Pasa el tiempo con los años y siento, sin vanagloria alguna, cómo la vida se me va asentando: Los pensamientos, los afectos, los proyectos y tu evangelio en mi mano.
Hasta mi cuerpo, más quejumbroso, va encontrando tierra buena para su descanso.
Incluso siento más vivo que nunca ese niño que llevo por dentro: Soñador de mundos nuevos, libre, ingenuo, enamorado y hacia delante. Tan decidido, que hasta sus miedos desvanecen en la carrera por seguir su avance.
Pero algo me sigue aprisionando, se me resiste y hasta me quita el sueño: Me pides amarlo todo, amar a todos, amarle a él, a mi adversario, a mi enemigo o la pobre víctima de mi orgullo herido.
Y el corazón se me vuelve hielo como se me hace un nudo el estómago, la boca no encuentra saliva y mis ojos, mis ojos ya no pueden mirar a otro lado.
Déjame arrancar esa hoja o ponerle típex a esas líneas, te decía muchas noches en mi impotencia y rebeldía.
Hoy, cansado de luchar, quiero desarmarme hasta de mi coraza.
Y pedirte, tan solo pedirte, que me ayudes, que solo no puedo, con esas líneas, con esa página.
Tú borra en mí lo que queda de ese interminable duelo y toma mi mano, como de pequeño, para escribir en mi cuaderno la palabra «amor» con trazos inéditos.
Seve Lázaro, SJ
Ciao.

No hay comentarios:
Publicar un comentario