
Leyendo esta historia, muy cercana a la vida que yo he vivido, podría decirse que yo estoy como esta abuelita, porque somos casi de la misma generación. ¡Me parece todo tan lejano! Y la verdad es que no ha pasado tanto tiempo, jajaja.
Este relato nos demuestra lo rápida que ha pasado la vida y lo que hemos prosperado, pero siento con cierta tristeza que no en todo hemos salido ganando.
Hemos perdido lo esencial de la vida del ser humano: El respeto, la educación, los valores, las ganas de superación, el amor a la familia, la categoría del ser humano en sí...
Hemos ganado en tecnología, y eso no está mal, porque nos ha facilitado mucho la vida, pero pienso que si el ser humano pierde su esencia, mal vamos a acabar y a la vista está, que vamos "de cabeza, cuesta abajo y sin frenos", hacia un mundo materializado y sin ninguna clase de moral.
Imagino que muchos de vosotros os sentiréis identificados con las respuestas de esta linga abuelita, así que desde aquí os animo a luchar porque todos esos valores perdidos se vayan recuperando, porque mala herencia estamos dejando a nuestro hijos y nietos si este mundo no cambia y vuelve a sus orígenes morales.
¡ES CURIOSO PERO TODO VA TAN DEPRISA!
¿Que edad tienes abuela?
Una tarde un nieto estaba charlando con su abuela sobre los acontecimientos actuales.
Entonces, él preguntó:
¿Qué edad tienes abuela?
La abuela respondió: Bueno, déjame pensar un minuto…
Nací antes de la televisión, las vacunas contra la polio, las comidas congeladas, la fotocopiadora, el fax, los lentes de contacto, la píldora anticonceptiva y el freesbee.
No existían los radares, las tarjetas de crédito, el rayo láser, los teléfonos móviles o los patines en línea.
No se había inventado el aire acondicionado, los hornos de microondas, las lavavajillas, las secadoras, y las prendas se ponían a secar al aire fresco; se usaba el mortero y no las licuadoras.
“Gay” era una palabra respetable en inglés que significaba una persona contenta, alegre y no homosexual, al que cariñosamente llamábamos “loca”.
De lesbianas, nunca habíamos oído hablar y ni los muchachos usaban pendientes.
Conocíamos la diferencia entre los sexos, pero a nadie se le ocurría cambiar el suyo; nos conformábamos con el que teníamos.
No había mujeres peluqueras, ni estéticas unisex.
SIDA no significaba nada, aids en inglés era un ayudante de oficina.
No se hacían citas, ni se concertaban matrimonios por ordenador ni por agencias matrimoniales.
Tu abuelo y yo nos casamos y después vivimos juntos, y en cada familia había un papá y una mamá.
El hombre todavía no había llegado a la Luna y no existían los aviones de propulsión a chorro para pasajero.
No se hacían trasplantes de corazón; se remendaban calcetines no corazones, y se desatascaban los caños, no las arterias.
Nací antes del ordenador, los virus provocaban viruelas más no desaparecían los archivos, “Chip” significaba un pedazo de madera, “hardware” era la ferretería y el “software” no existía.
No había las dobles carreras universitarias, ni estrés, ni traumas prenatales, ni las terapias de grupo ni los psicólogos.
Se jugaba en la calle al trompo, a las canicas, no a la Nintendo.
Hasta que cumplí 25, llamé a cada policía y a cada hombre, “señor”, y a cada mujer “señora” o “señorita”.
Tener una relación era llevarse bien con los primos o simplemente tener una amistad.
En mis tiempos la virginidad no producía cáncer.
Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 mandamientos, el buen juicio y el sentido común.
Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos.
Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada.Hablando de máquinas, no existían los cajeros automáticos, las máquinas de helado en las peleterías, los radio reloj despertador, para no hablar de los video casetes ni las filmadoras de vídeo.
Si en algo decía “Made in Japan” se le consideraba una porquería y no existía “Made in Korea” , “Made in Taiwan” ni "Made in China".
No se había oído de Pizza Hut, McDonalds ni de “fast food” ni el vídeo bar o la disco.
La salsa era un condimento, no se bailaba.
No había el café instantáneo ni los endulzantes artificiales.
Se podía comprar un Chevrolet Coupé nuevo por 600 dólares (pero... ¿quién los tenía?).
Costaba 30 centavos el litro de gasolina y un solo automóvil era suficiente para la familia.
Había tiendas donde se compraban cosas por 5 y 10 centavos. Los helados, las llamadas telefónicas, los pasajes de autobús y la Pepsi, todo costaba 10 centavos.
En mi tiempo, “hierba” era algo que se cortaba y no se fumaba; “Coca” era una gaseosa y no se inhalaba y la música de rock era la que hacía la mecedora de la abuela.
Las “conejitas” eran simplemente unos animalitos y los escarabajos no eran volkswagens.
Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo.
Ahora dime, ¿cuántos años crees que tengo?El chico respondió: “¿Más de cien?”
“No, mi amor……. solamente 60!“
Ciao.
2 comentarios:
Buenisimo. Me has hecho reír. Mañana lo leo en familia. Un saludo y mi oración en el rosario de hoy
Me alegra haberte alegrado el día y haberte provocado una sonrisa.
Además de hacer caer en la cuenta de lo que hemos prosperado, también he querido resaltar lo que este progreso ha supuesto para los que tenemos cierta edad y hemos crecido con él.
Muchas veces hablando con amigas de mi generación, nos asustamos lo rápido que ha pasado todo sin apenas darnos cuenta.
Este progreso no solo ha traído más comodidades a nuestra vida, sino que pienso yo que, nos ha hecho perder muchas cosas, que en aquellos tiempos eran elementales y ahora muchos ni las conocen.
feliz puente y disfrútalo.
Un abrazo
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