Ayer nos saludaba el primer domingo de la Cuaresma de este año 2024. Y lo hace con el final del diluvio y con el desierto. Porque todos los años el primer domingo de Cuaresma nos vamos al desierto con Jesús, a verle superar las tentaciones.
El amor de Dios a la humanidad es eterno. Al final del diluvio, se presenta el nuevo mundo, con la garantía de que Dios no volverá a destruirlo. La familia, la naturaleza, todo adquiere un nuevo color, a la luz del amor de Dios. A pesar de las dificultades. A pesar de que no todo va como debería. Dios es fiel, guarda siempre su alianza.
El desierto, por su parte, es el lugar de discernimiento, formación y maduración. En el silencio, podemos pensar en lo que Dios quiere para cada uno. Fue en el desierto donde el pueblo de Dios tomó conciencia de que eran los elegidos por el Señor. Cuarenta años de éxodo, de pruebas, de luchas y problemas, para salir fortalecidos y unidos.
Ciao.

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