martes, 7 de abril de 2026

Viniste, Señor, como haces siempre...


 Viniste, Señor, como haces siempre, a llamar a mi casa.

Un día era el trabajo y me dije «Mañana abro».

Otro, el cansancio, y no te oí.

Un tercero la prisa, y me olvidé de ti.

Y de nuevo llegaste, con tu Luz, a encender mi sombra.

Te creí en el relámpago; mas no estabas allí.

Quise verte en los luceros; pero solo eran fantasías de mis ojos.

Me sedujeron los fuegos de artificio; sin embargo, tampoco allí morabas.

Y te encontré en el hermano, y en la riqueza de darse entero, y en el sabor de unas lágrimas, y en la risa cristalina de una niña, y en la llama temblorosa y amable de un candil.

Y, entonces, te supe, te abrí mi puerta y me dejé llenar por tu Palabra.

Jaime Foces

Ciao.

No hay comentarios: