Llega un punto en la vida en el que uno se cansa de creer en promesas vacías.
De escuchar “yo voy a cambiar”, “mañana lo hago”, “te lo juro”, “esta vez sí”...Y ver cómo el tiempo pasa y nada cambia.
Porque la verdad es esta: No son las palabras lo que valen, son las acciones.
Las palabras pueden ser bonitas, convincentes, hasta emocionantes... Pero si no vienen acompañadas de hechos, se quedan en aire.
Y el aire no construye, no cuida, no sostiene, no ama.
Con el tiempo uno aprende a leer el lenguaje real de las personas:
- El que llega cuando prometieron.
- El que cumple aunque no lo vea nadie.
- El que está cuando es incómodo.
- El que demuestra con hechos lo que dice con la boca.
Aprendes que no tienes que rogar coherencia.
* Que no tienes que suplicar respeto.
* Que no tienes que conformarte con migajas emocionales.
Porque quien te valora no te convence... Te lo demuestra.
Y quien no, por más palabras lindas que use, tarde o temprano se cae la máscara.
Si hoy estás en ese momento donde ya no crees en discursos, sino en comportamientos, no estás amargado: Estás despierto.
Estás aprendiendo a elegir mejor. Estás creciendo. No le creas a quien habla bonito. Créeles a quienes actúan bonito contigo.
Ahí es donde se ve la verdad. Si esta frase te llegó, no es casualidad. Tal vez es tu señal para dejar de escuchar promesas... Y empezar a observar hechos. ¿Te ha pasado que alguien decía una cosa y hacía otra?
Ciao.

No hay comentarios:
Publicar un comentario