sábado, 26 de diciembre de 2009

Jesús, en esta Navidad, danos el pan de cada día



Un año más, celebramos la Navidad, donde recordamos de una manera viva y entrañable el nacimiento del Hijo de Dios, encarnado en Jesús de Nazaret.
Él es nuestro Dios-con-nosotros (Enmanuel).

En el momento del nacimiento de Jesús, el pueblo empobrecido, marginado y excluido vivía en la miseria, la explotación y la humillación. Los poderes económicos, religiosos, políticos y militares se habían apropiado del nombre de Dios y lo utilizaban para legitimar este orden social. Existían instituciones y sistemas socioeconómicos que mantenían este orden injusto e inhumano.

Pero el pueblo vivía con la esperanza de la llegada de un Mesías, de alguien que le devolviera su dignidad. Y este pueblo trabajador, sencillo y empobrecido encontró en Jesús de Nazaret al libertador, a la persona que iba a traer la justicia, la libertad y la fraternidad; pero una justicia, una libertad y una fraternidad construidas con la lucha y el compromiso de tod@s.

Han pasado ya algunos siglos y continuamos experimentando que sigue existiendo un pueblo trabajador, sencillo y empobrecido; y que siguen existiendo quienes lo explotan y oprimen.
En la actualidad nos encontramos con otras circunstancias, pero ante el mismo sistema, y no podemos obviar en este momento, lo que supone la crisis alimentaria –de la que ya, prácticamente, nadie habla -y la crisis financiera.

Por eso hoy quiero aportar esta reflexión, desde el acontecimiento del recuerdo del nacimiento del Hijo de Dios.

La primera pregunta sería: ¿Qué vemos?
Una crisis cuyos culpables guardan su dinero en los paraísos fiscales, recibiendo, sin embargo, una cuantiosa indemnización, mientras el resto de los mortales son víctimas de dicha crisis, perdiendo su trabajo, su potencial económico, en definitiva, su dignidad.

Un mundo que gime de dolor y que no tiene fuerzas ni siquiera para elevar su voz, como ocurre con el continente africano.

Un mundo de enriquecidos que consiguen sus riquezas empobreciendo a personas, colectivos y pueblos.

Personas con un trabajo precario, con bajos salarios y sin capacidad para hacer frente a la subida de precios en los productos básicos, debido a la especulación: alimentación, vivienda…

Una sociedad desmovilizada socialmente y que ha entrado de lleno en el consumismo; incluso el tiempo de Navidad ha sido convertido en negocio.
Resulta una paradoja que muchos explotadores o dictadores tengan las imágenes de un nacimiento en sus casas.

Un sistema productivo que impide la conciliación de la vida familiar y laboral.

Un mundo que permite y fomenta la esclavitud infantil y la prostitución.

La segunda pregunta sería: ¿Qué cuestionamos?

Nuestra misión viene dada por el propio Jesús de Nazaret, tal como aparece en el Evangelio de Lucas (Lc 4,18-19) :
El Espíritu del Señor descansa sobre mí,porque Él me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos, y poner en libertad a los oprimidos, y proclamar el año favorable del Señor.

Ésta es la misión de todos los cristianos, y hoy quiero subrayar que nuestra visión del mundo arranca aquí.

El mensaje de Jesús tiene como esencia el amor, que comparte con los débiles y los empobrecidos, hasta romper todas las distancias y todas las separaciones.
El mensaje del capitalismo se dirige a los enriquecidos, para que acumulen riquezas y beneficios.

Para el cristianismo, lo fundamental somos las personas. Para el capitalismo, lo fundamental es el dinero (dólares, euros…).

Para el cristianismo, es fundamental la vida en todos sus ámbitos. Para el capitalismo, la destrucción de vidas humanas, del medio ambiente, de las relaciones familiares y sociales…, está justificada por el máximo beneficio.

El cristianismo se basa en la paz y en el reparto de la riqueza entre los que no tienen. El capitalismo se basa en la conquista de zonas de gran riqueza en materias primas, fomentando incluso los conflictos bélicos.

El cristianismo acepta la ayuda económica sin exigir intereses, lo contrario es usura. El capitalismo se basa en el préstamo de dinero con intereses variables, arruinando más aún a las familias, a los países empobrecidos (deuda externa), etc.

Para el cristianismo, el otro, el prójimo, es un hermano. Para el capitalismo, el otro es un competidor y un enemigo.

Para el cristianismo, el trabajo debe ser remunerado con un salario justo, y desarrollado en condiciones laborales dignas. Para el capitalismo, l@s obrer@s son un mero gasto en los libros de contabilidad, gasto que hay que abaratar como sea.

¿Qué hacer?

Con el nacimiento del Hijo de Dios nació la justicia, la igualdad, la dignidad, la reconciliación, la paz. Jesús entró en conflicto con los poderosos de este mundo en defensa de los excluidos y explotados y ésa es nuestra vocación: Un compromiso y una lucha por una humanidad de todos y para todos.

Es por lo que ahora y siempre debemos...

Trabajar por la dignidad del ser humano en todos sus aspectos.

Participar con nuestro compromiso para construir el Reinado de Dios.

Sensibilizar y concienciar de esta misión en todos los ámbitos de nuestra vida: Familia, amigos, compañeros y vecinos.

Que esta Navidad sea un tiempo donde se renueve nuestra fidelidad al mensaje de Jesús de Nazaret, para que todos tengan trabajo y pan, no cayendo en la indiferencia, el confort o la apatía.
Que nuestra propia vida sea expresión de los valores del Reino de Dios.

¡Jesús, danos el pan de cada día!

Ciao.

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