Vivo en un mundo de palabras.
En ocasiones es una celda, una prisión infinita, un laberinto enrevesado donde cada término evoca heridas, batallas perdidas, memorias que duelen, vivencias ajenas, teorías huecas.
Otras veces es trinchera que sobrevuelan, como proyectiles letales, objeciones, agravios, prejuicios, exigencias.
Tiradores anónimos convertidos en héroes de sus propias ficciones traicionan a las palabras convirtiéndolas en ruido.
Hay también versos errados, narraciones inconclusas, cantos sin alma y plegarias extraviadas.
Pero hay ocasiones en que las palabras son puente, caricia, bendición, promesa, flecha que apunta al centro mismo de la vida, donde convergen la verdad de uno, la amistad sincera, y el propio Dios.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Ciao.

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