jueves, 10 de agosto de 2017

El sufrimiento del constructor de puentes



Está hoy generalmente admitido y asumido que es mejor ser un constructor de puentes que de muros o barricadas.  Más nos vale a todos aprender a convivir en paz y concordia que distanciarnos y separarnos de todos aquellos que son distintos a nosotros, que piensan de otro modo, que tienen otra fe.  Construir o tender puentes, se sobreentiende, es bonito…  O, al menos, eso piensan quienes no los tienden.

¿A qué viene esta introducción?  Viene a que tengo un amigo y maestro que es un constante constructor de puentes entre las posturas más distantes que parecen irreconciliables hasta que él llega y pone de manifiesto sus conexiones invisibles, sus paralelismos pasados por alto, sus mutuas motivaciones, sus equivalencias homeomórficas, su complementariedad y fértil interfecundación.

Pero no todo es tan hermoso como parece, porque la construcción requiere dedicación y esfuerzo…  Y el puente soporta mucho peso.  Al goce de los encuentros que posibilita el puente debe unirse el sufrimiento en forma de incomprensión y duda que acompaña a su arquitecto como una sombra.

Si queremos ir a lugares nuevos, necesitaremos caminos nuevos.  Pero no todo el mundo está dispuesto a transitarlos, ni a permitir que otros se arriesguen a adentrarse en esas sendas desconocidas…  Mucha es la incomprensión y desconfianza que deben soportar quienes se atreven a hacer camino.  Y demasiada es la soledad que sienten habitualmente en su aventura.  Suerte que les mueve un elevado objetivo que tira de ellos dotándoles de esa fuerza de la que su naturaleza carece.  Estemos por ellos, arropémosles, apoyémosles.  Pongamos nuestra propia piedra en la construcción de estos puentes que, en un mundo como el de hoy ya no son recomendables sino imprescindibles.

Hay mucho por hacer y nuestros talentos son necesarios.  Pongámoslos al servicio de una gran empresa, al servicio de la humanidad.

Joaquín Muñoz Traver

Ciao.

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