viernes, 21 de agosto de 2026

Escupir hacia arriba

Hay muchos modos de corregir a un niño. Desde el que le deja hacer sin intervenir, el que le explica si lo que está haciendo está bien o está mal -y las consecuencias que conlleva- y el que remite a la reprimenda de una autoridad mayor -y actúa por tanto por miedo o coacción-. Esto lo vemos en los niños, y ayuda a distinguir entre el buen y el mal educador. Pero también ocurre en nuestro día a día, cuando culpamos de nuestros problemas a la Iglesia, al estado o al jefe de campamento por poner solo un ejemplo.

Estas conductas suelen ocurrir por maldad, por ignorancia o por cinismo, pero todos nos hemos visto echando la culpa a una entidad superior por miedo a reconocer nuestros fallos, o sencillamente por salir al paso. Al fin y al cabo, la superestructura de arriba no va a sacar un comunicado desmintiendo tu mentirijilla ni el director del colegio va saber lo que has dicho en una conversación de pasillo.

Pero esto nos remite a nuestro modo de afrontar los problemas del sistema. Está el que siempre culpa a otros, o al sistema de turno, o a la comunidad, el que rompe la baraja provocando un cisma -la Historia provee de múltiples ejemplos- y el que se deleita espolvoreando cada problema, y acaban así dañando todos el bien común y robando la esperanza de propios y extraños. Pero también está el que intenta cambiar las cosas desde dentro, asumiendo responsabilidades -pero siempre desde la caridad-, como hizo el bueno de San Ignacio, de Santa Teresa o de San Juan de la Cruz.

En nuestras comunidades suele haber cosas que no funcionan y que nos duelen, pero también sabemos lo que suele ocurrir cuando escupimos hacia arriba.

Álvaro Lobo, SJ

Ciao.

 

jueves, 20 de agosto de 2026

El respeto por la vida humana


 ¿Y si te dijera que el rostro de Jesús está más cerca de lo que crees? 

Sí, se esconde en la fragilidad... En la sonrisa de un niño, en la mirada cansada de un anciano, en la lucha de un enfermo o en el día a día de una persona con discapacidad.

Ellos no son solo números ni estadísticas: Son rostros vivos de Jesús que nos piden una sola cosa... Cuidar con ternura. 

El respeto por la vida humana es un acto diario de amor y compasión. Es un principio moral y ético fundamental que reconoce el valor sagrado, único e irrepetible de cada persona. Exige proteger la dignidad, la integridad física y psicológica desde su origen hasta su fin natural, rechazando cualquier forma de violencia, discriminación o instrumentalización del ser humano. Este valor es la base de una convivencia pacífica y justa.

Ciao.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Cuando contemplo el mar


 Cuando contemplo el mar, me pregunto: ¿Quién soy yo, el que contempla o lo contemplado?

También en vacaciones la mente corre que se las pela. Está y no está. Se angustia con las noticias, se recrea en el pasado, se inquieta por lo que le espera en el regreso y las preocupaciones futuras.

La mente solo se calla cuando descubro que no soy ella, que no soy tan siquiera este personajillo que creo ser, con nombre, apellidos, obras, imagen.

Soy otro, una corriente de energía y luz que se oculta en ese yo temporal y aparente. Mi cuerpo puede envejecer, deteriorarse. Mi personaje, desaparecer. ¿No acaban desapareciendo los grandes políticos, escritores, actores, deportistas e incluso sus obras  quedan sumidas en el olvido?

“El que no se niega a sí mismo” de Jesús no es una anulación masoquista, sino todo lo contrario. Es sustituir mi “yo pequeño” por un “Yo soy” identificado con la plenitud.

Puedo estar perdiéndolo todo y ser feliz. Puedo estar incluso muriéndome y sentirme flotar en la vida, precisamente porque el yo pequeño de la mente ya no puede dar la tabarra y gritar: “Me falta eso, me falta lo otro”. 

Vuelve al mar que es.

Jesús, cuando enseña a morir en vida, no está cercenándonos su disfrute, sino lo que de “mundo” (como él lo llama, no en el sentido cósmico, sino en el de sus criterios): Poder, posesión, dinero, competencia, envidia, celos, puede contagiarnos.

Contemplo el mar y soy el mar.

No me separo del mar cuando vuelvo a casa después de vacaciones, porque el mar va conmigo a dondequiera que yo voy.

¿Qué cómo se percibe esto? Con el silencio interior. Basta un minuto para entrar en ese espacio del que vine, al que voy y en el que, aunque no lo perciba, estoy. 

Pedro Miguel Lamet

Ciao.

martes, 18 de agosto de 2026

Señor de la justa cercanía


 Cualquier segundo es una puerta para entrar en tiempo.

Todo centímetro es una tierra que lleva tu huella.

Cada color y cada aroma me hacen sentir tu fantasía jugando hacia el infinito.

En cada mirada se asoma la intimidad de tu misterio.

Todo golpe de azada cae sobre la tierra con certeza de cosecha.

Cada canto verdadero trae hasta mi corazón el rumor de la fiesta que ya empezó eterna al final de mi camino.

Señor, no puedes perderte en una clandestinidad absoluta: Yo me moriría en tu ausencia.

Ni puedes revelarte en toda tu grandeza: Yo quedaría absorbido en el resplandor de tu gloria.

Tú eres el Señor de la justa cercanía, del sacramento necesario que nos permite irnos haciendo, sin tanto frío y noche que quede crudo nuestro barro, ni tanto sol y mediodía que tu fuego nos calcine. 

Benjamín González Buelta

Ciao.

lunes, 17 de agosto de 2026

Dios de abajo


Dios de abajo...
Tú y yo, somos los dos una sola hoja de papel.
Yo soy la página de arriba, al sol y al aire y a todo el que quiera leer una palabra, oírte y encontrarte. 
Tú eres la página de abajo, que me sustenta, oscuro, invisible, pegado a la madera. 
En tu búsqueda, no puedo darme la vuelta, ni salir de mi ser, ni asomarme al otro lado de mí mismo, ni sorprenderte en un giro repentino para verte en tu misterio. 
Sólo puedo quedarme suspendido en el silencio de tu gracia y sentir como fluye la vida exacta hasta mí, desde mi hondura, donde yo me recibo, inagotable desde ti. 
Después, en mi tarea cotidiana, sales en mí hacia la calle.
Y abrazas con mis brazos. 
Y te asomas en mi mirada. 
No te avergüenza mi límite, ni te restringe mi vocabulario. 
En mí te vas haciendo un verdadero servidor, sin obras perfectas. 
Juntos ensayamos tu Reino, en mis intentos de aprendiz eterno, en esta tierra de futuros. 
Dios de abajo, silenciosa consistencia, no puedo desgarrarme sin herirte, ni puedo ser tu página abierta, si Tú no eres mi página callada. 
Ni yo sin ti, ni Tú sin mí podemos ser hoy una palabra tuya que abrace y mire en esta carne humana, en este mundo.
Benjamín González Buelta, SJ
Ciao.



 

domingo, 16 de agosto de 2026

Necesito


 Necesito la palabra en la que te dices y me digo sin acabar nunca de decirnos, y el silencio en el que descansa mi misterio en tu misterio.

Necesito el gozo que participa de tu alegría, última verdad tuya y del mundo, y el dolor, comunión con tu dolor universal, origen de la compasión y la ternura.

Fragmento de un poema de Benjamín G. Buelta, SJ

Ciao.

sábado, 15 de agosto de 2026

Misericordia quiero


 La mirada implacable.

Exigencias constantes.

Palabras hostiles.

Condiciones imposibles y un corazón de piedra.

He ahí la ruta del odio, la tierra estéril, el hogar vacío.

Inútil barro sin alfarero, sal insípida, sarmiento seco.

Misericordia quieres, no sacrificios.

Advertencia necesaria que nos haces cuando alzamos la mirada con orgullo despreciando a quien no sigue la rutina que hace tiempo convertimos en mazmorra.

Misericordia, sí, no sacrificios.

La mirada dispuesta a la ternura.

El perdón generoso ante el tropiezo.

La palabra que acaricie y no golpee.

Un silencio que respete y acompañe.

Y el corazón de carne, palpitando al compás de un amor inquebrantable.

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.