Procuraré que mi golpe en el suelo no me impida levantar la cabeza.
Sabré que, más allá de la herida, el día siguiente me aguarda para curarla.
Comprenderé que, en las dificultades, se aprende mucho y se relativiza otro tanto.
Entenderé que soy más frágil de lo que aparento pero puede ser más fuerte de lo que algunos piensan.
Me levantaré con la conciencia de que las caídas no son importantes y que lo esencial es recuperarse.
Me sacudiré al emprender el camino de aquellas piedras que tal vez se interpusieron con mala fe empujándome al abismo.
Contaré no las veces en que me he desplomado sino aquellas otras, muchas más, en las que me levanté con afán de victoria.
No olvidaré que cuando uno se levanta es porque no quiere dar lugar al fracaso y sí futuro al éxito.
Si además, en tus caídas, colocas la fe como impulso, la esperanza como fuerza y el optimismo como actitud comprenderás que no hay nada que se te resista.
Javier Leoz Ventura
Ciao.

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