sábado, 10 de enero de 2026

¿Y los regalos?

Cuando los Reyes Magos se marchan y el ruido del papel roto se apaga, queda una pregunta suspendida en el aire:

¿Con qué regalos nos hemos quedado de verdad?

Algunos fueron efímeros. Brillaron un instante, arrancaron una sonrisa, y luego encontraron su lugar en un cajón o en el olvido. Cumplieron su misión: Recordarnos la ilusión del momento, la magia breve de lo nuevo.

Otros fueron materiales, útiles, deseados, necesarios. Nos acompañan en la rutina y hacen más cómodo el camino. No son menos valiosos por ser tangibles; también hablan de cuidado, de atención, de alguien que pensó en nosotros.

Pero están los regalos que no hacen ruido: Los espirituales.

Una mirada cómplice, un abrazo largo, una mesa compartida sin prisas, la risa que se escapa sin pedir permiso. Esos no se envuelven, pero permanecen. No ocupan espacio, pero llenan.

Quizá los Reyes no vienen solo cargados de cosas, sino de recordatorios: que lo superficial se desvanece, que lo auténtico se queda, y que el verdadero regalo es aquello que, aun cuando pasa el tiempo, sigue latiendo dentro.

Tal vez el oro, el incienso y la mirra hoy se llaman presencia, gratitud y amor. Y esos, por suerte, no caducan.

Javier Leoz Ventura

Ciao.

 

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