Ayer, tercer Domingo de Adviento, era el domingo Gaudete= Domingo de regocijo (Álegrate).
Este domingo nos invitaba a estar alegres por la venida del Salvador al mundo.
El sacerdote que celebró la misa, y pronunció la homilía, mi amigo Emilio, hablaba de este poema y de esta sinfonía, que os dejo con este vídeo. Como podéis aprecias, la letra original, no tiene nada que ver, con el Himno a la Alegría que estamos hartos de cantar.
Y es que, este domingo, se hace un parón en los momentos de reflexión, a los que nos invita este tiempo de Adviento, para decirnos que todos debemos sentir la alegría, además de por la venida de Jesús, sino por toda nuestra vida.
Y seguía diciendo mi amigo... "La alegría y la tristeza, son como dos hermanos siameses... Las dos situaciones van unidas, y nada sería de nuestra vida sin gozos y sin sombras"...
Tan peligrosa sería una vida toda llena de alegrías y satisfacciones, como una vida en la que la desgracia y los sinsabores, son una constante permanente.
La Virgen María, desde el anuncio del Ángel, sabía lo que le esperaba en la vida. Sería la Madre de Dios, pero a su vez supo, que ese Hijo que llevaba en sus entrañas, sería el motivo de su sufrimiento. A pesar de todo, dijo SÍ, y no solo que aceptó los designios de Dios, si no que se alegró por haber sido la Elegida entre todas las mujeres: "Se alegra mi espíritu, en Dios mi Salvador..."
Nuestra vida debe ser como la María. Alegre, por pertenecer a través de la Fe que hemos recibido a la gran familia de Dios, pero a su vez sumisa a los designios que Dios nos tenga preparados.
Diremos un sí con alegría, y nos encomendaremos a ese Dios Padre, a ese Jesús Hermano y a ese Espíritu Santo Iluminador, para que nos den la luz y la fuerza que necesitamos, para afrontar cada situación.
Ciao.
No hay comentarios:
Publicar un comentario