A veces no percibo la belleza del barro.
Lo veo quebradizo.
Cada cacharro resulta tosco, frágil o áspero.
Me parece impensable que pueda ser recipiente de ideas, historias, sabiduría, perdón, amores, verdad, profecía, paciencia o consuelo.
Pero Tú lo ves todo distinto.
Maginaste, creíste en nosotros y lo posible se puso en marcha.
Modelaste el barro, creaste algo hermoso.
Miraste el resultado, contento, adivinando tantas posibilidades en la obra de tus manos.
Enséñame a creer.
José María R. Olaizola, SJ
Ciao.

No hay comentarios:
Publicar un comentario