domingo, 19 de julio de 2026

Dale tiempo a la vida


 Vivimos en un mundo que corre. Todo tiene que ser inmediato: Los mensajes, las compras, las respuestas… Incluso queremos resultados instantáneos. Nos cuesta esperar.

Este domingo muchos estaremos pendientes del partido de España contra Argentina. ¡Ojalá ganemos! Pero, pase lo que pase, el deporte también nos recuerda una gran lección: Un Mundial no se gana en el primer minuto. Hay que correr, sufrir, levantarse después de una caída, confiar en el compañero y no dejar de luchar hasta el pitido final.

Y eso mismo sucede con la vida.

Hay personas que, a la primera dificultad, dicen: "No puedo". O "no valgo". O "ya no tengo fuerzas". O "no merece la pena seguir". Pero la vida no se decide en una sola jugada. Es un partido largo. Hay días en los que vamos ganando y otros en los que parece que todo se pone cuesta arriba. Lo importante no es no caer nunca; lo importante es levantarse una vez más.

También a las personas hay que darles tiempo. Nadie cambia de un día para otro. Nadie madura en una tarde. Un árbol necesita años para dar buena sombra. Una amistad necesita tiempo para hacerse fuerte. Un matrimonio, una vocación, una familia… Todo lo verdaderamente importante crece despacio.

El Evangelio de este domingo  nos invita precisamente a eso: A confiar, a sembrar y a esperar. Dios nunca tiene prisa, porque sabe que las cosas grandes necesitan paciencia. Como Gaudí respondió a los que le decían que él no iba a ver la Sagrada Familia finalizada: "Dios no tiene prisa".

Este verano puede ser una buena oportunidad para bajar el ritmo, respirar, escuchar más y exigir menos. Quizá descubramos que la felicidad no está en correr más, sino en caminar mejor. Y también y ahora hablo por muchos de vosotros y por mí…Unos días de descanso. 

Adelante, sin prisa, pero sin pausa. 

Javier Leoz Ventura

Ciao.

sábado, 18 de julio de 2026

Libres, ¿Para qué? ¿Para quién?


 Recuerdo de pequeña esa frase que se repetía como un eco: “La libertad no es hacer siempre lo que uno quiere”. Aparecía cuando no entendía un límite o sentía que “no me dejaban”. Entonces no la comprendía del todo, pero intuía que apuntaba a algo más hondo.

Hoy hablamos mucho de libertad en un contexto polarizado que nos empuja a posicionarnos con rapidez. Jóvenes y adultos sienten la presión de opinar y reaccionar sin tiempo para el silencio ni el discernimiento. ¿Qué significa ser libre así? ¿Desde dónde hablamos? ¿Qué nos mueve? Y algo más profundo: ¿Cómo Dios nos sueña?

En el aula lo percibo con claridad: Jóvenes que buscan decir lo “correcto”, encajar, no desentonar. Y cuando se atreven a pensar por sí mismos, se sienten expuestos. La libertad corre el riesgo de diluirse en reacción, ruido o adhesión superficial.

La tradición ignaciana ofrece aquí una clave: Reconocer y ordenar los afectos desordenados que condicionan nuestras decisiones. No se trata de negar lo que sentimos, sino de no dejarnos gobernar por impulsos, miedos o necesidad de aprobación. Ordenar los afectos es abrir espacio al discernimiento.

Ser libres es elegir con sentido, también en la fe: Decidir cómo vivirla y qué rostro de Iglesia queremos transparentar. La libertad no consiste en imponerse, sino en vivir con coherencia, profundidad y respeto.

“Libres para…” No es una frase incompleta, sino una pregunta abierta: ¿Para qué? ¿Para quién?

Laura Allende

Ciao.

viernes, 17 de julio de 2026

Caminos hacia Dios: Lo de abajo


 Nos acostumbramos a direccionar la vista al cielo cuando buscamos a Dios. Casi todas las tradiciones religiosas, así como un son antropológico, ven en lo alto, en lo inalcanzable, en lo ‘más allá’, el destello de lo divino. Tantas noches mirando los astros para comunicarnos con el misterio que nos sostiene. Tanto sol que nombra a Dios.

Sin embargo, el Dios de Jesús deja las alturas y baja. Abandona lo abstracto y se concreta. Olvida la sacralidad proyectada e instaura una que, por más humana, más divina de contacto con el amor. Resulta que en Cristo lo sensible se vuelve olfato de sabidurías. Vista aguda de lo oculto que da a luz. Gusto a mesa compartida entre pares. Oído para el grito de quienes, en su debilidad, buscan fortaleza. Tacto de una carne que se vuelve a Dios y nos lleva con él.

 Emmanuel Sicre, SJ

Ciao.

jueves, 16 de julio de 2026

Treinta segundos de tregua


 Qué fácil es hablar del silencio cuando se tiene el hábito de meditar veinte minutos diarios o un desierto a mano al que acudir a buscar un oasis. Pero qué difícil es encontrarlo cuando un grupo de whatsapp arde, el coche de delante no arranca en el semáforo o se nos acumula una pila de tareas, facturas o exámenes que corregir. Para nosotros, el común de los mortales que vivimos en la acción y el ruido, el silencio no es un lujo; se ha convertido en una herramienta de supervivencia.

Si nos olvidamos de las grandes sesiones místicas, descubrimos que nuestra vida espiritual es de guerrilla, de crear pequeñas emboscadas al caos. Es esa orfebrería de los huecos en el minuto de gracia en que esperas a que el agua hierva; los diez segundos con los ojos cerrados antes de una reunión; o el gesto de encerrar el móvil en otra habitación durante la cena.

Estos pequeños silencios no están vacíos; son silencios habitados que ayudan a dar sentido a nuestra cotidianeidad. No buscamos iluminaciones celestiales, sino más bien, recuperar el aliento. Podemos, en estos pequeños espacios, dejar de ser “los que resuelven problemas” para volver a ser, sencillamente, hijos amados.

Dios no nos da un discurso en esos treinta segundos, nos da una tregua. Nos está esperando en esa rendija de la agenda, en ese instante en que, por fin, decides no decir nada para que sea Él quien lleve la iniciativa. Sostén tu propio silencio, está habitado, no vacío.

 David Vázquez 

Ciao.


 


miércoles, 15 de julio de 2026

Aceptar algunas cosas como son


 Esto puede parecer un poco derrotista. Pero no se trata del conformismo de los pesimistas. No se trata de afirmar que nada puede cambiar. Hay muchas cosas que pueden cambiar, a mejor, en la propia vida y en otras vidas. Hay mucho bueno por construir. Pero también es cierto que hay cosas que no podemos forzar: Sentimientos, aciertos, errores, situaciones que nos desbordan, rechazos, capacidades… A veces lo mejor que uno puede hacer es decirse a sí mismo: «¡Venga! ¡Espabila! ¡Acepta lo que hay!». Entonces dejas de intentar embestir a un muro que solo te produce dolor de cabeza. Y quizás entonces estás, al fin, preparado para salir adelante.

En la lucha no estamos desarmados. En las mil historias en las que tenemos que desenvolvernos. En los estudios, en el trabajo, en la búsqueda de nuestro espacio vital, en las preguntas por el sentido… Contamos con la guía de un Dios que habita en lo profundo de la realidad. Con la fuerza de un espíritu que late en cada latido de nuestro corazón. Con la luz del evangelio en el que Jesús nos muestra una forma bien concreta de vivir. Es necesario recordar alguna vez que Él nos lleva de la mano –aunque a veces creamos que estamos a la intemperie–. Es importante mirar hacia fuera para descubrir nuevas posibilidades y motivos. Es útil fiarse, más allá de la propia fragilidad, de Dios.

Saúl Marrero

Ciao.

martes, 14 de julio de 2026

Vendrán desalientos

Dios no abandona, siempre acompaña. Pidamos sensibilidad, escucha, corazón abierto, confianza y claridad, para percibir su presencia, escuchar su voz y sentir su fiel abrazo.

Vendrán desalientos...

Inúndanos con la fuerza de tu Espíritu.

Vendrán contratiempos...

Danos tu paciencia y resistencia para vencerlos.

Vendrán cansancios...

Tócanos y restáuranos con tu bálsamo de vida.

Vendrán desilusiones...

Siembra en nosotros tu esperanza ilimitada.

Vendrán cobardías...

Danos tu valor para combatirlas.

Vendrán decepciones...

Infúndenos tu ánimo para no rendirnos.

Transita, Señor, cada tramo de nuestro camino.

Confiamos en ti, esperamos en ti.

Haz de nosotros buen perfume de tu amor.

Seguiremos esparciendo tu fragancia y frescor por todas las calles de la humanidad.

Fermín Negre

Ciao.

 

lunes, 13 de julio de 2026

Sembrar


 Sembrar...

Es verdad...

Parte de la siembra caerá en el camino, entre las espinas, entre las piedras, sobre costumbres duras, entre codicias asfixiantes y espaldas golpeadas.

Y se perderá la palabra...

Pero como verdad más honda, siento la urgencia de hundir la mano en las semillas del alma, y lanzar al aire la vida sin discriminar los terrenos ni calcular la respuesta, ni acumular la ganancia.

Y al seguir el camino, que me quede la alegría de la mano abierta, sin posesiones viejas en los puños cerrados que ya no pueden acoger la novedad que regalas

Benjamín González Buelta, SJ

Ciao.