“La llamada a la contemplación nos sacude a todos por dentro, quizás porque se corresponde a la vocación humana más radical: Conocer a Dios, experimentar su presencia en lo profundo de nosotros mismos. El camino de la contemplación es senda de liberación de nuestro verdadero Ser, que ha sido creado a imagen y semejanza del Dios Vivo. A través de la oración contemplativa se van desatando los nudos de los falsos deseos, los espejismos que enturbian la percepción de nuestra dignidad como hijos e hijas de Dios, de los hombres y mujeres que conviven con nuestra historia, en cuyos rostros descubrimos a hermanos y hermanas. La contemplación nos da una mirada nueva, compasiva.
La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama.
La contemplación es esencialmente una escucha en el silencio, una expectación. Y también, en cierto sentido, debemos empezar a escuchar a Dios cuando hemos terminado de escuchar. ¿Cuál es la explicación de esta paradoja? Quizá que hay una clase de escucha más elevada… El camino de la contemplación no es de ninguna manera una "técnica" deliberada de vaciarse uno mismo, para conseguir una experiencia esotérica. Es una respuesta paradójica a la llamada de Dios casi incomprensible, lanzándonos a la soledad, zambulléndonos en la oscuridad y el silencio, no para retirarnos y protegernos del peligro, sino para llevarnos a salvo a través de peligros desconocidos, por un milagro de su Amor.
El camino de la contemplación no es, de hecho, camino alguno. Cristo es el único camino, y Él es invisible. El "desierto" de la contemplación es sencillamente una metáfora para explicar el estado de vacío que experimentamos cuando hemos abandonado todos los caminos, nos hemos olvidado de nosotros mismos y hemos tomado a Cristo invisible como nuestro camino. Todo el misterio de la oración contemplativa es simplemente un misterio de Amor divino, de anhelo personal y de don gratuito.”...
Thomas Merton
Ciao.