jueves, 5 de septiembre de 2013

El crisol del sufrimiento





Las descripciones bíblicas de los sufrimientos de Jesús están bien documentadas.
Él sufrió de acuerdo con la “voluntad de Dios”. 
Jesús continúa haciendo algo sorprendente con el sufrimiento. Desde el principio hasta el fin, su sufrimiento es de naturaleza redentora. Él tomó todo el sufrimiento de la humanidad sobre sí mismo: así saca su aguijón.
Luego nos lo devuelve–purificado y destinado a hacernos semejantes a Él.
Lo que salió de la mano de Satanás con el propósito de destruirnos, ahora viene de la mano del Señor en la forma de ese golpe resplandeciente, sólo para nuestro bien.
Es verdaderamente curioso lo que Jesús hace por nosotros.
A causa de Él, el sufrimiento, en un sentido real, es un don de Dios que Jesús nos invita a recibir y aceptar.
También resulta curioso que Jesús mismo sea la encarnación del verdadero sufrimiento, y que por medio de Él sólo experimentemos las sombras del sufrimiento por la voluntad de Dios.
A semejanza del bautismo que Jesús recibió por toda la humanidad, así también Jesús soporta el sufrimiento por todos nosotros.
Nosotros completamos “lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Col. 1:24).
Participamos en la fraternidad de su sufrimiento, pero sin el aguijón mortal.
Las Escrituras dicen que "Cristo mismo ha padecido el sufrimiento y la tentación; y Él es capaz de ayudarnos cuando somos tentados" (Heb. 2:18).

Ciao.

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