Que tu fuego arrase certidumbres anquilosadas, mecanismos de defensa, muros que aíslan; que acabe con las leyes ciegas, y destruya esos laberintos banales donde se esconde el egoísmo, para no salir a la luz del día donde tu Amor podría alcanzarlo.
Que tu fuego encienda hogueras, y calienten la noche fría de quien tirita de soledad, de pobreza o de sinsentido; que a su calor surjan nuevas preguntas, se nos derrita la indiferencia y se gesten relaciones profundas.
Que tu fuego ilumine los caminos que aún tenemos que recorrer, más allá de la oscuridad y el silencio, hacia tu Paz y tu Palabra.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao.

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