, como si pusieran en riesgo el futuro de sus hijos al no proporcionarles todas las ventajas competitivas a su alcance». La intención es buena, viene a decir Laureau, pero nos pasamos de la raya. Y de ahí que esté sucediendo lo que señala Matt Killingsworth, psicólogo de la Universidad de Harvard: que pasar ese tiempo que tanto anhelamos con los hijos es lo que, a la postre, menos felices nos hace. Nos da más vidilla, por este orden, pasar un rato con los amigos, con el cónyuge, con parientes...

Estar una hora con los niños se ha convertido en algo tan poco estimulante como estar con un completo desconocido. Pero esa hora en mutua compañía es decisiva para los niños. Y por eso debería ser un tiempo de calidad para ambas partes. Jennifer Senior lo resume así: «Es natural querer que nuestros hijos sean felices, pero deberíamos marcarnos metas más realistas. Por ejemplo, los viejos principios: decencia, ética del trabajo, amor. Y dejar que la felicidad y la autoestima lleguen como consecuencia del bien que hagan, de los logros que consigan y del amor que reciban».

 Carlos Manuel Sánchez - XL Semanal

Ciao.


martes, 19 de agosto de 2014

Expresar nuestros sentimientos


Cuesta expresar cómo nos sentimos. A veces las palabras son incapaces de expresar tanta alegría y plenitud. Sentimos que unas pocas letras no son suficientes para describir tanta fuerza.
Este problema se puede repetir por otros motivos.
Cuando nos sentimos confundidos o invadidos por el miedo y esta vez las palabras tampoco sirven.
No podemos poner nombre a aquello que nos pasa porque no sabemos muy bien qué nos pasa.
Es importante hablar y sacar todo lo que llevamos dentro. Dejarse acompañar en el camino por alguien que nos comprenda, nos respete y nos ilumine.
Expresándonos poco a poco, nos damos cuenta de la mucha vida que tenemos dentro y cómo Dios está presente en ella.
No tengamos miedo a expresar nuestros sentimientos en cada momento, seguro que los demás nos comprenderán.

Ciao.

lunes, 18 de agosto de 2014

¿Qué hace un Padre en Facebook?



Muchos de nosotros tenemos amigos en Facebook. Se ha puesto de moda y todos nosotros tenemos hecho un perfil en esta multitudinaria red social, para compartir con nuestros amigos ideas, fotos, acontecimientos, evangelizar con frases que nos invitan a pensar...
Seguramente muchos nos hemos preguntado porqué un sacerdote tiene también un perfil abierto, si lo suyo debería ser llevar una vida de oración y recogimiento. Yo soy de la opinión de que los sacerdotes deben estar presentes en todas partes, y más si pueden evangelizar desde las redes sociales mucho mejor. Ya lo ha recomendado el propio Papa, invitando a salir de las sacristías a todos los sacerdotes y católicos y a encontrarse con el mundo, en el mundo. Todos tenemos la obligación de acercar a Cristo a los que no lo conocen o a los que lo ignoran y si es desde este gran púlpito, mucho mejor.
Hoy saldremos de dudas, porque el padre Fernando Cerero Ugarte, nos da su respuesta:

Esta es una pregunta que hoy me han hecho. Me han preguntado por qué estoy en el Facebook, que si a caso no debería estar celebrando la Misa.
Hay personas que se quedaron con la imagen del cura del rancho allá encerrado entre la sacristía y el confesionario esperando entre velas que las almas devotas vinieran solas a la confesión o a la celebración de la Misa. Los padrecitos con sotana y breviario en mano esperando a ver que cliente llega para algún sacramento o bendición.
Los tiempos han cambiado y quizá nunca fueron como lo presentaban las películas melosas del siglo de oro del cine mexicano.
Los sacerdotes de hoy vivimos en medio de una jungla humana que se debate entre el desprecio por la Iglesia y un anhelo de pertenecerle al mismo tiempo, quieren a Dios pero sin los compromisos de Dios.
Los católicos de hoy a diferencia de ayer no se saben ni siquiera los mandamientos de memoria.
¿Saben que hago en el Facebook? Buscando a mis ovejas, las ovejas que el Señor me mando a buscar, no están en sus casas, no están en los campos, no están en las colinas, muchos de ellos están en las redes sociales.
En la misa les predico quizá a cincuenta, en una publicación a mil personas por lo menos.
¿Qué hago en el Facebook? Lo convierto en un púlpito para gritar el Evangelio, la verdad creo que no hago mucho, pero al menos hago mi esfuerzo.

Pbro Fernando Cerero Ugarte

Ciao.

domingo, 17 de agosto de 2014

Cuando aprendas a considerar tu vida



Cuando aprendas a considerar tu vida y cuanto hay en ella como el milagro que es, comprenderás enseguida que quejarse es desperdiciar el milagro que eres.
Cada instante que pasas disgustado, desesperado, angustiado, furioso o dolido a causa del comportamiento de otra persona es un instante en el que renuncias al control sobre tu vida.
Obsérvate a ti mismo y a los demás en este mundo disparatado, y después decide que es mejor, pasear por ahí la rabia o desarrollar un sentido del humor que te proporcionará a ti y al prójimo el más preciado de todos los dones: La risa.
En la vida todo es paradoja. Cuanto más desees la aprobación, más contundente será la negativa de los demás a aprobarte; cuanto menos te importe el que te aprueben o no, más aprobación conseguirás.
Cuando alcanzas suficiente paz interior y te sientes realmente positivo, es prácticamente imposible que otra persona te controle y te manipule.
Si eres feliz, si vives cada momento aprovechando al máximo sus posibilidades, entonces eres una persona inteligente.
Si crees totalmente en ti mismo, no habrá nada que esté fuera de tus posibilidades.
En verdad no puedes crecer y desarrollarte si sabes las respuestas antes que las preguntas.
No necesitas admitir a nadie en tu vida a menos que llegue cargado de afecto y armonía.
El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre ha hecho.
No dejes que los planes que tienes para ti sean más importantes que tú mismo.
¡Vive! ¡Ama! ¡Se Feliz!

Ciao.