lunes, 31 de julio de 2017
Reaprender la confianza
Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos.
Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos.
Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han de aprender a confiar como Él: «Os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá». Jesús sabe lo que está diciendo pues su experiencia es ésta: «Quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre».
Si algo hemos de reaprender de Jesús en estos tiempos de crisis y desconcierto en su Iglesia es la confianza. No como una actitud ingenua de quienes se tranquilizan esperando tiempos mejores. Menos aún como una postura pasiva e irresponsable, sino como el comportamiento más evangélico y profético de seguir hoy a Jesús, el Cristo. De hecho, aunque sus tres invitaciones apuntan hacia la misma actitud básica de confianza en Dios, su lenguaje sugiere diversos matices.
«Pedir» es la actitud propia del pobre que necesita recibir de otro lo que no puede conseguir con su propio esfuerzo. Así imaginaba Jesús a sus seguidores: Como hombres y mujeres pobres, conscientes de su fragilidad e indigencia, sin rastro alguno de orgullo o autosuficiencia. No es una desgracia vivir en una Iglesia pobre, débil y privada de poder. Lo deplorable es pretender seguir hoy a Jesús pidiendo al mundo una protección que sólo nos puede venir del Padre.
«Buscar» no es sólo pedir. Es, además, moverse, dar pasos para alcanzar algo que se nos oculta porque está encubierto o escondido. Así ve Jesús a sus seguidores: Como «buscadores del reino de Dios y su justicia».
Es normal vivir hoy en una Iglesia desconcertada ante un futuro incierto. Lo extraño es no movilizarnos para buscar juntos caminos nuevos para sembrar el Evangelio en la cultura moderna.
«Llamar» es gritar a alguien al que no sentimos cerca, pero creemos que nos puede escuchar y atender. Así gritaba Jesús al Padre en la soledad de la cruz. Es explicable que se oscurezca hoy la fe de no pocos cristianos que aprendieron a decirla, celebrarla y vivirla en una cultura premoderna.
Lo lamentable es que no nos esforcemos más por aprender a seguir hoy a Jesús gritando a Dios desde las contradicciones, conflictos e interrogantes del mundo actual.
José Antonio Pagola
Ciao.
domingo, 30 de julio de 2017
Fuerza y esperanza en Dios
¿Cuántas personas deambulan por ahí que no tienen quien los escuche y mucho menos quien les tienda una mano cuando están atravesando por momentos difíciles?
Ellos necesitan saber que Dios se interesa por ellos y que si claman a él, serán escuchados y atendidos.
Nosotros que lo sabemos, bendecimos a Dios por lo que él hace con nosotros y por esto debemos compartir la esperanza que vive en nuestros corazones.
Ellos deben saber que Dios es nuestra fuerza y nuestro escudo y que sólo él es digno de toda confianza ya que él nunca nos ha fallado y de él hemos recibido todo lo que somos, hacemos y tenemos.
Así que con mucha alegría y agradecimiento dispongámonos a compartir con otros las maravillas y bendiciones que como hijos de Dios hemos recibido sin límites y sin medidas.
Ciao.
sábado, 29 de julio de 2017
Hoy… Quiero ser limpio de corazón...
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8
La limpieza de corazón es uno de los fines principales que debemos perseguir. Importa mucho que seamos purificados interiormente por el Espíritu Santo y por medio de la Palabra, y en verdad lo seremos exteriormente por una mayor consagración y obediencia. Existe una relación íntima entre el corazón y la inteligencia. Si amamos el mal, jamás podremos comprender el bien.
Si el corazón está manchado, el ojo estará oscurecido. ¿Cómo podrán estos hombres ver al Dios Santo, si aman el pecado?
¡Cuán singular es el privilegio de ver a Dios en la tierra!
Una sola mirada sobre Él constituye para nosotros un verdadero paraíso.
En Cristo Jesús contemplan al Padre los limpios de corazón. En Él vemos a Dios, la verdad, su amor, su santidad, sus designios, su soberanía, su alianza. Empero estas cosas solamente se perciben cuando se impide la entrada del pecado en el corazón.
Sólo quienes aspiran a la santidad pueden exclamar: «Mis ojos están siempre hacia Dios».
El deseo de Moisés: «ruégote que me muestres tu gloria», solamente puede tener cumplimiento en nosotros cuando estemos limpios de toda iniquidad. Nosotros «le veremos como Él es»; y «cualquiera que tiene esta esperanza en Él, se purifica».
El gozo de la presente comunión y la esperanza de la visión beatífica son dos poderosas razones para que andemos en pureza de corazón y de vida.
¡Crea, Señor, en nosotros un corazón puro para que podamos ver tu rostro!
Hoy quiero acercarme más a Dios para que mi corazón puede estar limpio y al estar limpio disfrutar de la bienaventuranza de poder ver a Dios. Dios es Santo y si él es Santo yo necesito estar limpio en mi corazón.
Señor, en este día estoy ante tu presencia porque deseo tener mi corazón limpio. Ya el pecado me ha devastado bastante. Me vuelvo a ti. Amén.
Charles Spurgeon.
Libro de Cheques del Banco De La Fe.
Ciao.
viernes, 28 de julio de 2017
Tienes derecho pero...
Tienes derecho, a enfadarte, pero no debes pisotear la dignidad de ninguna persona.
Tienes derecho a sentir celos del triunfo de los demás, pero no debes desearle mal, a las demás personas.
Tienes, derecho a caer, pero no debes quedarte tirado en el piso.
Tienes derecho a fracasar, pero no debes sentirte derrotado.
Tienes derecho a equivocarte, pero no debes sentir lástima de ti mismo.
Tienes derecho a regañar a tus hijos, pero no debes romper sus ilusiones de jóvenes emprendedores.
Tienes derecho a tener un mal día, pero no debes permitir jamás que se convierta en costumbre.
Tienes derecho a tomar una mala decisión, pero no debes quedarte estacionado en ese momento pasado.
Tienes derecho a ser feliz, pero no debes olvidar ser agradecido.
Tienes derecho a pensar en el futuro, pero no debes olvidar jamás el presente.
Tienes derecho a buscar tu superación personal, pero no debes olvidar tus valores morales.
Tienes derecho a triunfar, pero no debe ser a costa de otros.
Tienes derecho a inventar, pero no debes olvidar nunca a Dios.
Tienes derecho a vivir en paz, pero no debes confundir ese derecho inalienable con ser mediocre o conformista en la vida.
Tienes derecho a vivir en la opulencia, pero no debes olvidar nunca compartir con los menos afortunados en la vida.
Tienes derecho a desanimarte, pero no debes perder la esperanza.
Tienes derecho a la justicia, pero no debes confundirla con la venganza.
Tienes derecho a violentarte, pero no debes dejar de ser cortés.
Tienes derecho a un mañana mejor, pero no debes nunca cimentarlo en un hoy fraudulento.
Tienes derecho a ser positivo, pero no debes ser arrogante con ninguna persona.
Tienes derecho a soñar, y enseñar a otros a soñar con un mundo mejor y solidario, con los menesterosos.
Ciao.
jueves, 27 de julio de 2017
Tienes solamente una vida
"LA VIDA" …
Disponible únicamente por tiempo limitado.
Limitado a una por persona.
No es transferible.
Solamente es responsabilidad del destinatario.
Pueden ocurrir daños surgidos por el Uso o el Mal Uso.
Todo lo que hagas con ella es bajo tu responsabilidad.
Si no la utilizas no se permiten devoluciones.
Todas pueden conseguir su propósito.
“¡NO LA MALGASTES!”
Ciao.
miércoles, 26 de julio de 2017
Aunque Sientas…
Aunque sientas el cansancio.
Aunque el triunfo te abandone.
Aunque un error te lastime.
Aunque una traición te hiera.
Aunque una ilusión se apague.
Aunque el dolor queme tus ojos.
Aunque ignoren tus esfuerzos.
Aunque la ingratitud sea la paga.
Aunque la incomprensión corte tu risa.
Aunque todo parezca nada.
¡Vuelve a empezar…!
Ciao.
martes, 25 de julio de 2017
¡Gracias, Señor Santiago!
SEÑOR SANTIAGO
Como tú, también yo de vez en cuando,
me encuentro arreglando las redes
de mi vida a las orillas de mi existencia.
¿Arreglando o desarreglando?
¡No lo sé!
Sólo sé que, de cuando en vez,
siento una voz que me dice:
¿Qué haces? ¿Por qué te afanas tanto?
¿Cuánto has pescado hoy?
¿Qué has hecho hoy con tu vida?
Miro hacia arriba, y así como tú, viste algo
no siempre yo veo nada claro.
Me falta tu impetuosidad
y me sobra cobardía para, mirando hacia delante,
saber que hay un Señor que una y otra vez me dice:
¡Ven y sígueme!
Pero ¿sabes?
Siempre respondo lo mismo:
¿A dónde seguirte? ¿Para qué? ¿Por qué yo?
Y es que, Señor Santiago,
siempre pienso que eso de “ven y sígueme”
es para la gente cualificada
para las personas solitarias
para aquellos que son un poco especiales.
Y en el fondo, bien lo sabe Dios,
es miedo a mostrarme como lo que soy.
Digo ser cristiano, y me cuesta demostrarlo
Presumo de ser bautizado, y a duras penas me mantengo
Pretendo seguir a Cristo y, a cualquier distracción,
Prefiero quedarme parado en cualquier esquina.
Quiero ser sacerdote pero, a menudo,
ocultando verdades que al mundo hacen daño.
¡SI; SEÑOR SANTIAGO!
Hoy, permíteme que te dé las gracias por tu gran regalo
Por poner, en nuestra tierra, la primer piedra
de ese gran edificio espiritual de Jesús de Nazaret
Déjame darte las gracias por tu valentía
incluso por haber creído de tal manera en Cristo
que te permitiste el lujo de pedir un puesto privilegiado
al lado del Padre Dios
Déjame, en esta tu fiesta,
sonrojarme ante la grandeza de tu fe
en comparación con la débil mía:
tú fiel hasta dar la vida por Cristo
yo fiel siempre y cuando no me exijan tanto.
Déjame, Señor Santiago,
darte las gracias por habernos dejado
tu encuentro con la Virgen María.
Ella, como hace tantos siglos,
sigue estando presente y ayudando
a todo aquel, a todos aquellos
que se ponen en camino
para llevar la Buena Noticia
por todos los rincones del mundo.
¡Gracias! ¡Gracias, Señor Santiago!
Javier Leoz Ventura
Ciao.
lunes, 24 de julio de 2017
Reposar en Ti...
Hay momentos en la vida que debemos esperar la voluntad de Dios ¡Es fácil decirlo, pero que difícil es! ¿Verdad?
Como dice una oración de alabanza...
"Esperar en Ti.
Difícil sé que es...
Mi mente dice No, no es posible....
Pero mi corazón confiado está en Ti...
Tú Siempre has sido fiel, me has sostenido..."
Esta alabanza muestras muchas cosas que a veces nos sucede. Lo que destaco es. Mi corazón esta confiado en Ti... ¡Que maravilloso es que en esos momentos, tu corazón y el mío esté confiando en Él!
¡Venid a Mi todos lo que estáis cansado y agobiados, que yo os daré descanso!
Ciao.
domingo, 23 de julio de 2017
¿Que es la madurez espiritual?
«Le preguntaron a Rumi, maestro espiritual persa del siglo. XIII:
- ¿Qué es el veneno?
- Cualquier cosa más allá de lo que necesitamos es veneno.
Puede ser el poder, la pereza, la comida, el ego, la ambición, el miedo, la ira, o lo que sea ...
- ¿Qué es el miedo?
- La no aceptación de la incertidumbre. Si aceptamos la incertidumbre, se convierte en aventura.
- ¿Qué es la envidia?
- La no aceptación de la bienaventuranza en el otro. Si lo aceptamos, se torna en inspiración.
- ¿Qué es la ira?
- La no aceptación de lo que está más allá de nuestro control. Si aceptamos, se convierte en tolerancia.
- ¿Qué es el odio?
- La No aceptación de las personas como son.
Si las aceptamos incondicionalmente, a continuación, se convierte en amor.
- ¿Qué es la madurez espiritual?
1. Es cuando se deja de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.
2. Es cuando aceptamos a las personas como son.
3. Es cuando entendemos que todos están acertados según su própia perspectiva.
4. Es cuando se aprende a "dejar ir".
5. Es cuando se es capaz de no tener "expectativas" en una relación, y damos de nosotros mismos por
el placer de dar.
6. Es cuando comprendemos que lo que hacemos, lo hacemos para nuestra propia paz.
7.Es cuando uno para de demostrar al mundo lo inteligente se es.
8. Es cuando dejamos de buscar la aprobación de los demás.
9. Es cuando paramos de compararnos con los demás.
10. Es cuando se está en paz consigo mismo.
11. La madurez espiritual es cuando somos capaces de distinguir entre "necesidad" y "querer" y somos capaces de dejar ir ese querer ...
Por último y lo más importante!
12. Se gana la madurez espiritual cuando dejamos de anexar la "felicidad" a las cosas materiales!».
Ciao.
sábado, 22 de julio de 2017
Mirar hacia arriba
Levanta la vista y con la mirada puesta en Dios, haz el bien, que es camino de la felicidad eterna.
Iba un pequeño barco pesquero saliendo de la orilla del mar y ¡Vaya movimiento que se siente en la pequeña embarcación!, se necesita ser muy del mar para no sentir el mareo y las ganas de bajarse y echar a correr.
La barquilla se movía graciosamente al ritmo de las olas, pero los marineros sufrían las consecuencias de aquel vaivén… Uno de ellos recibió órdenes de subir a un mástil, y a medida que subía se sentía peor… El capitán de aquel barco le gritó: SI NO QUIERES SENTIRTE MAL, MIRA HACIA ARRIBA…
Que bien nos viene esta pequeña anécdota a todos los seres humanos: Si no queremos marearnos con las cosas atractivas de éste mundo, debemos mirar hacia arriba, implorar al cielo que nos llene de deseos espirituales, que veamos claro que en la vida no sólo se vive para comprar cosas y satisfacernos en todo, para así estar contentos y felices; que muy por el contrario, las cosas que llenan plenamente la vida no se pueden comprar… Porque no tienen precio.
Que bien nos haría en nuestra vida MIRAR HACIA ARRIBA y pedirle a Dios:
- Humildad para aceptar nuestra vida como es y conformarnos con lo que tenemos y con lo que somos, sin desear tener mucho…
- Que nos llene el alma de amor para poder vivir una vida digna, para poder darle momentos bellos a los demás…
- Ayuda para ser mejores, sencillos de corazón y vivir con alegría...
- Aprender a dar amor y a darnos a los demás con verdadera entrega y desprendimiento, sin esperar recibir todo de ellos....
- Generosidad para compartir todo lo que El nos ha dado, como nuestros talentos y virtudes...
- Fortaleza para no apegarnos a las cosas materiales… A nada ni a nadie, porque...
Todo lo que tenemos en esta vida es prestado por Dios, porque al final nada nos llevaremos, solo las obras buenas y la alegría de haber vivido una vida llena de Dios. Eso es lo único que podemos llevarnos de este mundo.
MIRAR HACIA ARRIBA, DIOS NOS BUSCA, DIOS NOS ESPERA…
Ciao.
viernes, 21 de julio de 2017
La secularización
LA SECULARIZACIÓN (distanciaciamiento estructural sociedad/religión) ha llegado hasta tal extremo que, sin darnos cuenta o por falsos populismos, ha cristalizado peligrosamente en nuestra liturgia:
- Sobrevaloración del elemento humano en detrimento de lo sagrado.
- Músicas (con letras incluídas) que rayan lo esperpéntico (como lo sería un rezo del rosario en un pleno municipal).
- Estorbo del misterio y profusión irracional de palabras, gestos y signos totalmente inaceptables.
- Intromisiòn de elementos distorsionadores de lo que se celebra.
- Aplausos, intervenciones totalmente paganas y sin referencia a Dios, la Fe o el Evangelio.
La secularización, cuando invade la liturgia, nos convierte en títeres o marionetas con difícil retorno al sentido común.
Dios puede llegar a ser el gran extraño y lo humano erigirse en centro y entretenimiento de algo que no ha de ser ni un circo ni mucho menos una exhibición del personal.
Padre Javier Leoz Ventura
Ciao.
jueves, 20 de julio de 2017
Tras mis huellas y a mi lado
Tras mis huellas, a mi lado, Dios me sigue. Con respeto a mi libertad, con misericordia y ayuda.
Estoy en camino. Con mis decisiones escojo la meta y el modo de alcanzarla. El futuro avanza entre seguridades y misterios. La vida continúa sin descanso.
Cada paso marca el camino. Parece que mucho depende de mí, aunque también mucho está en las manos de otros.
Tras mis huellas, a mi lado, Dios me sigue. Con respeto a mi libertad. Con deseos de mi cariño. Con ofrecimientos de misericordia y de ayuda.
¿Por qué insiste en Su Amor? ¿Por qué no deja al hombre decidir su presente y su futuro? Porque un Padre lo es siempre: No puede abandonar a cada uno de sus hijos.
Me sorprende este Dios tan humilde y tan potente. Podría obligarme a amar, pero prefiere mis opciones libres. Así arriesga mucho, pero consigue mucho más: Amor.
Porque sólo una creatura llega a amar si vive libremente. Y Dios no quiere esclavos, sino hijos que aman y se dejan abrazar por Su cariño.
Tengo ante mí un nuevo día. Pienso en tantas cosas que debo hacer o que me gustaría llevar a cabo. El tiempo no es elástico. Hay que ponerse a trabajar.
Entre mis pensamientos, Dios se asoma con respeto. Llama a la puerta. Desea que le mire, que descubra su pasión de enamorado.
Si le abro, entrará, y habrá cena y fiesta (cf. Ap 3,20). Entonces mi jornada tendrá una luz maravillosa, brillará ya ahora con una belleza y una frescura que salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4,14).
P. Fernando Pascual LC
Ciao.
miércoles, 19 de julio de 2017
La tristeza, cosa nefasta
La tristeza, un enemigo oscuro y sórdido que corroe, de manera taimada, lo mejor que hay en el hombre.
A poco que uno entre en contacto con la Pascua, aparece como rasgo distintivo, como santo y seña de este tiempo, la cuestión de la alegría. Y aparece también, por contraste, su contrario, la tristeza, a la cual me ha parecido conveniente dedicar alguna reflexión.
Recuerdo que hace ya muchos años llamó mucho mi atención un artículo del sacerdote y escritor José Luis Martín Descalzo titulado “El pecado de la tristeza” y recuerdo también que la primera reacción fue una cierta sensación de incomodidad ante el título, una mezcla de extrañeza y enfado a la vez. Me sentí molesto solo con el título porque a mi parecer la expresión por sí sola encerraba injusticia.
- “Pues es lo que le falta a quien está triste, que encima le digan que está pecando -pensé-. Como si no tuviera bastante con su propia aflicción”.
Tras el desconcierto inicial del título, la lectura del artículo iba despejando dudas a medida que el autor se explicaba con su claridad y sensatez acostumbradas. Traigo a colación esta cuestión de la tristeza porque me parece que conviene volver sobre ella una y otra vez, me parece que es de lo más actual y considero muy útil hablar de ello. He llegado al convencimiento de que tenemos en la tristeza un tóxico generalizado y escurridizo, un enemigo oscuro y sórdido que corroe, de manera taimada, lo mejor que hay en el hombre; una especie de carcoma del corazón y a la vez, un elemento de disgregación social.
Así habla de ella la Vulgata: “Como la polilla al vestido y la carcoma a la madera, así la tristeza daña el corazón del hombre” (Prov 25, 20).
Aunque la tristeza es un fenómeno tan común y tan corriente que no necesitamos definirlo, sí me ha parecido oportuno ponerlo al lado de su contrario, la alegría, para entenderlo en sus verdaderas dimensiones.
En nuestra mejor tradición se define a la alegría como “la complacencia en el bien poseído o esperado”. La idea de alegría está necesariamente unida al bien. La alegría no es otra cosa que la respuesta global de la persona humana ante un bien. No hay alegría, ni posibilidad de ella, si el bien no entra en escena.
Esta es la cuestión: El bien. Aquí está la clave para encarar el problema de la tristeza.
Es evidente que el mal está muy extendido. El mal es amplio, abundante y campa a sus anchas, ciertamente. Y me atrevería a decir más: El mal es mucho más abundante y está mucho más extendido de lo que podemos llegar a captar. Yo barrunto que no tenemos capacidad para hacernos una idea cabal de la extensión del mal que hay en el mundo. Ni de su extensión ni de su “intensión” (perdónese el neologismo).
Aunque tengamos noticia de muchas manifestaciones del mal, al mal no lo vemos, lo que vemos son sus expresiones concretas. Si son muchas las que nos llegan es porque hay muchas más. Cada noticiario no es sino una apretada dosis de las más llamativas desgracias y perversidades acaecidas en cualquier lugar del mundo cada día. Si de manera tan resumida es mucho el mal del que se nos informa, eso significa que hay mucho más todavía. Todo esto es cierto, pero no es casual, no es así por azar porque en los grandes medios de comunicación nada ocurre al azar, nada hay fuera de control.
Cabe concluir, por tanto, que la divulgación de la maldad humana responde a una estrategia diseñada y puesta en práctica con toda intención. Y cabe concluir también que detrás de la propagación del mal no puede estar de manera interesada sino el propio mal.
Pues bien: No podemos hacer el juego a esta estrategia. No podemos tener ojos solo para el mal. No podemos poner el acento, solo ni preferiblemente, en lo mal que está todo porque cada vez que lo hacemos nos convertimos en peones y colaboradores de esa estrategia perversa.
Quien ve mal por todas partes no tiene ninguna posibilidad de complacerse en nada. La cosa tiene más gravedad de lo que pudiera parecer, porque es un asunto que nos atañe no solo de manera individual, y aunque tiene un componente afectivo importante, no es principalmente una cuestión afectiva. El mal engendra tristeza, la tristeza conduce al odio y el odio recae siempre sobre los demás. El odio, como el amor, necesita siempre de otro; el odio como el amor, exige siempre alteridad porque nadie se odia a sí mismo.
Uno puede reconocer cosas que le gustan de sí mismo, pero no puede odiarse porque nadie de carne y hueso puede odiarse a sí mismo. “Nadie odia su propia carne” (Ef 5, 29). Cuando esta cadena maléfica (mal-tristeza-odio) echa raíces en el alma, el hombre entra en una espiral de opacidad y de negrura más que peligrosa.
Lo diré con mayor claridad y contundencia: La tristeza puede prender en el alma, pero quien no la afronta con decisión para erradicarla, se deja deslizar por una rampa que acaba en el infierno.
Quizá ahora podamos entender el mandato bíblico que escribió San Pablo: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4,4). Y quizá ahora podamos entender por qué los autores espirituales han hablado de la tristeza como pecado.
¿Qué clase de pecado? Una variante de la pereza que consiste en la modorra y el torpor para salir de la oscuridad de uno mismo. Porque este es uno de los grandes efectos demoledores de la tristeza: Que mete al hombre en sí mismo y lo incapacita para salir de sus angustias.
Lo encierra en sí mismo, lo ofusca y lo va asfixiando cada vez más, lo recuece en su propio jugo y lo paraliza; impide ver las necesidades ajenas (bastante tiene con las propias) y obstaculiza la apertura a los demás.
Pensando en ti, lector querido, se me ocurre que tal vez me hagas la siguiente objeción: Todo lo dicho está muy bien, pero solemos ver el mal concreto como en un tablero de ajedrez, vemos sus causas y sus consecuencias, sus agentes y sus responsables y vemos también qué se podría hacer para evitarlo. Dicho de otro modo, tenemos razón.
Pues bien, este es el segundo rasgo hacia el que deseo fijar tu atención: El hecho de tener razón.
¡Cuánto nos gusta y de qué poco sirve! ¡Tenemos tantas razones para abonar la tristeza, tantas para instalarnos en ella!
Este es el gran problema, que nadamos en aguas de tristeza y de abatimiento cargados de razón. Le llamo problema porque lo es. Tener razón es quizá el mayor ejercicio de inmanencia al que estamos acostumbrados porque tener razón es algo que no trasciende, no escapa de nosotros mismos ya que surge en nuestro interior y en nuestro interior se queda. Y por eso precisamente nos vuelve hacia nosotros, nos enroca metiéndonos en nosotros mismos, nos empuja a dar vueltas a nuestro propio yo una y otra vez. Si te das cuenta, lector, esto es justamente lo contrario de lo que hace en nosotros el amor, que es sacarnos de nuestras fronteras acercándonos a los demás, hacer que nos preocupemos de cómo les van las cosas a los otros, volcarnos hacia afuera.
El tener razón nos ensimisma, el amar nos lleva a dedicarnos a los problemas del prójimo. Lo primero nos constriñe, lo segundo nos dilata; aquello nos empequeñece, esto otro nos hace grandes; la tristeza generada por la búsqueda de tener razón nos “egoistiza”, la alegría que procede del amor nos lleva a darnos.
¿Ves por qué no se nos ha dicho que busquemos tener razón y en cambio sí se nos ha mandado -como único precepto- amar a los demás?
Por ser enemiga del bien, mala es la tristeza, y peor aún si se ayunta con el tener razón. Cosa bien distinta es el dolor. También conviene dejarlo claro, porque el dolor sí es compatible con el bien. Y no solo compatible, sino fuente de él.
Estanislao Martín Rincón
Ciao.
martes, 18 de julio de 2017
¿Somos hipócritas o servidores?
¿Somos hipócritas o servidores?
Este discurso de Jesús se dirige a los cristianos de todos los tiempos. Se dirige a las autoridades de la Iglesia y se dirige igualmente a cada uno de nosotros.
En las Sagradas Escrituras, frecuentemente, Jesús ataca a los escribas y fariseos. Invita a los suyos a hacer y cumplir lo que enseñan, pero no imitarlos en su conducta. Son críticas duras que les hace a los dirigentes espirituales de su pueblo. En concreto les echa en cara lo siguiente:
1. No cumplen lo que enseñan
2. Imponen cargas pesadas a la gente, pero ellos ni las tocan
3. Quieren aparentar ante los demás
4. Buscan los primeros puestos y los saludos en las plazas
Ahora, uno podría pensar que estas actitudes fueron propias de esta gente y que con su muerte se acabaron. Lastimosamente no es así. Este discurso de Jesús se dirige, por eso, también a los cristianos de todos los tiempos. Se dirige a las autoridades de la Iglesia y se dirige igualmente a cada uno de nosotros.
Porque los fariseos no son una categoría de personas. Se trata, más bien, de una categoría del espíritu de una postura interior. Es un bacilo siempre dispuesto a infectar nuestra vida religiosa.
Todos somos fariseos:
a. Cuando reducimos la religión a una cuestión de prácticas espirituales, a un legalismo estéril;
b. Cuando pretendemos llegar a Dios dejando de lado al prójimo;
c. Cuando nos preocupamos más de “parecer” que de “ser”;
d. Cuando nos consideramos mejores que los demás.
Toda esta plaga tiene un único y solo nombre: hipocresía. Por eso, con toda justicia, fariseísmo se ha convertido para nosotros en sinónimo de hipocresía.
Los hipócritas tienen una “doble cara”, una vuelta hacia Dios y la otra hacia los demás. Y, sin duda, la cara que mira a Dios es horrible, espantosa.
Para Cristo, la ley no era un ídolo, sino que era un medio. Tenía la tarea de empujar al hombre hacia adelante, de ayudarle para crecer.
El desafío que hoy nos presenta Jesús es, entonces: amor o hipocresía. Porque amar significa servir. Quien ama realmente, sirve a los demás, se entrega a los hermanos.
Es la actitud de Cristo. Toda su vida en esta tierra no fue sino un servicio permanente a los demás. Y al final entrega hasta su vida por nosotros, para liberarnos y salvarnos.
Y es también la actitud de María. En la hora de la Anunciación se proclama la esclava del Señor. Nosotros muchas veces creemos que estamos sirviendo a Dios porque le rezamos una oración o cumplimos una promesa. Miremos a María: Ella le entrega toda su vida, para cumplir la tarea que Dios le encomienda por medio del ángel. Cambia en el acto todos sus planes y proyectos, se olvida completamente de sus propios intereses.
Lo mismo le pasa con Isabel. Sabe que su prima va a tener un hijo y parte en seguida, a pesar del largo camino de unos cien kilómetros. No busca pretextos por estar encinta y no poder arriesgar un viaje tan largo. Y se queda tres meses con ella, sirviéndola hasta el nacimiento de Juan Bautista.
Hace todo esto, porque sabe que en el Reino de Dios los primeros son los que saben convertirse en servidores de todos. Cuando el ángel le anuncia que Ella será Madre de Dios, entonces María comprende que esta vocación le exige convertirse en la primera servidora de Dios y de los hombres.
Pidamos a Jesús y a María que nos regalen ese espíritu de servicio desinteresado y generoso, que ellos han vivido tan ejemplarmente. Sólo con ese espíritu podremos enfrentar los desafíos del mundo de hoy. Sólo con ese espíritu podremos ser instrumentos aptos para construir un mundo nuevo.
Preguntas para la reflexión
1. ¿En qué grupo estoy, hipócritas o servidores?
2. ¿Cómo podemos servir a los demás?
3. ¿Qué actitud de María puedo adoptar?
Retiros y homilías del Padre Nicolás Schwizer
Ciao.
lunes, 17 de julio de 2017
Lección de la ambulancia
Hoy os ofrezco una reflexión que nos ayudará a madurar un sano sentido del verdadero valor de los bienes de la vida.
A veces nos falta el sentido de la proporción, pues distorsionamos la importancia de las cosas y perdemos la paz del corazón por pequeñeces que ambicionamos desmedidamente.
Tal vez hoy nos hemos encontrado con una ambulancia y quizás eso nos obligó a pensar en el dolor, en ese pobre enfermo que iba camino del hospital.
Esa ambulancia ha sido para nosotros un despertador de esa modorra espiritual que elimina enseguida de la reflexión el mundo del dolor.
Por eso, Dios permitió que la ambulancia se cruzara en nuestro camino. Esta mañana nos levantamos sanos, y esta noche tal vez también nos acostemos sanos, y tal vez por gozat de esa buena salud de la que gozamos, no pensemos en la riqueza inmensa que es la salud, y nos quejamos a veces porque nos falta algo de escasa importancia.
¿No es más justo agradecer porque gozamos de excelente salud y no quejarnos por cosas que en verdad son pequeñeces?
Aprendamos la sabiduría de ver en Dios al dador de los bienes fundamentales, y no tanto al negador de ciertas comodidades…
Una vez leí esta frase: “Me quejé de no tener zapatos, hasta que contemplé un hombre que no tenía pies”.
En verdad una experiencia así nos abre al sentido de la proporción, pues moderamos nuestras quejas en medio de una intensa gratitud por los bienes básicos que disfrutamos.
Ciao.
domingo, 16 de julio de 2017
Esperanza ante lo difícil
Tras la tristeza del Gólgota viene la alegría de la Pascua. Esa es la gran esperanza que tenemos los cristianos que caminamos entre luces y sombras.
La esperanza “sirve” sobre todo cuando el corazón tiene ante sí dificultades y pruebas de importancia.
Lo fácil no es objeto de esperanza, porque sabemos que está a la mano, que se consigue en seguida, que las puertas están abiertas, que el espíritu y el cuerpo tienen la energía necesaria para alcanzar la meta.
Pero cuando vemos el objetivo rodeado de dificultades, cuando tocamos nuestra propia debilidad, cuando percibimos la acción de personas o de circunstancias que hacen difícil y lejano el triunfo, es cuando más necesitamos la virtud de la esperanza.
En la vida humana miles de deseos están acompañados por una auténtica nube de obstáculos.
En ocasiones, el modo de pensar “realista” nos lleva a reconocer que es casi imposible dar un paso adelante, que no vale la pena seguir en la lucha por algo inalcanzable.
En otras ocasiones, con un mayor esfuerzo, con un poco (o con un mucho de esperanza) seríamos capaces de reavivar la voluntad y reunir energías para seguir en la lucha por conquistar algo bueno y noble que merece lo mejor de nuestra vida.
La sociedad necesita corazones que no se rindan ante las pruebas, que no se acobarden ante los reproches, que no se hundan entre lamentaciones y “quisieras” sin decisiones concretas. El mundo necesita hombres y mujeres con una esperanza ardiente, llena de luz, llena de valentía, que sepan mirar más allá de las dificultades para renovar la lucha, a pesar de las heridas que la batalla va dejando en la propia carne.
Desde la Fe cristiana, sabemos que la meta verdadera y feliz a la que todo ser humano es invitado se llama Dios, que es Padre y Redentor. Y porque reconocemos que el Hijo de Dios quiso pasar por el dolor humano, tomó nuestra carne débil y sufriente, recorrió nuestros caminos polvorientos y sintió la sed tras la larga marcha de la vida, también sabemos que la esperanza cuenta con el mejor de los Amigos, de los aliados, de los compañeros.
No somos peregrinos ilusos que van tras un espejismo de engaños. Somos bautizados tocados por una Cruz que no fue la última página de la historia, sino el culmen del Amor bañado de esperanza.
Tras la tristeza del Gólgota viene la alegría de la Pascua. Esa es la gran esperanza que tenemos los cristianos, por la que caminamos entre luces y sombras, entre obstáculos y caídas.
Los ojos del alma miran hacia el frente, llenos de esperanza. Descubren así un horizonte en el que brilla la aurora que nos invita a dar nuevos pasos en la lucha por el bien, por la verdad, por la justicia, por el amor eterno.
P. Fernando Pascual LC
Ciao.
sábado, 15 de julio de 2017
Curar nuestro interior
Todo ser humano, unos más y otros menos, necesitamos sanación interior, porque todos tenemos heridas internas, muchas veces ocultas, imperceptibles, pero que pueden influir de modo muy negativo nuestro carácter, nuestro comportamiento, nuestras vidas, impidiéndonos:
– Alcanzar la integridad emocional, o sea, vivir una vida emocional equilibrada y relaciones sanas;
– Crecer en santidad.
Nuestra mente es como un iceberg. Un iceberg es una enorme montaña de hielo en el mar, que no parece muy grande, pero en realidad, lo que es grande es la parte que no vemos y que está sumergida. Nuestra mente tiene tres niveles, pero es en el nivel más profundo, el del inconsciente, donde están almacenados los acontecimientos de nuestra vida que nos traumatizaron.
Por no saber lidiar con ellos, los “empujamos” allí como mecanismo de defensa; sin embargo, aún en el inconsciente, pueden influenciar en nuestras actitudes, nuestras decisiones y nuestras relaciones (con Dios, con los demás y con nosotros mismos).
Muchas veces intentamos controlar esos recuerdos dolorosos, pero no siempre lo conseguimos, y éstos acaban tomando las riendas de nuestra voluntad, y las consecuencias son desastrosas.
Por eso tenemos:
– Explosiones de humor;
– Crisis depresivas;
– Enfermedades psicosomáticas:
– Comportamientos destructivos (alcoholismo, drogas, activismo, problemas en la sexualidad, etc.)
Los efectos son fáciles de reconocer, porque son muchas las personas que viven continuamente en la tristeza y en la angustia; otras se desesperan por cualquier cosa e incluso llegan a intentar el suicidio. Otras son pesimistas, tímidas, miedosas, inseguras, inestables, inquietas, agitadas e insatisfechas. En fin, hay otras que nunca se liberan de los remordimientos de culpas pasadas y creen que Dios ya no las ama. Consideran antes a Dios como a un enemigo, dispuesto a castigarlas. Estas personas también desconfían de las demás, manteniéndose apartadas de todos por arrogancia y desprecio.
Verificamos esas realidades todos los días, incluso en personas que se consideran normales y equilibradas, pero que en verdad son víctimas de desequilibrios emocionales, causados por traumas que, quizás, existen desde hace años.
Están las que toman calmantes. Sin embargo, sólo apartan la tensión por un poco de tiempo, sin erradicar nunca la verdadera causa. Otras ahogan sus angustias en el alcohol, en las drogas o en los placeres de la carne. Pero, pasando el alivio momentáneo, los problemas vuelven con mayor fuerza y, lo que es peor, nos hacen dependientes de las drogas y el vicio. Otras buscan toda clase de diversiones, pero sus males los siguen allá donde vayan.
Estamos presos en las cadenas del pasado y sufrimos:
– Por nuestras imperfecciones;
– Por las imperfecciones de los demás;
– Y nos quedamos cada vez más confusos, bloqueados, tenemos dificultades para relacionarnos con Dios, con los demás, y para creer y para tomar decisiones.
Pero el hombre fue creado por Dios, para Dios y necesita de Dios para alcanzar la felicidad eterna (su fin último).
Sólo que todos ponemos nuestras expectativas en los demás, esperamos en los demás, confiamos en los demás, queremos ser amados por los demás, que son tan imperfectos y limitados como nosotros. Acabamos por sentirnos rechazados, angustiados, solos y vacíos.
Muchas veces este proceso sucede de modo sutil, no nos damos cuenta, pero nuestros corazones quedan oscuros y vacíos. Causa un desorden en nuestras relaciones, y los sentimientos que produce generan celos, egoísmo, envidia… Y la raíz de todo está allí, en los primeros días de nuestra vida, en la cuna.
Necesitamos dejarnos guiar por Dios y no por nuestros traumas, angustias y heridas. Jesús es el verdadero Señor y Señor de nuestras vidas, nuestra justificación.
Sólo Él tiene poder para penetrar en nuestros recuerdos y transformar las tinieblas en luz (Is 53,4-5).
Pero para que Jesús actúe en nuestras heridas, es necesario que queramos que lo haga. Es necesario un acto de voluntad por nuestra parte para invitarle a que las purifique, las libere. Necesitamos que nos libere para convertirnos en hombres y mujeres nuevos, como estamos llamados a ser.
Escola de Formação Shalom
Ciao.
viernes, 14 de julio de 2017
La oración de los cinco sentidos
La oración de los cinco sentidos es una invitación a dejar que la presencia de Cristo se haga viva en cada una de los sentidos de nuestro cuerpo para que desde ese contacto los podamos elevar a los sentidos del alma.
La humanidad y divinidad de Cristo se nos ofrece en la Eucaristía, memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección.
¿Cómo rezar ante Cristo presente en la Eucaristía utilizando los cinco sentidos?
VISTA
“Te miro Señor y sé que tú me miras. Me conmueve tu soledad, tu vulnerabilidad. Deja que mis ojos te acompañen. Son ojos limitados, débiles y pecadores, pero quieren descansar en ti. Acoge mi mirada como un deseo de verte siempre en toda la creación, en todas mis relaciones, en todas mis miradas. Quiero que tu Eucaristía, que tú Señor, aquí presente seas mi filtro. Ver todo y mirar a todos contigo y a través de tu presencia. Purifica mi vista, afina mis ojos. Ayúdame a dejar que la fe siempre los limpie y los proteja de cualquier atracción al mundo. Que mi mirada sea honda y profunda para que siempre transmita paz, amor, serenidad y alegría.
Mirarte cada día es gozar de esos ojos color de cielo. Esos ojos tuyos que me hablan del Padre, me transforman el corazón y me enseñan ternura. ¡Mirada de Dios, ojos benditos de Cristo, purifica mi vista y fíjala siempre en la tuya!”
OÍDO
“Escucharte es hacer silencio y abrir mis oídos interiores. Es acallar mi corazón para escuchar por amor el tuyo. Es cambiar el ritmo de mis latidos para adaptarme a los tuyos. Unir mi voluntad a la tuya. ¡Tú silencio me dice tanto! Es compañía, recuerdo, fortaleza, idioma fecundo que llena mi vida. La Eucaristía es tu Palabra que se vuelve eco de amor: Te amé, te amo y te amaré: aquí estoy para sostenerte y hablarte palabras de vida eterna”.
En silencio quiero poner orden en mi vida. Quedarme con lo esencial, desechar ruidos, noticias, sueños y planes que no me dejan escucharte. Mi oído interior aprenda a hablar tu mismo lenguaje: El de los hechos, el de las obras. Quedarme contigo, acompañarte. Escuchar tu mirada y ver tus palabras viajar de tu corazón al mío. ¡Palabra de Dios, amor sostenido en silencio, habla a mi corazón!”
OLFATO
“Con tu Encarnación Señor me has enseñado la fragancia de la eternidad. Te has querido hacer alimento cotidiano, olor familiar tan necesario. Hueles a hogar entrañable, a recuerdo perfumado de Pan hecho vida de mi vida. Pan caliente, recién salido del horno del sacrificio de tu amor misericordioso. Eucaristía del amor.
Que mi alma te alabe por el perfume de la rosa, el jazmín y la azucena. Ellas me ayudan a sensibilizar mi alma y a bendecirte por tan hermoso frescor. Pero sobre todo que mi alma te alabe, bendiga y agradezca por el perfume de tu Eucaristía: Cuerpo y Sangre de todo un Dios, aroma de humanidad divina que me lleva hasta la cima del dolor y me permite contemplar el paisaje eterno de tu amor.
Quiero respirar hondo y disfrutarte. Olor suave, paciente, manso y cercano. Perfume delicado, tierno y eterno. ¡Aroma de Cristo, Palabra Eterna, fragancia de eternidad, inunda mi corazón de tu presencia!”
TACTO
“Señor, tú sabes que no soy digno de que entres en mi casa, tampoco de tocarte, me basta con rozar el borde de tu manto para ser sanado. Quiero tocarte con la fe y sobre todo dejarme tocar por tu presencia, por tu mirada, por tu Palabra y por el aroma de tu amistad.
Tu mano en mi mano, tu caricia en mi rostro. Mis manos en tus heridas para curarte y consolarte. Mis rodillas al suelo para lavarte los pies con las lágrimas de mi arrepentimiento. Déjame sentir el frío del suelo a cambio de escuchar de cerca el latido de tu corazón. Que entienda que el mundo es frío, la tierra es dura pero a tu costado, todo lo calientas, todo lo suavizas, todo lo puedo llevar si me tocas con tu amor inefable y misericordioso. ¡Ternura del amor de Dios, mano que me levanta, me acaricia y me perdona, sostenme siempre en tu presencia!
GUSTO
“Te espero con anhelo cada vez que te miro para poder recibirte. Sabes a pan y vino pero eres Tú presente, vivo y eficaz. Sabías que me asustaría comerte y con humildad te quedaste en los accidentes para hacerte más cercano, más mío y así, sin apenas yo darme cuenta, al tenerte ya en mi corazón, tú me harías más tuyo. Gracias por tanta delicadeza.
Sabes a tierra pero eres eternidad encarnada. Eres uno de los míos y me quieres uno de los tuyos. Ayúdame a recibirte siempre con reverencia, con fe, con esperanza y caridad. Gustarte es prepararse gozosamente para el banquete más importante. Es cuidar todos los detalles de mis otros sentidos para poder acogerte como huésped: limpiar mi corazón, perfumar mi alma, purificar mi vista, silenciar mi oído, suavizar mi tacto.
Gracias por ser tan necesario, tan cercano, tan mío, tan nuestro.
¡Cuerpo y Sangre de Cristo, alimenta mi cuerpo y santifica mi alma para que guste siempre de las delicias de tu amor!”
P. Guillermo Serra, L.C.
Ciao.
jueves, 13 de julio de 2017
Te avise tres veces
Un gran crucero con cientos de personas a bordo surcaba los mares del Caribe, cuando de pronto se encontraron inmersos en un gran huracán. Era de tan fuerte que el crucero solo podía ir a la deriva.
El pánico comenzó a apoderarse de los pasajeros y aunque muy cerca del crucero se podían ver algunas luces, no conseguían acercarse a ellas.
De pronto, el barco comenzó a golpear muy fuerte contra unas rocas y su estructura se tambaleó. El pánico se apoderó de todos y comenzaron a evacuar a los pasajeros en medio del caos y el pánico. Unos se tiraron al agua, otros bajaron a los botes salvavidas y algunos gritaban desesperadamente sin saber que hacer.
En medio de estas personas, se encontraba Vicente, un hombre muy fiel a Dios con una Fe inquebrantable; no tenía el más mínimo temor de la situación que estaba atravesando. Él estaba ahí, ayudando a todos y suplicando a Dios que le enviara ayuda para salvarse junto a los demás. En un momento se dio cuenta que los botes y salvavidas no eran suficientes para salvar a todas las personas.
Así que con toda su Fe puesta en Dios, se lanzó al agua y comenzó a nadar hacia las luces que marcaban la costa. A cada momento decía para sí mismo, “yo soy una persona de mucha Fe y sé que voy a llegar sano y salvo, porque Dios me va a salvar”...
Cuando ya se había alejado del barco unos cientos de metros, se acercó una pequeña embarcación, con la intención de salvarlo, pero su respuesta fue rotunda: "No, vayan a salvar a otros, mi Fe y yo llegaremos sanos y salvos".
Continuó nadando muy firme, hasta que se le acercó un velero desde el cual le gritaron: Agárrese de la soga y suba, pero nuevamente su respuesta fue negativa: "No, no, vayan a rescatar a los demás, yo estoy bien, mi Fe me ayudará a llegar sano y salvo".
Desoyendo esta nueva advertencia, Vicente continuó hacia su objetivo. Pasaron unos minutos y escuchó en el aire un ruido de motores, era un helicóptero que se acercaba y que le lanzó un salvavidas. Nuevamente lo rechazó diciendo, mi Fe me salvará.
Cuando ya no había nadie más a su alrededor, la noche lo envolvía en la soledad y las olas feroces del mar lo hacían sentir cada vez más agotado, Vicente sintió un fuerte calambre; no podía moverse, ni nadar; el dolor de sus músculos era insoportables y cuando ya no pudo luchar más, se entregó a la furia del mar y murió ahogado.
Vicente llegó al cielo y muy enojado, esperando encontrarse con Dios.
Cuando por fin llegó ante Su presencia, visiblemente contrariado, le dijo:
- Señor ¿Qué me hiciste? Toda una vida de obediencia, de Fe, de entrega. Siempre te respeté, me aparté del mal, me arrepentí de mis pecados y así es como me pagas. ¿Por qué no me salvaste? Te rogué, te supliqué, que me sacaras de aquella situación y ahora mírame, estoy muerto.
Quiero una explicación… Dios lo miró tiernamente, con dulzura y con Su voz suave, llena de un amor inexplicable, le dijo:
- Hijo, siéntate y ten calma, Yo soy Dios y siempre contesto las oraciones de mis hijos. Escuché tus ruegos, están debidamente anotados y me ocupé personalmente de responderte; pero no has tenido el suficiente discernimiento para descubrir que quise SALVARTE, no solo una vez sino tres veces. Si te hubieras dado cuenta de que era Yo el que te enviaba la Salvación a través de la barca, del velero y del helicóptero, te aseguro, que ahora no estarías aquí.
“Cuando te dirijas a Dios para pedir soluciones a tus necesidades, enfermedades o cualquier problema que puedas tener, siempre está atento, porque la respuesta puede llegar de la manera que jamás hayas esperado. Sólo debes tener paciencia y esperar”.
José Luis Prieto.
Ciao.
miércoles, 12 de julio de 2017
La decepción
La vida no siempre va de acuerdo con lo planeado. A veces las cosas no salen como queremos. A veces la gente nos decepciona. A veces nuestras esperanzas, sueños y expectativas se estrellan contra el suelo produciendo un ruido ensordecedor.
Con los años me he sentido decepcionada más veces de las que puedo contar. Una oportunidad que parecía prometedora que no se concretó. Una persona a la que tenía en alta estima que actuó mal. Había puesto su corazón en ello.
Estoy segura de que has tenido tus propias decepciones. Tal vez estás pasando por una (o varias) en estos momentos.
La decepción es la emoción que sentimos cuando no conseguimos el resultado que queremos o esperamos. Cuando la realidad no se ajusta a lo que pensamos que "debería ser", se produce en nosotros una decepción (a menudo combinada con resentimiento o frustración), a veces con una intensidad que nos golpea con fuerza.
Como seres humanos empeñados en apegarnos a ciertos resultados, estamos destinados a experimentar decepción en el curso de nuestras vidas.
Estoy convencida profundamente que si las cosas salieran como quisiéramos todo el tiempo, no podríamos valorar los éxitos y nunca desarrollaríamos la capacidad de persistir o adquirir la sabiduría destinada a nosotros.
Son los golpes en la vida, los reveses y las desilusiones las que nos permiten saborear y apreciar plenamente las victorias y los éxitos.
Cuando enfrentamos una decepción, nos sentimos llamados a profundizar en nuestra, con la creencia de que todo es exactamente como debe ser (aunque eso no siempre sea como nosotros queramos), para nosotros y para nuestros propios recursos.
También nos debe animar a escuchar con mayor atención a nuestra propia intuición y confiar en que dentro de cada desilusión se encuentra la semilla de un beneficio equivalente o superior. Sólo tenemos que encontrarla.
Sólo tienes que encontrarla.
¿Eso disminuye el impacto de cuando tuvimos que aceptar que la realidad fue diferente a la que esperábamos? No. No mucho. Pero hay que tener mucha fe en nuestra capacidad de recuperación y en nuestra capacidad para enfrentar las decepciones para que podamos alinear nuestro camino con fortaleza reforzada gracias a ello.
Nuestra decepción puede aliviarse cuando nos damos cuenta que no importa lo duro que podamos intentar o esperar que sea de otro modo.
No podemos obligar al mundo a someterse a nuestra idea de cómo debería ser, ni obligar a la gente a actuar de cierta manera.
Esperar que los que nos rodean nos respondan siempre con sabiduría, generosidad, buen juicio o humildad, es exponernos a la decepción. Así como nuestro ego a veces se interpone a lo mejor en nosotros, así también los demás son víctimas de ello.
Del mismo modo, no podemos esperar que la vida se desarrolle siempre de una cierta manera. Que nuestras buenas obras sean reconocidas, que nuestra generosidad sea correspondida, que nuestra honestidad sea recompensada, o que nuestro valor sea reconocido. Al menos no en el corto plazo.
Todo lo que puedes hacer de cara a las decepciones que la vida ponga en tu camino es dar un paso adelante cada día a cada nuevo reto (aunque sea inesperado, injusto o de enormes proporciones) con confianza en ti mismo, fe en tu futuro y con los brazos abiertos a la experiencia que la vida ponga en tu camino.
La vida sólo puede vivirse en cada momento. Perdemos la oportunidad cuando pasamos nuestros días atrapados en el remordimiento y el resentimiento de lo que pasó ayer, o en el miedo y la ansiedad sobre lo que podría suceder mañana.
Ahora mismo, en este momento, confía en que estás exactamente donde tienes que estar y que las lecciones valiosas de sabiduría, coraje, fe y confianza en ti mismo están a la espera de que tú las descubras. Y para aquellos de vosotros que esteis decepcionados, sabed que tenéis vuestras propias lecciones que aprender y que en última instancia, y como el dice el dicho tan conocido, "arrieros somos y en el camino nos encontraremos".
Os animo a respirar profundamente en este momento y mientras respiráis, dejad que se vayan vuestras ansiedades sobre el futuro y las decepciones del pasado.
Más bien da hoy lo mejor que tienes; por todo lo que es, y por todo lo que no es.
Ciao.
martes, 11 de julio de 2017
Definición del narcisismo
Hablamos mucho de Narcisismo, pero igual no tenemos muy claro lo que significa y qué es en realidad ni como afecta a las personas. Estoy segura de que todos tenemos en nuestro entorno y conocemos a alguna persona de éstas y siempre es bueno saber como son para tratarlas de la manera adecuada.
El desorden de personalidad conocido como Narcisismo es catalogado como un desorden mental por medio del cual el individuo sufre de un complejo de superioridad, arrogancia y prepotencia para sentirse más importante que las demás personas que lo rodean.
Las personas que tienen esa personalidad se creen superiores a los demás y tienen una gran necesidad de ser admirados y que se les alabe por sus logros.
Sin embargo la autoestima de estas personas es muy frágil y vulnerable y si es atacado por la más pequeña crítica se sienten ofendidos lo cual hace que reaccionen con agresividad.
La personalidad narcisista es uno de los diferentes tipos de desórdenes de personalidad que existen.
Ciao.
lunes, 10 de julio de 2017
¡Vamos a arreglar el mundo!
¿Quieres cambiar el mundo? Disfruta cada día como si fuera el último, ya que uno nunca sabe cuando llegará el último día.
¡Vamos a arreglar el mundo!
¡Vamos a arreglar el mundo!
Muchos conocen la historia del científico que vivía sumamente preocupado con los problemas del mundo, decidido a buscarles solución.
En algún momento, su hijito de siete años entra en el laboratorio deseoso de ayudar a su papá. El científico, por lo contrario, nervioso por la interrupción y viendo que era imposible sacarlo, cogió una revista que tenía en su portada un mapa del mundo, se la arrancó, la cortó en varios pedazos con una tijera, y se la dio al niño para que se entretuviera armando el rompecabezas, mientras él continuaba tranquilamente con sus experimentos.
Luego de unas pocas horas, el buen hombre oyó que el niño le decía: “Papá, ya arreglé el mundo.”
El científico, asombrado, levantó la vista del microscopio pensando que lo que vería sería el resultado del torpe trabajo de un niño. Sin embargo, para su gran sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados perfectamente en sus respectivos lugares. ¿Cómo había sido esto posible? ¿Cómo era que el niño había logrado esto?
Intrigado, dijo a su hijito: “Hijo, tú no sabías cómo era el mundo. Entonces, ¿Cómo lograste armarlo?”
“Papá” –le dijo el niño— “yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando arrancaste el mapa de la revista para recortarlo, yo vi que del otro lado tenía la figura de un hombre. Así que le dí la vuelta a todos los pedazos y comencé a organizar al hombre. Cuando conseguí arreglar al hombre, volteé la hoja y vi que había arreglado al mundo.”
Debemos estar conscientes, leí en algún momento, que el verdadero triunfo del hombre es lograr la familia que anhela, mostrar la bondad que recibe y tener verdaderos amigos.
Que la verdadera sabiduría es aprender a escuchar y saber cuándo opinar, es comprender los problemas y saberlos resolver, y poder brindar al mundo lo que realmente uno sabe.
Que la verdadera fe es pedir y saber que Dios nos escucha, saborear los momentos que compartimos con Él, poder cerrar los ojos y sentirlo junto a nosotros.
Que la verdadera amistad es sentir la hermandad que une a personas de sangres diversas, es saber que su mano siempre estará contigo, es saber brindarle tu ayuda en todo momento, es sentirte más valiente en los momentos que compartes con ellos, es saber compartir ideas y mejorar tu carácter, es tener ese apoyo en los momentos importantes.
El verdadero amor es poder oler el aire que respira tu pareja, es encontrar la otra mitad de tu alma, es sentir necesaria su presencia, y más que nada, saber esperar a su llegada.
¿Quieres cambiar el mundo? Disfruta cada día como si fuera el último, ya que uno nunca sabe cuando llegará el último día de nuestras vidas, y recuerda que la satisfacción de llegar a la meta no es llegar a la meta, sino todo lo que se vive en el camino para poder llegar a ésta.
Bendiciones y paz.
Juan Rafael Pacheco
Ciao.
domingo, 9 de julio de 2017
¿Santo? ¿Es posible?
¿Santo? ¿Es posible?
Marchasteis por la vida, orientados por la estrella de la fe y, cuando en medio de tempestades, la barca de vuestra vida era zarandeada, Dios siempre salió a vuestro encuentro, como la madre lo hace con su hijo en cada amanecer.
¡Sois santos!
No sabemos exactamente cómo, en donde… Ni cuándo.
Algunos sois familiares, cercanos e incluso os ponemos figura, semblante y hasta canciones.
Pero, a la gran mayoría, os elevamos en ese inmenso altar que no conoce más techo que el cielo.
Os tallamos en ese descomunal retablo que, sólo Dios, es capaz de esculpir con su mano.
¡Sois santos!
Y, ello, nos empuja en el sendero de nuestra existencia a intentar conquistar las mismas metas que, en vosotros, fueron motor y definición de vuestro vivir y sufrir.
¿Sois santos? ¿Cuántos? ¿Cómo? ¿De qué manera?
No preguntemos tanto.
La santidad se talla con el cincel que cada día nos ofrece la vida.
¿Cuántos?
Sólo interesa a Aquel que los forja: Dios.
¿De qué manera?
¡Qué gran torno y fábrica de santos las bienaventuranzas!
Demos gracias a Dios.
Nos ha dejado una hoja de ruta para llegar hasta el final
Ocho puntos, que son como ocho soles para iluminar la santidad.
Ocho jugadas para hacerlo en limpio, frente al intento de hacerlo a traición.
Ocho consejos necios para el mundo, pero sabios para el Señor.
Ocho caminos que son servir a la grandeza de Dios: el amor.
¿Santos? ¿Es posible hoy? ¡Claro que sí!
Dicen que, el salmón, es tan rico porque nada contracorriente.
Por ello mismo, los santos, son tan enriquecedores para nuestra iglesia y para nuestra fe.
Supieron decir “no” donde el mal decía “sí”.
Tuvieron agallas de señalar un “sí” donde el maligno gritaba “no”.
Ahora, no puede ser de otra manera, en el cielo destellan multitud de los nuestros, por Toda una vida de fe, de confianza y de amor.
¿Seremos capaces de aspirarlo nosotros?
P. Javier Leoz
Ciao.
sábado, 8 de julio de 2017
Sobre la amistad
El amigos quien está cerca especialmente en los momentos de necesidad. Más cercano cuanto mayor es la ayuda que se necesita. El amigo no abandona al amigo en circunstancias que le comprometen.
¡Cómo se nota esta presencia del amigo!
La amistad crea fuertes vínculos de confianza y lealtad.
Para el pensamiento clásico, la amistad es la relación humana natural por excelencia, pues en ella se dan las condiciones para un trato libre y recíproco: «La amistad en sí no es otra cosa que la consonancia absoluta de pareceres sobre todas las cosas divinas y humanas, unida a una benevolencia y aprecio recíprocos; y no creo que, exceptuando la sabiduría, los dioses hayan hecho al hombre un don más precioso que este».
La buena comunicación y el tiempo, los afanes compartidos, las mutuas confidencias, el aprecio creciente, la admiración y respeto por ambas partes crean poco a poco lazos fuertes que no rompen ni la distancia ni el silencio ni el tiempo. Siempre está presente la disposición de acudir para acompañar, ayudar, consolar al amigo.
Y todo sin interés, por pura generosidad que no se detiene ante la dificultad: «Alabamos a los que aman a sus amigos porque el aprecio que se dispensa a los amigos nos parece uno de los sentimientos más nobles que podemos abrigar».
Dichoso el que ha encontrado un amigo verdadero, dice la Escritura.
Y en otro lugar: Nada vale tanto como el amigo fiel; su precio es incalculable, el que lo encuentra halla un tesoro.
Francisco Fernández-Carvajal; publicado por Vicente Huerta.
Ciao.
viernes, 7 de julio de 2017
El éxito personal
Las personas exitosas son dignas de admirar, porque logran lo que se proponen, aún en medio de las adversidades de la vida.
A pesar de que todos los seres humanos somos iguales y tenemos las mismas 24 horas del día, no todos logran el éxito en sus objetivos. Sin embargo, esto tiene una solución.
Alcanzar el éxito en tu vida se resume básicamente en 3 cosas:
* Una reprogramación mental intensiva que modifique tus sistemas de creencias.
* Una transformación personal completa (esto incluye, por ejemplo, modificar tus hábitos).
* Y finalmente, tomar acción masiva, siendo persistente y productivo en tus esfuerzos.
Cómo lograr el éxito personal en todo lo que te propongas:
El éxito no es producto de la casualidad, la suerte, o el destino. Lograr el éxito es una ciencia, con pasos concretos a seguir y los grandes triunfadores, conscientemente o no, han llevado a cabo dichos pasos en sus vidas para triunfar por lo alto.
¿Por qué entonces no todas las personas son exitosas? Porque desafortunadamente no es fácil. Requiere esfuerzo y enfoque dirigido. Sin embargo, muchas personas se esfuerzan todos los días en trabajos que no les produce nada. Todo se reduce a corregir tus prioridades de vida.
Ciao.
jueves, 6 de julio de 2017
Parábola del roble y la hiedra
Un hombre edificó su casa y la embelleció con un jardín interno.
En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente.
Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.
Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente.
Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.
Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados.
El roble crecía silenciosa y lentamente.
- “¿Cómo estás, amigo roble?”, preguntó una mañana la hiedra.
-” Bien, mi amiga” contestó el roble.
-” Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura “, agregó la hiedra con mucha ironía.
“Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio”.
-” No te burles, amiga”, respondió muy humilde el roble. ” Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza “.
Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.
Y el tiempo siguió su marcha.
El roble creció con su ritmo firme y lento.
Las paredes de la casa envejecieron.
Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible.
El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido.
La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.
Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble.
El hombre arrancó la hiedra, y la quemó.
Mientras tanto el roble reflexionaba:
” Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros”
Ciao.
miércoles, 5 de julio de 2017
El manzano generoso
Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas.
Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él.
Trepaba el árbol hasta la copa, que le daba sombra.
Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Pasó el tiempo, y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.
Un día, sin embargo, el muchacho regresó y escuchó cómo aquel manzano le preguntaba con tristeza:
–¿Vienes a jugar conmigo?
Pero él contestó:
–Ya no soy el niño de antes que se divertía contigo. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos.
–Lo siento –dijo el árbol–, pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero que necesitas para comprar tus juguetes.
El muchacho se sintió muy afortunado.
Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero, y el árbol recobró su felicidad.
Pero resultó que su querido amigo no volvió en mucho tiempo…
Cuando aquel muchacho regresó, se había convertido ya en todo un hombre.
El manzano, todavía expectante, le preguntó:
-¿Vienes a jugar conmigo?
–No tengo tiempo para jugar –respondió él–. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa y con mis hijos. ¿Puedes ayudarme?.
–Lo siento, pero no tengo una casa. Sólo se me ocurre que puedes cortar mis ramas y usarlas para construir la tuya.
Y el joven cortó todas las ramas del árbol, volviendo a desaparecer por muchos años, y dejando al árbol triste y solo.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el manzano recuperó la sonrisa.
–¿Vienes a jugar conmigo?– le preguntó.
Pero el hombre contestó:
–Estoy triste: me estoy haciendo mayor. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?.
–Usa mi tronco para construir uno. Así podrás navegar y ser feliz –respondió el árbol.
El hombre cortó el tronco y construyó su bote.
Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente, regresó después de muchos años.
El manzano, adelantándose a los acontecimientos, le aclaró:
–Lo siento mucho, pero no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
Pero el hombre replicó:
–Ya no tengo dientes para morder ni fuerza para escalar… Porque ahora yo también soy un viejo.
Entonces, el árbol, con lágrimas en sus ojos le dijo:
–Realmente no puedo darte nada, a excepción de mis raíces muertas.
Y el hombre contestó:
–Yo no necesito mucho ahora; tan solo un lugar para reposar tras años y años de trabajo.
–Bueno… Las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y goza de los placeres de la naturaleza.
El hombre se sentó junto al manzano, y éste, tan desnudo de madera, hojas y frutos como feliz y pleno, sonrió con lágrimas…
Ésta puede ser la historia de cada uno de nosotros.
El árbol son nuestros padres, con quienes tanto compartimos de pequeños… pero a los que tan de lado dejamos según vamos creciendo.
Parece a veces que sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas.
Y allí los encontramos siempre, dispuestos a sacrificarse y a darnos todo con tal de vernos felices.
Se podría pensar que el muchacho es cruel con el manzano, pero… ¿No tratamos tantas y tantas veces así a nuestros padres?
Valorémoslos, querámoslos, mimémoslos… Mientras los tengamos a nuestro lado.
Si ya no están, que la llama de su amor arda por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando más cansado te sientas.
Ciao.
martes, 4 de julio de 2017
El regalo que decido no recibir
Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.
Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acerco uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:
- “Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar mas sus tonterías y podre descansar de verle esa cara aburridora”.
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.
El profesor miro al alumno por un instante y en forma muy tranquila le pregunto:
- ¿Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?
El alumno quedo desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
-Por supuesto que no. Contesto de nuevo en tono despectivo el muchacho.
-Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.
-No entiendo a que se refiere. Dijo el alumno confundido.
-Muy sencillo -replico el profesor – tu me estas ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.
-Concluyo el profesor en tono gentil- “tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tu llevas en tu corazón pero de mi depende lo que yo cargo en el mío.”
Cada día en todo momento, tu puedes escoger que emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que tu decidas cambiarlo.
Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices…
¡DEPENDE DE TI, SE FELIZ!
Ciao.
lunes, 3 de julio de 2017
15 frases de San Francisco de Asís que estremecerán tu corazón
* San Francisco de Asís no escribió ningún tratado sobre la oración. Tampoco se preocupó demasiado en enseñar a sus hermanos un método de oración. Pero esto no le impidió ser un guía seguro, al tiempo que un ejemplo viviente, en el camino de la unión con Dios.
Lo esencial de su enseñanza, así como de su experiencia personal sobre la oración, se halla contenido en la siguiente frase de la Regla bulada:
"Aplíquense los hermanos a lo que por encima de todo deben anhelar: tener el espíritu del Señor y su santa operación" (2 R 10,8-9)
La vida de oración, según Francisco, es ante todo ese gran anhelo, esa búsqueda incesante del Espíritu del Señor y de su acción en nosotros.
Somos incapaces, por nosotros mismos, de nombrar dignamente a Dios. No sabemos orar como es debido.
¿No consiste la oración, para el cristiano, en unirse a Jesús en su relación con el Padre? Orar es aprender a decir «Abba». Y eso sólo es posible gracias al Espíritu.
El Espíritu del Señor es el gran iniciador en la vida de oración. Por eso debemos anhelarlo por encima de todo y dejarle actuar en nosotros. *
San Francisco se Asís, fue un humilde servidor de Dios que lo dejó todo para seguir al Señor, se preocupó mucho por la Santidad de los demás y de todos los hermanos, realizaba muchos Sacrificios y ayunos.
Sus escritos están llenos de una santa humildad y obediencia a la Iglesia. Un Laico comprometido que amó al Señor más allá de sus propios límites.
A continuación Frases de San Francisco de Asís que van directo al corazón:
- "Si tú, siervo de Dios, estás preocupado por algo, inmediatamente debes recurrir a la oración y permanecer ante el Señor hasta que te devuelva la alegría de su Salvación"
- "La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos."
- "Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible."
- "Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado."
- "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote".
- "Espíritus malignos y falsos, hagan en mi todo lo que quieran. Yo sé bien que no pueden hacer más de lo que les permita la mano del Señor. Por mi parte, estoy dispuesto a sufrir con mucho gusto todo lo que él les deje hacer en mí."
- "Es siervo fiel y prudente el que, por cada culpa que comete, se apresura a expiarlas: Interiormente, por la contrición y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra"
- "El demonio se alegra, sobre todo, cuando logra arrebatar la alegría del corazón del servidor de Dios. Llena de polvo las rendijas más pequeñas de la conciencia que puedan ensuciar el candor del espíritu y la pureza de la vida. Pero cuando la alegría espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal."
- "Cuando el servidor de Dios es visitado por el Señor en la oración con alguna nueva consolación, antes de terminarla debe levantar los ojos al cielo y, (juntas las manos), decir al Señor: “Señor, a mi, pecador e indigno, me has enviado del cielo esta consolación y dulzura; te las devuelvo a ti para que me las reserves, pues yo soy un ladrón de tu tesoro.” Y también: “Señor, arrebátame tu bien en este siglo y resérvamelo para el futuro.” Así debe ser, de modo que, cuando salga de la oración, se presente a los demás tan pobrecito y pecador como si no hubiera obtenida ninguna gracia nueva. Por una pequeña recompensa se pierde algo que es inestimable y se provoca fácilmente al Dador a no dar más."
- "Luchemos por alcanzar la serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambias las cosas que podamos y la sabiduría para poder distinguir unas de otras."
- "Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras."
- "Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo amor; donde haya ofensa, perdón; donde hay duda, fe; donde hay desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, alegría."
- "¡Terrible es la muerte!, pero ¡cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos llama!".
- "No peleen entre sí y con los demás, sino traten de responder humildemente diciendo, “Soy un siervo inútil."
- "En la santa caridad que es Dios, ruego a todos los hermanos, tanto a los ministros como a los otros, que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, como mejor puedan, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios, y háganlo con limpio corazón y mente pura, que es lo que Él busca por encima de todo; y hagamos siempre en ellos habitación y morada a Aquel que es el Señor Dios omnipotente, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo".
J. Quero
Ciao.
domingo, 2 de julio de 2017
Mi orgullo...
Hola a todo el mundo. Os comparto esta reflexión que me ha llegado de alguien a quien aprecio mucho, y de la que suscribo hasta las pausas de los signos de puntuación.
Viene al caso por los días tan revueltos a los que de un lado y otro estamos siendo meros espectadores, y que en mi caso no entiendo nada.
Dice así:
Mi orgullo son mis seres queridos. Toda mi familia.
Mi orgullo son mis Valores, los que me han transmitido mis padres y a ellos los suyos.
Mi orgullo es mi tierra, sus tradiciones, su identidad; sentidas y vividas generación tras generación.
Mi orgullo es mi Patria española y sus buenas gentes, sus raíces, su historia.
Mi orgullo es Grecia, Roma, el Arte, el Pensamiento, la Cultura... Europa.
Mi orgullo es mi trabajo, mi día a día colocando mi grano de arena ante montañas de decadencia.
Mi orgullo son mis camaradas que, codo con codo, luchan por lo que otros lucharon y por lo que otros lucharan.
Mi orgullo es la Fidelidad, la Solidaridad, la Dignidad, la Libertad, la Justicia... y el Respeto que siempre guían mis actos.
Mi orgullo es Luchar por aquello que creo sabiendo que todo esta perdido, menos la huella y la semilla que dejaremos.
Mi orgullo no necesita carrozas, ni disfraces, ni subvenciones, ni mamarrachadas...
Mi orgullo no necesita degeneraciones públicas, ni turismo sexual...
Mi orgullo sólo necesita Resistir para Combatir.
(Todo mi respeto para aquellas personas que, teniendo la orientación sexual que tengan, la viven sin exhibicionismos, sin esperpento y sin necesidad de necios carnavales).
Ciao.
sábado, 1 de julio de 2017
Palabra de Vida Julio 2017
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11, 28).
Fatigados y sobrecargados: Palabras que nos sugieren la imagen de personas –hombres y mujeres, jóvenes, niños y ancianos– que de distintos modos llevan pesos a lo largo del camino de la vida y esperan que llegue el día en que se puedan liberar de ellos.
En este pasaje del Evangelio de Mateo, Jesús les dirige una invitación: «Venid a mí…».
Jesús tenía a su alrededor a la muchedumbre que había venido a verlo y a escucharlo; muchos de ellos eran personas sencillas, pobres, con poca formación, incapaces de conocer y respetar todas las complejas prescripciones religiosas de su tiempo. Además pesaban sobre ellos los impuestos y la administración romana, una carga muchas veces imposible de sobrellevar.
Se encontraban en apuros y buscaban a alguien que les ofreciese una vida mejor.
Con su enseñanza, Jesús mostraba una atención especial por ellos y por todos los que estaban excluidos de la sociedad porque se los consideraba pecadores. Él deseaba que todos pudiesen comprender y acoger la ley más importante, la que abre la puerta de la casa del Padre: La ley del amor. Pues Dios revela sus maravillas a quienes tienen un corazón abierto y sencillo.
Pero Jesús nos invita hoy, también a nosotros, a acercarnos a Él. Él se manifestó como el rostro visible de Dios, que es amor, un Dios que nos ama inmensamente tal como somos, con nuestras capacidades y nuestras limitaciones, nuestras aspiraciones y nuestros fracasos. Y nos invita a fiarnos de su ley, que no es un peso que nos aplasta, sino un yugo ligero capaz de llenarles el corazón de alegría a cuantos la viven. Esa ley requiere que nos comprometamos a no replegarnos sobre nosotros mismos, sino a hacer de nuestra vida, día a día, un don cada vez más pleno a los demás.
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso».
Jesús también hace una promesa: «…Os daré descanso».
¿De qué modo? Ante todo, con su presencia, que se hace más neta y profunda en nosotros si lo elegimos como punto firme de nuestra existencia; y luego, con una luz especial que ilumina nuestros pasos de cada día y nos hace descubrir el sentido de la vida incluso cuando las circunstancias externas son difíciles. Si además comenzamos a amar como Jesús mismo hizo, encontraremos en el amor la fuerza para seguir adelante y la plenitud de la libertad, porque de esta manera la vida de Dios se abre paso en nosotros.
Escribe Chiara Lubich: "Un cristiano que no esté siempre en la tensión de amar no merece el nombre de cristiano. Porque todos los mandamientos de Jesús se resumen en uno solo: Amar a Dios y al prójimo, en quien vemos y amamos a Jesús. El amor no es un mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta, en servir a los hermanos, en especial a los que tenemos al lado, y empezar por las pequeñas cosas, por los servicios más humildes."
Dice Carlos de Foucauld: “Cuando amamos a alguien, estamos realmente en él, estamos en él con el amor, vivimos en él con el amor; ya no vivimos en nosotros mismos, estamos desapegados de nosotros mismos, fuera de nosotros mismos”.
Y precisamente gracias a este amor se abre paso en nosotros su luz, la luz de Jesús, según su promesa: “El que me ame… me manifestaré a Él” (Jn 14, 21).
El amor es fuente de luz: Amando se comprende más a Dios, que es Amor».
Acojamos la invitación de Jesús a acudir a Él y reconozcámoslo como fuente de nuestra esperanza y de nuestra paz.
Acojamos su mandamiento y esforcémonos por amar como hizo Él, en las mil ocasiones que nos suceden cada día en la familia, en la parroquia, en el trabajo: Respondamos a la ofensa con el perdón, construyamos puentes en lugar de muros y pongámonos al servicio de quienes sienten el peso de las dificultades.
Descubriremos que esta ley no es un peso, sino un ala que nos llevará a volar alto.
LETIZIA MAGRI
Ciao.
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