miércoles, 9 de septiembre de 2026

Hagamos un mundo mejor


 Hoy comienzo esta reflexión con la intención de haceros y hacerme esta pregunta: ¿Cómo creéis vosotros que es el mundo en que vivimos?

Me estoy imaginando algunas de vuestras respuestas: Un desastre, de locos, no está tan mal, regular, mejorable, mucha contaminación, demasiadas guerras, excesiva pobreza… Y así una lista interminable de quejas y opiniones ¿Verdad?

Pues bien, hoy me he despertado más optimista que de costumbre, y ahí va la opinión que yo tengo en este momento.

Ciertamente estamos un poco locos. Eso es verdad. También es verdad que los aires que respiramos y el agua que bebemos, no están muy limpios que digamos. Y también es cierto que hemos perdido nuestra confianza en nuestras instituciones y en las personas que las dirigen porque pensamos y decimos que están corruptos y por lo tanto no son personas de fiar.

Pero… ¿Nos hemos preguntado alguna vez, qué hacemos nosotros personalmente para construir o al menos intentar y colaborar con los demás para hacer un mundo mejor en que vivir y dejar a nuestros hijos y nietos, sin guerras, sin contaminación, sin agresividad, sin corrupción, sin… Para que mi pensamiento y mi comportamiento sean una aportación beneficiosa para crear ese mundo mejor que todos queremos?

Solemos cruzarnos de brazos, protestar por «lo bajini», sin mover un solo dedo. Hoy amigos, os propongo u me propongo, un cambio de actitud. Debemos salir de la pasividad y pasar a la acción, pasa así poder denunciar al que contamina, , al ladrón, al agresivo, al corrupto y a todo aquel que no respete las normas naturales para una convivencia y un mundo mejores.

Son mucha las injusticias que se comenten con las mujeres y los niños. Son muchas las desigualdades que hay entre los países ricos y los pobres, y nosotros, desde nuestra comodidad, acudimos al espectáculo de la desigualdad y las injusticias perplejos y con el corazón encogido de pena e indignación, pero sin poder hacer nada.

Que nuestros deseos de arreglar este mundo, no se quede solo en pensamientos. Aportemos nuestro granito de arena, con nuestra denuncia y solidaridad.

Ciao.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La corrección: ¿Desde el corazón o desde las vísceras?


 La corrección: ¿Desde el corazón o desde las vísceras?

No toda corrección nace del amor. Hay correcciones que parecen palabras, pero llevan dentro heridas, resentimientos y deseos de demostrar que el otro está equivocado.

Está la corrección tóxica, esa que no busca que el otro mejore, sino que se sienta mal. La que aprovecha un error para ajustar cuentas, para sacar viejas heridas, para decir: «¿Ves? Ya te lo decía yo». No corrige: Humilla.

Está también la corrección destructiva, que nace más de las vísceras que del corazón. Sale caliente, impulsiva, cargada de rabia. No pregunta qué necesita el otro; necesita descargar lo que uno lleva dentro. Y cuando terminamos de hablar, quizá nosotros nos hemos quedado tranquilos… Pero el otro se ha quedado roto.

Y luego está la corrección caritativa. La que nace del corazón. No significa callar ante el mal ni mirar hacia otro lado. Significa querer tanto al otro que nos atrevemos a decirle la verdad, pero sin dejar de quererle mientras se la decimos.

Corregir desde el corazón es preguntarse antes:

«¿Esto que voy a decir le va a ayudar o simplemente me va a aliviar a mí?»

Porque podemos tener razón y, sin embargo, hacer daño. Podemos decir una verdad de la manera más equivocada. Y también podemos corregir con firmeza, pero con ternura.

Jesús no nos enseña a utilizar la verdad como un arma, sino como una medicina.

La corrección que nace de las vísceras quiere vencer. La que nace del corazón quiere salvar.

Antes de corregir a alguien, quizá deberíamos preguntarnos: ¿Quiero que cambie porque le quiero… O quiero que cambie porque me molesta?

Javier Leoz Ventura

Ciao.

domingo, 6 de septiembre de 2026

«Quien tiene un amigo, tiene un tesoro»


 Amigos, de nuevo recurro a esas postales con mensaje que nos suelen regalar para inspirarme en esta reflexión.

Esta vez dice mis postal que es un precioso canto a la amistad, un canto de agradecimiento a ese buen amigo que estoy segura que todos tenemos.

Dice así:

«Gracias Amigo… Por caminar conmigo… Por hacerme con tu afecto… Mucho más feliz el camino…

Gracias Amigo… Por  el tiempo que me das, y al escucharme… Aligeras el peso… Del dolor normal de mi existencia…

Gracias Amigo… Por darme la ocasión de darte, algunas veces algo de mi mismo… Haciéndote sentir… Que eres importante».

¿Qué bonito, verdad?

Estoy segura de que todos o casi tenemos una persona incondicional a nuestro lado. Ese amigo, esa amiga, que nos apoya, que nos escucha, que nos ayuda, en los momentos malos, pero que también celebra con nosotros nuestras horas felices.

Se dice que «QUIEN TIENE UN AMIGO, TIENE UN GRAN TESORO», y es verdad, porque tener a alguien cercano, con quien poder compartir nuestra vida, es algo de los que por desgracia no todos pueden presumir.

Tener un buen amigo es confiar plenamente en él, poder hablar a corazón abierto de todo, sin temor a que se escandalice de nada. Es poder contar con su apoyo y su consejo, sabiendo nosotros que su fidelidad es plena.

Vivimos en una época en que el acelero que nos marca la vida, nos relacionamos cada vez menos.

Tenemos mucho conocidos, pero son pocas las personas en las que podemos depositar nuestra confianza a la hora de comentar con ellas  algo que a nosotros nos preocupa. También es cierto que, son pocas las personas que se suelen prestar a la escucha dedicándonos algo de su tiempo. Por eso toda persona  que se sienta querida, por ese amigo o esa amiga fiel, debe dar gracias a Dios, por haberlos encontrado algún día, y debe tratas de conservarlos para siempre.

La buena amistad requiere una buena dosis de fidelidad, generosidad, paciencia, escucha, altruismo y sinceridad, pero si nuestra amistad es sincera, nada de esto cuesta trabajo. Conservemos nuestros amigos, porque ellos son «nuestro gran tesoro».

Ciao.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Saber escuchar


 Supongo que estaréis de acuerdo conmigo de que saber escuchar paciente y atentamente, es todo un arte, que implica un gran gesto de sabiduría.

Vivimos en un mundo en el que se habla mucho, pero se suele decir muy poco.

Es raro ver a las personas sentadas reposadamente, disfrutando de una amena y pausada conversación.

Hablamos y halamos, de nosotros mismos, pero nunca tenemos tiempo de atender a las llamadas que nos hacen los demás para que les escuchemos.

Sentarnos con los amigos alrededor de una mesa y mantener con ellos una tranquila conversación, en donde permanezcamos callados y atentos, participando de ella, e interviniendo solamente cuando se nos pida nuestra opinión, es todo un lujo y un principio de educación.

Vivimos en un mundo en el que se habla mucho, pero se suele decir muy poco.

Pero hoy, por desgracia, lo que parece que impera es hablar todos al mismo tiempo, gritando a la vez, para ver a quien se le escucha más, y queriendo imponer cada uno su criterio y su palabra sobre la de los demás, si atender a los que los demás están hablando.

Jesús siempre supo escuchar pacientemente y a tendió todas las necesidades de todos los que a Él se le acercaban.

Seamos nosotros como Él, pues debemos saber que cuando alguien nos pide que le escuchemos, es que está queriendo y necesitando compartir con nosotros sus sentimientos y preocupaciones.

Ciao.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Vivir la vida paso a paso


 Cuando escribo mis reflexiones siempre me paro a pensar antes de hacerlo, en qué temas os podría interesar más a vosotros para que, a través de ellos podáis  ver reflejados mejor vuestros sentimientos o vuestras dudas.

Una vez decidido, me pongo manos a la obra y consulto algún que otro libro, para ver si hay alguna frase o palabra que me impacte y de pie a mi  reflexión.

Eso me pasó el otro día, cuando dispuesta a escribir, abrí un pequeño libro de frases y pensamientos y me encontré con ésta de  San Gregorio Magno:

«No se escala una montaña a saltos, sino a pequeños pasos». 

Y me quedé pensando un buen rato, en que cuánta razón tiene esta frase, pues como he dicho muchas veces,  vivimos en un mundo de locos. Nos pasamos la vida corriendo  y proyectando cosas, que tal vez nunca realizaremos, sin darle la importancia que se merece el día a día.

Si sacamos conclusiones de lo que San Gregorio nos dice, podemos apreciar que  lo importante para alcanzar la felicidad  es ir superando poco a poco (paso a paso, como dice él) los obstáculos que vamos encontrando en nuestro camino y nuestro quehacer diario.

Amigos, y es que los defectos, las trabas y los proyectos, solo pueden ver la luz  si cada día vencemos y eliminamos eso que no nos gusta,  corrigiendo ese «defectillo» que tanto nos molesta, o mejor, ponemos en marcha esa idea  que siempre anda rondándonos la cabeza pero que nunca nos atrevemos a poner en práctica.

Dice el gran poeta Antonio Machado:  «Caminante, se hace camino al andar…».  Por eso en este recorrido que es nuestra vida, no nos tracemos grandes metas. Es preferible ir recorriendo poco a poco cada etapa, conquistando este nuestro mundo minuto a minuto, disfrutando siempre del presente, y  abandonándonos en los brazos del Creador  para alcanzar un futuro incierto, que aún está por llegar.

Ciao.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Piedra angular

Piedra angular, tierra fértil, nuestro cimiento.

Ese eres Tú.

Roca fuerte que nos protege; en Ti se levantan, seguras, nuestras ilusiones, proyectos, anhelos.

En Ti se gesta nuestro amor.

Suelo firme en el que caminamos, entrelazando los brazos y compartiendo la marcha con otros caminantes, amigos, hermanos; con otros peregrinos, heridos, cansados; con otros testigos, que hablan de Ti.

Piedra viva con la que se construyen casas abiertas, templos humanos de amor y misericordia, bienaventuranzas y milagros cotidianos.

Piedra angular, tierra fértil, nuestro cimiento, Jesús.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Palabra de Vida Septiembre 2026


 «La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 10).

¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si más bien lo entendemos como un don de Dios, la cosa cambia.

En la Carta a los Romanos, de la que está tomada la Palabra de vida, Pablo describe precisamente la relación entre Ley y amor, y afirma que el amor es pleno cumplimiento de la Ley. Poco antes nos ha revelado de dónde proviene este amor: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8). Por su parte, la Primera Carta de Juan dice: «En esto consiste el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

Nadie puede dar lo que no tiene. Lo había entendido bien Agustín cuando, dirigiéndose directamente a Dios, pedía: «Da lo que mandas y manda lo que quieras». Hemos recibido el don inestimable del amor de Dios y estamos llamados a no guardárnoslo, sino a ponerlo en circulación. Podemos convertirnos en sujetos en lugar de ser simples destinatarios del amor de Dios: pasar de amados a amantes, y así participar en la vida misma del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el Amante, el Amado y el Amor.

No tenemos con nadie otra deuda que la del amor mutuo –nos reconforta Pablo–, pues quien ama al otro ha cumplido la Ley (cf. Rm 13, 8).

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

«El verdadero amor al prójimo no causa ningún daño –afirma Chiara Lubich–. Es decir, nos lleva a vivir todos los mandamientos de Dios sin exclusión, ya que el primer objetivo que tienen es llevarnos a evitar todas las formas del mal en que podríamos caer, ya sea contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos y hermanas».

Así entendidos, los mandamientos de la Ley se convierten en un don del amor de Dios más que en una obligación: no constriñen nuestro amor, sino que lo liberan plenamente.

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

Para alcanzar este «pleno cumplimiento», el primer paso en el amar al prójimo es no hacerle daño. Pero además hace falta ser creativos en el amor: «No basta con no hacer daño al prójimo –nos recordaba el papa Francisco–; es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús».

¿Cómo vivir entonces esta Palabra de Vida? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás concretamente, como los amaría Jesús: Él es la plenitud del amor que se dona completamente a Dios y a la humanidad. De Él podemos aprender la alta medida del amor.

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

Doris, una chica escocesa, nos cuenta: «En nuestras visitas habituales a un refugio para personas sin hogar, entro en un mundo muy distinto del mío. Sé que lo que cuenta no es tanto lo que siento, sino amar. Un día, un hombre que reflejaba una profunda tristeza me confesó que estaba dispuesto a terminar con todo, que quería incluso morir. Me puse simplemente a escucharlo; luego nos tomamos juntos un bocadillo y un café. Y entendí que escuchar y estar presente era ya un modo de demostrar amor. Cuando llegó el momento de irme, me dio un fuerte abrazo, me sonrió y me dijo que lo que estábamos haciendo era muy importante, no solo para él, sino para todos los que estaban allí. Sentí la fuerza increíble del amor. Quizá no lo haya “salvado”, pero su gratitud me llenó de alegría, y esto, ya de por sí, es muy potente».

Claudio Cianfaglioni y el equipo de la Palabra de Vida

Ciao.