
Fue Juan XXIII, el papa sencillo y humano, que se ganó el cariño de la humanidad, el que descubrió la falacia de los que él llamó "profetas de calamidades" a los que rezuman pesimismo y miran siempre el lado sombrío de los acontecimientos y de las personas.
El Papa afirmó que no compartía esos pesimismos. No puede un cristiano dejarse dominar por la tristeza, menos por la desesperación.
Incluso en momentos de dificultades siempre se abre un horizonte de esperanza ante los ojos del creyente o de la persona sensata que no se deja vencer por las tribulaciones o peligros que siempre existirán en la vida. Poco a nada se consigue con lamentaciones.
El pesimismo es deprimente y no invita al esfuerzo ni propicia el sacrificio.
No merece la pena trabajar si estamos convencidos de antemano de la esterilidad del trabajo.
LaIglesia no ha tenido nunca un camino fácil en la Tierra.
El sacrificio y el dolor tienen un valor supremo desde que Jesucristo los utilizó para salvarnos.
Y la purificación siempre es en la Iglesia consecuencia de un tiempo de prueba.
Ciao.
1 comentario:
Felicidades por la carta de ayer. Genial, genial, genial. Tienes toda la razón en cada frase que usas. En el post de hoy, pienso en los papas. Que hubiese sido de la Iglesia si ellos no actuasen con esa esperanza y confianza en quien los escogió para guiarla. Estás espléndida en estos últimos posts. Un beso
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