
La palabra solidaridad está en la actualidad muy bien aceptada socialmente y potenciada por aquellas personas que sienten en sus vidas que hay que hacer algo, por el bien del resto de la humanidad. Hay muchas personas que viven en unas condiciones totalmente precarias y que necesitan lo más básico y no lo tienen, y con la solidaridad humana, se pueden remediar muchas carencias.
¿Quién podría renunciar conscientemente a la solidaridad en su interior?
Ciertamente hoy, más que nunca, las ONG’s nos hacen sensibles a estas necesidades del prójimo, y nos informan de todas las necesidades que pedece este mundo. Con toda la información que tenemos, sería imposible que no nos demos cuenta de ello.
Los cristianos nos sumamos también a esta palabra, y a estas acciones generosas cuando se nos pide nuestra aportación, pero realmente de lo que nosotros debemos de hablar es de fraternidad.
Hay muchas cosas que aún debemos de cambiar entre nosotros, los seres que habitamos en la tierra.
En el mundo hay recursos para todos y la realidad es que unos tenemos más y a otros aún no les han llegado las oportunidades para tener una vida digna, con las necesidades para desarrollarse humanamente …Es de justicia que todos tengan las necesidades básicas cubiertas.
Nosotros, como cristianos, debemos de pensar en clave de hermanos.
Todos, como hijos de la gran familia que formamos, y desde ahí, debemos de preocuparnos por ellos, sintiendo su dolor en lo más profundo de nuestro ser, donde nuestro Padre ha preparado un hogar donde todos podamos desarrollarnos.
Debemos recordar esta diferencia porque, cuando pensamos en solidaridad aparecen en nuestras cabezas imágenes de extrema pobreza, pero debemos de darnos cuenta que la solidaridad o fraternidad, también se debe de seguir construyéndose en nuestra realidad más inmediata.
Sintiendo la fraternidad como valor esencialen nuestras vidas, obramos con los que tenemos cerca, de la misma manera que nos lo planteamos con los que viven lejos.
Pero puede existir un problema y tal vez se nos plantee alguna vez: Los que están lejos no precisan de nuestro tiempo, sólo de nuestra colaboración económica. No nos van a entorpecer nuestro ritmo diario, por así decirlo.
Pero en cambio, los que tengemos más cerca sí. Precisan de nuestros momentos concretos, necesitan nuestras visitas y atenciones, y con estas actitudes, son capaces de “importunarnos” con sus problemas… Es entonces cuando debemos de mirar hacia nuestro interior para pensar si de verdad el concepto de fraternidad vive con nosotros o sólo es una idea que está bien para potenciarla y exponerla en cualquier lugar donde estmos.
A los hermanos de sangre se les perdonan las cosas porque son mis hermanos; se les procura que vivan felices porque nosotros también lo somos con ellos… Pero cuando el cristianismo se adentra en nuestro corazón, comprendemos la misión que Dios nos tiene encomendada: Sentirnos parte de una humanidad hecha como fraternidad… Ahí comienzanuestro "problema", porque todo lo que acontece en nuestra vida es parte de las vidas de los otros.
Estamos unidos no por sangre, pero sí en la misma historia de salvación de la vida.
Es como cuando tiuramos una piedra al lago… Las ondas que provoca llegan lejos, y se van extendiendo, hasta formar un gran círculo.
Todo en nuestra vida es igual. Lo que pensamos, sentimos y expresamos, tiene también una trascendencia que debe llegar a todos.
Sentir a todas las personas como parte de nuestra vida es difícil, pero no imposible.
Sentir y vivir la cotidianidad como fraternidad haciéndonos presentes en sus problemas, es también un gesto de “solidaridad”, de compartir. Se trata de sentir nuestra presencia en la dell otro, de buscar nuestra dignidad si se nos ha roto, de encontrar con el otro, una solución a su tristeza o su melancolía, de no pasar de largo ante las dificultades del anciano o del deficiente, de sentir el dolor del que está enfermo o en cualquier otra circunstancia.
Este tipo de “solidaridad” es más difícil, pero es más cercana, porque tiene rostros que podemos identificar.
También hace falta estar con los cercanos y con los lejanos, por supuesto.
Saber de las necesidades que pasan los demás, hace que salgamos de nuestro yo, que es el que hace que nos miremos una y otra vez, para acercarnos al otro y encontrarnos con él, para compartir este espacio de mundo que nos ha tocado vivir.
Es adentrarnos en el misterio de la vida que nos tiene ligados unos a otros, en estos momento de la historia y, desde la cercanía, hacer el milagro del amor más palpable para todos.
Los que siguen apostando por la fraternidad solidaria, se convierten más humanos, más tolerantes, más cercanos.
Hoy necesitamos soñadores, inventores de esos sueños fraternos o solidarios, donde el mundo vaya tomando otro ritmo.
Los soñadores de este mundo trabajan porque el orgullo no les haga perder la sensibilidad.
Trabajan su interior para ver a todos por igual, independientemente de su condición social, de su manera de pensar, de su raza o de su idioma.
El lenguaje del amor es internacional y se expresa y siente de la misma forma en todos los seres humanos.
Se acerca la navidad y nosotros, como creyentes, celebramos la presencia en nuestras vidas de todo un Dios que se hace condición humana (como cada uno de nosotros) y que nos enseña cómo debemos de vivir y soñar para con los demás.
Quizá es el momento de ponernos delante de nosotros mismos, delante de Dios para preguntarnos si queremos ser constructores de un mundo donde se viva un poco más la fraternidad.
Se nos recuerda que es Dios quien nos hace partícipes de una gran mesa redonda, sin esquinas, donde todos nos podamos mirar de frente.
Un mundo que sepa más a Dios porque hemos descubierto, y ya disfrutamos y vivimos la alegría de ese plan de amor que se nos ha propuesto.
Este es un camino hacia la vida en nuestros planteamientos diarios. Es por lo que trabajamos y anunciamos con fuerza, desde las experiencias que vamos teniendo.
Felicidades a todos los que siguen apostando por la fraternidad universal como patrimonio de la humanidad.
Felicidades a los que quieren seguir celebrando ese gran invento de amor de parte de Dios, PADRE NUESTRO, que nos envía a su Hijo para enseñarnos a vivir en fraternidad.
Felicidades también a los que optan por la solidaridad como principio en sus vidas.
Ciao.
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