1. Dejar de ver la televisión nos hará ser más objetivos, y más reflexivos.
2. Olvidar el fumar contribuirá a la limpieza de los pulmones y el riesgo de otras tantas enfermedades.
3. El hablar bien de Dios será signo de cultura, equilibrio, delicadeza y de recurso lingüístico.
4. Racionalizar el licor (amén de no multiplicar la vista por dos) nos arrancará del puro consumismo.
5. Hablar menos y rezar más puede ser un modo práctico de conservar bien las cuerdas vocales y la salud cristiana.
6. Escuchar la Palabra de Dios, y no dejarnos llevar por la última opinión de turno, dará seguridad a nuestros pasos.
7. Hacer menos gimnasia y deporte (al contrario de lo que señalaba cierto político) y un poco más de ejercicio espiritual (según un estudio reciente) prolonga la vida, calma el flujo sanguíneo y procura un mayor enriquecimiento personal.
8. Olvidarnos de tanto rostro político, divos, revistas de corazón, etc., y leer, por ejemplo, el programa de Jesús de Nazaret narrado y dibujado con letra y con sangre en los Evangelios.
9. Recuperar el símbolo de la cruz y llevarla especialmente en el pecho durante estos 40 días. Lejos de ser un adorno puede ser una “pancarta” de la vida que quiere conquistar quien lo lleva colgado.
10. Perdonar las pequeñas cosas del ayer que se convierten en permanentes sufrimientos del hoy.
¿Estamos dispuestos? ¡Hacia la Pascua con ellos!
Javier Leoz Ventura
Ciao.

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