domingo, 4 de enero de 2026

Dios acampó entre nosotros


 No vino con truenos ni palacios, sino con una tienda frágil, hecha de carne, silencio y latidos humanos.

Eligió el polvo del camino en lugar del trono, el murmullo de una madre en vez del aplauso del poder.

Puso su morada en lo pequeño, en lo que tiembla, en lo que ama.

Dios acampa donde hay hambre de sentido, donde una lágrima cae sin testigos, donde alguien espera sin saber por qué.

Allí planta su tienda y se queda.

No es un Dios lejano: Comparte el frío de nuestras noches, el cansancio de nuestras manos, la esperanza torpe que insiste en vivir.

Camina con nosotros, come nuestro pan, respira nuestras preguntas.

Y cuando creemos estar solos, su tienda sigue en pie, discreta pero firme, recordándonos que lo divino no huye de lo humano, sino que lo habita.

Javier Leoz Ventura

Ciao.

No hay comentarios: