A veces estás en la tormenta, la pasión desbordada, el estruendo de batallas en que me rompo, contigo o contra Ti, y eres aguacero, que enfría mis certidumbres o apaga mis incendios.
A veces estás en el huracán que me asusta y me enardece, bramando con fragor de profeta, desgarrando el mundo con la protesta de todas las víctimas que sufren, gritan y exigen justicia, y eres el viento que me arranca del hogar hasta que bailo con el mundo.
Pero otras veces estás, cotidiano y discreto, como brisa en la mañana, en el cansancio de los días sin motivos, en la rutina del reloj de dentro, en las derrotas sin drama, o las victorias sin fiesta.
Y eres silencio en mi oración desierta, eres caricia inadvertida, que, sin yo notarlo, alivia las viejas heridas de siempre.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao.

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