martes, 8 de diciembre de 2009

Mi carta a La Madre




Querida Madre María

Sé que no tengo que hacer muchas cosas para agradarte, y no es que te conformes con poco.
Tu amor de Madre lo suple todo. Y suple todos los defectos de mi corazón cerrado y duro como una piedra, que algunas veces es incapaz de abrirse a los demás y sobre todo a Ti y a Tu Hijo.

Pero yo sé que Tu Madre, siempre estás conmigo, como los verdaderos amigos, lo mismo que los puentes firmes y bien cimentados, tanto en los ratos malos como en los buenos.
Somos nosotros los que Te fallamos, los que Te traemos al altar los frutos de nuestro trabajo mal hecho, y que son como espinos secos en vez de rosas frescas.

Seguro es que, como humanos que somos, nos invada el deseo de disfrutar de la vida al máximo, de exprimirla y aprovecharla hasta los extremos, para ver que al final de nuestros días hemos hecho algo con ella y no la hemos desperdiciado, aunque muchas veces la disfrutamos por caminos incorrectos, de una forma egoísta y estéril.

Gracias porque Tú, que eres la guía de mi vida, me enseñas en el silencio, en los pequeños detalles de cada a día, que el camino que algunas veces tomo, no es el correcto y me invitas a corregirlo.
Gracias Madre, porque mirando en tu propia vida, nos vas marcando el sendero que debemos seguir. Tu nos enseñas que si verdaderamente queremos disfrutar de la vida, o sea, ser felices, Tu nos enseñas con amor de Madre, que el esfuerzo siempre merece la pena por pequeña o grande que sea la causa, y que no tendremos que perder la marcha si sentimos tu presencia cerca.

Madre, te pido en este día de tu Inmaculada Concepción, me modeles para ablandar un poquito este corazón cerrado, para que se parezca cada vez más al tuyo y cuando desde arriba me mires veas en él tu reflejo, porque este corazón débil está abierto a los demás y lleno de vida.
No dejes que en ningún momento nos quedemos impasibles mirándonos unos a otros, o a nosotros mismos, porque sólo Tu y Cristo sabéis lo que es dar la vida hasta el final.

Querida Madre, déjame ser hoy, como una de esas flores que están a tu lado y que van gastando su aroma y su vida adorándote a ti.

Madre recuerda siempre que te quiero, aunque a veces no Te lo demuestra. No te olvides de tus hijos, y escuchas sus peticiones, porque en Ti ven el Amor manifestado en cada momento.

Un beso de todos tus hijos.

Ciao.

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