Para San Ignacio de Loyola, las tres potencias del alma son las facultades espirituales que estructuran el mundo interior y se utilizan activamente en los Ejercicios Espirituales para orar y discernir.
Estas son:
Memoria: Recuerda los hechos, las obras de Dios o los propios pecados.
Entendimiento (o Inteligencia): Razona, saca conclusiones y busca comprender el significado profundo de lo que se trae a la memoria.
Voluntad: Es la facultad decisiva. Se mueve para amar, tomar decisiones y orientar los afectos hacia Dios.
En la tradición ignaciana, estas tres capacidades se aplican secuencialmente sobre un mismo tema o misterio (como la vida de Cristo o los pecados propios) para comprometer la totalidad de la persona: Recordar el hecho, razonar sobre él y, finalmente, mover el corazón a la acción y el cambio.
Ciao.

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