Padre nuestro, que habitas en la belleza de las flores, en el canto de los pájaros, en cada momento y en cada corazón que aún sabe amar.
Santificado sea tu nombre en todo lo bueno, en todo lo justo y en cada acto de bondad que ilumina este mundo.
Llena nuestra vida de paz cuando haya incertidumbre, de fe cuando aparezcan las dudas y de esperanza cuando el camino parezca difícil.
Perdona nuestras faltas y enséñanos a perdonar, aun cuando las heridas intenten quedarse en nuestro corazón.
Líbranos del orgullo, del rencor y de todo aquello que nos aleje de tu luz.
Danos fortaleza para afrontar las pruebas y sabiduría para aprender de cada una de ellas.
Y cuando la vida no salga como esperamos, ayúdanos a confiar en que cada experiencia tiene un propósito y cada día una enseñanza.
Así sea. Amén.
Que esta oración no solo salga de nuestros labios, sino también de nuestras acciones.
Ciao.
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