Tú me buscabas a mí.
Yo buscaba respuestas.
Te pedí un horizonte, huellas en el mapa, instrucciones claras.
Esperaba plazos, señas, objetivos.
Tenía miedo de no saber, de no poder, de no llegar.
Reclamaba un equipaje que me diera seguridad, una ruta que prometiera llegadas.
Exigía garantías, condiciones tolerables.
Me llamaste amigo.
Y en esa palabra desmontaste agobios, rompiste exigencias, callaste temores.
Tú eras la respuesta, el plazo, la ofrenda.
Tú eras el camino, y la única meta.
Sin más condiciones.
No dándome nada de lo que pedía, me lo diste todo.
José María R. Olaizola, SJ
Ciao.






