A veces nos olvidamos de algo tan simple como doloroso: Nada de lo que tenemos es realmente nuestro, ni siquiera el tiempo que creemos infinito. Cada segundo que pasa es un regalo que no vuelve, un préstamo silencioso que algún día tendremos que devolver.
Y aun así, lo desperdiciamos en personas que no se quedan, en preocupaciones que no importan, en heridas que ya no deberían doler. Vivimos como si mañana estuviera asegurado, como si la vida fuera a esperarnos cada vez que la ignoramos.
Pero el tiempo no espera. No pregunta. No perdona.
Se lleva momentos, oportunidades, abrazos que no dimos, palabras que guardamos, sueños que dejamos para “después”. Y un día, sin darnos cuenta, ese “después” ya no llega.
Por eso úsalo bien…
Invierte tu tiempo en quien te escucha, en quien te quiere, en quien se queda. Gástalo en lo que te hace sonreír, en lo que te hace crecer, en lo que de verdad vale la pena. No regales tus horas a quienes no saben valorarlas, ni tus días a quienes solo saben restarte paz.
El tiempo es prestado… Y cuando la vida pase la cuenta, lo único que importará es si fuiste feliz con lo que tuviste, si cuidaste lo que amabas, si viviste de verdad y no solo sobreviviste.
Porque al final todo se va, menos lo vivido.
Úsalo bien… mientras lo tengas.
Ricardo Lizárraga Rentería
Ciao.

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