«No tengan miedo». Jesús se lo repite cuatro veces a sus discípulos en el Evangelio. Y es que el miedo nos encierra, nos paraliza, nos oscurece, entre tantos otros efectos que podríamos enumerar desde nuestras propias experiencias.
Por otra parte, el miedo no es siempre irracional, tampoco es un asunto que podamos elegir no experimentar; va más allá de nuestra razón y voluntad: Ante las amenazas sentimos miedo. Pero qué hacemos con ese sentimiento sí que es importante; darnos cuenta de ello definirá nuestras elecciones, nuestras vidas.
Y ¿Cómo no tener miedo? Solo no vive atrapado en sus miedos quien tiene fe, quien se sabe hijo amado de Dios, quien tiene memoria de la promesa del Señor, quien sabe que Él no nos abandona. La gracia de Dios se ha desbordado sobre nosotros, se nos ha otorgado en virtud de Jesucristo, y por ello optamos por la verdad, por procurar la vida que no se acaba, por vivir en la luz y la lealtad.
¿Tienes miedo? ¿A qué tienes miedo? Escucha al Señor liberarte de tu miedo, de tus miedos; escucha cómo te recuerda que Él ha estado, está y estará contigo.
Ciao.






