martes, 4 de agosto de 2026

Dudo, Señor


 Dudo, Señor. Dudo.

Y busco tu resurrección en gestos espectaculares, coincidencias imposibles o cambios radicales.

Pero ni siquiera a Tomás, tu amigo, le diste esas señales.

Sino que enseñaste tus heridas y tu carne dolorida, un costado abierto y unas manos atravesadas.

Hoy, ante mis dudas, vuelves a apuntar a tus heridas.

Hoy no ya por clavos y lanzas.

Sino en tu cuerpo, que es la Iglesia, que es el mundo.

En tus heridas abiertas hoy me llamas a descubrirte vivo y resucitado.

En las heridas sangrantes por la injusticia del mundo.

Y en las heridas de mi vida que no soy capaz de curar.

Pero, aunque yo me resista y te pida nuevas pruebas, es ahí donde señalas.

Y me dices otra vez que crea en ti porque estás vivo y resucitado.

Óscar Cala, SJ 

Ciao.

lunes, 3 de agosto de 2026

La paz del verano


 A medida que pasan los años, y uno ya va cumpliendo, me reafirmo en la idea que la verdadera riqueza de la vida se encuentra en las cosas sencillas: Una sonrisa compartida, el silencio que permite escuchar la propia interioridad, el murmullo del agua, la suave brisa entre los árboles, un cielo infinito, o el canto de los pájaros al atardecer. Son momentos que nos conectan con la belleza de la creación y nos recuerdan que la vida es, en esencia, un regalo.

Sin embargo, esta experiencia de armonía contrasta con las imágenes que cada día llegan a nuestros hogares: guerras, violencia, injusticias, personas desplazadas, niños que sufren y comunidades enteras marcadas por el dolor. Ante esta realidad surge una pregunta inevitable: Si el mundo es tan hermoso, ¿Por qué el ser humano causa tanto sufrimiento a sus semejantes?

Quizá la paz definitiva en el mundo parezca una meta lejana. Pero cada vez que elegimos el amor frente al odio, el diálogo frente al enfrentamiento y la esperanza frente al desaliento, estamos sembrando el Reino de Dios entre nosotros. Y toda semilla de paz, por pequeña que sea, tiene la fuerza de transformar el mundo…… 

El verano, sereno y luminoso, nos invita a detenernos y a disfrutar con los demás de las pequeñas cosas que hacen grande y hermoso este mundo. Aquí y en cualquier lugar de la tierra, hombres y mujeres contemplan el mismo cielo, las mismas estrellas, bajo una misma noche de verano. Tal vez, en ese silencio compartido, Dios nos recuerde que hemos sido creados para la fraternidad y no para la discordia; para cuidar la vida y no para destruirla. Y que la paz, como las estrellas, sigue brillando sobre nosotros, esperando ser descubierta, compartida y acogida en cada corazón.

José Luis Prado

Ciao.

domingo, 2 de agosto de 2026

Palabra de Vida Agosto 2026


 «Engrandece mi alma al Señor».

En el primer capítulo de su Evangelio, Lucas nos ofrece la única página del Nuevo Testamento en que las protagonistas son dos mujeres, María e Isabel.

Isabel vivía en una ciudad cerca de Jerusalén, a unos 150 km de distancia de Nazaret. María emprende este largo viaje nada más recibir el anuncio del ángel de que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1, 26-38). No conocemos los detalles de la travesía, solo sabemos que se dirigió con prontitud a la región montañosa. Pero ¿Por qué se dirige allá?

María va para comunicar esta alegría a quien, como ella, había recibido de Dios la gracia de esperar un hijo, y para estar a su lado y ayudarla durante los últimos meses de embarazo. Es la historia de dos mujeres, de dos maternidades imposibles. ¿Quién mejor que ella podía entenderla y compartir esta experiencia? De este encuentro brota el canto del Magníficat.

«Engrandece mi alma al Señor».

«Estas palabras brotan de un ardor inflamado y de un gozo desbordante […]. Por eso no dice “yo ensalzo a Dios”, sino “mi alma”…, como si quisiera expresar: “mi vida, todos mis sentidos, se ciernen en el amor, alabanza y gozo divinos […]”»,escribe Martín Lutero en su comentario al Magníficat.

El verbo engrandecer, hacer grande, revela la alegría que suscita descubrir que Dios es más grande de lo que nos esperábamos. Esta alegría provoca una profunda humildad y un hondo sentido de gratitud y reconocimiento.

Como subraya Ermes Ronchi, «el Magníficat es el evangelio de María, su buena noticia, que alcanza a todas las generaciones». Por diez veces, la joven de Nazaret repite lo que ha hecho Dios, como una especie de nuevo decálogo, de diez nuevos mandamientos que trastocan la lógica del mundo.

Resulta espontáneo preguntarse si hemos conservado el sentido de estupor y de asombro en nuestra vida diaria y de oración ante todo lo que Dios ha obrado y sigue obrando. Sin abrirnos a la novedad y a sus sorpresas, sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga y se convierte en una costumbre social.

«Engrandece mi alma al Señor».

El canto de María no es simplemente una oración de alabanza intimista, sino una alabanza profética, caracterizada por recurrir constantemente a los pasajes de la Escritura, lo que indica la dirección de la historia según el corazón de Dios. Alabarlo significa alinearse con los pequeños, creer que el mundo puede y debe cambiar.

Le parole di questo inno ci invitano a comprendere l’intervento salvifico di Dio nella nostra storia personale e comunitaria, dal proprio vissuto personale a quello universale, dall’attimo presente fino ai cieli nuovi e alla terra nuova che la rivoluzione sociale del Vangelo inaugura.

(Las palabras de este himno nos invitan a comprender la intervención salvadora de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, desde nuestra propia experiencia personal hasta la universal, desde el momento presente hasta los nuevos cielos y la nueva tierra que inaugura la revolución social del Evangelio.)

«Engrandece mi alma al Señor».

Estas palabras nos invitan también a nosotros a hacer de nuestra vida una alabanza viviente, a reconocer cada día las maravillas, a unir nuestra voz a la de María para proclamar que Dios es fiel, que su misericordia se extiende de generación en generación y que su reino de justicia y amor ya se está realizando entre nosotros.

Chiara Lubich había captado esta dimensión revolucionaria del canto de María cuando escribió a los jóvenes: «Lee el Magníficat y encontrarás la primera y más potente página de la doctrina social cristiana. ¿Quién y cuándo la realizará completamente?».

La pregunta sigue estando abierta y nos interpela. La intervención de Dios no debería quedarse reducida a la intimidad del corazón; hace falta que se manifieste en las relaciones, en la vida común, en la trama de las generaciones futuras.

Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de Vida

Ciao.


sábado, 1 de agosto de 2026

Cantar Tu nombre

Cantar tu nombre, Señor, con palabras, pero sobre todo con vida.

Contar tu historia, Señor, con relatos, pero sobre todo con vida.

Repetir tu enseñanza, Señor, con historias, pero sobre todo con vida.

Traer tu esperanza, Señor, con promesas, pero sobre todo con vida.

Construir tu Reino, Señor, con proyectos, pero ante todo con vida.

Porque una vida que te canta y que te cuenta, que te anuncia y te acerca, es una vida plena.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao. 

 

viernes, 31 de julio de 2026

Hay días en que no sobra nada

Hay días en que no sobra nada...

Ni ganas, ni calma, ni certezas.

Y aun así, dar un paso pequeño ya cambia algo. No hace falta sentirse listo para empezar.

A veces la claridad no aparece antes de moverse. Aparece después, en medio del intento, cuando una ya dejó de pedir permiso al miedo.

No se trata de ir perfecto. Se trata de no quedarse quieto cuando la vida pide respuesta.

Hay cansancios que se respetan, sí. Pero también hay momentos en los que parar demasiado sale caro.

Ciao.

 

jueves, 30 de julio de 2026

Volver a Jesús


 El símbolo más antiguo y característico de las primeras comunidades que seguían las enseñanzas de Jesús no fue la cruz, sino el pez.

El pez, conocido como Ichthys, tenía un profundo significado. La palabra griega ΙΧΘΥΣ (Ichthys) significa "pez", pero además cada letra era la inicial de una confesión de fe:

I – Jesús.

CH – Cristo.

TH – Dios.

Y – Hijo.

S – Salvador.

Es decir: "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador".

Además, durante las persecuciones del Imperio Romano, el pez servía como una señal discreta para reconocerse entre creyentes. Según una tradición muy difundida, una persona dibujaba un arco en la tierra y, si la otra completaba la figura formando un pez, ambos sabían que compartían la misma fe.

Otros símbolos de las primeras comunidades:

Antes de que la cruz se convirtiera en el emblema principal, también eran frecuentes:

- El Buen Pastor, representando a Jesús cargando una oveja sobre sus hombros.

- El ancla, símbolo de esperanza y firmeza.

- El crismón (Chi-Rho), formado por las dos primeras letras griegas de "Cristo" (Χ y Ρ).

- La paloma, como símbolo del Espíritu Santo y de la paz.

- La vid y el pan, relacionados con las enseñanzas de Jesús y la vida compartida en comunidad.

La cruz comenzó a difundirse ampliamente como símbolo cristiano recién a partir del siglo IV, especialmente después del gobierno de Constantino I, cuando el cristianismo dejó de ser perseguido y pasó a ser una religión aceptada en el Imperio.

Por eso, si hablamos de las primeras generaciones de discípulos de Jesús, el símbolo que mejor las identifica es el Ichthys (el pez), acompañado por otros símbolos de esperanza, vida y cuidado, más que por la cruz.

¿Por qué no usaban la cruz al principio?

En el siglo I, la cruz era un instrumento de ejecución romano, reservado principalmente para esclavos, rebeldes y criminales. Era un símbolo de humillación y terror. Para las primeras comunidades, mostrar una cruz públicamente habría resultado chocante y peligroso.

Aunque la muerte de Jesús en la cruz era central para su fe, preferían expresar esa fe mediante símbolos más discretos, como el pez (Ichthys), el Buen Pastor o el ancla.

¿Cuándo empezó a utilizarse?

El cambio comenzó a principios del siglo IV, durante el gobierno de Constantino I.

Según la tradición cristiana, antes de la Batalla del Puente Milvio, Constantino tuvo una visión de un signo en el cielo acompañada de la frase: "Con este signo vencerás" (en latín, In hoc signo vinces). A partir de entonces utilizó el crismón (Chi-Rho) en los estandartes de su ejército.

Amigos del Silencio

Ciao.



miércoles, 29 de julio de 2026

Si quieres


 Si quieres, puedes hacerme sentir querido.

Si quieres, puedes incendiarme por dentro con pasión y evangelio.

Si quieres, puedes abrir la puerta de mis jaulas de oro y empujarme hasta que salga a la intemperie, turbulenta e impredecible.

Si quieres, puedes convertir mi mirada en esperanza y mi paso en vuelo.

La pregunta es si yo quiero.

Si no elijo la isla, el hielo, la celda, la niebla o el suelo, por miedo a tomarte en serio.

Tú sí que quieres.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

martes, 28 de julio de 2026

"No tengáis miedo"

"No tengáis miedo", repite Jesús en el Evangelio. No porque los problemas desaparezcan, sino porque la fe nos permite mirarlos de otra manera.

La fe no borra las dificultades, pero nos blinda ante ellas. Nos hace fuertes cuando llegan las pruebas. Nos ayuda a descubrir que toda moneda tiene otra cara, que detrás de cada noche puede amanecer un nuevo día y que ninguna herida tiene la última palabra cuando Dios camina a nuestro lado.

El miedo, en cambio, paraliza. Nos hace más pequeños de lo que somos. Nos impide ser nosotros mismos. Nos vuelve esclavos de la opinión ajena, de las dudas y de la inseguridad. Por miedo dejamos de intentarlo, de amar, de perdonar, de confiar.

La fe no elimina el miedo, pero le quita el mando de nuestra vida. Porque quien sabe que está en las manos de Dios puede caminar con serenidad incluso en medio de la tormenta.

El miedo encierra. La fe libera.

El miedo oscurece. La fe ilumina.

El miedo nos hace retroceder. La fe nos ayuda a seguir adelante

Javier Leoz Ventura

Ciao.

 

lunes, 27 de julio de 2026

Roca y arena

Son de arena los suelos donde nada echa raíz.

De roca, la base donde plantamos, firmes, buenos cimientos.

De arena, los besos sin memoria, las lágrimas de cocodrilo, las promesas fugaces.

De roca, los gestos sinceros, las palabras ciertas, la compasión arremangada.

De arena, la cháchara hueca, la puerta cerrada, la pasión de un día.

De roca, el clamor de justicia, la casa sin llaves, el amor perpetuo.

De arena, el credo sin preguntas, la Palabra muda, el Dios sin misterio,

De roca, la fe que se encarna, compartir la mesa, perseguir lo eterno.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao 

 

domingo, 26 de julio de 2026

Nadie


 Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo. 

Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces. 

Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces. 

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas. 

Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo. 

Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar. Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.

Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible. 

Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir. 

Nadie debe vivir sin cambiar, ver cosas nuevas, experimentar otras sensaciones, y tener la capacidad de corregir sus errores. 

Nadie tiene el derecho de consumir el amor o la amistad de las personas si uno mismo no la produce. 

Nadie puede intercambiar un apretón de manos con el puño cerrado. 

Chema Montserrat

Ciao.

sábado, 25 de julio de 2026

El sacerdote influencer: Oportunidades y riesgos


 Las redes sociales ofrecen hoy una oportunidad extraordinaria para evangelizar. Un sacerdote puede llegar con una reflexión, una homilía o una palabra de aliento a miles de personas que jamás cruzarían la puerta de una iglesia. Sin embargo, también existen peligros que conviene reconocer con humildad.

El primero es la secularización interior: Sin darse cuenta, uno puede acabar midiendo el éxito pastoral por el número de seguidores, visualizaciones o comentarios, cuando el criterio evangélico sigue siendo la fidelidad a Cristo.

Otro riesgo es la falta de moderación: Las redes tienen una dinámica que invita a estar siempre presente, opinar de todo y responder a todos. El sacerdote puede terminar dedicando más tiempo a la pantalla que a la oración, al estudio o al trato directo con las personas que le han sido encomendadas.

También existe el peligro del personalismo: Cuando la figura del sacerdote ocupa demasiado espacio, Cristo puede quedar en segundo plano. El evangelizador debe ser puente, no destino; señal, no protagonista.

Por eso, la presencia sacerdotal en las redes necesita discernimiento, acompañamiento y una sólida vida espiritual. Un sacerdote puede ser influencer en el mejor sentido de la palabra si influye para llevar a Dios, no para atraer la atención sobre sí mismo.

Como decía san Juan Bautista: «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya». Esa sigue siendo la mejor regla para cualquier evangelizador, también en la era digital.

Lo digo consciente de que a mí me gusta pero no siempre ni para todo. Y cuando las alarmas se disparan es mejor hacer un OFF.

Javier Leoz Ventura

Ciao.

viernes, 24 de julio de 2026

La tentación de juzgar

Oye, ¿Te das cuenta de lo fácil que es juzgar? A los políticos, a los curas, a los amigos, a la familia, a los vecinos, a los compañeros de trabajo, a la gente que aparece en los medios… Y dices: “Es que este es así, y esta es asá. Es que fíjate tú, qué cosas hace fulano, o qué poco estilo tiene mengana”. 

Uno se va subiendo, casi sin darse cuenta, al carro de la condena. Acusas a tu hermano de blando, de frío, de egoísta, de frívolo, de vago, de insensible, de incoherente…Y a menudo lo acusas delante de otros, y murmuras. 

Y la crítica no busca el bien del otro, sino que es una forma de rechazo. Y a veces uno dice aquello de «si es que yo lo hago por tu bien». Déjame que te diga que, a menudo, eso es hipocresía. Porque muchas veces exiges al otro mucho más que a ti mismo. 

Pelea, por tu parte, para ser buena gente, y entonces de verdad lo serás con los demás, y aprenderás a actuar por su bien.

Rezandovoy

Ciao.


jueves, 23 de julio de 2026

Invitación a la confianza


 No tengas miedo a las personas. No tengas miedo a los otros, hombres y mujeres que promueven sombras, alientan maldades o enmascaran la verdad. Porque no hay nada oculto que no se vaya a saber. Lo que yo te digo ahora, en la intimidad de tu oración, tú cuéntalo con paz a plena luz del día. Y lo que me escuchas, llévalo allá donde una voz necesita ser oída. Llévalo a las calles, a las iglesias, a las redes…No tengas miedo de proclamar mi verdad. Aunque te ataquen por ello. La verdad del amor, la misericordia, la comunidad, el perdón…

Y no temas a los que atacan de tantos modos, a los que hieren, anulan, desprecian, calumnian…Herirán, sí, pero no pueden matar el alma. Tú teme más bien vivir una vida vacía. Sin sentido, sin Dios.

Porque si vives sin mí te pierdes ser consciente del abrazo que te sostiene. Dios, autor del universo, de toda su vida, de toda su belleza… Dios que todo lo envuelve en su abrazo, ¿No te va a envolver a ti? No tengas miedo.

Habla de mí, de mi amor, de mi verdad, ante los otros. Yo, Jesús, hablaré de ti al Padre Dios que está en los cielos. Porque tu vida me importa. Y también tu amor.

Rezandovoy, adaptación de Mt 10, 26-33.

Ciao.

miércoles, 22 de julio de 2026

Pedir, Buscar, Llamar

Sí, Señor, yo te pido el pan de cada día, la paz en mis fronteras, la luz de tu palabra.

Pido que no me falte sencillez en los gestos, cordura en el afecto, limpieza en la mirada.

Busco tu voz discreta que ni grita ni abruma, tu presencia callada que todo lo transforma.

Voy buscando en mi entorno de tu paso las huellas, de tu cruz las secuelas, de tu amor los reflejos.

Y llamo, sí, te llamo en los días felices y en las noches oscuras.

Es tu nombre un tesoro que comparto, en voz baja, sintiendo que al llamarte la bruma se disipa y enciendes la esperanza.

José María R. Olaizola, SJ

Ciao.

 

martes, 21 de julio de 2026

Condúceme a lo secreto




Condúceme a lo secreto, Señor, allí donde habitaremos juntos.
Al lugar de la desnudez y el despojo, a la intemperie de mis miedos y ansiedades, a la tristeza de mis noches frías a la soledad del corazón herido, a la incertidumbre de mis frustraciones, al silencio de mis palabras censuradas.
Condúceme a lo secreto, allí donde habitaremos juntos.
Al desierto de mil manantiales escondidos, al cobijo del sol que me alienta, a la raíz de la vida escondida, al fuego de los hondos deseos,
a la ternura del afecto que cura al silencio de la oración confiada.
Condúceme a lo secreto, allí desde donde resucitaremos juntos.
Matu Hardoy
Ciao.

lunes, 20 de julio de 2026

Que la Fuerza te acompañe

El famoso saludo “¡Que la Fuerza te acompañe!” de Star Wars sigue trascendiendo la pantalla y la espiritualidad. Más allá del juego de palabras del “May the 4th”, esta expresión conecta con una intuición profunda: Existe una realidad misteriosa que todo lo sustenta y une. La saga ilustra con los Jedi y los Sith las dos formas fundamentales de relacionarnos con esta realidad: Alinearnos con ella para servir al bien o manipularla para el poder propio.

“La Fuerza” podría verse como una analogía de la presencia de Dios, que “contiene y sustenta” toda la creación. La clave, sin embargo, no está en un Dios energía o lejano que “baja” su poder, sino en cómo nosotros nos disponemos a acoger y colaborar con esa Gracia que ya está actuando en lo creado. Adicionalmente, el peligro del “lado oscuro” sería quizás la tentación permanente de usar los dones o a Dios mismo para nuestros propios proyectos egoístas, en lugar de ponernos al servicio de su proyecto de armonía y vida.

Por eso, la pregunta no es tanto si Dios está conmigo, sino: ¿Estoy yo con Dios? El camino Jedi de autodisciplina, discernimiento y servicio al bien común refleja en últimas el camino espiritual de los Ejercicios: buscar la libertad interior para poder “encontrar a Dios en todas las cosas” y alinear nuestra voluntad con la Suya. Es un trabajo de sintonía fina con una Presencia que ya está ahí, invitándonos a colaborar. “¡Que Dios (o “la fuerza”) te acompañe!” debería ser entonces una invitación a la acción; un llamado a ajustar nuestra frecuencia interior a la de la Armonía mayor de Dios que sana, une y da vida.

José Yamid Castiblanco, SJ

Ciao.

 

domingo, 19 de julio de 2026

Dale tiempo a la vida


 Vivimos en un mundo que corre. Todo tiene que ser inmediato: Los mensajes, las compras, las respuestas… Incluso queremos resultados instantáneos. Nos cuesta esperar.

Este domingo muchos estaremos pendientes del partido de España contra Argentina. ¡Ojalá ganemos! Pero, pase lo que pase, el deporte también nos recuerda una gran lección: Un Mundial no se gana en el primer minuto. Hay que correr, sufrir, levantarse después de una caída, confiar en el compañero y no dejar de luchar hasta el pitido final.

Y eso mismo sucede con la vida.

Hay personas que, a la primera dificultad, dicen: "No puedo". O "no valgo". O "ya no tengo fuerzas". O "no merece la pena seguir". Pero la vida no se decide en una sola jugada. Es un partido largo. Hay días en los que vamos ganando y otros en los que parece que todo se pone cuesta arriba. Lo importante no es no caer nunca; lo importante es levantarse una vez más.

También a las personas hay que darles tiempo. Nadie cambia de un día para otro. Nadie madura en una tarde. Un árbol necesita años para dar buena sombra. Una amistad necesita tiempo para hacerse fuerte. Un matrimonio, una vocación, una familia… Todo lo verdaderamente importante crece despacio.

El Evangelio de este domingo  nos invita precisamente a eso: A confiar, a sembrar y a esperar. Dios nunca tiene prisa, porque sabe que las cosas grandes necesitan paciencia. Como Gaudí respondió a los que le decían que él no iba a ver la Sagrada Familia finalizada: "Dios no tiene prisa".

Este verano puede ser una buena oportunidad para bajar el ritmo, respirar, escuchar más y exigir menos. Quizá descubramos que la felicidad no está en correr más, sino en caminar mejor. Y también y ahora hablo por muchos de vosotros y por mí…Unos días de descanso. 

Adelante, sin prisa, pero sin pausa. 

Javier Leoz Ventura

Ciao.

sábado, 18 de julio de 2026

Libres, ¿Para qué? ¿Para quién?


 Recuerdo de pequeña esa frase que se repetía como un eco: “La libertad no es hacer siempre lo que uno quiere”. Aparecía cuando no entendía un límite o sentía que “no me dejaban”. Entonces no la comprendía del todo, pero intuía que apuntaba a algo más hondo.

Hoy hablamos mucho de libertad en un contexto polarizado que nos empuja a posicionarnos con rapidez. Jóvenes y adultos sienten la presión de opinar y reaccionar sin tiempo para el silencio ni el discernimiento. ¿Qué significa ser libre así? ¿Desde dónde hablamos? ¿Qué nos mueve? Y algo más profundo: ¿Cómo Dios nos sueña?

En el aula lo percibo con claridad: Jóvenes que buscan decir lo “correcto”, encajar, no desentonar. Y cuando se atreven a pensar por sí mismos, se sienten expuestos. La libertad corre el riesgo de diluirse en reacción, ruido o adhesión superficial.

La tradición ignaciana ofrece aquí una clave: Reconocer y ordenar los afectos desordenados que condicionan nuestras decisiones. No se trata de negar lo que sentimos, sino de no dejarnos gobernar por impulsos, miedos o necesidad de aprobación. Ordenar los afectos es abrir espacio al discernimiento.

Ser libres es elegir con sentido, también en la fe: Decidir cómo vivirla y qué rostro de Iglesia queremos transparentar. La libertad no consiste en imponerse, sino en vivir con coherencia, profundidad y respeto.

“Libres para…” No es una frase incompleta, sino una pregunta abierta: ¿Para qué? ¿Para quién?

Laura Allende

Ciao.

viernes, 17 de julio de 2026

Caminos hacia Dios: Lo de abajo


 Nos acostumbramos a direccionar la vista al cielo cuando buscamos a Dios. Casi todas las tradiciones religiosas, así como un son antropológico, ven en lo alto, en lo inalcanzable, en lo ‘más allá’, el destello de lo divino. Tantas noches mirando los astros para comunicarnos con el misterio que nos sostiene. Tanto sol que nombra a Dios.

Sin embargo, el Dios de Jesús deja las alturas y baja. Abandona lo abstracto y se concreta. Olvida la sacralidad proyectada e instaura una que, por más humana, más divina de contacto con el amor. Resulta que en Cristo lo sensible se vuelve olfato de sabidurías. Vista aguda de lo oculto que da a luz. Gusto a mesa compartida entre pares. Oído para el grito de quienes, en su debilidad, buscan fortaleza. Tacto de una carne que se vuelve a Dios y nos lleva con él.

 Emmanuel Sicre, SJ

Ciao.

jueves, 16 de julio de 2026

Treinta segundos de tregua


 Qué fácil es hablar del silencio cuando se tiene el hábito de meditar veinte minutos diarios o un desierto a mano al que acudir a buscar un oasis. Pero qué difícil es encontrarlo cuando un grupo de whatsapp arde, el coche de delante no arranca en el semáforo o se nos acumula una pila de tareas, facturas o exámenes que corregir. Para nosotros, el común de los mortales que vivimos en la acción y el ruido, el silencio no es un lujo; se ha convertido en una herramienta de supervivencia.

Si nos olvidamos de las grandes sesiones místicas, descubrimos que nuestra vida espiritual es de guerrilla, de crear pequeñas emboscadas al caos. Es esa orfebrería de los huecos en el minuto de gracia en que esperas a que el agua hierva; los diez segundos con los ojos cerrados antes de una reunión; o el gesto de encerrar el móvil en otra habitación durante la cena.

Estos pequeños silencios no están vacíos; son silencios habitados que ayudan a dar sentido a nuestra cotidianeidad. No buscamos iluminaciones celestiales, sino más bien, recuperar el aliento. Podemos, en estos pequeños espacios, dejar de ser “los que resuelven problemas” para volver a ser, sencillamente, hijos amados.

Dios no nos da un discurso en esos treinta segundos, nos da una tregua. Nos está esperando en esa rendija de la agenda, en ese instante en que, por fin, decides no decir nada para que sea Él quien lleve la iniciativa. Sostén tu propio silencio, está habitado, no vacío.

 David Vázquez 

Ciao.