miércoles, 16 de marzo de 2022

Conformismo

Uno de los mayores riesgos que podemos experimentar es vivir en un estado de pasividad permanente.

Ese en el que nos dejamos llevar, arrastrar por los estímulos y circunstancias limitándonos solo a existir, pero no a sentir. Ese donde nos disolvemos en nuestras obligaciones hasta tal punto que la propia vida, se convierte tarde o temprano en otra obligación. 

La esperanza se diluye entonces de nuestro horizonte y damos paso a una existencia aséptica y carente de propósitos.

Debemos tenerlo claro: Vivir significa implicarse. Significa correr riesgos, ser valiente aunque el miedo muerda y tener no uno, sino decenas de propósitos por los que levantarse cada día. Aunque a veces, y ahí está nuestro error, elegimos el camino fácil: El conformismo.

Nos conformamos con lo que ya tenemos aunque no sea de nuestra talla y no nos aporte felicidad.

Lo hacemos de este modo porque más vale pájaro en mano que ciento volando.

Aunque eso sí, cuando abrimos la mano, ni siquiera hay pájaro, solo plumas, solo el triste atisbo de lo que parecía una promesa pero que en realidad no era nada. Solo un ensueño, una falsa seguridad...

Chema Montserrat

Ciao.

 

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