martes, 13 de octubre de 2026

El karma


 Hay experiencias que están de moda. Es impresionante la cantidad de cosas que circulan en redes: Videos, enlaces, frases… Que evocan un estado interior conocido como «el karma». No se refiere exactamente a la paz interior. Muchas religiones lo tienen en el elenco de su doctrina (budismo, hinduismo, entre otras). Más bien la invitación con este estado pseudo espiritual es la búsqueda del equilibrio interno. Ejercicios, música y lecturas que ayudan a alcanzar un nivel interior de equilibrio entre lo emocional, lo psíquico, lo espiritual que la elevación que se siente está fuera de lo común.

No quisiera criticar ninguna creencia y mucho menos que alguien se sienta molesto por estas letras. Pero ciertamente me siento muy cuestionado por esta moda. Parece que todos, hasta que no alcancemos el karma, no estamos bien. Quizás para algunas personas, sin conocer el concepto pero sí el significado, vivan su vida con el deseo de que todo esté en una especie de «calma chica». De equilibrio interno que haga que uno ni padece ni siente. ¿De verdad esto es posible?

Pensamos que con lo que vivimos en el pasado, lo que hemos hecho en «otras vidas» nos vuelve en forma de buenas o malas acciones. Es gracioso, pero el otro día en la puerta de una hamburguesería, una chica se cayó en los escalones de entrada. La amiga toda graciosa, le dijo que eso era el karma y que se lo estaba devolviendo.

Al final este tipo de creencias nos llevan a cuestionar las nuestras. El planteamiento de fondo es qué creemos realmente. Según nuestros antepasados así vivimos… Como algo del pasado se convierte en presente y en futuro constante. A mí, la realidad me parece más compleja. Al final, lo que verdaderamente sirve es lo que uno vive en el aquí y ahora de su momento vital. Y, que conste, que el pasado siempre configura lo que somos. Pero no nos tiene porque dominar el presente. Tenemos la suficiente capacidad para ir elaborando lo que vivimos, para asumir las consecuencias de lo que hacemos y sentimos. No podemos olvidarnos de nosotros mismos. No nos ayudará vivir con la neurosis de lo que hemos vivido y hecho. Avanzamos en la vida hacia delante.

David Cabrera, SJ

Ciao. 

lunes, 12 de octubre de 2026

Los ingratos


 Conjugamos la exigencia en presente continuo.

Hemos vuelto derecho lo que siempre fue don.

Danzamos, indiferentes al anfitrión de esta fiesta que es la vida.

Engullimos sin gustar.

Sonreímos sin gozar.

Brindamos sin celebrar.

Ni asumimos compromisos ni queremos condiciones.

Libertad, reivindicamos, es ser el juez de uno mismo.

Ni ley ni costumbre.

No hay más límite que la propia voluntad, ni más deuda que el propio deseo.

Nos invitas al banquete y te damos largas.

Nos regalas el amor, y lo abrimos con desgana, como haciéndote un favor, para luego aparcarlo en el rincón de lo inútil.

¿Cuándo nos volvimos tan ingratos, convencidos  de merecer  lo que nunca  conquistamos? 

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao

domingo, 11 de octubre de 2026

Cuidado con el cuidado


 Cuidado...

Es uno de esos nuevos mantras que aparecen por todos lados. Tienes que cuidarte, cuídate, lo primero es cuidarte, cuida de los demás, tenemos que cuidarnos, hay que cuidarse… Lo oyes en los anuncios de perfumes, en el coaching, en el gimnasio y en cualquier espacio de gestión de personas, y hasta el papa Francisco hablaba de la cultura del cuidado como camino para la paz -de forma bastante más sabia, dicho sea de paso-. Y como tantos conceptos de moda y tantos lemas que fluyen en el espacio, acaba vaciándose de contenido y pervirtiéndose poco a poco, y por tanto se vuelve un arma arrojadiza en este mundo buenista. Al fin y al cabo, hablar de cuidado con los que tratan con personas debería ser como hablar de fe en un cura, de valor en un torero o de habilidad con un bombero.

No estoy en contra del cuidado, solo intento advertir de que es un concepto bastante trampa. Porque si no se utiliza precisamente con cuidado, puede paralizar a las personas. Y la buena intención acaba en la reclamación constante, en la insatisfacción del que siempre le falta algo o en el argumentario perfecto del vago que tiene alergia al esfuerzo. Y así sin querer, puede llevarnos a una dinámica paralizante, narcisista o egoísta, porque no es fácil ni conveniente decir que uno ya está suficientemente cuidado. Y pocas veces se habla de cuidar a los más necesitados, dicho sea de paso.

Los expertos que saben cuidar, lo hacen para que las personas sigan su camino, no para que se queden quietas y encantadas de sí mismas. Los enfermeros tratan de activar a la persona para el mundo, no la paralizan como si estuvieran en un balneario de vacaciones. Cuidar de alguien de verdad conecta con esa vectorialidad que todos llevamos, no con el ego paralizante del espíritu como proclama nuestra cultura del bienestar. Es amar la dignidad del otro y hacerle sentir importante, ¡pero no el más importante! A veces conlleva exigir, a veces conviene parar, pero siempre con la mirada puesta en algo más que en nuestro propio ego, porque de eso ya está el mundo sobrado.

Álvaro Lobo,SJ

Ciao.

sábado, 10 de octubre de 2026

No esperéis


 
No esperéis de mí mentiras o adulación.

No escucharéis palabras fáciles, pero engañosas, ni os envolveré en silencios cómodos, pero cómplices.

No os ofrezco todas las ventajas al menor de los costes, cómodos plazos para la justicia, o triunfo sin batalla .

No tendréis, en mí, una caricatura del amor a medias.

Os llamo amigos, y al hacerlo, os prometo hondura, pasión, y verdad.

Os ofrezco mi cruz y mi cielo, mi amor y mi fuego, mi luz y mi tiempo.

Os presento mi camino, mis pasos y mi evangelio.

Cuando os sintáis preparados, os espero...

José M. Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.


viernes, 9 de octubre de 2026

Hay diferencia...


 Hay una diferencia enorme entre amar a Dios y confundir a Dios con aquello que habla de Él.

La Biblia da testimonio de Dios, pero no es Dios.

El templo puede reunirnos, pero no es Dios.

Un pastor puede acompañarnos, pero no es Dios.

La teología puede ayudarnos a pensar, pero no es Dios.

Los dogmas, los rituales, las tradiciones, las instituciones e incluso nuestra manera de interpretar las Escrituras… Tampoco son Dios.

Cuando convertimos cualquiera de estas cosas en un absoluto, corremos el riesgo de defender estructuras mientras dejamos de escuchar la voz de Aquel a quien esas estructuras deberían señalar.

Jesús no vino para que adoráramos sistemas. Vino para revelarnos al Padre.

Que nada ocupe el lugar que solo le pertenece a Dios.

"Querer entender a Dios es como poner un océano en un vaso". San Agustín. 

Hno Martin Eguiluz OSB 

Ciao.

jueves, 8 de octubre de 2026

Batallas de siempre

No dejes de luchar las batallas de siempre, de empujar esa piedra que no alcanza la cima y se vuelve, implacable, hasta una herida viva,  hasta un dolor anclado en tu pozo más hondo.

No pares de pelear, aunque a ratos el ansia de vivir se te apague, y el amor te parezca una palabra hueca, una promesa esquiva que otros llevan con gracia, pero a ti se te niega.

No sucumbas al monstruo atrapado en tu espejo, ese juez ojeroso que con voz implacable te repite palabras de fracaso y tristeza.

No le des el poder de trancarte la puerta.

No bajes la cabeza, no cedas, no te rindas, aunque un río de lágrimas deje surco en tu rostro.

No mueras, no sucumbas a la voz pesarosa que estrangula los sueños profetizando tumbas.

¿Acaso no descubres que está inscrita en tu entraña la huella de una  risa que acalla los tormentos?

¿Es que no has encontrado el tesoro escondido? ¿Eres ciego a la luz que te estalla por dentro?

Levanta la mirada, ventana hacia otro mundo habitado por hombres que dibujan victorias, asómate a sus días, siente su resistencia que hace frente a los miedos, que adivina salidas ...

J.M. Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Los hombres de oración


 "Los hombres de oración son como las raíces que establecen los cimientos espirituales del mundo. Por eso les tienen miedo los demonios y les suplican que dejen de orar. Con su intercesión incesante minan los cimientos demoníacos. Si quieres, pues, ser contado entre esas raíces, acepta estar oculto en lo más profundo de la tierra; no intentes ser una rama a la que se admira por sus flores y sus frutos. Permanecerás oculto toda tu vida sin saber jamás adónde va tu oración, pero convencido también de que sin raíz el árbol pierde toda su vitalidad y no da  fruto."

Pequeña escuela de oración de Jean Lafrance, "Dime una palabra"

Ciao.