Conjugamos la exigencia en presente continuo.
Hemos vuelto derecho lo que siempre fue don.
Danzamos, indiferentes al anfitrión de esta fiesta que es la vida.
Engullimos sin gustar.
Sonreímos sin gozar.
Brindamos sin celebrar.
Ni asumimos compromisos ni queremos condiciones.
Libertad, reivindicamos, es ser el juez de uno mismo.
Ni ley ni costumbre.
No hay más límite que la propia voluntad, ni más deuda que el propio deseo.
Nos invitas al banquete y te damos largas.
Nos regalas el amor, y lo abrimos con desgana, como haciéndote un favor, para luego aparcarlo en el rincón de lo inútil.
¿Cuándo nos volvimos tan ingratos, convencidos de merecer lo que nunca conquistamos?
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao






