La mirada implacable.
Exigencias constantes.
Palabras hostiles.
Condiciones imposibles y un corazón de piedra.
He ahí la ruta del odio, la tierra estéril, el hogar vacío.
Inútil barro sin alfarero, sal insípida, sarmiento seco.
Misericordia quieres, no sacrificios.
Advertencia necesaria que nos haces cuando alzamos la mirada con orgullo despreciando a quien no sigue la rutina que hace tiempo convertimos en mazmorra.
Misericordia, sí, no sacrificios.
La mirada dispuesta a la ternura.
El perdón generoso ante el tropiezo.
La palabra que acaricie y no golpee.
Un silencio que respete y acompañe.
Y el corazón de carne, palpitando al compás de un amor inquebrantable.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao.

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