Llamamos sabio al erudito que acumula lecturas, conceptos, datos, nombres y fechas.
Al científico que aventura explicaciones, desenreda nudos, pelea con misterios, resuelve problemas.
A quien enmarca sus títulos para ofrecer garantías, a quien tiene palabras contra todos los silencios, a quien piensa lo que dice, cultiva la memoria, de su historia hace escuela.
Hay otra sabiduría no enciclopédica, ni científica, no académica ni locuaz, no experta.
Es la del viajero de ojos curiosos, la del creyente abierto al misterio, la del crítico tranquilo, la de quien por amor lo da todo, la que descubre, invisibles los hilos que nos unen, la que en un sepulcro vacío intuye invencible la vida a borbotones.
José María R. Olaizola, SJ
Ciao.

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