martes, 7 de febrero de 2017

Aprender a mirar



No perdamos la vida en miradas chatas. Alcemos los ojos, más allá de los muros pequeños que quieren restringir nuestra vista. Aprendamos a escalar las tapias, y a indagar, más allá. Más allá de la convención y la rutina. Más allá de lo que se lleva o no se lleva. Más allá de la fe rebajada, o la increencia de moda. Más allá de los tópicos y las discusiones interminables. Más allá de la queja infantil. Más allá de la palabrería… Mucho más allá.

«Ambicionad los carismas mejores» (1Cor 12, 31)

Supongo que hay una ambición que no es muy sana. Acumular prestigio, riquezas, poder, triunfo, seguridad… Si esa es la única meta puede terminar encerrándonos en una jaula de oro. Pero cabe otra ambición profunda.
Aspirar al amor. A la fe. A la justicia. A Dios. Aspirar a una vida llena –que se llena al vaciarse de humo– Y no limitarse a estar sentado, esperando que algo pase.
Buscar. Sin decirse «algún día». Buscar respuestas. Buscar mejores preguntas. Buscar algo que dé sentido a cada día. Buscar versos que reflejen la verdad que perseguimos. Buscar a Dios ¡Es la hora!

¿Qué busco yo en mi vida? ¿Qué hay de búsqueda en mis días? Y a Dios, ¿Cómo le busco? ¿Y dónde le encuentro?

«Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y os abrirán» (Mt 7, 7)
Eso es lo bonito. Que el que mira, al final, descubre. El que busca, al final encuentra. Y entonces hay instantes de esos que se convierten en referencia. Memorias que nos dan motivos para caminar. Vivencias que ya nadie nos puede quitar. Caricias que se convierten, para siempre, en roce vivo. Instantes de comunión en los que la fe, por un rato, tiene más de respuesta que de pregunta. Celebraciones auténticas. Fiestas donde la alegría es tan real que sonríes al recordarlo.

¿Qué momentos han sido para mí momentos de encuentro, de profundidad, de vida? ¿Qué nombres están ahí?
Y desde la fe ¿Alguna vez me he encontrado así?

Pastoral SJ

Ciao.



1 comentario:

Manuel Sánchez Valderrama dijo...

Y vendrá el que no juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas.

¡Cuánto daño por apariencias y por sentenciar de oídas!