
Las frustraciones, cuando no han sido superadas con la fuerza de la esperanza, pueden desembocar en una situación de crisis existencial.
La crisis, sin embargo con no poca frecuencia es sólo una toma de conciencia de la realidad, la base de una conversión a la verdad: Una sospecha fundada de que la vida no está sólidamente cimentada, de que quizá sea necesario desmontar toda su estructura y edificarla sobre otras bases.
La sensación de vacío puede representar un huecode claridad que permita mirar más allá del túnel evasivo. En un momento de depresión se piensa: ¡Qué extraño me he sentido hoy, como si todo lo que me parecía importante hubiera dejado de serlo!
Sí, es como si todo lo que estaba encima se hubiera puesto debajo... No se da uno cuenta, sin embargo, de que precisamente en ese momento ha sucedido algo muy significativo: Por un momento se ha levantado el velo de la mentira cotidiana y se ha llegado a vislumbrar un retazo de la realidad de uno mismo y de Dios.
Estas sensaciones, de alguna manera, están presentes en muchos de nosotros a lo largo de nuestras vidas, coincidiendo con momentos especialmente sensibles...
Por cualquier circunstancia o contratiempo, nos vemos alterados en nuestras emociones y nos viene el bajón o la euforia inesperadas y entonces es cuando pensamos: "He entrado en crisis".
Y pensamos que conviene ir al psiquiatra o al psicólogo, que necesitamos un tratamiento que nos mejore nuestro estado de ánimo.
Sin embargo, algo dentro de nosotros nos dice que lo que tenemos no es una enfermedad de la mente que exija un médico, sino una realidad bien diferente: Vemos como se desmoronan los muros del túnel por el que nuestra vida se va desviando... como si por primera vez nos preguntáramos en serio: ¿Cuál es el sentido de mi vida?
Entonces es el momento de tomar las riendas de nuestra vida, de replantearnósla, y de volver al camino otra vez.
Ciao.
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