Una voz que grita en el desierto, que resuena en los valles, y anuncia en las montañas, que truena en las pampas y se proclama en las ciudades.
La voz que prepara la Palabra, y se reconoce medio no meta, cauce no desembocadura, comienzo, no llegada…
Y la voz se presta para el mensaje veraz, desafiante y comprometedor… Se hace dócil a la Palabra profunda, íntima y con proyección.
Palabra única y absoluta.
Te necesitamos Palabra, para que pongas en tensión nuestras vidas y permitas el cuestionamiento… Para que veamos tantas incoherencias y vislumbremos un cambio, para que experimentemos nuestras inconsistencias y humildemente, con la voz digamos:
«Palabra, eres imprescindible en nuestros labios y en nuestras decisiones…»
Hermana Viviana Romero
Ciao.
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