La corrección: ¿Desde el corazón o desde las vísceras?
No toda corrección nace del amor. Hay correcciones que parecen palabras, pero llevan dentro heridas, resentimientos y deseos de demostrar que el otro está equivocado.
Está la corrección tóxica, esa que no busca que el otro mejore, sino que se sienta mal. La que aprovecha un error para ajustar cuentas, para sacar viejas heridas, para decir: «¿Ves? Ya te lo decía yo». No corrige: Humilla.
Está también la corrección destructiva, que nace más de las vísceras que del corazón. Sale caliente, impulsiva, cargada de rabia. No pregunta qué necesita el otro; necesita descargar lo que uno lleva dentro. Y cuando terminamos de hablar, quizá nosotros nos hemos quedado tranquilos… Pero el otro se ha quedado roto.
Y luego está la corrección caritativa. La que nace del corazón. No significa callar ante el mal ni mirar hacia otro lado. Significa querer tanto al otro que nos atrevemos a decirle la verdad, pero sin dejar de quererle mientras se la decimos.
Corregir desde el corazón es preguntarse antes:
«¿Esto que voy a decir le va a ayudar o simplemente me va a aliviar a mí?»
Porque podemos tener razón y, sin embargo, hacer daño. Podemos decir una verdad de la manera más equivocada. Y también podemos corregir con firmeza, pero con ternura.
Jesús no nos enseña a utilizar la verdad como un arma, sino como una medicina.
La corrección que nace de las vísceras quiere vencer. La que nace del corazón quiere salvar.
Antes de corregir a alguien, quizá deberíamos preguntarnos: ¿Quiero que cambie porque le quiero… O quiero que cambie porque me molesta?
Javier Leoz Ventura
Ciao.

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