viernes, 16 de marzo de 2012

De jóvenes sobradamente preparados a padres tremendamente acomplejados


Buscando información sobre la niña de Baeza que hace unas semanas denunció a sus padres por castigarla sin salir de la casa, porque le encontraron marihuana, y demás peripecias, hasta su huida del centro de menores en que la ingresaron y posterios aparición , he encontrado en el Semanal Digital, este artículo de la periodista Ely del Valle, que me ha gustado y que me ha parecido una estupenda reflexión, sobre los niños y jóvenes que entre todos, estamos criando y que os reproduzco aquí, porque pone de manifiesto lo que ha cambiado la manera de educar en nuestro país, y lo equivocados que están esos educadores progres, que son capaces de inculcar a una jóven de 16 años, que denuncie a sus padres, por un castigo.
Os dejo la reflexión.


"El caso de la cría fugada y devuelta al centro de menores tras denunciar a su padre por castigarla sin salir de casa, debería hacernos reflexionar muy seriamente.

¿Víctimas de la sociedad o víctimas de unos padres indolentes?

Me crié en un familia de las que ahora se denominan con cierto regusto censor como tradicional: padre trabajando fuera de casa, madre trabajando dentro de casa y tres hijos bastante seguidos, que era lo que se llevaba. Durante mi infancia no ha faltado el azote corrector, el "a tu cuarto" a la mínima que amagabas con subirte a la chepa de tus padres y el "hoy no sales, y mañana ya veremos" en cuanto pasabas del amago a la acción.
Mi madre ha sido de las que se quitaba la zapatilla -no hacía falta más-, y como se te ocurriera hacer ruido al sorber el refresco con la pajita, te lanzaba una mirada que te ponía los pelos del cogote como púas.
A los de nuestra generación jamás se nos pasó por la imaginación llamar idiota a un padre ni desafiar abiertamente su autoridad. Pertenezco, en definitiva, a una generación educada en el respeto a los demás, y sobre todo, en el respeto a unos padres que no se andaban con chiquitas sin que por ello dejaran de querernos como queremos nosotros a nuestros hijos; ni más ni menos.

Hoy sé también que pertenezco a una generación víctima, a partes iguales, de los psicólogos y su teoría de que a los niños hay que explicarles la propiedad de la conductibilidad de los metales en vez de darles un manotazo cuando van a meter los dedos en un enchufe, y de una serie de complejos heredados de no se sabe dónde que nos han convertido seguramente, en los peores padres de la historia: Padres consentidores porque es más cómodo dar que negar; padres indolentes porque es menos cansino que los niños den la brasa a los demás que a nosotros; padres que confundimos el culo con las témporas, las regañinas con agresiones, la libertad con el dejar hacer.

Nos ponemos como hidras cuando un profesor intenta inculcar disciplina a nuestros hijos pero al mismo tiempo no nos importa que el Estado los adoctrine y la televisión les lave el cerebro a golpe de dibujos japoneses.
Nuestros hijos siempre tienen razón frente a los demás, nadie tiene derecho a levantarles la voz, si queman una papelera la culpa es de quien la ha colocado en un sitio inadecuado.

Alguien nos ha convencido de que los hijos no se les castiga porque se traumatizan, no se les lleva la contraria porque se frustran y no se les da un meneo porque desde los cinco años saben que pueden llamar al Defensor del Menor y que a ti se te cae el pelo.
Nuestros hijos no son como nosotros, ni nosotros como nuestros padres; pertenecemos a la generación de unos políticos que han suprimido del Código Civil el artículo que decía que los padres podrán corregir razonable y moderadamente a sus hijos. Y luego, si la cosa se tuerce, le echamos la culpa al mambo y decimos, como el padre de la niña denunciante, que nuestros hijos son víctimas de la sociedad.
No es por nada, pero deberíamos hacérnoslo mirar".

Ciao.


2 comentarios:

Alobel dijo...

¡buenisimo!no tiene desperdicio..
Detrás de muchas concesiones..despues vienen las lamentaciones..
Lourdes me encanta tu blog y que seas del" Santo Reino" tambien.
Gracias guapa

lojeda dijo...

Muchas gracias a ti, Alobel por tu comentario
Pasa por aquí cuanto quieras.
Un abrazo