SUBIRÉ CONTIGO, SEÑOR
Quiero, hoy más que nunca, gustar y saber, vivir y contemplar lo qué es un momento de gloria divina, un resplandor del cielo.
Y, porque vivo en el barro y sin mirar a lo alto, quiero subir contigo, Señor y comprender que no existe auténtica entrega si, de antemano, no es fecundada con el sacrificio.
Quiero, hoy y siempre, ascender contigo a ese lugar que el mundo me evita y hasta me oculta: El monte del sufrimiento, la cumbre del esfuerzo personal, la altura de miras cuando, al seguirte, se convierte lo grande en pequeño y, lo pequeño, como un anticipo de la gloria que me espera.
¿Me ayudarás, Señor?
Ni mi hombro está preparado para llevar el grueso madero de una cruz ni, mis oídos, se encuentran dispuestos a escuchar más golpes de martillo sobre clavos.
¿Me ayudarás, Señor?
Mira que, mis pies acostumbrados a lo bueno prefieren ir por caminos de comodidad por sendas que se alejen de las dificultades por atajos que eviten el sudor o el llanto.
SUBIRÉ CONTIGO, SEÑOR
Al Tabor de mis días.
A ese lugar en el que con tu Palabra me abres horizontes de perdón y de vida.
A esa montaña en la que Dios me hace sentirme querido, tocado, amado, agraciado y premiado con su presencia.
SUBIRE CONTIGO, SEÑOR
Haz que tu resplandor inunde mi vida con una nueva luz.
Haz que tu presencia me haga fuerte en la tribulación.
Haz que al adorarte, siempre y en todo momento, sea causa de fortaleza para avanzar hacia la Patria Eterna.
No hay triunfo sin esfuerzo no existe la gloria sin contradicción no es posible una luz sin cruz.
Amén.
Javier Leoz Ventura
Ciao.

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