Sí, es verdad que el cielo calla.
Y cuando habla, atruena.
Es verdad que el frío se ha instalado entre nosotros.
Que el llanto no encuentra albergue.
Que la dureza tiñe relaciones y miradas.
Es verdad que andamos extraviados, entre espejismos y reflejos.
Que el prójimo se aleja.
Que la risa se ha vuelto un bien escaso.
Que se acaba el vino, y no hay milagros.
Es verdad que la furia campa a sus anchas por palabras y gestos.
Nos vamos doblando, encerrando en la prisión interior, y miramos la llave con desprecio.
Hace falta, más que nunca, creerte.
Necesitamos que desanudes las esperanzas.
Queremos confiar en que es posible abandonar la estridencia y sabernos hermanos.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao.

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