miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Cómo educa un hombre?



El padre no es una segunda madre, y debe respetarse su estilo propio de educación, señala la profesora María Calvo.

La profesora María Calvo, autora del estudio "La importancia de la figura paterna en la educación de los hijos", del instituto The Family Watch, subraya lo imprescindible del padre en el crecimiento de los niños y las niñas, y ofrece cinco pistas para que ellos, los hombres, sepan cómo deben actuar con sus hijos.
"Son, señala la profesora Calvo, cinco claves que los padres y muy especialmente las madres deben conocer sobre el papel del padre en la crianza y educación de un hijo".

1. El padre biológicamente es un hombre:
La mujer debe saber que el padre es hombre y, en consecuencia, la forma de cuidar a los hijos y colaborar en el hogar será siempre diferente a la suya. Un estilo masculino de actuación que habrá de respetar en todo momento. Desde el punto de vista afectivo, la mujer debe acostumbrarse a no exigir imposibles al hombre.
De acuerdo con su naturaleza masculina el hombre no tiene la misma neuroquímica cerebral que la mujer y, por lo tanto, su forma de mostrar afecto o cariño es diferente (ni peor, ni de inferior calidad) y sus lazos de unión con los niños son asimismo distintos.
No se les puede exigir que sientan como lo hacen las mujeres tras la maternidad. Una vez asumido esto, el siguiente paso por parte de la mujer será ceder espacio de actuación al padre en el hogar.
Han sido muchos siglos de dominación femenina del ámbito doméstico y en la crianza de los hijos y a muchas mujeres les cuesta todavía asumir la necesidad de permitir al hombre entrar en ese espacio hasta ahora dominado prácticamente en exclusiva por ellas.
Es imprescindible y de justicia que la mujer muestre respeto, valoración y reconocimiento hacia la labor que realiza el hombre en el hogar, evitando las críticas y censuras injustificadas.
Los hijos captan estas recriminaciones y pierden el respeto a los padres a los que consideran inútiles y patosos en todo lo que tenga que ver con la educación y crianza de los niños o el ámbito del cuidado del hogar.

2. Hombres y mujeres son diferentes:
Existen diferencias evidentes entre hombres y mujeres a la hora de interactuar con los hijos y colaborar en el hogar.
Son distintas maneras de ver la vida que se traducen en diferentes formar de actuación. Ambos, padre y madre, han de actuar sin menospreciar la labor educativa del otro, dejando abierta la posibilidad de dejarse perfeccionar por la sensibilidad y aptitudes de la pareja.
Estas diferencias entre el estilo paterno y el materno nos permiten ver cómo la naturaleza ha dotado a hombres y mujeres de habilidades sustancialmente diferentes pero mágica y acertadamente complementarias, con el fin de lograr el equilibrio personal de los hijos.
El empeño por negar las diferencias llena nuestras relaciones de conflictos, tensiones y frustraciones.
Hombres y mujeres habitamos en dos realidades emocionalmente diferentes. Padre y madre forman un equipo, la educación individualista y atomizada de cualquiera de los dos cónyuges conduce necesariamente al fracaso educativo y al desequilibrio emocional de los hijos.

3.Único e irremplazable:
Nadie duda de que las madres son insustituibles en la vida afectiva y emocional de los hijos, así como en su desarrollo físico y equilibrio personal, pero el listado de beneficios que proporciona un padre implicado en la educación y configuración de la personalidad de los hijos es asimismo considerable y bien diferente.
La poderosa influencia de un padre sobre sus hijos es única e irremplazable. El estímulo paterno cambia la vida de los hijos. Los estudios demuestran una serie de diferencias cualitativas entre los niños que han crecido con o sin padre.
Los niños que se han beneficiado de la presencia de un padre interesado en su vida académica, emocional y personal, tienen mayores cocientes intelectuales y mejor capacidad lingüística y cognitiva; son más sociables; tienen mayor  autocontrol; sufren menos dificultades de comportamiento en la adolescencia; sacan mejores notas; son más líderes; tienen el autoestima más elevada; no suelen tener problemas con drogas o alcohol; desarrollan más empatía y sentimientos de compasión hacia los demás; son más sociables y cuando se casan tienen matrimonios más estables.
Pero un padre preocupado por la educación de sus hijos y su correcto desarrollo personal y social, no sólo beneficia a sus hijos y a la madre, sino que se beneficia a sí mismo, profesional y personalmente.
Diversos estudios muestran que los padres implicados en la atención a los hijos tienen mayor éxito profesional que los que no lo están.
El cuidado y atención de los hijos hace hombres más plenos y virtuosos. Los hombres que se tomen en serio su paternidad serán en el futuro los mejores candidatos para cargos de liderazgo político y empresarial.
Un  estudio desarrollado por la Universidad estatal de Ohio mostró beneficios también sobre la salud de los padres, pues su implicación está directamente asociada con una disminución del riesgo de depresión, drogadicción y comportamientos arriesgados, especialmente en padres de nivel de renta bajo.
Otra investigación del Wellesley College, en 1991, demostró que la participación activa de los padres en la educación y crianza de los hijos es un factor preventivo de enfermedades mentales en aquellos padres que no encuentran satisfacción ni reconocimiento en sus puestos de trabajo.

4. ¿Qué desea un hijo?:
Cuando se les preguntó a dos mil niños de todas las edades y circunstancias qué era lo que más les gustaba con respecto a sus padres, la respuesta universal fue: "Él pasa tiempo conmigo”.
Sin embargo la realidad es que a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años, la suma del tiempo que los padres pasan con sus hijos ha bajado en un promedio de diez a veinte horas semanales. Cantidad es el prerrequisito insoslayable para que exista calidad, porque crear una relación de mutua confianza, que es la base para cualquier relación paterno-filial saludable, solo se consigue invirtiendo tiempo juntos.
La educación de los hijos no es un sprint, es una carrera de fondo. Un padre no puede aparecer y desaparecer de la escena según la mayor o menor dificultad en determinadas etapas de la vida de los hijos.
El padre debe implicarse desde el nacimiento del hijo hasta el final de sus días. La perseverancia y el compromiso son fundamentales. La educación de los hijos es una carrera de fondo con baches, pinchazos, curvas imprevistas y caídas. Es en los momentos complicados cuando se pone a prueba la grandeza del amor de un padre.
Nuestros hijos necesitan más tiempo con su padre, aunque durante ese tiempo surjan peleas, discusiones, silencios o conflictos. Todo ello es importante para la configuración personal del hijo y le ayuda a fortalecer su carácter. Nada eleva más la autoestima de un hijo que saber que a su padre le gusta estar con él. Se sienten seguros sabiendo que son importantes para sus padres y merecedores de su atención.

5. La libertad:
Ser padre supone crear el entorno óptimo donde los hijos puedan crecer en equilibrio, y darles seguridad afectiva y vínculos sin ataduras, sin prisiones, sin facturas y sin convertirlos en medios para conseguir nuestros fines.
Un hijo es descendencia, no pertenencia. A los hijos hay que amarles por su esencia, no porque cubran o cumplan nuestras expectativas. No debemos olvidar nunca un principio esencial: la tabla de salvación para los problemas emocionales de los jóvenes es sobre todo un padre que mantenga la conexión sean cuales sean las circunstancias.

Rosa Cuervas-Mons

Ciao.

2 comentarios:

terapia de pareja df dijo...

Es un gusto encontrar artículos que reivindiquen el valor de la participación de los padres en la crianza de sus descencientes. Es motivador y estimulante leer estas líneas tanto para hombres como para mujeres.
Como terapeutas de pareja, tendremos muy en mente este artículo y lo recomendaremos ampliamente.

Saludos cordiales¡

Lourdes Garcia Ruiz de Ojeda dijo...

Muchas gracias por tu visita y comentario. En este blog podrás encontrar varios artículos y post sobre la familia y la educación de nuestros hijos. Son artículos que no son míos, pero que creo que son muy interesantes para compartirlos y que las personas los conozcan.
Un saludo.