Descenso... Sin embargo, es necesario regresar.
Sería maravilloso quedarse aquí, montar tres tiendas (aunque yo no me refugie en ninguna de ellas), recostarme en Tu regazo, escucharte hablar para siempre, enmudecer a Tu contacto y presencia, permanecer en Ti, ajeno a todo.
Pero me miras, sonríes, y acaricias mi ingenuidad.
- «Hay que bajar», dices.
- «Lo entiendes, ¿Verdad?»
A mi pesar, asiento.
Hay que bajar, me repito, a la piedra y al barro, al polvo del camino, y al humo de las ciudades.
Para experimentar el delicioso placer de encontrarte por sorpresa en el rincón más insospechado de la batalla cotidiana.
Así pues, está decidido; tomo un poco de aire y emprendo el descenso.
Ximo Cerdá
Ciao

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