lunes, 17 de agosto de 2026

Dios de abajo


Dios de abajo...
Tú y yo, somos los dos una sola hoja de papel.
Yo soy la página de arriba, al sol y al aire y a todo el que quiera leer una palabra, oírte y encontrarte. 
Tú eres la página de abajo, que me sustenta, oscuro, invisible, pegado a la madera. 
En tu búsqueda, no puedo darme la vuelta, ni salir de mi ser, ni asomarme al otro lado de mí mismo, ni sorprenderte en un giro repentino para verte en tu misterio. 
Sólo puedo quedarme suspendido en el silencio de tu gracia y sentir como fluye la vida exacta hasta mí, desde mi hondura, donde yo me recibo, inagotable desde ti. 
Después, en mi tarea cotidiana, sales en mí hacia la calle.
Y abrazas con mis brazos. 
Y te asomas en mi mirada. 
No te avergüenza mi límite, ni te restringe mi vocabulario. 
En mí te vas haciendo un verdadero servidor, sin obras perfectas. 
Juntos ensayamos tu Reino, en mis intentos de aprendiz eterno, en esta tierra de futuros. 
Dios de abajo, silenciosa consistencia, no puedo desgarrarme sin herirte, ni puedo ser tu página abierta, si Tú no eres mi página callada. 
Ni yo sin ti, ni Tú sin mí podemos ser hoy una palabra tuya que abrace y mire en esta carne humana, en este mundo.
Benjamín González Buelta, SJ
Ciao.



 

domingo, 16 de agosto de 2026

Necesito


 Necesito la palabra en la que te dices y me digo sin acabar nunca de decirnos, y el silencio en el que descansa mi misterio en tu misterio.

Necesito el gozo que participa de tu alegría, última verdad tuya y del mundo, y el dolor, comunión con tu dolor universal, origen de la compasión y la ternura.

Fragmento de un poema de Benjamín G. Buelta, SJ

Ciao.

sábado, 15 de agosto de 2026

Misericordia quiero


 La mirada implacable.

Exigencias constantes.

Palabras hostiles.

Condiciones imposibles y un corazón de piedra.

He ahí la ruta del odio, la tierra estéril, el hogar vacío.

Inútil barro sin alfarero, sal insípida, sarmiento seco.

Misericordia quieres, no sacrificios.

Advertencia necesaria que nos haces cuando alzamos la mirada con orgullo despreciando a quien no sigue la rutina que hace tiempo convertimos en mazmorra.

Misericordia, sí, no sacrificios.

La mirada dispuesta a la ternura.

El perdón generoso ante el tropiezo.

La palabra que acaricie y no golpee.

Un silencio que respete y acompañe.

Y el corazón de carne, palpitando al compás de un amor inquebrantable.

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.

viernes, 14 de agosto de 2026

Ante el cansancio


 Cada día estamos más cansados. Cansados de trabajar, de aguantar, de callar, de no hacer nada...

Cansados de las guerras, de la violencia, de ver hambre y desgracias por todo el mundo...

Nos cuesta ponernos en marcha para cualquier actividad que tengamos que hacer.

Estamos siempre como dormidos, apáticos y sin ganas de hacer nada.

Pero, ¿Por qué estamos tan cansados?

El sol se levanta como nosotros cada mañana, y no está cansado.

Los niños no paran en todo el día de moverse y cuando llega la noche, no están cansados.

Entonces...¿Por qué a nosotros nos falta esa energía que nos hace mover con lentitud y apatía?

Creo que lo que nos falta no son fuerzas ni energía. Nos falta ilusión para levantarnos cada día como si todo fuera maravilloso. Algo que nos haga afrontar iluminados, como ese sol que amanece con nosotros, sintiéndonos optimistas y seguros de nosotros mismos.

Ciertamente no todos los días son radiantes ni están llenos de luz. Hay días nublados y oscuros, en los cuales nos sentimos apagados como la luz que nos rodea, pero no debemos dejarnos llevar por ese cansancio que nos invade, y remontar el vuelo, cargando las pilas (como solemos decir) y animarnos, sabiendo que nada hay imposible en esta vida, si nos lo proponemos.

Aprovechemos los ratos de descanso verdadero, para situarnos en nuestra realidad, sin querer abarcar más de lo que podemos hacer, y así sabremos con las fuerzas que contamos, para hacer nuestras tareas con alegría y sin que se nos hagan costosas de realizar.

Ciao.

jueves, 13 de agosto de 2026

Eclipses de Dios

Alguna vez se te oculta, encubierto por la duda la tristeza o la indolencia.

Se va apagando la fe y el mundo se ve sombrío.

No hay colores que reflejen la belleza.

No hay paisajes que descubran al hermano.

No hay señales que aparezcan en la ruta para abrirnos el camino hacia lo eterno.

Los hay parciales, preguntas que muerden, laberintos interiores, tiempos de sequía  en plegarias y respuestas.

La negrura no es total.

Algo brilla en la distancia, manteniendo los rescoldos encendidos.

Se vislumbra, aun escondida, su presencia.

Cuando el eclipse es total el abismo parece infinito.

Ni destello, ni rescoldo, ni vislumbre.

Se niega la fe, se olvida el amor, se apaga la espera y la vida es solo un puente entre vacíos.

Aunque no lo vemos, sigue ahí. 

Y las lunas interpuestas son ficciones.

Algún día seguirán su trayectoria.

Nuevamente, lo veremos.

Entonces, se encenderá la alegría. 

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.


 

miércoles, 12 de agosto de 2026

Deseo


 Sencillo quiero ser como Tú eres.

El alma transparente como el día.

La voz sin falsear y la mirada profunda como el mar, pero serena.

No herir, pero inquietar a cada humano que acuda a preguntarme por tus señas.

Amar, amar, amar, darme a mí mismo de balde cada día y sin respuesta.

Ser puente y no llegada, ser camino que se anda y que se olvida, ser ventana al campo de tus ojos y quererte.

Descanso quiero ser, vaso de vino de Dios para los hombres cuando vengan con polvo sobre el alma de buscarte.

Valentín Arteaga

Ciao.

martes, 11 de agosto de 2026

Tormenta


 Sin Ti me hundo, Señor.

Por más que te cite, que te evoque.

Por más versos que bosquejen tu rostro y tu vida.

Sin ti se abren a mis pies las aguas del desconcierto.

Y me ahogo en un mar de nostalgias, de intrascendencia, de propósitos inútiles.

Sin Ti no hay prójimo, ni amor, solo egoísmo confundido.

Sin Ti vence el miedo, manda el desconcierto, el desaliento se impone.

Pero, Contigo, bailo sobre las aguas, tu mano me alza por encima de las dudas.

Tú fortaleces mi fe vacilante, la tormenta se desvanece y los versos se vuelven plegaria.

Al acoger Tu Palabra descubro, en los otros, misión y refugio.

Contigo se disipan las nubes y tu horizonte se me hace destino. 

José María Rodríguez Olaizola, SJ

Ciao.