domingo, 30 de noviembre de 2025

30 Noviembre: 1º Domingo de Adviento

El primer domingo de Adviento es el 30 de noviembre de 2025. Este primer domingo de Adviento es también el comienzo del nuevo año litúrgico, en el que entramos en un nuevo ciclo litúrgico.

La reflexión para el primer domingo de Adviento de 2025 se centra en la esperanza y la vigilancia, invitando a preparar el corazón para la venida de Cristo. Se enfatiza la importancia de mantener la fe y la esperanza ante las dificultades, como señalan las lecturas del Ciclo C que abordan la llegada del "Germen justo" y la necesidad de vivir con el corazón no agobiado y los ojos abiertos a la presencia de Dios. 

Esperanza activa: A pesar de un mundo a menudo agitado, el Adviento nos llama a "mantener encendida la llama de la esperanza" y a ser signos de ella para otros, confiando en el amor de Dios a pesar de las dificultades. 

Vigilancia y oración: La liturgia comienza con el imperativo de "¡Velad!", invitando a estar atentos y despiertos. Esto no es solo rezar, sino abrir los ojos a la presencia de Dios en los acontecimientos de la vida, tanto los buenos como los dolorosos. 

Preparación del corazón: El Adviento es un tiempo para corregir el rumbo y purificar los deseos. Se nos pide no agobiar el corazón con anhelos equivocados, sino buscar la profundidad adecuada de los deseos para poder recibir al Señor. 

La presencia de Dios: Se nos recuerda que Jesús ya está presente en nuestras vidas a través de personas, experiencias y lugares inesperados. El Adviento nos llama a tomar conciencia de esta presencia y a estar atentos para no dejarla pasar. 

Fe como clave de lectura: La fe nos da la capacidad de ver en los acontecimientos un plan de salvación, algo que otros pueden no captar. Este tiempo litúrgico, que coincide con el Jubileo 2025, nos renueva en la fe para ser testigos del amor de Dios. 

Ciao.

 

sábado, 29 de noviembre de 2025

29 Noviembre: Comienza el Adviento

Comenzamos de nuevo un tiempo de Adviento que empezamos a caminar hacia la Navidad mañana día 30. Aquí os dejo algunos temas centrales para la reflexión en este tiempo de espera y de esperanzo para la llegada de Jesús al mundo y a nuestra vidas.

Esperanza: El Papa Francisco, en su carta para el Jubileo 2025, llamaba a mantener "encendida la llama de la esperanza" y a mirar al futuro con confianza. El Adviento es un tiempo para ser "peregrinos de esperanza" y ofrecerla a los necesitados. 

Preparación y espera: Prepárate para recibir a Jesús abriendo tu corazón y tu hogar, no solo para la Navidad, sino para un encuentro transformador con el Mesías. 

Acción de fe: El Adviento no es solo espera, sino también acción. Se traduce en oración, estudio y actos concretos de caridad. 

Jubileo de la Esperanza: El contexto del Jubileo de 2025 anima a la esperanza, la apertura a la vida, la transformación y la paz. 

Ideas para vivir el Adviento 2025:

Cultivar la esperanza: Mantén una actitud abierta, confiada y optimista ante el futuro, incluso ante la agitación del mundo. 

Aprender de la Virgen María: Contempla a María como modelo de fe y de vida creyente para recibir la vida nueva de Jesús. 

Practicar la caridad: Cada acto de bondad es un reflejo de la Luz de Dios. Sonríe, escucha, envía una carta, dona o simplemente muerde la lengua para evitar la ira. 

Luchar contra el consumismo: Asegúrate de que la Navidad no sea solo un festival de consumo, sino una oportunidad para que Jesús nazca en tu corazón. 

Ser una luz para los demás: Deja que tu compromiso con Dios se manifieste en acciones que enciendan la luz en el mundo, especialmente para los pobres, enfermos, ancianos y presos. 

Oración y meditación: Dedica tiempo a leer la Palabra de Dios, a meditar y orar para crecer en fe y unirte al Señor. 

Humana los vínculos: Cultiva el diálogo y el respeto mutuo, y presta atención especial a los excluidos y necesitados. 

Ciao.

 

viernes, 28 de noviembre de 2025

Tiempo de esperanza

Llega el tiempo de Adviento...Preparemos y allanemos el camino de nuestro corazón al Señor en la espera de su venida... Tiempo de espera... Tiempo de esperanza...Nadie nos podrá quitar la esperanza.

Existen dos modos de esperar: Uno, se refiere al futuro como realidad determinada de antemano, a la vez que incierta, conduciendo al temor y a la inseguridad, o a la indiferencia burguesa de lo seguro; otro, mira el futuro en cuanto realidad abierta, desde una comprensión de la historia como espacio novedoso en el que se encuentran dos libertades, la humana y la divina.

El cristiano, que camina por la segunda versión de la espera, vive el futuro como esperanza, desde una serenidad y certeza que inquieta lo más profundo del ser humano para amar la historia y hacerla capaz de eternidad en el corazón de Dios, viviéndola como gracia a la luz de la promesa divina que nos lanza a la fraternidad sin límites...

El Adviento nos recuerda un año más que la puerta del corazón se nos tiene que abrir desde afuera. Que todo nuestro esfuerzo es un camino hacia el futuro, pero necesitamos también que el futuro venga a nosotros, que la Compasión, con mayúsculas, nos salga al encuentro. No en vano rezamos cada día: “Venga a nosotros tu Reino!”

Nuestra situación es parecida a la de quien comienza el viaje al encuentro de Otro, convencido que Él también ha salido a su encuentro. Ésa es la Buena Noticia del Adviento: el Futuro de Dios viene hasta nosotros. La puerta, forzada desde dentro, va ser abierta, en realidad, desde afuera. Ésta es la metáfora del Adviento, una metáfora de la salvación que esperamos y, ardientemente, deseamos...

Chema Montserrat

Ciao.

 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Heridas del mundo

Sangra este mundo, por muchas heridas abiertas. Sangra en el hambre innecesaria. En la violencia de los pueblos. En las barreras y alambradas que dividen países y separan a las personas. Sangra en las heridas infligidas a la creación, agotando la tierra de todos. Lloran los que no pueden hablar, los que no encuentran salida, respuestas o ayuda. Sigue alzándose al cielo el clamor de un mundo herido… Y sigue siendo trágica la indiferencia de los satisfechos, la ceguera de los acomodados y la crueldad de los egoístas.

¡Ay de vosotros! Que seguís silenciando las voces que estorban, acallando a los profetas, riéndoos de quien toma la vida en serio, convirtiendo el amor en un pobre sucedáneo.

¡Ay de vosotros! Los que elegís encerraros en burbujas donde no entra nadie más!

¡Ay de vosotros! Que atesoráis títulos, conocimientos y experiencias, como tesoro privado en lugar de convertirlas en herramienta para todos!

¡Ay de vosotros! Que seguís crucificando al ser humano con clavos de silencio, de olvido o de injusticia! ¡Ay!

Rezandovoy

Ciao.

 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Ola de Tu Mar

Soy tu ola en el silencio de tu mar y la palabra que dijiste sin decir con la brisa de tu viento, un borbotón de tu fuente y un beso de tu misterio.

Soy la nada de tu todo y un poco de tierra tuya, no el propietario del tiempo, calor y frío en la noche, fuego y agua en el desierto; chispa que brilla en la sombra, algo tuyo sin saberlo.

Arrojado fui a esta vida desde una nube viajera, cuando decidiste hacerlo, a un mundo en contradicción entre amor, guerras y lunas, alegrías, rosas y miedo, un río que me arrastraba por los enigmas de un sueño.

Se han esfumado las horas, al igual que van marchando los seres que me quisieron, las caricias de mis padres y el derramarse los versos.

Yo ya no quiero explicarme ni razonar mis deseos.

Viajo a solas sin un mapa en la noche del sentido que barrunta el sentimiento desde esa música oculta que en el corazón me arde sin pensar, cuando presiento que soy Tú y tu eres yo; cuando me olvido de mí, y sin más todo lo suelto para perderme en tu abrazo, sin vela, timón ni remo.

Creí poseer un nombre, una identidad y un cuerpo.

Pensé que yo era en mi nave, el patrón de mi velero, pero soy solo una ola que despierta, si descubro todo el mar que llevo dentro.

Pedro Miguel Lamet

Ciao.

 

martes, 25 de noviembre de 2025

Libres para compartir

Son muchas las veces en las que se nos invita a reconocer que la vida es un regalo de Dios y que estamos llamados a vivirla desde el agradecimiento. Y aquello por lo que uno está agradecido, lo comparte. ¿Qué significa entonces una vida compartida? Significa abrirse a aprender de las experiencias de los demás, abrirse, dejarse mirar y mirar a los otros con hondura. Se trata de reconocer cómo Dios se hace presente en la historia de cada persona. 

Por eso, hablar de una vida compartida es hablar de una comunidad que se crea en torno al Señor. Supone aprender a estar, a dar espacio al otro, a descubrir juntos la presencia de Dios en lo cotidiano. Y es ahí donde la experiencia personal adquiere un valor inmenso: cuando alguien se atreve a decir cómo el Señor actúa en su vida, abre también la puerta a que otros reconozcan esa misma acción en la suya.

Compartir la fe no significa tener todas las respuestas, ni enseñar desde arriba. Es mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo: ofrecer lo que uno vive, con la confianza de que en ese intercambio el Espíritu sigue hablando, inspirando y orientando.

A veces olvidamos lo esencial: lo que pasa al compartir mesa, fe, vida. Porque no hay nada más transformador que dejar de caminar solo y descubrir que otros también buscan, agradecen y confían. La vida es para eso: Para abrirse al encuentro, dejarse cambiar por la mirada de quienes nos acompañan… Y vivir como lo que somos: Libres para compartir.

Cas Baldasano 

Ciao.

 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Libres para acompañar

Acompañar es un regalo. Al principio, con poca humildad, crees que das tu tiempo, tu conocimiento y tu presencia. Pero pronto descubres lo equivocado que estabas: que mientras acompañas, tú también eres acompañado.

Acompañar no significa tener respuesta para todo ni marcar el ritmo del otro. Simplemente es estar, escuchar. Es decirle al otro, con tu presencia, que no está solo en algo

Y entonces, sin esperarlo, también te sientes sostenido. A veces por la persona a la que acompañas, que sin saberlo te enseña mucho. Y muchas otras veces por ese Dios discreto que se cuela en los pequeños gestos que brotan en ese acompañamiento: Una palabra, una mirada de agradecimiento, un silencio o un suspiro de alivio.

Acompañar significa caminar al lado, sabiendo que todos estamos en búsqueda , que todos necesitamos ser escuchados y que todos tenemos algo que ofrecer.

Y es precisamente en ese caminar al lado donde descubrimos que no somos nosotros quienes sostenemos todo. También nosotros somos acompañados. Dios nos cuida, muchas veces a través de los demás. Y de ahí surge lo bonito: reconocer a Dios en el otro, en el encuentro, en el camino compartido. Ahí está la clave.

Ignacio Cervera Izuzquiza 

Ciao.