lunes, 16 de febrero de 2026

Dios tiene un propósito

"No sólo la vida en general, sino que nosotros mismos contribuimos a la oscuridad del mundo, así como sombras oscuras en un paisaje negro... Pero ahora este hombre de Nazaret nos viene y nos invita a reflejar la imagen de Dios, y nos demuestra cómo. Él dice: Tú también puedes ser luz, así como Dios es luz. Porque lo que está alrededor tuyo no es el infierno, sino un mundo esperando llenarse con fe y esperanza. Este mundo es tu hogar, tanto y seguramente como el Dios quien lo creó e hizo, es el Amor. Tal vez tú no lo crees, pero tú puedes amar este mundo. Es un lugar de Dios. Tiene un propósito. Su belleza no es engaño. En Él, tú puedes llevar una vida con sentido"...

(Jörg Zink).

Ciao.

 

domingo, 15 de febrero de 2026

Yo solo, ¿Qué puedo ser?


 Un día escogí ser reflejo sin sol, agua sin fuente, voz sin garganta y me perdí en mí.

Tú me guardaste, sol en Tus ojos, agua en Tus manos, voz en Tu oído y me encontré en Ti.

Desde entonces.

Tú me iluminas.

Tú me fecundas.

Tú me pronuncias y te encuentro en mí.

Yo solo, ¿Qué puedo ser?

Benjamín G. Buelta, SJ

Ciao.

sábado, 14 de febrero de 2026

Carnaval ¿Todo el año?

Carnaval ¿Todo el año?

Los carnavales nacieron como una gran válvula de escape antes de la Cuaresma: Un tiempo de ruido antes del silencio, de exceso antes del ayuno, de máscaras antes de la verdad desnuda del corazón. Tenían sentido porque había contraste. Después del bullicio llegaba el Miércoles de Ceniza, y con él la llamada clara: “Conviértete y cree en el Evangelio.”

El carnaval, en su raíz cultural cristiana, no era un fin en sí mismo. Era la antesala de algo más profundo. Permitía experimentar la fragilidad del disfraz para recordar que no somos la máscara que llevamos. La alegría desbordada tenía un límite; y precisamente por tenerlo, no se vaciaba de significado.

Pero hoy la pregunta es inquietante:

¿Qué sucede cuando desaparece la ruptura?

Si no hay paso del ruido al silencio, del disfraz a la autenticidad, de la dispersión a la oración… El carnaval deja de ser un momento y se convierte en estado permanente. Y un carnaval permanente cansa. Porque vivir siempre disfrazados —de éxito, de indiferencia, de superficialidad— agota el alma.

Antes, el calendario enseñaba pedagogía espiritual:

Fiesta → Ceniza → Conversión → Pascua.

Hoy, en cambio, la cultura parece prolongar indefinidamente la fiesta sin horizonte. No hay ayuno que purifique, ni silencio que ordene, ni desierto que prepare la resurrección. Sin contraste, no hay profundidad. Sin desierto, no hay Pascua.

El cristianismo no condena la alegría. Al contrario: La purifica y la orienta. La verdadera fiesta no es la del disfraz, sino la de la identidad recuperada. La Cuaresma no apaga la vida; la centra. No suprime la alegría; la hace más honda.

Quizá el desafío actual no sea abolir el carnaval, sino reintroducir la ruptura. Recuperar espacios de silencio voluntario. Ayunos digitales. Momentos de oración real. Pequeños desiertos en medio del ruido. Porque cuando todo es carnaval, nada es fiesta.

Y cuando el corazón no conoce el silencio, tampoco puede reconocer la voz de Dios.

Tal vez la pregunta no sea “¿Qué pasó con la Cuaresma?”, sino: ¿Nos atrevemos todavía a quitarnos la máscara?

Javier Leoz Ventura

Ciao.

 

viernes, 13 de febrero de 2026

Entrañas de misericordia

Señor, danos entrañas de misericordia frente a toda miseria humana.

Inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado.

Ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.

Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

Que quienes te buscamos sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en el amor las angustias y tristezas, las alegrías y esperanzas de todos los seres humanos, y así les mostremos tu camino de reconciliación, de perdón, de paz...

Tomado de las antiguas plegarias eucarísticas 

Ciao.

 

jueves, 12 de febrero de 2026

Letanía

Enséñame cómo se va a ese país que está más allá de toda palabra y de todo nombre.

Enséñame a orar a este lado de la frontera, aquí donde se encuentran estos bosques.

Necesito que tú me guíes.

Necesito que tú muevas mi corazón.

Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración.

Necesito que robustezcas mi voluntad.

Necesito que salves y transformes el mundo.

Te necesito a ti para todos cuantos sufren, para todos cuantos padecen prisión, peligro o tribulación.

Te necesito para todos cuantos han enloquecido.

Necesito que tus manos sanadoras no dejen de actuar en mi vida.

Necesito que hagas de mí, como hiciste de tu Hijo, un sanador, un consolador, un salvador.

Necesito que des nombre a los muertos.

Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar el río.

Te necesito para mí, tanto si vivo como si muero. Es preciso. Amén.

Thomas Merton

Ciao.

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Vive...

 

Vive...

Vive aceptando cada momento como un regalo que no se va a repetir...

Vive sin mirar  atrás, no llores por el pasado, porque ya pasó...

Vive sin preocuparte por el futuro, porque aún no ha llegado...

Vive el hoy y el ahora, y hazlo tan bonito que valga la pena recordarlo...

Vive, porque la vida es una obra de teatro que no permite ensayos... 

Vive, canta, ríe, baila, ama INTENSAMENTE  cada momento, tus momentos.

Siempre es hoy... Siempre es ahora... La vida es hoy... No te la pierdas.

Puedes vivir en tu pequeñez o vivir en tu Grandeza, tu decides.

¡VIVE!

Ciao.

martes, 10 de febrero de 2026

Todo lo ha hecho bien


 Todo lo ha hecho bien...

Hace oír a los sordos, y hablar a los mudos.

Hace soñar a los escépticos y aterrizar a los ingenuos.

Hace amar a los indiferentes y resistir a los frágiles.

Hace ver a los ciegos y caminar a los paralíticos.

Hace dudar a los intransigentes y ayuda a encontrar a los que buscan.

Hace reír a los que lloran y llorar a los que matan.

Hace vibrar a los fríos y arriesgarse a los cobardes.

Hace estremecerse a los crueles y pone un canto de esperanza en los corazones tristes.

Hace resucitar a los que mueren.

Y allá donde pone su mano, deja una huella de vida.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.