
Tenemos muchos problemas en nuestra vida, y la mayoría de ellos tienen solución.
Este pequeño cuento nos enseña a encararlos de la mejor manera posible. Espero que os guste.
Dos ratoncitos, uno optimista y otro pesimista, cayeron al mismo tiempo en dos vasijas que contenían leche.
El ratoncito pesimista dice:
- No puedo salir de este cacharro, porque las paredes son muy lisas. No puedo respirar en la leche, voy a asfixiarme, estoy perdido.
Y, en efecto, se asfixia y muere.
El ratoncito optimista, no sabe tampoco qué hacer; pero como es optimista trata de hacer algo y se agita en todos sentidos.
Como se está moviendo continuamente, bate la leche con tanto vigor que ésta se transforma en mantequilla.
El ratoncito entonces se sienta sobre la mantequilla y puede respirar libremente.
Esto prueba que quien posee un carácter optimista hace siempre algo, aun cuando no sepa qué hacer para salir en una situación difícil; pero sigue luchando y confiando en Dios y Él es poderoso para hacernos "más que vencedores."
Ciao.
2 comentarios:
Excelente cuento,el optimismo debe ser la tarjeta de identificación del cristiano. Más en este tiempo en que el optimismo nace de la certeza de que Dios nació y puso su morada entre nosotros...
Me he tenido que reír, porque mi esposa dice siempre que yo soy el optimista y ella la pesimista. Que en todas las circunstancias busco el lado bueno y que ella no lo logra. Siempre le digo. Querida, hay que tener fe, seguro que esto ocurre para sacar algo bueno. Y por supuesto siempre gana el optimismo. Ja,ja.
He puesto una iniciativa para el 24 en mi blog. Espero que te unas.
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