miércoles, 26 de febrero de 2025

La llamada a la contemplación

“La llamada a la contemplación nos sacude a todos por dentro, quizás porque se corresponde a la vocación humana más radical: Conocer a Dios, experimentar su presencia en lo profundo de nosotros mismos. El camino de la contemplación es senda de liberación de nuestro verdadero Ser,  que ha sido creado a imagen y semejanza del Dios Vivo. A través de la oración contemplativa se van desatando los nudos de los falsos deseos, los espejismos que enturbian la percepción de nuestra dignidad como hijos e hijas de Dios, de los hombres y mujeres que conviven con nuestra historia, en cuyos rostros descubrimos a hermanos y hermanas. La contemplación nos da una mirada nueva, compasiva.

La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama.

La contemplación es esencialmente una escucha en el silencio, una expectación. Y también, en cierto sentido, debemos empezar a escuchar a Dios cuando hemos terminado de escuchar. ¿Cuál es la explicación de esta paradoja? Quizá que hay una clase de escucha más elevada… El camino de la contemplación no es de ninguna manera una "técnica" deliberada de vaciarse uno mismo, para conseguir una experiencia esotérica. Es una respuesta paradójica a la llamada de Dios casi incomprensible, lanzándonos a la soledad, zambulléndonos en la oscuridad y el silencio, no para retirarnos y protegernos del peligro, sino para llevarnos a salvo a través de peligros desconocidos, por un milagro de su Amor.

El camino de la contemplación no es, de hecho, camino alguno. Cristo es el único camino, y  Él es invisible. El "desierto" de la contemplación es sencillamente una metáfora para explicar el estado de vacío que experimentamos cuando hemos abandonado todos los caminos, nos hemos olvidado de nosotros mismos y hemos tomado a Cristo invisible como nuestro camino. Todo el misterio de la oración contemplativa es simplemente  un misterio de Amor divino, de anhelo personal y de don gratuito.”...

Thomas Merton

Ciao.

 

martes, 25 de febrero de 2025

Contigo

Iré contigo, sin tejer nidos con ramas que se secan y esconden el horizonte con su redonda caricia.

Sin los atajos de la prisa que ignoran los paisajes, atropellan los instantes, ni besan ni respiran.

Sin girar sobre mí mismo, rueda atascada en la queja de lodos viejos y podridos sin sol y sin hermanos.

Iré contigo, que oyes con corazón hospitalario para sanar todos los lamentos, que abrazas las últimas espaldas para avanzar con todos y a tiempo, que llegas en todo ahora para estar partiendo siempre.

Benjamín G. Buelta

Ciao. 

 

lunes, 24 de febrero de 2025

¿Quién dice la gente que soy?

¿QUIÉN DICE LA GENTE QUE SOY?

Una fábula de colegio, un cuento edulcorado, una mística sin pasión.

Un hombre de antaño que vivió poco e hizo lo que nadie en tres años.

Un peregrino buscador que en sus noches espesas se dejó encontrar por su Padre –al que nunca llamó Dios–.

Un líder de su tiempo que se jugó por su pueblo sin alarde ni pompa, y que el poder mató.

Energía cósmica, alquimia pura, poder sobrenatural.

Modelo de tatuadores y dibujantes, de bucles y ruborizado.

Fotogénico como pocos, retratado por ricos y pobres.

Tema asegurado entre ateos, agnósticos y creyentes.

Presencia asegurada en discursos, catedrales y suburbios.

El que rescata y no vacila.

Cuerpo entero ante el dolor.

Prioridad vital por lo perdido, vencido y aplastado.

Palabra: Dada, encarnada.

Jamás encadenada.

Sello indeleble.

Latido, sangre, pan.

Pasional y de entraña.

Oportunidad siempre nueva.

Siempre persona y propuesta.

Nunca a medida.

Todo don.

Pasión.

Triunfo a la muerte.

Resucitado y resucitador.

Encendido amor.

Malvi Baldellou

Ciao.

 

domingo, 23 de febrero de 2025

¡Quita, mi máscara, Señor!

¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR!

La de la sordera, para que pueda escuchar con nitidez tu voz.

La del odio, para que pueda amar sin distinción.

La de la maldición, para que pueda desear siempre el bien.

La de la debilidad, para que presente mi mejilla donde sea necesario.

La del egoísmo, para que nunca mire lo qué doy ni a quién doy.

La de la conformidad, para que no exija lo que no me pertenece.

¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR!

La de los malos modales, y sea así delicado con mis hermanos.

La de la maldad, para que disfrute sembrando semillas del bien.

La del usurero, para que no busque más beneficio que el ser feliz dando.

La de la dureza, para que brote en mí la comprensión.

La de la severidad, para que sepa entender y comprender los defectos de los demás.

La de la discordia, para que vea amigos y no adversarios.

Y por encima de todo, sonreír (no reírse) porque es lo que más odia un enemigo.

Javier Leoz Ventura

Ciao.

 





sábado, 22 de febrero de 2025

Le pediría al tiempo…

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para que nunca olvide el valor que tiene un amanecer y para guiñarle un ojo a la luna cada vez que me duermo sobre su almohada. 

Que me de la vida para que nunca me rinda y para que nunca olvide lo importante que es vivir tus sueños y no, en los de los demás.

Que me de la vida para seguir saboreando el rico sabor a café y para cantar, aún haciéndolo fatal, mis canciones favoritas en el amanecer de cada día.

Que me de la vida para recorrer el mundo, para subir cientos de montañas y para creer que yo puedo. Que me de la vida para hacerme menos fotos y para disfrutar más del momento presente.

Que me de la vida para que nunca olvide la importancia de dar las GRACIAS y de hacer y decir a tiempo, todo lo que siento.

Que me de la vida para no mortificarme por aquellos y aquellas que me lastiman y juzgan. La compasión es la carta de despedida que encontrarán en sus buzones.

Le pediría al tiempo que perdonara mis torpezas, mis errores y mi no saber ser. Le pediría que me recordara quién soy cuando lo olvido y que me diese una bofetada de vez en cuando para valorar todo eso que voy olvidando por el camino. 

Chema Montserrat

Ciao.

 

viernes, 21 de febrero de 2025

Lo perfecto, enemigo de lo bueno

El perfeccionismo es una cualidad que, en principio, parece positiva. En mi caso, busco hacer las cosas de la mejor manera posible, con atención al detalle y un alto nivel de exigencia. Sin embargo, cuando ese perfeccionismo llega a los extremos, puede convertirse en un obstáculo en lugar de una virtud. Mi suegro, sabio él en sus palabras, me lo dijo de forma clara justo cuando estaba a punto de empezar con un nuevo trabajo: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”.

Esta frase me hizo reflexionar sobre cómo muchas veces, en el intento de alcanzar la perfección, terminamos paralizándonos. Nos obsesionamos con que todo esté exactamente como lo imaginamos y en este proceso, no avanzamos. Nos bloqueamos por el miedo a que el resultado no sea perfecto, cuando en realidad, lo importante es avanzar. En el fondo, lo bueno muchas veces es más que suficiente.

El perfeccionismo puede generar altos niveles de estrés y ansiedad, porque siempre nos sentimos insatisfechos, como si nada de los que hiciéramos fuera lo suficientemente bueno. Esto, no solo nos afecta emocionalmente, sino que también puede influir en nuestra productividad y en nuestras relaciones.

Aprender a aceptar lo “bueno” no significa conformarse, sino entender que, muchas veces, lo suficientemente bueno es lo que nos permite avanzar y mejorar con el tiempo. La clave está en saber equilibrar el esfuerzo por hacer las cosas bien con la aceptación de que la perfección es inalcanzable.

Al final, como decía mi suegro, es mejor hacer bien algo imperfecto que no hacerlo por el miedo de que no sea perfecto.

Olalla Caridad García

Ciao.

 

jueves, 20 de febrero de 2025

Dios esencial

Todos, en algún momento, nos hemos preguntado seriamente sobre quién y cómo es Dios. Teólogos y filósofos de todas las épocas han formulado las más variadas respuestas a las interrogantes sobre ¿Cómo pensamos acerca de Dios? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo es su carácter?, ¿Dónde está? ¿Podemos nosotros tener contacto con Él y, de ser así, cómo?

La idea más importante a tener en cuenta, y que no debemos perder de vista, es que Dios no es un hombre magnificado. Intelectualmente, la mayor parte de la humanidad se ríe, por considerar pueril, de la idea de una divinidad antropomórfica, pero basta observar las ideas y el lenguaje sobre Dios para darnos cuenta de cuán profundamente esta concepción está arraigada en la mente humana.

La Biblia dice que Dios es espíritu y que aquellos que lo adoran, deben "adorarlo en espíritu y en verdad"... Adorarlo en espíritu significa elevarnos hacia una comprensión espiritual de su Naturaleza. Intentar definir a Dios con nuestros pensamientos y palabras equivaldría a reducirlo a la categoría de un ídolo mental

Meister Eckhart escribió: «El hombre no debe tener un Dios pensado ni contentarse con Él… Uno debe tener más bien un Dios esencial que se halla muy por encima de los pensamientos de los hombres y de todas las criaturas.» Pero nosotros podemos obtener un excelente conocimiento básico acerca de Dios, considerando diferentes aspectos de Su naturaleza y de su acción, sin por eso identificarlos con la esencia divina.

"Por medio de lo que Dios ha creado, todos podemos conocerlo, y también podemos ver su poder. Así que esa gente no tiene excusa." Romanos 1:20

Pbro Andrès Ayala

Ciao.